Tomás Valle Villalibre
Sábado, 21 de Diciembre de 2019

Elementos opacos

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¿Recuerdan el cuento ‘El traje nuevo del emperador’ en el que todos los allegados y serviles del rey aparentan ver las inexistentes telas que él ve, para no parecer bobos? Pues esta conducta de ‘elementos opacos’ que tratan de absorber toda la luz que pueden o se les deja, que siempre están dispuestos a alabar las decisiones del superior, a reír las gracias de su líder y culpar de los fracasos a factores externos, son conocidos comúnmente como  los ‘pelota’.

 

Aduladores, embelecadores, abrazafarolas, halagadores…los pelotas tienen muchos nombres y siempre se les puede ver revoloteando alrededor de alguien al que ellos consideran poderoso con el fin de progresar. Aceptan cualquier opinión de la persona que consideran por encima de ellos, sin importarles si se trata de un error colosal o una injusticia que pueda perjudicar a muchas personas o colectivos.

 

Estos incombustibles personajes pelotas, cobistas, chaqueteros, no son especialmente hábiles en las relaciones sociales, de hecho todo el mundo les señala y saben de qué pie cojean. Su mérito, el que ellos creen que les hará brillar, es siempre, estar de parte de su líder o jefe en el momento crítico, nunca van a discrepar y como parásitos se unen a ellos porque creen poder vivir de su energía. Sostener el ego ajeno suele ser su fuerte, no les importa desarrollar su vida personal o laboral porque presumen que gozando de una relación simbiótico con  los de arriba todo les irá bien y pueden ahorrarse esfuerzos en su situación cotidiana. “El poder corrompe, pero la falta de poder corrompe absolutamente”. Esta cita del político Adlai Stevenson, dice mucho respecto al perfil de los pelotas.

 

Los elogios de este tipo de personajes, suelen producir una dinámica autocomplaciente en los jefes, en los líderes, generándoles  una sobredosis de ego que les gusta y que hacen que cada vez se rodeen de más halagadores y correveidiles que solo sean capaces de repetir palabras vacías, sin saber muy bien lo que están diciendo.

 

La simbiosis entre el ego del líder o jefe y la disminución de exigencias por parte del pelotas, crea una dinámica perfecta que satisface plenamente las expectativas de los implicados, aunque como ya se sabe, este tipo de relación  suele ser muy efímera y durar muy poco ya que en cuanto cambia el panorama y varían las necesidades de los implicados, se rompe el equilibrio.

 

“Los que nos critican son aquellos que no entienden nuestra forma de actuar, los que no son suficientemente valientes como para seguir adelante con nuestro proyecto” Estas palabras se oyen con demasiada frecuencia, sobre todo en el mundo de la política, en sus líderes. Y ahí están ellos, los pelotas, orbitando entorno al concepto del poder, vociferando, haciéndose eco de un montón de palabras vagas como para que parezca que todo el mundo está de acuerdo con ellas.

 

Un ejemplo claro, ‘los matrícula de honor’, ‘los pata negra’ de este club de los pelotas podemos apreciarlos detrás de los políticos de turno durante un mitin, moviendo la cabeza de arriba abajo como un perrito de aquellos que en los años setenta se ponían en las bandejas de los coches, sin prestar mucha atención a lo que está diciendo su gran jefe o jefa, despertando cuando éste habla un poco más alto de lo normal y aplaudiendo al unísono mientras muestran la blancura de sus dientes. A este tipo de seres les da igual como de inepto o corrupto sea su líder o jefe, a ellos lo que les interesa es acomodarse en su chepa como garrapatas, permanecer a su lado importándoles muy poco los vómitos descontrolados que puedan producir en las personas normales que los están viendo.

 

Para ser parte de este club de dora-píldoras, hay que estar hecho de una pasta especial ya que para mantenerse en él nunca se podrá dar una opinión sincera. Ya se sabe, peloteo e inutilidad suelen ir de la mano.

 

Me decía un amigo, que hacer la pelota tiene que ser agotador ya que requiere aparentar sinceridad y que como diría Yoda, el poderoso maestro Jedi de Star Wars: el agotamiento lleva a la desesperanza y la desesperanza al lado oscuro. Lo que no quiere decir que no esté bien adular. Como alguien dijo: “Sabemos que la adulación es una droga que no hace daño… a no ser que se inhale”

 

 

 

 

 

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