Suave es la noche
![[Img #44169]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/9143_roberto-elena-santiago-097.jpg)
Nos hicimos novios con la facilidad que uno hace amigos de pequeño.
El nombre y un sí o un no eran los únicos requisitos de tan ambiciosos proyectos. Ahora podemos ponernos estupendos y hacer de esos recuerdos teatro y rememorar instantes grandiosos, pero, la verdad, es que en aquellos momentos la respuesta era poco importante y la puesta en escena pobre. Yo, por ejemplo, pedía salir a las chicas en el recreo. Luego hubo un tiempo en que prefería acercarme a su mesa, requerir el sacapuntas y dejar una nota, que viéndolo ahora parece un poco de asesino: “Pide ir al baño”. El cambio en el protocolo no era para besarme con ellas, qué vergüenza, sino porque había que buscar un hueco ya que el recreo estaba reservado para jugar importantísimos partidos de fútbol. Dejar caer ese papel y que no lo viera la otra persona sentada cerca era una situación de riesgo. El máximo peligro al que se expone uno cuando tiene una infancia en la que lo tiene todo.
Esas han sido mis mejores novias. No digo ex, y digo bien, porque si nos ponemos quisquillosos la verdad es que nunca llegamos a romper. Tampoco nunca nos dimos un beso ni discutimos ni pregonamos nuestro noviazgo. Se podía decir que no éramos novios de hecho y que no salíamos porque claro, qué es salir con alguien sino besarse, discutir y contarlo. Luego vinieron las estrellas, el cielo y el paraíso. Y su infierno y su purgatorio. Lo peor de las rupturas no es pensar en lo que se deja atrás y ya no volverá sino en todo lo que quedaba por venir y ya no vendrá. Arriesgar para languidecer. Todo esto me recuerda a unos mofletes enormes y a un culo de escándalo. ¿He dicho culo? Quería decir que es inteligente y especial. Con una voz dulce y grave a la vez; igual que su carácter. Una chica con la que ahora tampoco hablo de modo frecuente, pero que ha confesado quererme un poco. Fue después de admitir que para mí con ella siempre y todo sería poco. Perdonen la cursilería, pero era su cumpleaños y esa mi manera de que comprendiera que si me alejé de ella poco a poco fue para poderla recordar con la inocencia de aquellos amores eternos y el amor sincero que solo conoce un niño.
![[Img #44169]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2019/9143_roberto-elena-santiago-097.jpg)
Nos hicimos novios con la facilidad que uno hace amigos de pequeño.
El nombre y un sí o un no eran los únicos requisitos de tan ambiciosos proyectos. Ahora podemos ponernos estupendos y hacer de esos recuerdos teatro y rememorar instantes grandiosos, pero, la verdad, es que en aquellos momentos la respuesta era poco importante y la puesta en escena pobre. Yo, por ejemplo, pedía salir a las chicas en el recreo. Luego hubo un tiempo en que prefería acercarme a su mesa, requerir el sacapuntas y dejar una nota, que viéndolo ahora parece un poco de asesino: “Pide ir al baño”. El cambio en el protocolo no era para besarme con ellas, qué vergüenza, sino porque había que buscar un hueco ya que el recreo estaba reservado para jugar importantísimos partidos de fútbol. Dejar caer ese papel y que no lo viera la otra persona sentada cerca era una situación de riesgo. El máximo peligro al que se expone uno cuando tiene una infancia en la que lo tiene todo.
Esas han sido mis mejores novias. No digo ex, y digo bien, porque si nos ponemos quisquillosos la verdad es que nunca llegamos a romper. Tampoco nunca nos dimos un beso ni discutimos ni pregonamos nuestro noviazgo. Se podía decir que no éramos novios de hecho y que no salíamos porque claro, qué es salir con alguien sino besarse, discutir y contarlo. Luego vinieron las estrellas, el cielo y el paraíso. Y su infierno y su purgatorio. Lo peor de las rupturas no es pensar en lo que se deja atrás y ya no volverá sino en todo lo que quedaba por venir y ya no vendrá. Arriesgar para languidecer. Todo esto me recuerda a unos mofletes enormes y a un culo de escándalo. ¿He dicho culo? Quería decir que es inteligente y especial. Con una voz dulce y grave a la vez; igual que su carácter. Una chica con la que ahora tampoco hablo de modo frecuente, pero que ha confesado quererme un poco. Fue después de admitir que para mí con ella siempre y todo sería poco. Perdonen la cursilería, pero era su cumpleaños y esa mi manera de que comprendiera que si me alejé de ella poco a poco fue para poderla recordar con la inocencia de aquellos amores eternos y el amor sincero que solo conoce un niño.






