Fascismo
![[Img #47502]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/247_dsc_0053-2.jpg)
Descubrir el fascismo y seguirlo en el siglo XXI no es lo mismo que allá en la primera mitad del siglo pasado cuando llegó a ser el amo del mundo. No se define por el nombre –nazismo para los alemanes, fascismo para los italianos, franquismo para los españoles, que absorbió a la Falange- sino por las ideologías coincidentes o momento político que busca un tipo de Estado de carácter totalitario, como todos los totalitarismos, y antidemocrático.
Como lo define cualquier manual bueno, sin que tenga una forma de gobierno sistematizada ni uniforme tienen en común la exaltación de valores como ‘patria’ o ‘raza’, que actúan como aglutinadores de las masas, y a la vez el enfrentamiento con las minorías, judíos, gitanos y ahora migrantes. Viene acompañado de un fuerte militarismo y se enfrenta con un enemigo exterior, en la actualidad la izquierda genérica o identificada bajo diferentes etiquetas. Es propenso a la guerra, con la fusión de civiles y militares, que es a la vez cauce del Estado, con poder omnímodo para intervenir en la vida de los ciudadanos, a la vez de la economía y de los suministros.
En este sistema no tienen sentido ni espacio los partidos. Tan solo uno, el partido único, con la contradicción de que se llame partido y sea el todo. Ni los sindicatos y, por supuesto, mucho menos, la democracia y los votos. No busca el consenso porque no cabe la discusión. En su lugar se impone una férrea disciplina, con el máximo respeto a las cadenas del mando, bajo un espíritu militante en el que prevalecen los valores castrenses con una tónica espartana.
Reciamente nacionalistas, es decir vinculados al concepto nación que surge en la Edad Contemporánea, en el que se impone como esencial la identidad nacional que se considera definidora del individuo y que le envuelve con un sentido excluyente. Al mismo tiempo el sentimiento identitario impone el victimismo, con lo que se justificará la oposición y la violencia física o moral contra quienes considera enemigos. Se oponía a la democracia liberal que consideran obsoleta y se proponen como una ‘tercera vía’ para superar la decadencia de los valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial (EE.UU., Reino Unido y Francia) como a los movimientos obreros, acuciados por el ascenso del marxismo y el anarquismo.
Es así como nace el fascismo en la Italia de Benito Mussolini. Le sigue la Alemania del III Reich de Adolfo Hitler. El Estado requiere de un líder por lo que se exalta su figura, aunque esto fue uno de los factores que fallaron en España. La procedencia del líder con condición obrerista y proveniente del socialismo no se daba en José Antonio por lo que esta circunstancia no actuó en la atracción de las masas y su lugar no fue ocupado por ningún otro líder y menos asumido por Franco.
Mientras que en Alemania con Hitler tiene un comportamiento muy destacado racista, que solo será adoptado al final por el fascismo italiano, el español tiene un comportamiento peculiar que le matiza y le acompaña en su evolución, con claras diferencias, por lo que fue el nacional catolicismo, ya que aquí la que tiene un peso determinante es la Iglesia, que por su posicionamiento de privilegio marca una clara incidencia negativa en la cuestión social y provoca la agitación y la oposición de las masas abusadas.
El nazismo y el fascismo italiano resultaron claramente condenados y rechazados tras su derrota, considerándoseles responsables de la Segunda Guerra Mundial. En España al resultar vencedores y al proseguir en el tiempo evolucionó, buscó distanciarse; señalándose estas diferencias por algunos historiadores. Especialmente por Stanley G. Payne y sus seguidores, a partir de investigaciones limitadas, fundamentalmente orales. Indudablemente esto fue así, aunque su condición básica permaneció a lo largo de toda la Dictadura. Aunque, vistas mojadas las barbas de sus vecinos, supo sobrevivir y evolucionar hasta conseguir en los últimos años su aceptación, después del rechazo que había experimentado, y se prolonga hasta 1975 con Francisco Franco y su Dictadura, que concluyó con graves contestaciones y de nuevo el repudio internacional por sus actuaciones finales.
En el fenómeno de recuperación que registran en Europa en la actualidad estas tendencias se camuflan bajo las denominaciones de neofascismo o neonazismo, aplicados a los partidos de extrema derecha, que aparecen como continuadores de aquellas ya viejas ideologías del siglo XX. Aunque en muchas partes existan leyes que limitan o prohíben estas ideologías y el uso de sus símbolos.
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Descubrir el fascismo y seguirlo en el siglo XXI no es lo mismo que allá en la primera mitad del siglo pasado cuando llegó a ser el amo del mundo. No se define por el nombre –nazismo para los alemanes, fascismo para los italianos, franquismo para los españoles, que absorbió a la Falange- sino por las ideologías coincidentes o momento político que busca un tipo de Estado de carácter totalitario, como todos los totalitarismos, y antidemocrático.
Como lo define cualquier manual bueno, sin que tenga una forma de gobierno sistematizada ni uniforme tienen en común la exaltación de valores como ‘patria’ o ‘raza’, que actúan como aglutinadores de las masas, y a la vez el enfrentamiento con las minorías, judíos, gitanos y ahora migrantes. Viene acompañado de un fuerte militarismo y se enfrenta con un enemigo exterior, en la actualidad la izquierda genérica o identificada bajo diferentes etiquetas. Es propenso a la guerra, con la fusión de civiles y militares, que es a la vez cauce del Estado, con poder omnímodo para intervenir en la vida de los ciudadanos, a la vez de la economía y de los suministros.
En este sistema no tienen sentido ni espacio los partidos. Tan solo uno, el partido único, con la contradicción de que se llame partido y sea el todo. Ni los sindicatos y, por supuesto, mucho menos, la democracia y los votos. No busca el consenso porque no cabe la discusión. En su lugar se impone una férrea disciplina, con el máximo respeto a las cadenas del mando, bajo un espíritu militante en el que prevalecen los valores castrenses con una tónica espartana.
Reciamente nacionalistas, es decir vinculados al concepto nación que surge en la Edad Contemporánea, en el que se impone como esencial la identidad nacional que se considera definidora del individuo y que le envuelve con un sentido excluyente. Al mismo tiempo el sentimiento identitario impone el victimismo, con lo que se justificará la oposición y la violencia física o moral contra quienes considera enemigos. Se oponía a la democracia liberal que consideran obsoleta y se proponen como una ‘tercera vía’ para superar la decadencia de los valores de los vencedores en la Primera Guerra Mundial (EE.UU., Reino Unido y Francia) como a los movimientos obreros, acuciados por el ascenso del marxismo y el anarquismo.
Es así como nace el fascismo en la Italia de Benito Mussolini. Le sigue la Alemania del III Reich de Adolfo Hitler. El Estado requiere de un líder por lo que se exalta su figura, aunque esto fue uno de los factores que fallaron en España. La procedencia del líder con condición obrerista y proveniente del socialismo no se daba en José Antonio por lo que esta circunstancia no actuó en la atracción de las masas y su lugar no fue ocupado por ningún otro líder y menos asumido por Franco.
Mientras que en Alemania con Hitler tiene un comportamiento muy destacado racista, que solo será adoptado al final por el fascismo italiano, el español tiene un comportamiento peculiar que le matiza y le acompaña en su evolución, con claras diferencias, por lo que fue el nacional catolicismo, ya que aquí la que tiene un peso determinante es la Iglesia, que por su posicionamiento de privilegio marca una clara incidencia negativa en la cuestión social y provoca la agitación y la oposición de las masas abusadas.
El nazismo y el fascismo italiano resultaron claramente condenados y rechazados tras su derrota, considerándoseles responsables de la Segunda Guerra Mundial. En España al resultar vencedores y al proseguir en el tiempo evolucionó, buscó distanciarse; señalándose estas diferencias por algunos historiadores. Especialmente por Stanley G. Payne y sus seguidores, a partir de investigaciones limitadas, fundamentalmente orales. Indudablemente esto fue así, aunque su condición básica permaneció a lo largo de toda la Dictadura. Aunque, vistas mojadas las barbas de sus vecinos, supo sobrevivir y evolucionar hasta conseguir en los últimos años su aceptación, después del rechazo que había experimentado, y se prolonga hasta 1975 con Francisco Franco y su Dictadura, que concluyó con graves contestaciones y de nuevo el repudio internacional por sus actuaciones finales.
En el fenómeno de recuperación que registran en Europa en la actualidad estas tendencias se camuflan bajo las denominaciones de neofascismo o neonazismo, aplicados a los partidos de extrema derecha, que aparecen como continuadores de aquellas ya viejas ideologías del siglo XX. Aunque en muchas partes existan leyes que limitan o prohíben estas ideologías y el uso de sus símbolos.






