Petroglifos
![[Img #41636]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/02_2019/9970_img_20150717_194107-01.jpg)
Frente a los vértigos pasajeros y mareantes de la actualidad; frente a la precipitación de todo lo que acontece, que no deja ni rastro; frente a la tan lamentable sociedad del espectáculo de pozos y excavaciones, que trivializa las tragedias íntimas y privadas; frente a esta realidad de grano grueso, que nos toca padecer, marcada por tantas mordeduras que atacan sutilmente a derechos que costó tanto esfuerzo conquistar…; frente a todo esto, y tantas más cosas, nos quedan los petroglifos.
Símbolos del misterio y de la permanencia, cartografías del cosmos y acaso claves de un espacio antaño habitado de otro modo, los petroglifos son señales que nos acompañan, que están ahí, protegidas por la masa tutelar del Teleno y que nos hablan del origen, de esa edad de la leyenda que hemos perdido, pero de la que nos quedan esas marcas, esas señales, esos trazos en la piedra, que aluden a un cosmos primigenio, a un paraíso olvidado, a una vida antigua en la que aún era posible trazar esas cartografías del temblor.
En una de las visitas que realicé, con mi esposa y unos amigos, a los tan hermosos del área de Filiel, cuando llegábamos, contemplamos de lejos que también se acercaba a ellos una familia. Al llegar, percibí que era la de mi amigo, el geógrafo leonés-salmantino Valentín Cabero, con él al frente. Solo podía encontrarme allí con Valentín Cabero.
Recordé una antigua conversación con él, cuando me hablaba de toda el área montañosa galaico-zamorana-leonesa y me hablaba de cómo habría que escribir (nos lo debe) un libro sobre ellas, con el hermoso título de ‘Las montañas olvidadas’.
Contemplamos, esperando el atardecer, para que la caída de la luz marcara nítidamente las figuras: las cazoletas y círculos, las líneas enigmáticas, trazando vasos comunicantes…, todo ese misterio indescifrable que teníamos ante nuestros ojos.
Petroglifos. Señales de la permanencia y del misterio. Huellas de un mundo antiguo, de un territorio del origen, que nos salvan, frente a la estupidez del presente.. Porque somos una especie que, si el destino no lo remedia, terminaremos extinguiéndonos por nuestra propia estupidez.
![[Img #41636]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/02_2019/9970_img_20150717_194107-01.jpg)
Frente a los vértigos pasajeros y mareantes de la actualidad; frente a la precipitación de todo lo que acontece, que no deja ni rastro; frente a la tan lamentable sociedad del espectáculo de pozos y excavaciones, que trivializa las tragedias íntimas y privadas; frente a esta realidad de grano grueso, que nos toca padecer, marcada por tantas mordeduras que atacan sutilmente a derechos que costó tanto esfuerzo conquistar…; frente a todo esto, y tantas más cosas, nos quedan los petroglifos.
Símbolos del misterio y de la permanencia, cartografías del cosmos y acaso claves de un espacio antaño habitado de otro modo, los petroglifos son señales que nos acompañan, que están ahí, protegidas por la masa tutelar del Teleno y que nos hablan del origen, de esa edad de la leyenda que hemos perdido, pero de la que nos quedan esas marcas, esas señales, esos trazos en la piedra, que aluden a un cosmos primigenio, a un paraíso olvidado, a una vida antigua en la que aún era posible trazar esas cartografías del temblor.
En una de las visitas que realicé, con mi esposa y unos amigos, a los tan hermosos del área de Filiel, cuando llegábamos, contemplamos de lejos que también se acercaba a ellos una familia. Al llegar, percibí que era la de mi amigo, el geógrafo leonés-salmantino Valentín Cabero, con él al frente. Solo podía encontrarme allí con Valentín Cabero.
Recordé una antigua conversación con él, cuando me hablaba de toda el área montañosa galaico-zamorana-leonesa y me hablaba de cómo habría que escribir (nos lo debe) un libro sobre ellas, con el hermoso título de ‘Las montañas olvidadas’.
Contemplamos, esperando el atardecer, para que la caída de la luz marcara nítidamente las figuras: las cazoletas y círculos, las líneas enigmáticas, trazando vasos comunicantes…, todo ese misterio indescifrable que teníamos ante nuestros ojos.
Petroglifos. Señales de la permanencia y del misterio. Huellas de un mundo antiguo, de un territorio del origen, que nos salvan, frente a la estupidez del presente.. Porque somos una especie que, si el destino no lo remedia, terminaremos extinguiéndonos por nuestra propia estupidez.






