Identidades y localismos
![[Img #47403]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/1681_comarcas1.gif)
Hace ya un tiempo escribía, en este mismo medio, un texto que titulaba Demarcaciones e ismos y en el que advertía: “la presencia entre nosotros de todo un galimatías territorial, que afecta a nuestra vida política y viene abonado por confusas demarcaciones administrativas, por lo que no es extraño que se alimenten ismos identitarios, a modo de tabla de salvación, con raigambre local o provincial: bercianismo y leonesismo…, lo que parece un contrasentido que se sale de la lógica geográfica, pero que contribuye a nuestro desconcierto actual”.
En esta línea seguimos, pues, vemos resurgir periódicamente quejas y planteamientos localistas y provincialistas en nuestro ámbito regional de Castilla y León, al igual que en alguna otra región española, bien en forma de ideas plasmadas en el papel por parte de eruditos o bien de declaraciones de portavoces políticos, como ha sido el caso de las posiciones adoptadas, recientemente por los alcaldes socialistas de Valladolid y de León, que en ambos casos, recordemos, fueron sostenidas igualmente por anteriores alcaldes conservadores de estas misma ciudades y ahora han sido muy difundidas en detrimento de la imagen de la Comunidad Autónoma o la marca Castilla y León.
De un lado, los alcaldes de Valladolid (León de la Riva y Puente), han planteado cada uno a su manera la defensa de la capitalidad regional (“un único aeropuerto…”) similar a un modelo tipo “Zaragoza frente a Aragón”, que pretende tumbar el propio modelo policéntrico urbano de Castilla y León, defendido por el Esquema de Ordenación Territorial de Europa. De otro lado, los alcaldes de León (Morano y Díez), se han mostrado en defensa de una identidad leonesa, ya sea del ‘Reino’ (demarcación histórica bajo-medieval de muy variable delimitación) y no traducible a las tres provincias, como nos recordaban los historiadores Julio Valdeón y José Luis Martín, o ya sea de la Provincia (mera demarcación administrativa y no regional). Se puede apreciar que ambas posiciones no difieren tanto entre ellas y han surgido de un discurso similar que invita a la autocomplacencia, al patrocinio de ‘ismos’ locales, provinciales o seudo-regionales, y en ningún caso son conformes a la percepción de las realidades regionales y subregionales.
Los geógrafos, amén de otros profesionales de las ciencias sociales, políticas y jurídicas, hemos ilustrado ampliamente estas realidades en el último medio siglo. Venimos insistiendo en la necesidad de la visión y perspectiva regional en la aproximación territorial y, así, entre los geógrafos es reconocida nuestra visión de la realidad espacial de rasgos físicos y humanos en el diseño de demarcaciones regionales y de escala intermedia, como las comarcas, pendientes aún de regular en nuestra región. Entendemos así que la defensa de la comarcalización debería ser contemplada por los políticos de la Comunidad Autónoma como una necesidad apremiante, traducible a las ciudades medias, como Valladolid y León, en la demarcación de la figura correspondiente del ‘área urbana’ o la ‘unidad funcional urbana’, de ámbito supramunicipal, que acoge de hecho una misma cuenca de empleo, de vida y de movilidad.
Mientras tanto, faltan por desarrollarse las Directrices regionales de Ordenación territorial y buena parte de las Directrices subregionales, se mantienen cientos de micromunicipios rurales que no pueden atender a la provisión de servicios públicos, y, mientras, algunos de nuestros políticos se entretienen en reproducir los localismos.
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Hace ya un tiempo escribía, en este mismo medio, un texto que titulaba Demarcaciones e ismos y en el que advertía: “la presencia entre nosotros de todo un galimatías territorial, que afecta a nuestra vida política y viene abonado por confusas demarcaciones administrativas, por lo que no es extraño que se alimenten ismos identitarios, a modo de tabla de salvación, con raigambre local o provincial: bercianismo y leonesismo…, lo que parece un contrasentido que se sale de la lógica geográfica, pero que contribuye a nuestro desconcierto actual”.
En esta línea seguimos, pues, vemos resurgir periódicamente quejas y planteamientos localistas y provincialistas en nuestro ámbito regional de Castilla y León, al igual que en alguna otra región española, bien en forma de ideas plasmadas en el papel por parte de eruditos o bien de declaraciones de portavoces políticos, como ha sido el caso de las posiciones adoptadas, recientemente por los alcaldes socialistas de Valladolid y de León, que en ambos casos, recordemos, fueron sostenidas igualmente por anteriores alcaldes conservadores de estas misma ciudades y ahora han sido muy difundidas en detrimento de la imagen de la Comunidad Autónoma o la marca Castilla y León.
De un lado, los alcaldes de Valladolid (León de la Riva y Puente), han planteado cada uno a su manera la defensa de la capitalidad regional (“un único aeropuerto…”) similar a un modelo tipo “Zaragoza frente a Aragón”, que pretende tumbar el propio modelo policéntrico urbano de Castilla y León, defendido por el Esquema de Ordenación Territorial de Europa. De otro lado, los alcaldes de León (Morano y Díez), se han mostrado en defensa de una identidad leonesa, ya sea del ‘Reino’ (demarcación histórica bajo-medieval de muy variable delimitación) y no traducible a las tres provincias, como nos recordaban los historiadores Julio Valdeón y José Luis Martín, o ya sea de la Provincia (mera demarcación administrativa y no regional). Se puede apreciar que ambas posiciones no difieren tanto entre ellas y han surgido de un discurso similar que invita a la autocomplacencia, al patrocinio de ‘ismos’ locales, provinciales o seudo-regionales, y en ningún caso son conformes a la percepción de las realidades regionales y subregionales.
Los geógrafos, amén de otros profesionales de las ciencias sociales, políticas y jurídicas, hemos ilustrado ampliamente estas realidades en el último medio siglo. Venimos insistiendo en la necesidad de la visión y perspectiva regional en la aproximación territorial y, así, entre los geógrafos es reconocida nuestra visión de la realidad espacial de rasgos físicos y humanos en el diseño de demarcaciones regionales y de escala intermedia, como las comarcas, pendientes aún de regular en nuestra región. Entendemos así que la defensa de la comarcalización debería ser contemplada por los políticos de la Comunidad Autónoma como una necesidad apremiante, traducible a las ciudades medias, como Valladolid y León, en la demarcación de la figura correspondiente del ‘área urbana’ o la ‘unidad funcional urbana’, de ámbito supramunicipal, que acoge de hecho una misma cuenca de empleo, de vida y de movilidad.
Mientras tanto, faltan por desarrollarse las Directrices regionales de Ordenación territorial y buena parte de las Directrices subregionales, se mantienen cientos de micromunicipios rurales que no pueden atender a la provisión de servicios públicos, y, mientras, algunos de nuestros políticos se entretienen en reproducir los localismos.






