Catalina Tamayo
Sábado, 13 de Julio de 2019

A propósito de dos noticias

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“…para quienes no se confunden a sí mismos con palabras vanas, sino que atienden sencillamente a los hechos reales” (Epicuro. M. C. 37)

 

A David, a otro David, por lo que está pasando a consecuencia de esto, porque cuando mi voz buscaba un oído, él me escuchó, soportó mis doloridas palabras, generosamente.

 

Se trata de dos noticias parecidas, pero no iguales. Se parecen en que las dos informan sobre sucesos terribles que han tenido lugar en la sociedad española recientemente. Una, sobre una agresión sexual; otra, sobre un “presunto” homicidio. Además, ambos hechos fueron realizados por un grupo de chicos y hay una sola víctima. En el primer suceso, el grupo de chicos que lo llevan a cabo es de cinco y la víctima es una chica; en cambio, en el segundo, los autores parece ser que son tres chicos y la víctima es otro chico. Pero eso no cambia nada o no debería cambiar nada. Porque lo que ha de contar es que los dos sucesos son desgarradores, propios de bárbaros y no de seres civilizados como nosotros, los que vivimos en sociedades democráticas, donde las libertades y la vida han de estar aseguradas.

 

Pero no son iguales porque el suceso que cuenta una es más grave que el que cuenta la otra. La agresión sexual, que sin duda tiene que ser terrible, sea del tipo que sea, incluso si se trata de una violación, no me parece tan horrible como la muerte. La muerte es irreversible, es el final del camino, de todo; en cambio, la violación, con sus heridas, seguro que numerosas, y todas hondas, hondísimas, con el tiempo, con ayuda, permite caminar, tirar para adelante, aunque sea de mala manera, a trompicones.

 

Con el suceso de la agresión sexual me refiero al caso de “La Manada”. Con este nombre, que se ha hecho tan popular, se conocen los sucesos relacionados con la agresión sexual que llevaron a cabo cinco jóvenes sobre una chica de 18 años en un portal del centro de Pamplona en la madrugada del 7 de julio de 2016. Es de sobra conocido por todos que la víctima denunció a los agresores por violación. Sin embargo, y esto también lo sabe todo el mundo, la sala segunda de la Audiencia Provincial de Navarra, condenó a los acusados por abusos sexuales y posteriormente el Tribunal Superior de Justicia  de Navarra ratificó esta condena. No obstante, el pasado 21 de junio, la televisión informaba que el Tribunal Supremo, desmarcándose de la sentencia de los anteriores tribunales, condenaba a los acusados por violación.

   

 Y por el de ‘presunto’ homicidio estoy señalando la brutal paliza que al parecer le dieron tres chicos, entre 18 y 20 años, a otro joven de 33 años, David Carragal, natural de Cudillero, en la noche del 10 al 11 de junio en las fiestas del barrio de La Florida  de Oviedo. Una semana después, el 17 de junio, David moría en el Hospital Universitario de Asturias, al no poder superar el traumatismo craneoencefálico grave que le provocaron los golpes. Según unos, todo comenzó porque estos tres chicos le pidieron tabaco y el joven se negó a dárselo, y según otros, por la reacción desproporcionada que tuvo este porque uno de los tres chicos miró a una de las chicas que iba con él. Haya sido por esto o por lo otro, esa agresión no está justificada. De los tres chicos, que finalmente acabaron entregándose a la Policía ese mismo lunes 17 de junio a última hora, dos negaron no tener nada que ver con el suceso, pero otro reconoció que le lanzó una patada, aunque añade que no sabe si lo alcanzó o no lo alcanzó, y si lo alcanzó, no sabe en qué parte del cuerpo le golpeó. La jueza dicta para este chico orden de prisión provisional, comunicada y sin fianza, por un delito de homicidio doloso, y deja a los otros dos en libertad, que, como el primero, quedan acusados también por el delito de omisión del deber de socorro.

 

Pero si bien estos hechos no son iguales, tampoco han sido considerados de la misma manera, sobre todo por los medios de comunicación, y menos aún, en particular, por las televisiones.

 

Desde el minuto uno, todo el mundo –sobre todo las autoridades– puso el grito en el cielo con el caso de ‘La Manada’, que no es para menos, la verdad. Sin embargo, con el caso de David, que es aún más grave, no ha ocurrido así, la alarma no ha sonado tanto, su sonido no ha llegado tan lejos, ni mucho menos. De entrada, el alcalde de Oviedo calificó el suceso de accidente. Según el ABC del día 20 de junio, exactamente sus palabras fueron: “Lo del otro día fue un accidente. Estoy seguro que los tres chavales no querían llegar a este final, pero, por desgracia, fue trágico. Estoy seguro que estarán pesarosos de haberlo hecho. Unas copas, un poco de discusión y al final, mira, como acabó esto; que no vuelva a pasar”. Es cierto que, tras incendiarse las redes, ese mismo día matizó sus palabras, añadiendo posteriormente, como se lee en La Vanguardia del día 20 de junio, que su “intención era destacar que se  ha tratado de un hecho accidental, no por responder a un accidente, que evidentemente no lo fue, sino por su carácter excepcional en nuestra ciudad…” y que “nunca he pretendido minimizar la gravedad de lo sucedido, ni mucho menos, exculpar a los responsables”.

     

En cuanto a los medios, especialmente las televisiones, la desproporción ha sido mucho mayor, tanto que, sinceramente, es preocupante. Es verdad que la noticia del caso de David se dio en los telediarios, pero ninguna televisión abrió sus telediarios con esta noticia, como sí se hizo con el caso de ‘La Manada’. Este suceso tuvo tanta repercusión mediática que, antes y después de las sentencias, pero sobre todo después, en algunos programas de televisión se hicieron ‘especiales’ sobre él, donde se debatía, a veces acaloradamente, si había habido violación o solo abuso sexual. Se conoció el nombre y apellidos de cada uno de los miembros de ‘La Manda’; se vieron sus rostros en la pantalla, casi a todas horas; se escrutaron sus vidas, y salieron a la luz sus profesiones, sus aficiones y las juergas locas que se habían corrido; y, cuando, tras salir de la prisión, asistían a juzgado, las cámaras y los micrófonos los estaban esperando, incluso se les siguió más allá de estos lugares y se supo en qué restaurante habían comido y cuál había sido el menú que habían elegido. Por si fuera poco, se les acabó dando el nombre por el ahora todo el mundo los conoce: ‘La Manada’. Y se hicieron manifestaciones en muchas poblaciones en contra de la violencia de género. Llegó un momento en el que no se hablaba de otra cosa. En cualquier parte –en la calle, en el supermercado, en tu misma casa– te podías encontrar a alguien haciendo un comentario sobre este caso, y todo el mundo sabía tanto sobre él que se atrevía a opinar sin pudor alguno sobre si había habido violación o solo abuso sexual. Incluso trascendió nuestras fronteras, pues el caso se llegó a debatir en el Parlamento Europeo, la coordinadora de asuntos sexuales de ONU opinó que la condena había sido demasiado leve y la periodista chilena Mónica Rincón presentó un editorial en CNN con el título “No es no”, en clara alusión a este caso.

    

No se ha hecho lo mismo con lo de David. Fuera de los minutos de silencio que se le han guardado en su tierra, de algunas páginas de la prensa regional y de algunas otras, pero menos, de la prensa nacional, de los breves espacios en los telediarios, no ha habido más. En la tele no se han visto las caras de los supuestos agresores ni se han difundido sus nombres y apellidos, solo conocemos sus iniciales. No se ha hecho ningún especial televisivo ni ha salido ninguna asociación a denunciar nada. Tampoco en ninguna televisión se celebraron debates para dilucidar si hubo ensañamiento o no, ni se hizo ninguna manifestación para denunciar la inseguridad ciudadana. Para conocer el nombre del chico que le lanzó la patada he tenido que entrar en Internet y me ha costado encontrarlo, no lo he hecho a la primera. Es verdad, que también he visto su cara, pero ‘pixelada’, para que no se le reconozca. Sobre la vida de estos chicos solo se sabe que son futbolistas y poco más, como que el que lo agredió es agresivo y sí que fumaba a veces, según confiesa uno de sus amigos en el periódico El Comercio. Todavía no he escuchado ni leído a nadie que se refiera a ellos como otra manada. La verdad, no sé si lo son. Cuando el día 22 de junio, casi todos los noticiarios de la televisión y de la radio comenzaron con la noticia de que el Tribunal Supremo había declarado que en el caso de ‘La Manada’ había habido violación, y todos, políticos, magistrados, representantes de asociaciones, se felicitaban, en esos mismos noticiarios sobre el caso de David ya no se dijo nada. Era un caso ya olvidado. Más allá del día del entierro, apenas se habló de él. Pocos fueron los que conocieron el caso en profundidad y opinaron, se indignaron, clamaron al cielo, inútilmente. Para la mayoría de nosotros, los distantes, fue otro caso más, otro de tantos que apenas retenemos unos segundos en la memoria. Las televisiones lo han querido así.

 

La descompensación que se ha dado en el trato de estas dos noticias en los medios de comunicación, especialmente en las televisiones, es un hecho que cualquiera puede comprobar, y contra los hechos no parece que haya argumentos que valgan, son como son. Pero quién sabe.

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