Podemos...pero no sabemos
![[Img #42883]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/04_2019/8907_pablo-iglesias-participa-en-un-encuentro-con-la-militancia-en-el-auditorio-de-zaragoza-foto-dani-gago.jpg)
Hubo quienes siendo mayores se lamentaban de los jóvenes, por lo perdidos, callados y ausentes que andaban. No decían nada. Hasta que surgió el 15 M y luego Podemos. Lo tomaron con agrado y sorprendidos de que los jóvenes de repente existieran y dieran alguna respuesta en aquellos años en los que el PP seguía perdido mirándose el ombligo, o quizá, como se ha sabido después, afanándose en llenar los bolsillos particulares, sin advertir por dónde iba el país, y el PSOE de Rubalcaba se había enfangado en Andalucía y andaba a la luna de Valencia.
Luego vino lo del éxito sorpresa que Podemos alcanzó en las europeas y a partir de ahí cambió todo. El Podemos, ya conocido como de Pablo Iglesias, perdió el norte con el cascabel de Monedero y abandonó el Podemos a secas y comenzó a ser Podemos… pero no Sabemos.
En ese delirio del triunfo se unieron a Izquierda Unida y las cuentas no les salieron. Pensaron que con sumar votos ya les bastaba pero los restaron. Fue el principio del fin de Izquierda Unida, que en Astorga, sin embargo, creció como un divieso, una infección cutánea que no sirve para nada. Sus responsables del momento, con Alberto Garzón a la cabeza, debieron pensar que al menos se salvarían ellos y tiraron para adelante. Los viejos comunistas, como los viejos rockeros, no les siguieron y prefirieron ser fieles a sí mismos antes que advenedizos en un chiringuito que no era el suyo, donde mandaba más el marketing y la cirugía estética que las buenas razones. Se retiraron.
Luego vino la primera victoria en precario de Pedro Sánchez. Iglesias subido en el caballo del triunfo, como Santiago Matamoros, convencido de que tenía el gobierno lleno de ministros, aunque él de momento solo fuera vicepresidente, volvió a encerrase en sus trece. Al estilo de su maestro Julio Anguita, que ya le diera la victoria a Aznar, prefirió darle el gobierno a Mariano Rajoy, que así fue presidente en la última etapa. Gracias a Iglesias, por lo que el buen gallego, aunque aparentara lo contrario, le estuvo muy agradecido.
Ya se sabe que los partidos políticos están más acertados cuando diagnostican a los otros que cuando se evalúan a sí mismos Quedó claro que Iglesias era más de No Sabemos… que de Podemos. Se había iniciado la pendiente de la decepción. Sin embargo, se hizo fuerte en la marca y comenzó a cortar cabezas con la conmiseración de los dictadores, por el “bien general de la causa”, sin advertir que cuando se mete la pata hay que aprender la lección y no tirar para adelante cojeando y arremeter contra los que se considera que te hacen sombra.
Así cayó por primera vez Errejón y tras él Bescansa, Alegre, Domenech, Espinar. Hasta el más reciente Bustinduy... y más que se quedaron por el camino, con quienes otro gallo le habría cantado a Podemos que no el de Iglesias. La cumbre de su desnortamiento llegó cuando lo de su chalet. Craso error pero en vez de reconocerlo y enmendarlo, víctima como Stalin de la etapa del culto a la personalidad o si se prefiere de Pujol, que si se le ataca a él se ataca a Cataluña, prefirió enfocarlo al estilo de dictadores como Franco o con la demagogia de los independentistas catalanes, buscando el refrendo de las bases para tirar para adelante e imponer que el líder siempre tiene razón. Aunque quedara bien claro que no.
A esas alturas, Iglesias debía tener seguro que ese era su camino, aunque así evidenciara que estaba comenzando a hacerse adulto. En un ataque de sinceridad aceptó que con lo de Sánchez y Rajoy se había equivocado, porque es lo que uno hace cuando crece y madura, que se tiene que renunciar a los errores del pasado cometidos. Reconoció también que su predilección por Venezuela no había sido nada acertada y lo hizo antes de los últimos descalabros de su modelo Maduro. Como reconoció lo del chalet pero no se apeó.
Luego vino lo que él consideró el último error de Errejón y reaccionó una vez más con su rectitud. Entregó su cabeza ante el beneplácito de sus adictos, el zambombero de Echenique, aprendiz de Rasputín, y el Pepito Grillo de Monedero, en la duda de si el papel que le reserva la historia es el de Trotski. El pronunciamiento de los secretarios comunitarios evidenció que era un nuevo error de él.
Por medio quedan todas las insidias, calumnias y difamaciones que les han prodigado desde las cloacas. No es fácil predecir lo que ocurra cuando las izquierdas suman escisiones y divisiones que restan escaños; como no lo es con la incógnita de los jóvenes que pasan a adultos. Más difícil es ningunear a Errejón. Es el que más preparado está para gobernar, en la senda ya consolidada de Carmena y es el que sabe no de teoría sino de práctica, dentro del batiburrillo de siglas, para superar la asignatura pendiente del Sabemos.
Lo que no cabe duda es que Podemos entre las aristas de la imperfección de lo humano, la degeneración de sus precedentes y los lastres que arrastra tendrá que aprender para saber. O dicho de otra manera tendrá que atinar a modificar su rumbo para hacer su ruta.
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Hubo quienes siendo mayores se lamentaban de los jóvenes, por lo perdidos, callados y ausentes que andaban. No decían nada. Hasta que surgió el 15 M y luego Podemos. Lo tomaron con agrado y sorprendidos de que los jóvenes de repente existieran y dieran alguna respuesta en aquellos años en los que el PP seguía perdido mirándose el ombligo, o quizá, como se ha sabido después, afanándose en llenar los bolsillos particulares, sin advertir por dónde iba el país, y el PSOE de Rubalcaba se había enfangado en Andalucía y andaba a la luna de Valencia.
Luego vino lo del éxito sorpresa que Podemos alcanzó en las europeas y a partir de ahí cambió todo. El Podemos, ya conocido como de Pablo Iglesias, perdió el norte con el cascabel de Monedero y abandonó el Podemos a secas y comenzó a ser Podemos… pero no Sabemos.
En ese delirio del triunfo se unieron a Izquierda Unida y las cuentas no les salieron. Pensaron que con sumar votos ya les bastaba pero los restaron. Fue el principio del fin de Izquierda Unida, que en Astorga, sin embargo, creció como un divieso, una infección cutánea que no sirve para nada. Sus responsables del momento, con Alberto Garzón a la cabeza, debieron pensar que al menos se salvarían ellos y tiraron para adelante. Los viejos comunistas, como los viejos rockeros, no les siguieron y prefirieron ser fieles a sí mismos antes que advenedizos en un chiringuito que no era el suyo, donde mandaba más el marketing y la cirugía estética que las buenas razones. Se retiraron.
Luego vino la primera victoria en precario de Pedro Sánchez. Iglesias subido en el caballo del triunfo, como Santiago Matamoros, convencido de que tenía el gobierno lleno de ministros, aunque él de momento solo fuera vicepresidente, volvió a encerrase en sus trece. Al estilo de su maestro Julio Anguita, que ya le diera la victoria a Aznar, prefirió darle el gobierno a Mariano Rajoy, que así fue presidente en la última etapa. Gracias a Iglesias, por lo que el buen gallego, aunque aparentara lo contrario, le estuvo muy agradecido.
Ya se sabe que los partidos políticos están más acertados cuando diagnostican a los otros que cuando se evalúan a sí mismos Quedó claro que Iglesias era más de No Sabemos… que de Podemos. Se había iniciado la pendiente de la decepción. Sin embargo, se hizo fuerte en la marca y comenzó a cortar cabezas con la conmiseración de los dictadores, por el “bien general de la causa”, sin advertir que cuando se mete la pata hay que aprender la lección y no tirar para adelante cojeando y arremeter contra los que se considera que te hacen sombra.
Así cayó por primera vez Errejón y tras él Bescansa, Alegre, Domenech, Espinar. Hasta el más reciente Bustinduy... y más que se quedaron por el camino, con quienes otro gallo le habría cantado a Podemos que no el de Iglesias. La cumbre de su desnortamiento llegó cuando lo de su chalet. Craso error pero en vez de reconocerlo y enmendarlo, víctima como Stalin de la etapa del culto a la personalidad o si se prefiere de Pujol, que si se le ataca a él se ataca a Cataluña, prefirió enfocarlo al estilo de dictadores como Franco o con la demagogia de los independentistas catalanes, buscando el refrendo de las bases para tirar para adelante e imponer que el líder siempre tiene razón. Aunque quedara bien claro que no.
A esas alturas, Iglesias debía tener seguro que ese era su camino, aunque así evidenciara que estaba comenzando a hacerse adulto. En un ataque de sinceridad aceptó que con lo de Sánchez y Rajoy se había equivocado, porque es lo que uno hace cuando crece y madura, que se tiene que renunciar a los errores del pasado cometidos. Reconoció también que su predilección por Venezuela no había sido nada acertada y lo hizo antes de los últimos descalabros de su modelo Maduro. Como reconoció lo del chalet pero no se apeó.
Luego vino lo que él consideró el último error de Errejón y reaccionó una vez más con su rectitud. Entregó su cabeza ante el beneplácito de sus adictos, el zambombero de Echenique, aprendiz de Rasputín, y el Pepito Grillo de Monedero, en la duda de si el papel que le reserva la historia es el de Trotski. El pronunciamiento de los secretarios comunitarios evidenció que era un nuevo error de él.
Por medio quedan todas las insidias, calumnias y difamaciones que les han prodigado desde las cloacas. No es fácil predecir lo que ocurra cuando las izquierdas suman escisiones y divisiones que restan escaños; como no lo es con la incógnita de los jóvenes que pasan a adultos. Más difícil es ningunear a Errejón. Es el que más preparado está para gobernar, en la senda ya consolidada de Carmena y es el que sabe no de teoría sino de práctica, dentro del batiburrillo de siglas, para superar la asignatura pendiente del Sabemos.
Lo que no cabe duda es que Podemos entre las aristas de la imperfección de lo humano, la degeneración de sus precedentes y los lastres que arrastra tendrá que aprender para saber. O dicho de otra manera tendrá que atinar a modificar su rumbo para hacer su ruta.






