M. A. Reinares
Martes, 10 de Septiembre de 2019
ENTREVISTA / DÍA MUNDIAL PARA LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO

"Tenemos que normalizar el suicidio igual que hemos hecho con la violencia de género, todavía hay miedo a ponerle el nombre"

En los últimos años, en Astorga y las comarcas próximas han ocurrido suicidios que públicamente han quedado silenciados pero que han conmocionado sobremanera a los entornos familiares y sociales de esas personas adultas y adolescentes fallecidas en estas circunstancias. Por eso, este 10 de septiembre, Día Mundial para la prevención del suicidio, queremos descorrer la cortina y entrevistamos a la psicóloga astorgana María José Díez Alonso para hablar sosegadamente sobre el suicidio, uno de los tabúes que permanecen en nuestra sociedad por no comprender qué le ocurre a una persona que decide quitarse la vida. María José Díez es miembro del Grupo de Trabajo de Atención y Prevención de la Conducta Suicida COPCYL.

[Img #46062]

 

 

Comencemos la entrevista hablando, si no te importa, en primera persona. Yo como periodista de la 'vieja guardia' recuerdo que mis primeros maestros me enseñaron que de los suicidios no había que informar por el posible 'efecto llamada'; cuando en la redacción nos enterábamos de un suceso y llamábamos a la Policía para confirmar, si había sido un suicidio lo callábamos. Creo que como a los periodistas, en la sociedad todavía ocurre este silenciamiento ¿Por qué tratamos de ocultar que una persona se ha quitado la vida?

 

El suicidio es un tabú, es un tema que ha estado silenciado por las ideologías sobre todo a nivel religioso, porque la vida no era considerado algo propio de la persona, era un regalo y quien te la daba es quien podía disponer de ella, entonces, en ese sentido, la persona no podía disponer de su vida. Por otro lado, también es verdad que hay un falso mito sobre el suicidio por el que se supone que si se habla de él aumenta el número. Ese desconocimiento ha provocado que no se hable del tema. Es una cuestión social, cultural y educativa. Yo creo que ahora se habla de ello, antes si alguien se suicidaba no se decía porque no lo enterraban en el camposanto ni le hacían funeral, en eso la Iglesia también cambió la normativa y eso parece que no pero en las sociedades más tradicionales ha ayudado hablar del suicidio. Antes podía haber un número muy parecido de suicidios y no se hablaba, no se nombraba.

 

 

Preocupadas por los casos que hemos conocido últimamente en Astorga, tú y yo hemos hablado  del tema, informalmente, cuando nos encontramos en la calle o en el supermercado, de alguna forma tú me estás educando como profesional de la psicología ante mis dudas y temores, y siempre me dices que los periodistas tenemos que informar porque la sociedad tiene que hablar sin miedo del suicidio.

Efectivamente, hay que hablar del suicidio. Estos días se está tratando con la desaparición y posterior aparición de Blanca Fernández Ochoa, parece que solamente se informa de los suicidios cuando son personas más conocidas, y sin embargo es una realidad que afecta a toda la sociedad. La Organización Mundial de la Salud habla de más de 800.000 suicidios al año, esto quiere decir que cada 40 segundos una persona se suicida en el mundo. Por cada suicidio consumado hay 25 intentos, mientras en España en los últimos años estamos en torno a los 3600 por año, lo que quiere decir que cada día en España se suicidan 10 personas.
 

 

Contextualízanos estos datos, ¿las cifras aumentan o disminuyen?

De 2015 a 2016 se registraron menos suicidios y esperemos que la tasa vaya disminuyendo con estas campañas de sensibilización e información y con la mejora de la atención de la salud mental, también con la celebración el Día Mundial para la Prevención del Suicidio como una forma de visibilizar una realidad que es un problema de salud pública reconocido por la Organización Mundial de la Salud desde el año 1996. Esto quiere decir que desde ese momento en el que se reconoce como un problema de salud pública por todas las consecuencias que tiene a nivel económico, personal y social, se empieza a estudiar de una forma sistemática cuáles son los factores precipitantes y los protectores para de esa manera poder hacer ese trabajo de prevención y de concienciación de la sociedad en general. Porque el suicidio es algo que se puede prevenir.

 

 

¿Cómo se puede prevenir?

Teniendo un plan de suicidios. En España tenemos un plan nacional para prevenirlos y en los últimos 15 años sí que todas las acciones que contempla están ayudando a ir creando una conciencia en la sociedad en general de que es un problema real y que es un problema que se puede prevenir.

 

 

Concreta, por favor, cómo prevenir o detectar que una persona está pensando en quitarse la vida.

En primer lugar lo que es muy importante es tener en cuenta que el suicida no quiere morir, lo que realmente quiere es dejar de sufrir. El suicidio supone que se descompensan los factores de protección de una persona, lo que hace dar más importancia a todo lo que tiene que ver con las valoraciones mal hechas de su situación. La persona suicida tiene una valoración de su situación personal muy rígida, muy distorsionada, y muy amplificados todos los factores negativos. Digamos que esa persona, de alguna manera, está haciendo una mala valoración de la situación y de los sistemas que puede tener para poder afrontarlo. De ese modo, como percibe que no es capaz de poder solucionar toda esa situación personal y le provoca un gran sufrimiento y una gran desesperanza, ve como la única salida quitarse la vida, pero si esa persona tuviera la solución al problema no pensaría en el suicidio sino que optaría por solucionar su situación.

 

 

[Img #46063]

 

 


¿Cómo podemos intuir o sospechar que una persona está pensando en suicidarse?

Tiene unas características y eso nos puede ayudar a identificarlo. Podemos ser cualquiera. Una persona que está en depresión; una persona que empieza a cambiar de hábitos de alimentación, de sueño o de higiene; una persona que comienza a tener unos hábitos de consumo de alcohol o de drogas que no tenía o va más allá de lo que se podría considerar dentro de la normalidad. Hay por otro lado también unas conductas preparatorias como cerrar asuntos, hacer el testamento, desprenderse de ciertas cosas... Todo eso, al final, son indicios y señales no son verbales, pero el suicida también da señales verbales, de alguna forma informa a su entorno de su desesperanza, de su cansancio por la vida, se identifica con personas que han cometido suicidio. Todo eso son señales que no deben pasar desapercibidas, ahí es donde empieza la prevención.



¿Qué actitud debemos tener con un suicida?

Con alguien que le ves en ese espectro de pensamientos porque la conducta suicida no es solamente el suicidio consumado, va desde las conductas parasuicidas hasta el hecho de quitarse la vida, pero hay gestos, comunicaciones, hay muchos tipos de conductas que lo están indicando.



¿Cómo debemos tratar a estas personas? ¿Podemos hacer algo por ellos?

Tenemos que dejarle hablar, ahí estamos rompiendo el tabú y el miedo. A esa persona hay que dejarle hablar, escucharla con muchísimo respeto y en ningún momento se tiene que sentir ni valorada ni juzgada, hay que hacer una escucha muy respetuosa con esa persona, dejarle que hable de todos sus problemas, cuestionárselos, hay veces que alguien nos está hablando de algo que le preocupa mucho y que nosotros consideramos que no debería ser objeto de tanta preocupación, sin embargo para esa persona lo es y hay que respetarlo, ya simplemente el hecho de hablar de un problema puede ayudar a cambiar la percepción de esa persona. Además lo que debemos devolverle es una visión más esperanzadora de la situación y animarle a que busque ayuda en caso de que nosotros no podemos hacerlo. Ahí es donde ya entramos los profesionales, los psicólogos y los psiquiatras, es muy importante porque sí que es cierto que no todas las personas que se suicidan tienen una enfermedad mental, pero sí que hay enfermedades mentales que pueden predisponer como la depresión, el trastorno bipolar y la esquizofrenia, no obstante hay muchas circunstancias que pueden llevar a un suicidio.

 

En los primeros años de la crisis económca vimos cómo algunos financieros americanos se tiraban por las ventanas y eso vino a visibilizar el suicidio de alguna manera también, pues una quiebra económica, un fracaso personal, un cambio de vida importante en el que la persona no logra adaptarse bien, todo eso puede precipitar un suicidio.


Otras cuestiones que pueden llevar también a un suicidio es la soledad, el aislamiento social, la persona que tiene una historia de hábitos tóxicos, hay personas que antes de suicidarse se inician en esos hábitos pero hay otras con una historia de consumo que finalmente terminan suicidandose. Es verdad que se suicidan más los hombres que las mujeres, por cada mujer que se suicida se quitan la vida tres hombres, también los hombres fallan menos y son muchos más agresivos a la hora de elegir el método.

 

Hay también una cuestión muy importante, entre el 5 y el 7% de los accidentes de tráfico son suicidios pero están considerados como accidentes de tráfico y también hay que ver que determinadas profesiones tienen una alta tasa de suicidio, como los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y todas los profesionales que trabajan en situaciones muy estresantes de atención a emergencias y de asistencia. A estos profesionales hay que tratarlos, ayudarlos y formarlos para que tanto a nivel personal como colectivo sepan identificar las situaciones.

 

 

[Img #46064]

 


Al comienzo de la entrevista dijiste que desde 1996 el suicidio se considera un problema de salud pública, ¿le estamos dando respuesta al problema como sociedad? 


Valorar a la sociedad en conjunto es difícil, yo lo que sí puedo decir es que en los últimos años, y desde lo que yo conozco, la realidad del Colegio de Psicólogos, nosotros desde hace tres años tenemos un grupo activo de estudio de la conducta suicida con muchos objetivos, pero entre otros está la labor de presentación, de dar a conocer a la sociedad esta problemática, de romper el tabú, de explicar cuáles son los comportamientos que van asociados a este problema tan grande y poder ir aportando soluciones.

 

Es cierto que a la sociedad le cuesta romper todas las barreras con estos temas pero no solamente pasa con el suicidio, nos pasa con las adicciones y con la violencia de género. Cada vez se habla más porque, sí que es cierto que ahí los medios de comunicación tenéis un papel fundamental, estamos más próximos a la problemática, también porque le vamos poniendo caras y vamos identificando eso que nos cuentan los medios y de lo que hablamos los psicólogos con personas de nuestro entorno y siempre facilita la sensibilización que están importante. En ese sentido yo creo que sí se está avanzando, pero desde luego los que se tienen que poner las pilas son las Administraciones Públicas.

 

Estamos demandando que en Atención Primaria haya psicólogos, pero no solamente para reducir el consumo de fármacos, que se reduciría de forma significativa y está cuantificado porque sería mucho más fácil contratar psicólogos que no seguir recetando fármacos, y ahí sí que estaríamos haciendo una importante labor de prevención a nivel de salud mental de una forma global. En ese primer eslabón del sistema sanitario se podrían detectar suicidios, porque en Atención Primaria no se le puede pedir al personal que esté cualificado para detectar todas y cada una de las problemáticas que hay, entonces los psicólogos podemos hacer una labor muy importante y además somos los expertos en conducta, no son los médicos, tampoco los enfermeros que tienen un papel fundamental en la salud pero no en detectar problemas psicológicos.

 

 

De las últimas muertes de adolescentes y jóvenes en Astorga algunas han sido por suicidios y por eso nos han conmocionado. La pregunta que surge es ¿estamos haciendo algo mal como padres o educadores?


El suicidio en los adolescentes se explica exactamente por los mismos factores que los adultos, con un condicionante añadido, que además es muy propio de la adolescencia, que es la impulsividad. La impulsividad es un rasgo en el carácter que está más marcado en la adolescencia y que se caracteriza sobre todo porque no se piensa en las consecuencias de las acciones, de manera que ante una situación determinada se produce una reacción muy rápida y por lo tanto no hay esa valoración de consecuencias y algunas veces el resultado es la muerte, igual que en otras ocasiones el resultado es un comportamiento disruptivo y en otras es una conducta adictiva. Al final, lo que explica la conducta suicida en los adolescentes es lo mismo, es la depresión, es la soledad, el aislamiento, es la falta de valoración de los recursos que tiene la persona, es eso lo que lo explica.

 

Lo que sí están presentando muchos adolescentes en la actualidad son conductas parasuicidas que consiste en infringirse daño pero sin el objetivo de llegar a la muerte, sino simplemente hacerse daño, provocar un sufrimiento físico. Por eso en las consultas estamos viendo cortes en los brazos. Este tipo de conducta no se puede normalizar, eso es un problema de gestión emocional y hay que abordarlo adecuadamente.

 

 

¿En esas conductas parasuicidas estarían lo que en la calle denominamos llamar la atención, es decir, alguien que está pasando un mal momento y que realmente no quiere quitarse la vida sino lo que está haciendo es 'gritar' para pedir ayuda?

 

Desde el momento en el que la persona no tiene intención de suicidarse es una conducta parasuicida que hay que tratarla también porque esta persona lo que tiene es un problema de gestión de sus emociones: la rabia, el dolor, la frustración, los miedos, todo eso lo está reflejando haciéndose daño, porque de alguna forma se está maltratando. Ahora bien, cuando una persona hace una conducta suicida o tiene pensamientos suicidas y los transmite, los comunica, esa persona no está llamando la atención pero sí nos tiene que llamar la atención de que hay que hacer algo. El que tiene el objetivo de perder la vida, de quitarse la vida, esa persona no está llamando la atención, está dando señales muy evidentes de que hay que prestarle atención. Por eso, es tan importante que vayamos hablando de este tema para que sepamos realmente lo que es real y lo que es un mito y cómo todo esto lo podemos ir tratando de manera que se puede a ir reduciendo de forma significativa el número de suicidios.

 

 

[Img #46067]

 

 

Entonces, como padres o educadores, ¿cómo debemos abordar el problema?


No es un problema de la educación que le estamos dando a los adolescentes, es un problema de salud. Si a uno le duele la muela va al dentista, si se rompe una pierna no se plantea ir a un curandero sino que va a un traumatólogo, y sin embargo si hay problemas emocionales la gente todavía tiene esa barrera de ir al psicólogo. Muchas veces el no hablar las cosas que están pasando conlleva a hacer de un grano una montaña, si ves en vez del grano la montaña la solución es muchísimo más complicada. Probablemente los adolescentes no han terminado su desarrollo madurativo y a nivel de valorar los recursos que tienen no saben concretar. Luego hay características en la adolescencia que también ayudan, tienen una gran dificultad para pedir ayuda, para reconocer sus errores y rectificar.




¿Y en los entornos de los suicidas, sus padres, sus parejas..., lo que se conoce como los supervivientes, cómo se les puede ayudar a mitigar el sentimiento de culpa por no haber sabido detectar el problema?

La culpa la sienten todos, los padres, las parejas, los compañeros de trabajo, los amigos, todos tienen ese sentimiento de cómo no he podido ver, cómo no he podido darme cuenta, que después de que se produce la muertes es verdad que a lo mejor se informan y empiezan a ver señales.

 

La culpa es un sentimiento legítimo y cuando una persona dice que siente culpa hay que legitimárselo y decirles que es un sentimiento normal aunque después habrá que estructurárselo. Tenemos que partir de la base de que cuando una persona toma la determinación de quitarse la vida, se la va a quitar, y que nadie va a poder impedírselo, porque el suicidio es un acto que se realiza en la intimidad, a no ser que se trate de los suicidios colectivos pero en ese caso estamos hablando de otro fenómeno que no tiene nada que ver con lo que estamos comentando ahora. Pero el sentimiento de culpa va a estar y los profesionales de la psicología y la psiquiatría estamos para enseñarles que realmente no ha podido hacer más de lo que hizo, porque hay muchas veces que hay una falta de información y de conocimiento sobre estas cuestiones, sobre las señales que puede estar dando una persona, entonces si no se conoce, el sentimiento de culpa no se corresponde con la situación porque si yo desconozco algo no puedo actuar y desde luego hasta ahora ha habido un gran desconocimiento, ahora ya empezamos a estar en otro nivel y ahí los medios de comunicación tenéis que ayudar a los profesionales.

 

 

[Img #46066]



Por lo tanto y para concluir, ¿cómo tenemos que informar de un suicidio los medios de comunicación?, ¿cómo podemos ayudar a normalizar el suicidio?

Es importante que los medios hagáis es esta labor de divulgación de lo que es el suicidio, del número de muertes por año y este tipo de datos. Pero también es importante a la hora de informar ser muy respetuosos, primero con el entorno más próximo de esa persona y luego también con el entorno comunitario, porque sí que es cierto que hay determinadas muertes, como por ejemplo las muertes de adolescentes que tienen un impacto emocional muy importante en toda la población juvenil de una localidad como puede ser Astorga, y el hecho de no publicarlo en los medios de comunicación no quiere decir que la gente no sepa por lo que ha fallecido esa persona. También hay informar sin entrar en los antecedentes de esa persona porque forma parte de su intimidad y su familia, de su entorno más próximo. Y por último normalizarlo igual que vamos normalizando la violencia de género, lo que pasa que hay miedo todavía a ponerle el nombre porque la palabra es muy dura.

 

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.