Roberto Prada Gallego
Sábado, 23 de Febrero de 2019

Co(n)dones sanitarios

 

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Qué bien se ha estrenado Vox en el Senado. No ha votado ni contra los indultos de quienes ahora están sentados en el banquillo del Tribunal Supremo ni contra la cesión de prisiones al País Vasco. Desde el partido alegan que no han tenido tiempo de estudiar la documentación de cada asunto. Seguro que no tiene nada que ver el hecho de que esas propuestas hayan sido de Ciudadanos y del Partido Popular. En cambio, sí han podido estudiar una declaración institucional que se oponía a la homofobia en el deporte. Y han votado en contra. Casi mejor que lo primero que hubieran realizado al llegar a la Cámara Alta hubiera sido cambiar de colchón.


 
Vox es un partido que se mueve como Sánchez en el Falcon dentro del mundo de las redes sociales porque aglutina votos de cabreo, como en su tiempo Podemos. Eso y solo eso explica el trasvase de votos de unos a otros. El enfado es una actitud legítima para ir a votar, pero egoísta y primaria. Por eso el partido morado quería rebajar la edad de voto a los dieciséis años. Cuando estas enfadado no razonas del mismo modo que cuando no lo estas. Arcadi Espada lo explica, naturalmente, mucho mejor. “La virtud cívica, el fundamento de la democracia y de la propia convivencia reside en la contención”. De todos modos, contenerse no es votar al todavía Presidente legítimo. Dice en su libro que merece la pena estar en política por cosas como salvar, personalmente, la vida de más de seiscientos inmigrantes. Cuánto narcisismo, cuánta vanidad y qué estulticia. La soberbia sin genio es como una ventosidad inodora, ruido y solamente ruido. Grotesca y ridícula. 

 

Leo una entrevista que hacen a Fernando Savater en la que sostiene que “el verdadero peligro para España es el que encarnan Podemos y los separatistas” y que “Vox es una consecuencia de ese peligro. Certero como pocos. También declara que no se siente español, sino que se sabe español “porque conozco mis derechos y responsabilidades”. Puede que ahí este la razón fundamental para no votar a Vox el próximo 28 de abril: el estar en contra de todos los nacionalismos. Incluso de los que nos parecen buenos. Se empieza diciendo que hay que hacer a España grande otra vez y se puede terminar como Torra donde Alsina balbuceando aquello tan autoritario de que “la democracia está por encima de la ley”. Esperemos que, al terminar el juicio a los políticos catalanes, estos hayan aprendido que la democracia no es votar, ni eso tan manido de la voluntad popular, sino, sobre todo, formas y procedimientos. Y es que, y otra vez Arcadi, “los populistas no son más que eyaculadores precoces. Y en arreglo a la naturaleza, ni contentan ni fecundan”. Yo, contento. 

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