Mercedes Unzeta Gullón
Sábado, 14 de Diciembre de 2019

¡Cómo se atreven!

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Cómo se atreve Casado a meterse con los pactos que hacen, o quieren hacer, o dejan de hacer otros políticos. ¿Con qué autoridad se cree con derecho a denigrar  lo que hacen otros haciendo él mismo aquello que desacredita de otros? Yo creo que Pablo Casado  se ha dejado barba para parecer menos infantil pero el ‘hábito no hace al monje’, mucha barba y poca chicha. Él quiere abanderar el centro pero escora hacía la derecha de tal manera que como no enderece el timón puede peligrar el barco.  El señor Casado no ve su inclinación y sin embargo  reprocha el escoramiento hacia la izquierda del barco ajeno.  Hay un refrán que viene muy a este cuento que dice algo así como “no mires la paja en ojo ajeno si no ves la viga en el tuyo”.

 

¿Cómo se atreven a machacarnos hasta la saciedad con los mantras de ruptura de España,  de pactos con terroristas, de, de…,? ¿por qué no participan en positivo en lugar de en negativo? En las estridencias y exageraciones se pierde la credibilidad del mensaje y nos acaban sometiendo a un sopor de aburrimiento.

 

Cada uno tira para lo suyo, nadie colabora con buen entendimiento, y así no saldremos nunca de este bucle.

 

¿Cómo se atreve  Arrimadas, en su bla, bla, bla, a dar lecciones  de ajuntamientos  cuando hace tanto honor a su nombre arrimándose aquí o allá? Me hace pensar en un tentempié, uno de esos objetos que si les das un pequeño impulso se balancea de un lado a otro incansablemente,  en un movimiento pendular, sin encontrar acomodo en ninguno de los lados.

 

¿Cómo se atreve Iglesias a echar por tierra un gobierno socialista, o de izquierdas, si no le dan varios sillones en el poder? ¿Cómo se atreve a exigir poder y poder en lugar de brindarse a colaborar? ¿No tiene pudor estando su partido en mínimos?   ¿Con qué derecho se presenta como un hombre honesto si predicó una cosa y está haciendo otra? (bueno esto igual que todos) ¿Dónde quedó su laureada vivienda de Vallecas  que exhibía como garantía de su fidelidad política a  la clase más desfavorecida de la población? ¿Cómo se atreve a dar políticamente la cara cuando hizo del desprecio a los que llamó ‘la Casta’, por sus mansiones en el extrarradio  y su elitismo por  no mezclarse con los de Vallecas  (que eran sus defendidos), su bandera política, y  en menos de tres años se compra su mansión y vive aislado en el extrarradio como aquellos que tanto criticaba? ¿Qué credibilidad política es esa?

 

¿Cómo se atreve Irene Montero a exhibir su excesiva ambición? Entró en su partido como un elefante en una cacharrería y a codazos logró situarse ‘al lado’ del ‘macho alfa’ como algunos llaman a Iglesias. Al lado en el congreso, al lado en el partido y al lado en su casa. Se colocó y recolocó y en menos de cinco años de actividad, y una mínima experiencia, se postula para vicepresidenta del país. ¡Vaya tela! Ella me recuerda a Yoko Ono, la mujer japonesa que apareció de repente en la escena de los Beatles, en pleno éxito de la banda musical, y  acaparó de tal manera a John Lennon que acabó destruyendo el buen rollo del equipo de amigos y por ende la banda. Irene Montero podría ser la Yoko Ono de Podemos. El macho alfa parece que se ha convertido en macho beta, porque da la impresión de que es ella la que tira del carro de este tándem en su ansiedad por escalar las más altas cotas políticas, sociales y económicas. Pufff… se les ve bastante el plumero.

 

El que no parece que tenga mucho plumero ambicioso es Alberto Garzón. Este hombre un personaje que me da ternura. Con su cara de buena persona, y su mesurado talante, parece que sus ideales los ha metido al fondo del bolsillo del gabán, donde se meten los pañuelos de mocos. De vez en cuando Alberto saca, con cierto comedimiento, ese particular pañuelo para sonarse con mayor o menor fuerza sonora, según la intensidad del picor. Luego vuelve a guardarse el pañuelo  y… ya está, hasta la próxima estornudada no le oiremos.

 

Ah, tenemos también a nuestro Cavaliere Abascal. Se me ocurre recordar una composición poética muy expresiva para significarle, dice así: “Cabalgando, cabalgando va el Cavaliere sobre il suo caballo, de repente un forte dolor de vientre, baja el Cavaliere del suo caballo, baja los pantaloni, baja los calzoncillos, puf, nada, un peti. Sube los calzoncillos, sube los pantaloni, sube el Cavaliere sobre el suo caballo y…

Cabalgando, cabalgando va el Cavaliere sobre il suo caballo, de repente un forte dolor de vientre, baja el Cavaliere del suo caballo, baja los pantaloni, baja los calzoncillos, puf, nada, un peti. Sube los calzoncillos, sube los pantaloni, sube el Cavaliere sobre el suo caballo y…

Cabalgando, cabalgando va el Cavaliere sobre il suo caballo, de repente un forte dolor de vientre, NO baja el Cavaliere del suo caballo, NO baja los pantaloni, NO baja los calzoncillos, puffff… ¡LA GRAN CAGATA!

 

Y Monsieur le President en funciones, sigue funcionando en reuniones y reuniones interminables. ¿Qué se podrán decir de nuevo? ¿Qué se espera de reunirse con los mismos una y otra vez defendiendo cada uno sus mismas cosas? ¿A ver si pica alguno y renuncia a algo por despiste? No lo entiendo porque siempre salen de las reuniones diciendo lo mismo que entraron y que ayer y antes de ayer y antes de antes de ayer. Quizás piensan que a base de reunirse haya alguno que por aburrimiento ceda:  “bueno, vale… para ti la ‘perra gorda’ que ya no me quiero reunir más”. También asistimos con Monsieur Sanchez a defender una cosa y la contraria con la misma firmeza y la misma convicción en ambos casos. Como si no pasara nada. Todos tenemos que poner cara de palo y hacer como que  no nos acordamos de lo que dijo y ahora no dice. Parece que es la fórmula oficial de los discursos y funcionamientos políticos. ¿Cómo se atreven? ¿Piensan que somos amnésicos? ¿Con qué predicamento nos quedamos con el de antes o con el de después? ¿Se puede dar credibilidad a alguien con estas contradicciones? Pues no lo hacemos pero nos lo comemos con patatas, ‘ajo y agua’.

 

Y con todo este baile de guerras y traiciones en el que está metido nuestra élite política yo pienso alguna cosa y es que “al enemigo mejor tenerlo en casa”,  es decir,  que al enemigo se le controla más y mejor teniéndole cerca, al lado, y no enfrentado.  Se saca más partido teniéndolo contento que cabreado. Por la fuerza se consiguen pocas cosas y las que se consiguen no acaban siendo buenas. Es estrategia básica.

 

Me hago eco de lo que dice Miguelito el de Mafalda “He decidido afrontar la realidad así que apenas se ponga linda me avisan”.

 

O témpora o mores

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