La Astorga de los Años 20 (VI)
![[Img #47070]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/6968_astorga-165.jpg)
(...)
Chatarrería de la redacción
Una estampa de la redacción de ‘La Saeta’ y su entorno nos la apunta Alonso Luengo, digo el ‘Licenciado Vidrieras’. De la guardilla en que tenía por musas a gatos y gatas, en la región etérea han bajado a casa de Gabriel Criado. Se recuerdan entonces del oloroso recuerdo de las gatas. Le agradecen al casero la nueva posición, y agregan que el casero “es una bella persona (claro está que en el sentido moral, no en el físico) y que la sensibilidad artística de estos mozos ha sido comprobada con la presencia de “la melancólica y chisporroteante música que produce al freír los churros el amigo Horta(que infesta de humo nuestra redacción y hace que nos creamos envueltos entre nubes nacaradas de la región parnasiana”.
A la redacción les llegaban no menos las voces cantoras de un “tierno querubín, Lois, cantando las lánguidas cadencias de “soltero soy y solo en la vida— por una mala partida...”, mientras, cepillando una tabla o “clavando una tarrancha con puntas de fuelle”, no fallaban tampoco los martillazos de Madama. A la inauguración de los locales acudieron las autoridades locales y, en el ‘lunch’, se valieron de un solo vaso que les prestó Baldomero” (lo que comunicamos a su dueño —dicen— para que pase a recogerlo cuando le venga en gana”. Después del champán, fue colocado a la puerta “el simbólico Amigo Melquíades (a) Bocaza, que de ahora en adelante será el saetero blasón y en cuya boca colocaremos el altavoz de nuestro aparato de radio-sorpresa”. “Y para que conozcas, lector amigo, a fondo nuestra Redacción, voite a hacer un inventario de los bienes que poseemos. Dos mesas en estado bueno, tres sillas en el mismo estado, dos sillas con el asiento roto, dos sillas cojas, un orinal viejo, un botijo despitorrao, tres calendarios de anuncio, un reloj que marcha a destiempo, un retrato de Carmen Díaz, una percha, un trapo de polvo, una repisa de madera, un cesto roto para los papeles, una sombrilla café sospechoso, una librería desvencijada, un escobajo sin mango, un tratado de cocina y tres biberones. Item más papel, plumas, etc, etc.”
Allí les visitaban pollitas y sus amigos; el poeta, sobrino de don Marcelo Macías, Sebastián Risco al que le harían veranear en ‘Madrigales’ y que presidió la Academia Gallega. En la tecla número 7, ante el homenaje que las cuatro provincias gallegas ofrecen a Macías y a Salazar, estos astorganos de pro lanzan un artículo de fondo, ‘Ingratitud’, reproducción en parte del que otra generación de veraniegos periodistas astorganos había publicado —1917— en ‘Astúrica’ con el título de ‘Adhesión y protesta’. Recuerdan al Ayuntamiento que siete años antes se había tomado la decisión de dar nombre de Martínez Salazar a una calle, cosa que aún no se había hecho por aquellas fechas.
![[Img #47069]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/5159_dsc_0004.jpg)
El Ayuntamiento no pasa por el amor
La proximidad de las fiestas patronales de agosto les alienta a publicar unas ‘Edilescas’. El ‘Licenciado Vidriera’ nos presenta a los munícipes de la época: Rodrigo Gómez con una florecilla en el ojal, Pompeyo, atusándose los microscópicos bigotes, Antonio, el alcalde, con su socarrona y característica risita. Pompeyo pide la celebración de juegos florales para que le premien ‘La sempiterna sonrisa’, Matinot sugiere “la celebración de elegantes matinés,donde se ofrezca la ocasión de contemplar a las lindas astorganas”; Valeriano, con sus caramelos en la boca, pide una carrera de bicicletas; Paquito, un concurso de dominó que ganará “porque con el seis doble es un hacha”. La sesión termina, como el rosario de la aurora, porque se apaga la luz y algunos concejales aprovechan la ocasión para exigir que se pase de la luz de Val de San Lorenzo a la Nueva: En un poema de ‘Clarines’, Luengo, ‘Ante la Catedral de Astorga’ se pregunta muy jorgemanriquescamente ¿qué fue de todos los que pasaron ante la Catedral: “los ricos fidalgos y los mesnaderos, las bellas princesas, los mil luchadores, los sabios ascetas, los recios troveros? -Todos murieron, los siglos volando, tú sola quedaste, la frente elevando” en versos dodecasílabos con crencha pausal y hemistiquio en medio, construido rubenianamente en pie temario.
Gullón comenta que dos muchachos de la redacción no cesaron, en la velada del ropero, de asaetar con la mirada a una muchacha forastera, recién salida de un colegio. “Por cierto, que nuestros redactores han tenido que ser amonestados por el director, a causa de sus frecuentes salidas de la redacción, durante las horas de despacho”. Leopoldo Panero es nuevamente objeto de un eco de sociedad: “¿Llegará nuestro compañero Leopoldo Panero a poderse comprar los sombreros en Astorga?” Florencio Flórez en una interviú “Hablando con los Maragatos del reloj”, suelta al paso que “mi compañero Clarines piropeaba a una hermosa maragata”.
Juan Panero descubre, en unas ‘divagaciones’, cómo se las arreglaban en el paseo de 8 a 10 para ver las caras bonitas, ya que pasean muy deprisa. La martingala consistía en llegar hasta las luces esparcidas por el Jardín, “las vamos siguiendo, mejor dicho, nos adelantamos, y nos paramos para ver las bonitas facciones de la niña”. Panero y compañeros les piden que no apresuren entonces el paso “para no tener que hacer tanta ‘feligrana’, lo mismo el compañero o compañeros a que aludo que un servidor que lo es suyo”.
![[Img #47066]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/4104_dsc_0002.jpg)
Piden dinero a los suscriptores morosos
En la tecla octava se va a producir la crisis.Nos enteramos entonces de que Julio Bustillo doblaba el espinazo para saludar con un “adiós, politicoos”; Magín Revillo, dando palmitas en el hombro: “Hola, queridos”. Daniel Lois con un —Huummm, Luis Crespo— les largaba un “el Señor sea con vosotros”; Pepe Cabezas, reverente y redicho: “De modo, forma y manera... que, adiós, míos caros”. De la misa de 12 sale la crema de la localidad, porque la nata se quedó dentro, apuntan. También aseguran que han salido, pero no han llegado a la redacción los repartidores de La Luz y El Pensamiento Astorgano. “Han llegado con el solo objeto de leer La Saeta una partida de forasteros".
El humor de los muchachos, sus dotes de penetración, su toma de pulso espiritual a la ciudad ha ido en creciente. Cuando publican la colaboración en verso, firmada por Felipe Villalaz, hay una coletilla de Gullón que remacha regocijantemente: “amigo, Clarines, aprende a versificar”. Es una ironía festiva comentarlo ante versos con faltas de ortografía, que nos cuentan la apoteosis de un caballero que, por la calle la Cruz se acerca a la churrería para proveerse de una copita de champán y luego se vuelve a su barrio de San Andrés; el pitorreo de Gullón, fino desde luego, es cuando se propone caracterizar a los tres toreros que intervendrán en la corrida de finales de Agosto: Gitanillo entre otras cosas tiene un divieso en el cogote, Lalanda usa tirantes de goma, fuma en pipa y da cuerda al reloj antes de acostarse, mientras que Armillita se afeita cada dos días y corta los callos cada ocho. La sección administrativa, firmada por ‘YO’, Ricardo Gullón, da dos notas en una, sobre los morosos que cuentan con “descubiertos en el pago de recibos del mes de julio”. Amenazan con reproducir sus nombres en letras de molde, y piden, por favor, que dada la numerosidad y la calidad de los trabajos que envían los espontáneos “suspendan la remesa, porque no admitimos más trabajos que los solicitados".
![[Img #47067]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/722_dsc_0003.jpg)
La crónica que les hizo crack
Decíamos estar en el principio del fin de La Saeta. La culpa la tuvo, anticipadamente, la crónica de una verbena, celebrada en la terraza del Grupo Escolar, con asistencia ‘totalizante’. Veamos lo que ocurre: Gerardo Ochoa había acudido “planchadito y empaquetado"; Angelín Gómez “con barba de dos semanas, cuello y corbata en el bolsillo y suelto el botón de la camisa"; don Porfirio, el director de ‘El Faro’ “tomaba de un sorbo dos tazas de café”, sin poder coger dos paquetitos de azúcar de una mesa cercana; Eleuterio tarareaba con “música de una danza turca: “Este niño tiene sueño”(por don Porfirio lo decía); Santamaría-“pantaloncito blanco y chambergo"-, Agustín Criado bailaba al revés -con la siniestra mano, decía A. Luengo-, el gallardo Irure se abanicaba “con un sombrero de paja”, Manuel Rodríguez “apoyaba la barba en el puño del bastón”, Julio Segado en la cola de los churros, esperando coger una rosca, tropezó con Magín Revillo, “yendo su sombrero a chocar con la pared vecina”. La crónica nos añade que algunos veían fuegos fatuos, en dirección al cementerio.
Pues bien, en esta verbena, aparte de estos tipos y de mil pollitas y otros tantos jovencitos se hallaba don Antonio López y López, comandante, del Regimiento de Ordenes Militares. Era un sesentón empedernido de solterón que sacaba a bailar a las niñas más tiernecitas. Los redactores de La Saeta, en su crónica, lo comentaron de esta manera: “Don Antonio López y López, acercándose a una niñita recién nacida y con su frase ritual: ¿Quiere usted, señorita, bailar esta noche con este viejo?, compromete bailes para la verbena”.
![[Img #47068]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/3240_dsc_0001.jpg)
Leopoldito y Juanito a Castrillo
El comandante montó en cólera, al leerlo este 16 de agosto. Su pundonor profesional se sintió malherido y rompió, rajó lo que pudo con intento de cargarse ‘La Saeta’. ¡Bien sabía lo que hacia!
—No puedo batirme con ellos, porque son unos mocosos, ni mayores de edad tan siquiera.
Don Antonio López y López movió al Casino: -que sus padres sean amonestados y se exija que dejen de pertenecer al Casino de la Ciudad, del que se han chacoteado frecuentemente-. Hubo reunión general del Casino. Era como un pequeño Waterloo, con un Napoleoncito. Era aquello un asalto de vals más que de sable. Los padres de los diferentes redactores tuvieron que tomar una determinación:
Don Germán Gullón se enfurruñó con su hijo Ricardo y le prohibió que cogiera la pluma para La Saeta. Don Paulino Alonso de Arellano hizo lo propio con su hijo Luis, mientras que don Moisés Panero, mucho más drástico, confinó a sus dos hijos, Juan y Leopoldo, en el monte de Castrillo de las Piedras, castigados a cazar gorriones entre las encinas y carrascas, con la escopetilla —de verdad— que les había regalado el abuelo Quirino. Parece que definitivamente había ganado don Antonio López y López, el comandante solterón. Todos estaban nerviosos, por el berrinche, creían que se había desorbitado. Y era cierto. La pequeña ciudad se frotaba las manos, porque en el panorama ocre, arratonado y escolástico de Astorga había nueva comidilla, en las vísperas de las fiestas de Astorga.
(Continuará)
![[Img #47070]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/6968_astorga-165.jpg)
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Chatarrería de la redacción
Una estampa de la redacción de ‘La Saeta’ y su entorno nos la apunta Alonso Luengo, digo el ‘Licenciado Vidrieras’. De la guardilla en que tenía por musas a gatos y gatas, en la región etérea han bajado a casa de Gabriel Criado. Se recuerdan entonces del oloroso recuerdo de las gatas. Le agradecen al casero la nueva posición, y agregan que el casero “es una bella persona (claro está que en el sentido moral, no en el físico) y que la sensibilidad artística de estos mozos ha sido comprobada con la presencia de “la melancólica y chisporroteante música que produce al freír los churros el amigo Horta(que infesta de humo nuestra redacción y hace que nos creamos envueltos entre nubes nacaradas de la región parnasiana”.
A la redacción les llegaban no menos las voces cantoras de un “tierno querubín, Lois, cantando las lánguidas cadencias de “soltero soy y solo en la vida— por una mala partida...”, mientras, cepillando una tabla o “clavando una tarrancha con puntas de fuelle”, no fallaban tampoco los martillazos de Madama. A la inauguración de los locales acudieron las autoridades locales y, en el ‘lunch’, se valieron de un solo vaso que les prestó Baldomero” (lo que comunicamos a su dueño —dicen— para que pase a recogerlo cuando le venga en gana”. Después del champán, fue colocado a la puerta “el simbólico Amigo Melquíades (a) Bocaza, que de ahora en adelante será el saetero blasón y en cuya boca colocaremos el altavoz de nuestro aparato de radio-sorpresa”. “Y para que conozcas, lector amigo, a fondo nuestra Redacción, voite a hacer un inventario de los bienes que poseemos. Dos mesas en estado bueno, tres sillas en el mismo estado, dos sillas con el asiento roto, dos sillas cojas, un orinal viejo, un botijo despitorrao, tres calendarios de anuncio, un reloj que marcha a destiempo, un retrato de Carmen Díaz, una percha, un trapo de polvo, una repisa de madera, un cesto roto para los papeles, una sombrilla café sospechoso, una librería desvencijada, un escobajo sin mango, un tratado de cocina y tres biberones. Item más papel, plumas, etc, etc.”
Allí les visitaban pollitas y sus amigos; el poeta, sobrino de don Marcelo Macías, Sebastián Risco al que le harían veranear en ‘Madrigales’ y que presidió la Academia Gallega. En la tecla número 7, ante el homenaje que las cuatro provincias gallegas ofrecen a Macías y a Salazar, estos astorganos de pro lanzan un artículo de fondo, ‘Ingratitud’, reproducción en parte del que otra generación de veraniegos periodistas astorganos había publicado —1917— en ‘Astúrica’ con el título de ‘Adhesión y protesta’. Recuerdan al Ayuntamiento que siete años antes se había tomado la decisión de dar nombre de Martínez Salazar a una calle, cosa que aún no se había hecho por aquellas fechas.
![[Img #47069]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/5159_dsc_0004.jpg)
El Ayuntamiento no pasa por el amor
La proximidad de las fiestas patronales de agosto les alienta a publicar unas ‘Edilescas’. El ‘Licenciado Vidriera’ nos presenta a los munícipes de la época: Rodrigo Gómez con una florecilla en el ojal, Pompeyo, atusándose los microscópicos bigotes, Antonio, el alcalde, con su socarrona y característica risita. Pompeyo pide la celebración de juegos florales para que le premien ‘La sempiterna sonrisa’, Matinot sugiere “la celebración de elegantes matinés,donde se ofrezca la ocasión de contemplar a las lindas astorganas”; Valeriano, con sus caramelos en la boca, pide una carrera de bicicletas; Paquito, un concurso de dominó que ganará “porque con el seis doble es un hacha”. La sesión termina, como el rosario de la aurora, porque se apaga la luz y algunos concejales aprovechan la ocasión para exigir que se pase de la luz de Val de San Lorenzo a la Nueva: En un poema de ‘Clarines’, Luengo, ‘Ante la Catedral de Astorga’ se pregunta muy jorgemanriquescamente ¿qué fue de todos los que pasaron ante la Catedral: “los ricos fidalgos y los mesnaderos, las bellas princesas, los mil luchadores, los sabios ascetas, los recios troveros? -Todos murieron, los siglos volando, tú sola quedaste, la frente elevando” en versos dodecasílabos con crencha pausal y hemistiquio en medio, construido rubenianamente en pie temario.
Gullón comenta que dos muchachos de la redacción no cesaron, en la velada del ropero, de asaetar con la mirada a una muchacha forastera, recién salida de un colegio. “Por cierto, que nuestros redactores han tenido que ser amonestados por el director, a causa de sus frecuentes salidas de la redacción, durante las horas de despacho”. Leopoldo Panero es nuevamente objeto de un eco de sociedad: “¿Llegará nuestro compañero Leopoldo Panero a poderse comprar los sombreros en Astorga?” Florencio Flórez en una interviú “Hablando con los Maragatos del reloj”, suelta al paso que “mi compañero Clarines piropeaba a una hermosa maragata”.
Juan Panero descubre, en unas ‘divagaciones’, cómo se las arreglaban en el paseo de 8 a 10 para ver las caras bonitas, ya que pasean muy deprisa. La martingala consistía en llegar hasta las luces esparcidas por el Jardín, “las vamos siguiendo, mejor dicho, nos adelantamos, y nos paramos para ver las bonitas facciones de la niña”. Panero y compañeros les piden que no apresuren entonces el paso “para no tener que hacer tanta ‘feligrana’, lo mismo el compañero o compañeros a que aludo que un servidor que lo es suyo”.
![[Img #47066]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/4104_dsc_0002.jpg)
Piden dinero a los suscriptores morosos
En la tecla octava se va a producir la crisis.Nos enteramos entonces de que Julio Bustillo doblaba el espinazo para saludar con un “adiós, politicoos”; Magín Revillo, dando palmitas en el hombro: “Hola, queridos”. Daniel Lois con un —Huummm, Luis Crespo— les largaba un “el Señor sea con vosotros”; Pepe Cabezas, reverente y redicho: “De modo, forma y manera... que, adiós, míos caros”. De la misa de 12 sale la crema de la localidad, porque la nata se quedó dentro, apuntan. También aseguran que han salido, pero no han llegado a la redacción los repartidores de La Luz y El Pensamiento Astorgano. “Han llegado con el solo objeto de leer La Saeta una partida de forasteros".
El humor de los muchachos, sus dotes de penetración, su toma de pulso espiritual a la ciudad ha ido en creciente. Cuando publican la colaboración en verso, firmada por Felipe Villalaz, hay una coletilla de Gullón que remacha regocijantemente: “amigo, Clarines, aprende a versificar”. Es una ironía festiva comentarlo ante versos con faltas de ortografía, que nos cuentan la apoteosis de un caballero que, por la calle la Cruz se acerca a la churrería para proveerse de una copita de champán y luego se vuelve a su barrio de San Andrés; el pitorreo de Gullón, fino desde luego, es cuando se propone caracterizar a los tres toreros que intervendrán en la corrida de finales de Agosto: Gitanillo entre otras cosas tiene un divieso en el cogote, Lalanda usa tirantes de goma, fuma en pipa y da cuerda al reloj antes de acostarse, mientras que Armillita se afeita cada dos días y corta los callos cada ocho. La sección administrativa, firmada por ‘YO’, Ricardo Gullón, da dos notas en una, sobre los morosos que cuentan con “descubiertos en el pago de recibos del mes de julio”. Amenazan con reproducir sus nombres en letras de molde, y piden, por favor, que dada la numerosidad y la calidad de los trabajos que envían los espontáneos “suspendan la remesa, porque no admitimos más trabajos que los solicitados".
![[Img #47067]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/722_dsc_0003.jpg)
La crónica que les hizo crack
Decíamos estar en el principio del fin de La Saeta. La culpa la tuvo, anticipadamente, la crónica de una verbena, celebrada en la terraza del Grupo Escolar, con asistencia ‘totalizante’. Veamos lo que ocurre: Gerardo Ochoa había acudido “planchadito y empaquetado"; Angelín Gómez “con barba de dos semanas, cuello y corbata en el bolsillo y suelto el botón de la camisa"; don Porfirio, el director de ‘El Faro’ “tomaba de un sorbo dos tazas de café”, sin poder coger dos paquetitos de azúcar de una mesa cercana; Eleuterio tarareaba con “música de una danza turca: “Este niño tiene sueño”(por don Porfirio lo decía); Santamaría-“pantaloncito blanco y chambergo"-, Agustín Criado bailaba al revés -con la siniestra mano, decía A. Luengo-, el gallardo Irure se abanicaba “con un sombrero de paja”, Manuel Rodríguez “apoyaba la barba en el puño del bastón”, Julio Segado en la cola de los churros, esperando coger una rosca, tropezó con Magín Revillo, “yendo su sombrero a chocar con la pared vecina”. La crónica nos añade que algunos veían fuegos fatuos, en dirección al cementerio.
Pues bien, en esta verbena, aparte de estos tipos y de mil pollitas y otros tantos jovencitos se hallaba don Antonio López y López, comandante, del Regimiento de Ordenes Militares. Era un sesentón empedernido de solterón que sacaba a bailar a las niñas más tiernecitas. Los redactores de La Saeta, en su crónica, lo comentaron de esta manera: “Don Antonio López y López, acercándose a una niñita recién nacida y con su frase ritual: ¿Quiere usted, señorita, bailar esta noche con este viejo?, compromete bailes para la verbena”.
![[Img #47068]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/11_2019/3240_dsc_0001.jpg)
Leopoldito y Juanito a Castrillo
El comandante montó en cólera, al leerlo este 16 de agosto. Su pundonor profesional se sintió malherido y rompió, rajó lo que pudo con intento de cargarse ‘La Saeta’. ¡Bien sabía lo que hacia!
—No puedo batirme con ellos, porque son unos mocosos, ni mayores de edad tan siquiera.
Don Antonio López y López movió al Casino: -que sus padres sean amonestados y se exija que dejen de pertenecer al Casino de la Ciudad, del que se han chacoteado frecuentemente-. Hubo reunión general del Casino. Era como un pequeño Waterloo, con un Napoleoncito. Era aquello un asalto de vals más que de sable. Los padres de los diferentes redactores tuvieron que tomar una determinación:
Don Germán Gullón se enfurruñó con su hijo Ricardo y le prohibió que cogiera la pluma para La Saeta. Don Paulino Alonso de Arellano hizo lo propio con su hijo Luis, mientras que don Moisés Panero, mucho más drástico, confinó a sus dos hijos, Juan y Leopoldo, en el monte de Castrillo de las Piedras, castigados a cazar gorriones entre las encinas y carrascas, con la escopetilla —de verdad— que les había regalado el abuelo Quirino. Parece que definitivamente había ganado don Antonio López y López, el comandante solterón. Todos estaban nerviosos, por el berrinche, creían que se había desorbitado. Y era cierto. La pequeña ciudad se frotaba las manos, porque en el panorama ocre, arratonado y escolástico de Astorga había nueva comidilla, en las vísperas de las fiestas de Astorga.
(Continuará)










