Rendirse nunca fue una opción
![[Img #40266]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2018/5340_valle.jpg?43)
Amaneció un día gris y hacía frío en la calle, la lluvia era fina y maliciosamente me había empapado, en el pequeño recorrido que tuve que realizar, desde mi coche a la cafetería donde había quedado con Verónica. Mi amistad con ella se remonta a cuando era una incipiente publicista y tuve la suerte de realizarle algunos trabajos fotográficos.
Queríamos charlar, saber el uno del otro, de interesarnos sobre todo por la salud de ambos, por nuestras vidas, por nuestras familias.
Su peinado todavía estaba un poco mojado y el agua de la lluvia que le había resbalado por el rostro se había llevado alguna capa de rímel y maquillaje.
La camarera nos observó con condescendencia mientras nos fundíamos en un afectuoso abrazo. Le pedí un café, que me trajo antes que diera tiempo a quitarme el plumas.
Verónica tiene 49 años y nunca se olvidará del día y el momento en que le diagnosticaron un cáncer de mama, en el 2009. Para ella y para todos los que la queríamos fue un jarro de agua fría. Pero decidió que no iba a rendirse.
Con la misma dedicación y energía que siempre había tenido, Verónica se lanzó al tratamiento, no quería perder el tiempo quejándose y por eso decidió ponerse manos a la obra para derrotar a la enfermedad.
El cáncer se expandía rápidamente y los médicos le comunicaron que debían practicarle una mastectomía para extraerle todos los ganglios. Ella que siempre se había sentido bella, lo sigue siendo, al verse sin seno después de la operación, sintió cómo el mundo se hundía bajo sus pies. Pero siempre fue una guerrera, pronto recuperó la calma y luchó. Se adelantó a los efectos de la quimioterapia y se rapó el pelo. Aceptó sus cambios físicos, algo que no fue capaz de asimilar su novio de entonces, al que le molestaba que se sintiera bonita, considerando que había perdido todo su atractivo.
Verónica rompió la relación y aunque le resultó duro, muy duro, buscó apoyo en su familia, en los amigos y en su médico, en el que siempre confió plenamente.
Pronto recuperó su sonrisa.
Rendirse nunca fue una opción para ella.
No ha sido un camino de rosas, pero su actitud positiva le ayudó mucho en su recuperación, según los médicos. Ahora, después de cuatro años con tratamientos se siente recuperada, disfruta de la vida todo lo que puede y ha puesto en marcha varios proyectos que había dejado pendientes, el más importante según ella: crear su propia familia. Tiene un marido que la quiere y una niña a la que adora.
Desde que se recuperó, le gusta exprimir los momentos que le da la vida por muy pequeños e insignificantes que sean, valora todo mucho más, descubrió el verdadero cariño de los amigos y el amor de su familia. Está en su mejor momento.
Eran poco menos de las siete de la tarde, el tiempo había pasado rápido entre anécdotas y cafés. La camarera nos observó indiferente mientras nos fundíamos en un abrazo de despedida.
Afuera en la calle se había hecho de noche, seguía lloviendo y hacía frío.
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Amaneció un día gris y hacía frío en la calle, la lluvia era fina y maliciosamente me había empapado, en el pequeño recorrido que tuve que realizar, desde mi coche a la cafetería donde había quedado con Verónica. Mi amistad con ella se remonta a cuando era una incipiente publicista y tuve la suerte de realizarle algunos trabajos fotográficos.
Queríamos charlar, saber el uno del otro, de interesarnos sobre todo por la salud de ambos, por nuestras vidas, por nuestras familias.
Su peinado todavía estaba un poco mojado y el agua de la lluvia que le había resbalado por el rostro se había llevado alguna capa de rímel y maquillaje.
La camarera nos observó con condescendencia mientras nos fundíamos en un afectuoso abrazo. Le pedí un café, que me trajo antes que diera tiempo a quitarme el plumas.
Verónica tiene 49 años y nunca se olvidará del día y el momento en que le diagnosticaron un cáncer de mama, en el 2009. Para ella y para todos los que la queríamos fue un jarro de agua fría. Pero decidió que no iba a rendirse.
Con la misma dedicación y energía que siempre había tenido, Verónica se lanzó al tratamiento, no quería perder el tiempo quejándose y por eso decidió ponerse manos a la obra para derrotar a la enfermedad.
El cáncer se expandía rápidamente y los médicos le comunicaron que debían practicarle una mastectomía para extraerle todos los ganglios. Ella que siempre se había sentido bella, lo sigue siendo, al verse sin seno después de la operación, sintió cómo el mundo se hundía bajo sus pies. Pero siempre fue una guerrera, pronto recuperó la calma y luchó. Se adelantó a los efectos de la quimioterapia y se rapó el pelo. Aceptó sus cambios físicos, algo que no fue capaz de asimilar su novio de entonces, al que le molestaba que se sintiera bonita, considerando que había perdido todo su atractivo.
Verónica rompió la relación y aunque le resultó duro, muy duro, buscó apoyo en su familia, en los amigos y en su médico, en el que siempre confió plenamente.
Pronto recuperó su sonrisa.
Rendirse nunca fue una opción para ella.
No ha sido un camino de rosas, pero su actitud positiva le ayudó mucho en su recuperación, según los médicos. Ahora, después de cuatro años con tratamientos se siente recuperada, disfruta de la vida todo lo que puede y ha puesto en marcha varios proyectos que había dejado pendientes, el más importante según ella: crear su propia familia. Tiene un marido que la quiere y una niña a la que adora.
Desde que se recuperó, le gusta exprimir los momentos que le da la vida por muy pequeños e insignificantes que sean, valora todo mucho más, descubrió el verdadero cariño de los amigos y el amor de su familia. Está en su mejor momento.
Eran poco menos de las siete de la tarde, el tiempo había pasado rápido entre anécdotas y cafés. La camarera nos observó indiferente mientras nos fundíamos en un abrazo de despedida.
Afuera en la calle se había hecho de noche, seguía lloviendo y hacía frío.






