Roberto Prada Gallego
Sábado, 14 de Diciembre de 2019

Superioridad moral

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A estas alturas no tiene sentido que oculte mi afinidad por Pedro Sánchez. Una afinidad que no sólo es ideológica, también cultural e incluso estética. Los dos somos tíos guapos y, en cierto modo, impostores. Desde Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico no teníamos un Presidente que hablara en el extranjero. Y ahora que lo tenemos la derecha y la extrema derecha no nos lo va a dejar aprovechar y disfrutar. Tantos buenos compañeros socialistas trabajan por la gobernabilidad, la convivencia y el diálogo, mientras que los otros, los que viven del odio y la confrontación se benefician de tener el país en una parálisis infinita. Solo piensan en ellos y nunca en el interés general. Dicen que prefieren la razón a la emoción; no se dan cuenta de que lo que de verdad venera el pueblo es la ternura y la conmoción. Las almas bellas anhelan el sentimentalismo de la política y dejar atrás estos años de gobierno de burócratas a quienes verdaderamente no importamos. Conviene olvidar cuanto antes estos años de retrocesos en economía y derechos y libertades públicas. Nadie duda de que este país está al nivel de Sudán.

 

La oportunidad está ahí. La oportunidad progresista se abre camino y se muestra como la única solución viable para salir de este atolladero donde nos han metido los millones de votantes que introdujeron en las urnas la papeleta equivocada en las últimas elecciones. La gente pide un gobierno estable y progresista conformado por PSOE, Podemos, ERC, partidos regionalistas y, por lo menos, la abstención de Bildu, que a ver si solo van a querer que progrese Navarra. Ojalá en el nuevo Ejecutivo solo haya mujeres, reducir la testosterona es imprescindible y muy recomendable. Ellas nunca discuten y son mucho mejores. Somos iguales, sí, pero deben tener una discriminación positiva.

 

Este nuevo Gobierno, ya digo, tendrá como base dos pilares: el diálogo y el cordón sanitario. Diálogo con aquellos que ponen por encima de cosas tangibles su identidad que es abstracta. A ver cuando se enteran Ciudadanos y el Partido Popular de que los derechos no les corresponden a las personas, sino a los territorios. El hecho diferencial que tienen algunas naciones dentro de eso que algunos llaman España, nosotros ‘este país’, es innegable. Con la extrema derecha aquí estamos más de acuerdo, ya que ellos tampoco creen en la igualdad de los ciudadanos, ellos creen que los extranjeros tienen que tener menos. La diferencia, aunque parezca sutil, es importante, eso es xenofobia, que nosotros pensemos que uno de Castilla y León vale menos que un vasco o un catalán o un gallego no es por nada en especial, es que es así y punto. Rajoy es un indecente y Otegi un hombre paz. Nuestros intelectuales se juegan el tipo y su prestigio y su dinero ante las campañas de demolición organizadas desde la derecha. Sí, nosotros tenemos las mayorías de las cadenas y el periódico en papel más leído, pero nunca es suficiente con esta gente. Gentuza. Javier Bardem, a quien me refería unas líneas atrás, señaló como estúpido a Almeida, pero tuvo que disculparse inmediatamente. La derecha, como decía, empezó a decir que si su mujer hace publicidad de cruceros y tal, como si eso contaminara más que tirar la botella de plástico en el contenedor de vidrio. Estoy seguro de que el servicio de Bardem o de Alejandro Sanz lleva bolsas de casa para no malgastar nuevas cuando van a hacerles la compra al supermercado. Respecto a Greta qué voy a decir. Es emocionante escuchar sus discursos y un placer intelectual inigualable leer sus sesudos artículos. Y tiene mucha razón cuando dice que hay que hacer caso a los jóvenes. Son los que de verdad saben y no esos viejos que además normalmente votan mal. Acierta al vincular esta emergencia climática con el capitalismo, que como bien dijo nuestro futuro vicepresidente, el señor Iglesias, es incompatible con la vida. Bien lo saben él y Bardem y Sanz. Y los padres de Greta.

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