Juan Antonio Cordero Alonso
Domingo, 25 de Noviembre de 2018

Otros personajes...

 

 

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A lo largo del presente trabajo han sido citados unos cuantos personajes importantes relacionados de una u otra manera con el Instituto de Astorga: impulsores, gestores, clérigos, profesores, alcaldes, ministros etc. Seguramente la lista debería ser más amplia para ser justa… pero hay limitaciones objetivas que se imponen a nuestros deseos. 



Los alumnos, los protagonistas de enseñanzas y aprendizajes del INEMA, además de alumnos fuimos niños, y lo fuimos al mismo tiempo, y no siempre supimos ni pudimos separar ambas funciones al entrar o salir de Instituto. No siempre fue fácil desdoblarse.



Una vida, unas reglas, unas clases, unas autoridades y unos aprendizajes frente a otras reglas, la calle, la experiencia y el sobrevive… que no es poco. Mucho aprendimos de nuestros profesores y mucho aprendimos de la calle.



La calle era esa gran pedagoga que nos enseñaba cómo funcionaba el mundo, las relaciones, la amistad y enemistad, la jerarquía… Dicen que “la mejor maestra en la vida, es la experiencia; te cobra caro, pero explica bien”. La experiencia es vida y la vida era calle sobre todo. Y en la calle no había burbujas ni realidades virtuales y los niños éramos niños, espontáneos, aprendices de persona, sin esa vigilancia y cuidado empalagoso de los padres añosos actuales, éramos buenos o malos, amigos o enemigos… según el día, la hora o la circunstancia y pronto se aprendía a ‘apechugar’, hoy diríamos asumir, las consecuencias de tus acciones. La responsabilidad y la temprana madurez. 



No quiero dejar de recordar personas, espacios, recuerdos, hechos y situaciones que han poblado las calles de Astorga, esa otra Escuela, como escenario donde vivimos nuestra niñez y juventud. Recuerdos. Unos lejanos, otros menos, unos reales otros imaginarios, unos individuales otros colectivos, todos cotidianos y entrañables porque forman parte de aquello que una vez fuimos y que tal vez aún somos. 



Dentro de cada uno de los niños que hacíamos rabiar a Tano, Flora o Pichón (meros ejemplos), hay un ‘tanito’,’florita’ o ‘pichonito’ porque cuando nos metíamos con ellos… ellos se metían en nosotros y ahí han estado integrados y mantenidos en nuestro recuerdo. 



A esos personajes, lugares, eventos... con los que nos familiarizamos porque eran parte de nuestras calles y de nosotros mismos, quiero rendir homenaje. Un homenaje sincero, afectuoso, respetuoso y también reivindicativo. Sé que algo deberíamos hacer para que ese pasado no desaparezca del todo, o al menos, que lo haga lentamente, como se hacen las cosas en Astorga. 

 

 

9.1 Los puestos de la Plaza


Como olvidarse los puestos de la Plaza, en los soportales delante de la farmacia de Núñez y del Barato Zenitram, por donde tantas vueltas dábamos y donde tanto mirábamos y, hasta a veces, comprábamos un chupi largo o un regaliz al que también llamábamos ‘astrato’, ‘estrato’ o algo así, supongo por ‘abstracto o extracto de regaliz’. No era fácil distribuir una exigua propina que te habías de ganar, que no una paga, a modo de ser un derecho, que los niños tienen hoy … con connotaciones salariales incluso sindicales, de 50 céntimos. 

 

 

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9.2 La Señora Ángela

          
De la Señora Ángela, más bien bonachona, con sus ojos algo saltones y rojos, cansada de niños y no sin motivo, de La Macaria, de peor genio, del Señor Ramón de pelo blanco, grandes gafas negras, de concha, y algo encorvado, el de los cuentos, y del Ti Pirulí, que tenía hijos de nuestra edad, más o menos, además de una tienda de chucherías frente a la Biblioteca, en la esquina de la calle Matías Rodríguez con Luis Braille. No se ponían todos los días, solo los festivos y vísperas que eran los dedicados al ocio, que en aquellos tiempos significaba más descanso y paseo que viajes y consumo.

 

 

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9.3 Riancho. 


Cerca de los puestos, normalmente, también estaba Riancho, cuya mercadería era más diversificada y adaptada a la época del año: Obleas de miel con piñones, con los primeros soles del invierno ya vencido de febrero o marzo, helados y cortes de fresa, vainilla o chocolate, de a peseta, a dos o a duro, durante el verano, que esperábamos comprar a Gelo, el hijo mayor y de nuestra edad… que era un poco más espléndido con el helado que el padre y sobre todo que la madre… y que tan fatalmente acabó su vida años después siendo aún muy joven. Y las castañas cuando empezaba el frío, en esa locomotora portátil que solía tener aparcada en la Plaza de los Taxis. 

 

 

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9.4 La Banda Municipal. 


La Banda de Música, que siempre existió en Astorga, aunque no con las dimensiones que tiene ahora, la llamábamos la Incansable. Actuó en Astorga como un verdadero Conservatorio y muchos niños han aprendido solfeo y tocar un instrumento en ella. Tenía un amplio repertorio… pero sólo estaba dispuesta a lucirlo cuando la situación lo requería. En mis tiempos estaba dirigida por Don Luis Calvo Rey… al que agradezco la amabilidad que ha tenido al permitir una adaptación del Himno del Inema llevada cabo por Rafa y Gelo a petición de un servidor para acompañar estos recuerdos de INEMA. Y siempre recuerdo en ella un acompañante inolvidable, perenne, Tano, que necesitaba tanto a la Banda como la Banda a él…, que era un músico, con traje, que no sabía música… pero era un miembro de la Banda.

 

 


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9.5 El Señor Santos.


El Señor santos y su mujer Pilar, creo que Murias, con alguno de sus hijos… que eran muchos, llevaban el Kiosko del Jardín, que funcionaba a pleno rendimiento (es un decir) en verano, sobre todo los martes y las fiestas patronales de Agosto. Esta familia, que creo que vivían en una casa dentro del propio recinto, justo donde hoy hay una ludoteca, también era la encargada del cuidado del Jardín. Más de un camarero de Astorga, había comenzado seguramente siéndolo en la terraza y las mesas del Jardín en las horas, días y noches punta de los veranos. El gremio de camareros era muy adaptable al guión de las necesidades de los eventos festivos de la ciudad, terrazas, casino, banquetes, bodas…

 

 

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9.6 El Ti Turulo.


El Campanero, que lo llamábamos el Ti Turulo, tenía como trabajo tocar las campanas de la Catedral a las 12 de la mañana, la hora del Ángelus… hasta que el proceso fue automatizado y desapareció el oficio. El Ti Turulo llegaba poco antes de las 12 a la Entrada principal de la Catedral, la que da a la Milagrosa y a veces le esperaban 8 o 10 chavales para que los dejaran subir a ver y/o tocar las Campanas cuyo acceso se hacía a través de una pequeña puerta y un escalera en caracol con muy poca luz, peligrosa, que hay en la torre rosada, la derecha mirándolas de frente. 


Hoy sería impensable reproducir este tipo de escenas, entonces cotidianas, sin desplegar previamente, a pie de torre, un retén de bomberos, un equipo de Protección Civil, voluntarios o no, y varias ambulancias medicalizadas… todo ello dentro de una zona perimetral diseñada por por la Policía Nacional, e incluso por el Ejército… ¡¡¡Que pena me dan a veces nuestros niños!!!

 

 

9.7 Un Músico.


Luis Álvarez era “Un músico” de la Banda de Astorga donde tocaba el bombardino, eufonio o bajo, instrumento perteneciente a la familia del viento metal, con tubería cónica y con voz en la extensión de barítono-tenor (Wikipedia). 


Su atinado sentido de la ironía, verbo fácil y buena observación eran expuestos en una columna del Pensamiento Astorgano, la Luz de Astorga o el Faro llamada ‘Tiros a Diana’ en donde se mezclaba sagacidad y chispa con el respeto y el buen tono, señalando en prosa o en verso, los desmanes de la Casona a través de Juan Zancuda y Tomasa, los maragatos que dan las campanadas dos veces cada la hora, 5 minutos antes y en punto… para mayor deleite de los turistas y peregrinos. La situación privilegiada de ambos permite ver entresijos y costuras de la Casona y sus chascarrillos no solían gustar al Consistorio… lo que sin duda… los hacía buenos y atinados.

 

 

9.8 Flora.


Flora, aquella mujer mayor que aún mantenía en el azul de sus grandes ojos enrojecidos, la huella de haber sido guapa, vestida de negro, con su moño y cabeza cubiertos por una especie de velo, seguramente con muchos problemas que no le interesaban a nadie, mendigando por la ciudad su supervivencia, con la que a veces nos metíamos hasta cabrearla los chavales (no todos afortunadamente), aburridos de calle.

 

 

9.9 El Chato.


De buen carácter, jovial y simpático, vivaz y dicharachero, conocido, reconocido y respetado por todos, para cada uno de los cuales tenía una palabra ajustada, con chispa, con ironía y con guasa… y, si procedía, porque la impertinencia lo requería, también una palabra para dejarte helado. 


Tan helado como esos bloques de hielo que hacía en su fábrica y repartía por los bares de los que era proveedor, o no, y cliente, con sus amigos y/o cuadrillas, que de todo hay/había en Astorga a la hora de tomar unos vinos. El Chato, un personaje querido y apreciado de Astorga. 


 

9.10 Aquilino. 


El Tamboritero del folclore y bailes maragatos, era un personaje conocido y querido no sólo de Astorga, sino de toda la Maragatería. Tocaba el tamboril con la mano derecha y le acompañaba la flauta o chifla de la mano izquierda. 


Los bailes, la ‘boda maragata’, el cocido maragato… iban sustituyendo configuraciones más ostentosamente políticas y lo local comenzaba a hacerse un hueco entre lo uniforme y general. Aquilino el Tamboritero, de Santa Catalina de Somoza, descendiente de una saga de tamboriteros, murió en 1991, a los 102 años. Más de 90 años amenizando bodas, bautizos, rondas, fiestas sacramentales, pasacalles o celebraciones, ritmos y bailes por toda la Maragatería. Por ello, el Ayuntamiento de Astorga le otorgó el título de ‘Tamboritero Mayor de la Maragatería’, único conseguido por un músico nunca en esta región. 

 

 

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9.11 Tano.


Recuerdo a Tano como un personaje peculiar encajado en aquella Astorga de la segunda mitad del siglo pasado… cuando muchos no nos engañábamos al peinar nuestra cabeza… porque, entonces, aún, teníamos algo que peinar en ella.


Estaba integrado en la vida social de Astorga, que, en general, le conocía y respetaba… lo que no evitaba que algunos rapaces, y muchachada con mucha calle, le provocáramos o nos metiéramos con él. Sí. Así éramos algunos… aunque hoy no estemos orgullosos de aquellas chiquilladas.


Era un acompañante secular de la Banda Municipal de Astorga, con su traje y su sueldo, como todos los músicos de la misma. No tocaba ningún instrumento, no sabía leer música ni tan siquiera leer… y los empeños del Director Don Luis Calvo por enseñarle… cayeron una y otra vez en saco roto.


En cierta ocasión, actuando la Banda en la Plaza de Toros, a Tano le fue negada la entrada gratuita al recinto… con la excusa de que él no era músico aunque llevase traje y su ausencia no era requerida para llevar a cabo las tareas que la Banda tenía encomendada. Don Luis Calvo, en nombre de toda la Banda se negó a entrar si a Tano no le era permitida la entrada como a cualquier otro músico. La negativa, dio sus resultados y Tano y la Banda pudieron finalmente entrar a tocar los tercios esa tarde.

 


9.12 Pilar, ‘la cantaora’.


La encantadora Pilar ‘la cantaora’ creo que natural de Morales del Arcediano, aunque vive en Astorga. Fue la dueña del Bar Santocildes, en la Plaza, en unos bajos del edificio del Barato Zenitram, simpática, agradable, con don de gentes, guapa y con clase. Pilar, ‘la cantaora’ hacía unas patatas bravas que no olvidamos fácilmente los muchos toma-pinchos que en Astorga acompañamos la tapa con un vino o una caña. Con su habitual mandil blanco... lo mismo te servía una caña en la terraza, que se soltaba por soleares o que le daba de comer a los pajarillos de la plaza… hecho que causó alguna vez el pago de una multa… a la autoridad competente, es decir, el Ayuntamiento. Una mujer de rompe y rasga. 

 


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9.13 Morla.


La saga de los Morla es muy conocida en Astorga. El Morla a que me refiero era un hombre bajo, gracioso, conocido y apreciado por todos. Aparte de su trabajo, era un buen trompetista de la Banda de Música. Pertenecía a una amplia familia de músicos. También tocaba dicho instrumento en uno de los dos conjuntos o grupos musicales del momento en Astorga llamado ‘Los Alonso’, que, junto con ‘Los Ritmo’ amenizaban fiestas, celebraciones y bailes… allá por los años 60.

 

 


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9.14 Zapatillinas.


Era un famoso gitano de Astorga, siempre vestido de negro, de andares que implicaban un amanerado movimiento de caderas y paso corto. Casi siempre con su madre. Era Zapatillinas.

No tardó en ser, en cierta medida, detestado y quedó fuera de cobertura del gremio de gitanos. A partir de ahí, vivió como fue pudiendo, solo, con su madre mayor, del mercadeo de paños y puntos que venían de Portugal. Fue atendido por la caridad en los últimos años de su vida.

Aparte de tener sus cosas, como todos, siempre cuidó de su madre de la que casi nunca se despegaba, para quién siempre fue un buen hijo. Los chavales… nos metíamos con él. Perdónanos. No sabíamos lo que hacíamos. 

 

 

9.15 Gaitera.


Había un hombre bajo, de andares renqueantes, que vivía en Puerta Rey y que se dedicaba al pequeño transporte dentro de Astorga... entre los más menesterosos. Le llamábamos Gaitera y hacía su trabajo con un pequeño carro tirado por un macho (o burro) y lo recuerdo sentado en la vara derecha del carro, con cara de buena persona y una sonrisa no disimulada que podía desaparecer mientras arreaba con un enérgico ‘¡ma-chostia!’ al animal… que parece ser que no compartía con su amo tanto optimismo vital, sobre todo subiendo la cuesta de la estación.

También recuerdo a alguno de sus nietos, supongo, que debe de tener mi misma edad o parecida.

 

 

9.16 Horacio y los carameleros.


Horacio tenía un bar y chuches (diríamos hoy) en la plaza del Centro de Higiene. Fue un personaje conocido de la ciudad. Se contaba que en su juventud había sido Ciclista Profesional y que dejó el deporte tras una caída que le produjo un fuerte golpe en la cabeza. 


Estuvo viviendo varios años en un país de América del Sur, no estoy seguro de si Venezuela o Colombia y después regresó para poner este pequeño negocio en Astorga. Era alto, fuerte, de pelo ensortijado, culto, inteligente, viajado, desinhibido (podía ponerse a ordenar o dirigir el tráfico… si la circunstancia lo requería… sin pestañear, con total seriedad, convencimiento y eficiencia) y emprendedor (contrataba niños para vender caramelos y chucherías en el descanso entre el NODO y la película, en los cinco cines de la ciudad). 


He hablado con alguno de ellos, concretamente con Miguel Morán, más conocido por ‘Cotorro’ y porque era muy bueno jugando al futbol, y me cuenta de su jefe que era una buena persona, que les daba el 20% de lo vendido, sin trampas… lo que parece ser que era bastante… si se compara con lo que se le pagaba a otros niños por otros trabajos parecidos (repartidores, recaderos, ayudantes...) de la época. 


O mejor dicho, mucho más que lo que pagaban otros... mucho más ricos y de misa diaria. 


También me contó que Horario tuvo un final triste y solo, como todos los finales. Tal vez algo más triste por algunas tiranteces familiares de última hora.

 

 

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9.17 Cacharrón.


El Ayuntamiento disponía en su plantilla de trabajadores polifacéticos que lo mismo hacían de maceros, que de mantenimiento o de vigilante en los bailes en el Jardín de las fiestas de Astorga, que eran populares, sí, pero pagando entrada. A uno de ellos le llamábamos Cacharrón y recuerdo que corría mucho. Los bailes del Jardín tenían varios puntos débiles por donde podíamos colarnos: el de la Avenida de la Muralla, la puerta/verja lado Redentoristas, la tapia de lo que entonces era Sordomudos y te permitía acceder al almacén del Bar del Señor Santos y, a veces, la subida por la Muralla que tocaba a las Siervas de María, cuando la basura y hojarasca casi llegaba arriba. La más fácil era la segunda, pues con los dos vigilantes habituales, sólo tenía que saltar un chaval para que un vigilante le persiguiera dejando desprotegida la amplia zona de puerta y verjas. Cuando te cogían, lo que era más que probable si te perseguía Cacharrón,… te daban unos buenos sopapos, una patada en el culo y a la calle… y volvíamos a empezar. Colarse al baile burlando la vigilancia era un arte y una diversión en sí misma. 


Y las famosas tiendas de barrio… aunque estuvieran en el centro, que llamábamos tiendas de ultramarinos o coloniales (también colmados), no especializadas en nada pero que tenían de todo, mitad tienda mitad almacén, con sus mármoles blancos y sus balanzas, a veces trucadas, con aquellos colores y olores mezclados de café, bacalao y especias que venían de ‘Ultramar’ y que gozaban de una gran flexibilidad horaria…

 

 

9.18 Marcelino.


Era una tienda de Ultramarinos en Puerta Obispo… Marcelino tenía un gran mostacho blanco (como yo lo recuerdo). Era algo familiar de las propietarias hermanas de un estanco cercano, ‘Las Letras’, proveedor de cigarrillos al ‘detall’, cuando éramos niños, incluso, de menos de 10 años, alumnos del Grupo Escolar Blanco de Cela… muy cercano.

 

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9.19 Las Letras.


Era un estanco-tienda… donde no ponían demasiadas objeciones a la venta de tabaco a niños. Frente a ‘Las Letras’ estaba la Entrada a la Iglesia del Convento de Clausura de Santi Spíritus, que ocupa una gran manzana y que tiene otra entrada por la Calle Portería que lleva a la Catedral. En esa entrada, que yo recuerde, siempre hubo, y hay, un torno a través del cual comprábamos, cuando teníamos algo de dinero de sobra, es decir, casi nunca, un sobre con recortes de pan de hostia, sin consagrar, claro… que no sé por qué… nos sabía tan rico.

 

9.20 La Maruja.


Otra tienda, de ultramarinos, que sigue existiendo hoy, no sé si con el mismo nombre, pero sí en el mismo sitio, era La Maruja, en Mártires de Somiedo, al lado de la nueva ubicación de la librería ‘El Progreso’ que aún guarda el sabor de aquellas antiguas tiendas llenas de estantes que llegaban hasta sus altos techos, que tenían de todo, del año que lo pidieses… Creo que hoy pertenece a algún descendiente de un ex panadero de San Justo.

 

9.21 Agapito.


Agapito era más almacén mayorista que tienda. Ese nombre era el de su anterior propietario, padre del actual, que es Jesús. Aún está activa… aunque me temo que dando sus últimas bocanadas. Está justo donde estaba el antiguo Fielato de la esquina de Mérida Pérez con Avenida de Ponferrada, regentado por el Señor Tomás, vecino mío de la Calle Oliegos, allá por el año 60. En aquellos tiempos, y aún hoy, era una especie de almacén de alimentación al por mayor y ‘al detall’ de productos no perecederos: mantecadas, quesos, vino, coñac de los años 50, hojaldres, compotas, sal gorda y pimentón de La Vera para matanzas… Hay de casi todo, y con la asesoría asegurada del señor Jesús, de profunda religiosidad pre vaticana, un pozo de sabiduría y trabajo, un hombre mayor, ágil, gran comerciante, experto en muchas más cosas de las que aparenta saber. Genio y figura.



9.22 El Café Central.


En el Café Central, el más grande de Astorga con diferencia. Su tamaño daba holgadamente para los cafés familiares, las partidas de cartas, dos billares y un lugar de juego de bastantes niños mientras sus padres tomaban el café las tardes de los fríos domingos invierno. Solíamos divertirnos molestando de una manera sostenida e indiscriminada a quién podíamos con la única condición de que nos cogiesen para darnos un par de sopapos… bien merecidos por otra parte. Y si te los daban… cuidadín no se enteraran tus padres… que te daban otro tanto. Igual que ahora. Don Tirso, dueño del Café y Murias un camarero con mucha clase y profesionalidad eran nuestros grandes, pero no únicos, enemigos.


Otros cafés de la época que no podemos dejar mencionar fueron el selectivo Regio, el torero Imperial, y el Correos de las partidas de cartas. 

 

 

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Y otras cosas, reales sobretodo en el imaginario y guardadas en los circuitos de la ilusión infantil de nuestros hijos y/o nietos, que se han transmitido y transmiten acompañadas de los más variados condimentos y que van formando una tradición que puede actuar de hilo conductor entre una generación y la siguiente… hasta convertirse, tal vez, en una especie de futura mitología astorgana o maragata.

 

 

9.23 Gorgorito.


La Compañía Maese Villarejo, de Juan Antonio Díaz Gómez de la Serna, primo hermano de Ramón Gómez de la Serna, y Doña Pepita, que aparte de una bonita historia de amor como pareja, proporcionó a nuestros hijos…, y sigue proporcionando, buenos ratos llenos de tensión donde finalmente ganan los buenos, en contraste con la vida. Gorgorito, Rosalinda… siempre ganan al Ogro Dientes Largos, la Bruja Ciriaca…, ayudados por los niños, eso sí. 


Y cincuenta años de Té, chocolate y café…Tantos años han pasado que los primeros fans de los primeros Gorgoritos, allá por el año 65… hoy están llevando, casi, a sus nietos, al Jardín, a finales de Agosto, a la hora del vermut, con overbooking en la terraza del Jardín, igual que los días de fiesta que toca la ‘Incansable’.


En los últimos años también se ha hecho hueco en el ocio infantil del Jardín durante las fiestas de Astorga ‘Peneque el Valiente’ de Producciones infantiles, creada por el extremeño Miguel Pino en 1958… aunque, según he oído, goza de menos aceptación que Gorgorito… por parte del mundo infantil.

 


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9.24 Colasa y Juan Zancuda.


La pareja de maragatos que acompañan el dindón del reloj del Ayuntamiento de la ciudad para mayor goce y disfrute de los visitantes, peregrinos o no, se llaman Colasa y Juan Zancuda, cuya función principal es golpear alternativamente la campana del reloj, en la actualidad dos veces por hora, la segunda para que la puedan ver los turistas más despistados. Y así lo llevan haciendo, con algunas interrupciones por arreglos, desde 1748. Aparte de su trabajo diario, Luis Álvarez –Un músico- los personificó desde su columna de prensa ‘Tiros a Diana’, y les dio voz crítica de los desmanes y excesos de La Casona.


Observadores especializados, de oído muy fino y entendidos en corcheas y semicorcheas, me han comentado que el ritmo o secuencia de las campanadas de los maragatos ha sufrido un cambio significativo a raíz del último arreglo de Agosto de 2018, que a día 22 del mismo mes, aún no ha sido corregido.

 


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9.25 Pedro Mato. 


Cuenta la leyenda de Pedro Mato que fue un arriesgado arriero que, estando sitiada Astorga por los franceses, aprovisionaba a la resistencia del sitio introduciendo algunos doblones de oro en el fondo de los odres de aceite y vino que entraban en la ciudad, lo que ocurrió muchas veces… hasta la última, que los franceses descubrieron su trajín y le quitaron la vida y los doblones por este orden. Los sitiados, colocaron la efigie de su benefactor, con su traje de profesión, el de arriero, en lo más alto y destacado de la ciudad, la Catedral, desde donde Pedro Mato vigila Astorga.


Existen otras leyendas, más inverosímiles si cabe, pero solo aptas solo para niños con pensamiento mágico que puede alargarse hasta los 20 o 25 años… aunque no es lo más frecuente. Dentro de ese pensamiento cabe la explicación de que un dedo de Pedro Mato mató a un importante general francés y que dicho ejército huyó en desbandada. Claro que la explicación contradice el inventario o listado de victorias francesas del Arco de Triunfo de París, pero no todos van a París, y de los que van no todos ven el Arco de Triunfo y de los que lo ven… no todos leen que allí figura Astorga como una de las victorias de Bonaparte.


 

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9.26 Un puesto de melones.


Debía ser el verano de 1967 o 68, y debían de ser las fiestas patronales de finales de Agosto, o al menos, bastante entrado el verano. Parece ser que hubo, de noche, un hurto de unos melones que fue atribuido a los propios serenos y unos días después corrió como la pólvora una coplilla, con más cainismo que piedad, que dedicaron a los protagonistas del citado incidente.

 

 

9.27 El “mercao” de los martes.


Los martes de Astorga, ya muy de mañana, la Plaza se siembra con lo mejor de una amplia zona que abarca desde el Órbigo al Bierzo y desde la Cedepa al Valle de Vidriales, ya en Zamora. Los martes de mercado, fríos, otoñales o de estío, antes poblados de mujerucas de Maragateria o no, con mandil negro y pañuelo a juego, con ajos, pimientos, tomates y perejiles, con conejos y pollos, con huevos frescos, decían, y guindillas. Y los hortelanos de la Cepeda, del Tuerto y el Órbigo con sus lechugas, berzas y habas… que para eso tenían el agua que a nosotros nos faltaba. 


Mercado, mercaderes y mercaderías vigiladas desde lo alto por la torre de San Bartolo o los maragatos del reloj y repartidos con un desordenado cuidado, donde todo cabía, donde todo se encontraba… si buscabas lo suficiente… como ocurre en las actuales plantas de El Corte Inglés. 


Mercado antiguo con vendedores charlatanes de pócimas crecepelo, mantas del Val de San Lorenzo, galochas de Molinaseca, que así llamamos aquí lo que en otros sitios conocen como madreñas o almadreñas, botijos de Manjarín, vasijas de barro de Jiménez de Jamuz o paellas de Pereruela, las mejores por su barro refractario para aguantar altas temperaturas, dicen. Puestos temporeros de simiente y semilleros, o de pollitos recién salidos del huevo, incluso pintados de colores. 


Todo eso ha dado paso al ¡todo a cien!, ¡todo a un Euro! o ¡barato-barato!
Han cambiado los tiempos. Poco. Ahora hay 116 puestos de ropa, hogar y otros, 72 de alimentación perecedera, total 188 y una lista de espera de 50 solicitudes que se cubrirán a medida que otros causen baja. Cada puesto paga 100 Euros al año. En el Ayuntamiento dicen que es barato y no reporta demasiados ingresos pero ayuda a mantener el trajín.

 


(Ese texto ha sido inspirado en Metafísica de un cuerpo de ciudad llamado Astorga, Pintoresco mercado, los martes, de Esteban Carro Celada).




Próxima entrega: 10. Otros recuerdos...

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