La Astorga de los Años 20 (XI y final)
![[Img #47656]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/4494_astortga-43.jpg)
(...)
Primeros versos gongorinos de Leopoldo Panero
Los muchachos que habían comenzado satirizando en La Saeta, intelectualizando en ‘Humo’ han puesto en la órbita de los escaparates su primer libro. A éste seguirán otros muchos, aun para el primerizo, a quien siete años después había de segar la muerte, en la curva de Villadangos. Este año de 1929, el poeta Leopoldo, que no se había estrenado en verso sino en prosa, ante su ciudad natal, publicaba en el número 2 de ‘Nuestra revista’ unos versos gongoristas titulados ‘Crónica cuando amanece’. Influido por Alberti, Guillén y Gerardo Diego; Leopoldo emprende la ruta de una poesía —la primera— que, según Eilen Connoly desarrolla “características diametralmente opuestas a la auténtica voz de Leopoldo Panero: imágenes atrevidas, asepticismo, ausencia de sentimiento y tema, poesia pura”. He aquí sus primeros versos:
"Venus imita, esclareciendo brumas / de antiguas linfas, hoy compás de aire, / sobre un desierto ya de geometría, / y de cuerpos jugando a los cadáveres”.
El grupo comenzó por descubrir noventayochescamente los símbolos, los mitos, el paisaje de Astorga. Ricardo los empujaba hacia Fuenteencalada para recitar el ‘Romance del Conde Arnaldos’. Se sentían ellos, como seres vivos, palpitantes de sí mismos, como descubridores. Leían los últimos libros, se emborrachaban de futuro. Recordaban los años de la infancia con el hermano Ginés y el episodio del cortaplumas clavado en la pantorrilla de Leopoldo. Era una época menos de diabluras, más de amores, de sueños, donde moldeaban el futuro a su antojo y terminan mojados de discreta practicidad su carrera. Eran los jóvenes que ponían, sin permiso del cabildo -arrebatos de canónigos con la planta de obispos tridentinos-, la carne en el asador para levantar la piedra que cerraba la húmeda y aguanosa Cripta de los Osorios. Eran los jóvenes que gateaban por las bóvedas de la Catedral y sentían vértigo, anerviasando las sotanas despavoridas de los canónigos.
Aquí, en esta amistad, en la gula, en los periodiquines, en las conversaciones, en la convivencia, está la raíz de esta Escuela de Astorga.
![[Img #47655]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/6146_32743557.jpg)
![[Img #47654]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/3586_50297503.jpg)
Final: La escuela de Astorga en la Generación del 36
Ricardo Gullón, ya maduro, aquilata en un ensayo sobre la generación del 36, algunos pormenores sobre esta autobiográfica experiencia asturicense: "La generación del 36 no surgió armada de todas armas. Parodiando una cita muy recordada diré que empezó por no existir”. Muchachos aislados rompían tímidamente el fuego en distintos lugares. Tímidamente, digo yo, siquiera esa timidez se disfrazase a veces de osadía. En mi tierra leonesa, tan atrás como 1928, publicamos Juan y Leopoldo Panero, Luis Alonso Luengo y yo, con otros amigos luego perdidos para la literatura (uno de ellos muerto en la guerra, Damaso Cansado), cierta revistilla adolescente titulada ‘Humo’, acaso la primera en donde apareció uno de los grupos que, reunidos, iban a constituir la nueva promoción de la generación del 36. A este grupo Gerardo Diego le llamó luego la "Escuela de Astorga”.
![[Img #47657]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/7897_134367198.jpg)
![[Img #47653]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/7740_41q4ss5ufkl_sx353_bo1204203200_.jpg)
Clave de seudónimos en la revista ‘La Saeta’
El Abate Lucas -Dámaso Cansado
Clarines - Luis Alonso Luengo
Sansón Carrasco - Ricardo Gullón
Coleta - Florencio Flórez
Cruz y Raya - Dámaso Cansado
Palmerin - Dámaso Cansado
Critilo - Leopoldo Panero
Juan de Mena - Juan Panero
El Licenciado Vidrieras - Luis Alonso Luengo
El Conde Lucanor - Luis Alonso Luengo
El Compañero de la Sombra - Satué
Luis de Muro - Florencio Flores
Robustiano Majalandrín - Pepe Cabezas
Menelao Belén Tecla - Jenaro Blanco de Cela
Parapa - Pepe Cabezas
Licurgo - Pepe Cabezas
YO - Ricardo Gullón
Dovileo Gil - Guillermo Sánchez Irure
Mille Lis - Angelina San Román
Rubí - Dámaso Cansado
La Saeta - Pepe Cabezas
Pollito - Dámaso Cansado •
Hipócrates - Alejo Seco
El Caballero Mur - Dámaso Cansado.
Clave de seudónimos de la revista ‘Humo’
Dama Gris - Dámaso Cansado
Bradomín - Ricardo Gullón
Erebo - Dámaso Cansado
Querubín - Magín Revillo (hijo)
D. Garolla - Demetrio Monteserin
C. Vázquez - Santiago Bardón
ALPANU - Alvaro Panero Núñez
Redactores y colaboradores de ‘Humo’
Dámaso Cansado, director
Antonio Novo
Luis Alonso Luengo
Ricardo Gullón
Leopoldo Panero Torbado
Juan Panero Torbado
Javier de Tordesillas - José Aragón
José Cabezas
Lorenzo Martínez Juárez
Demetrio Monteserin
María de la Riva
Magín Revillo
Félix Cuquerella
Cesáreo Pérez Abascal
Paquita L. de Vila
Santiago Bardón
Angelines S. San Román
Marta del Barrio Rodríguez
Álvaro Panero Núhez
Sebastián Risco
Lorenzo Segura de Astorga
García de Astorga
Padre Blanco García
José Marta Luengo
Concha de Vega
(Fin de las entregas)
![[Img #47656]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/4494_astortga-43.jpg)
(...)
Primeros versos gongorinos de Leopoldo Panero
Los muchachos que habían comenzado satirizando en La Saeta, intelectualizando en ‘Humo’ han puesto en la órbita de los escaparates su primer libro. A éste seguirán otros muchos, aun para el primerizo, a quien siete años después había de segar la muerte, en la curva de Villadangos. Este año de 1929, el poeta Leopoldo, que no se había estrenado en verso sino en prosa, ante su ciudad natal, publicaba en el número 2 de ‘Nuestra revista’ unos versos gongoristas titulados ‘Crónica cuando amanece’. Influido por Alberti, Guillén y Gerardo Diego; Leopoldo emprende la ruta de una poesía —la primera— que, según Eilen Connoly desarrolla “características diametralmente opuestas a la auténtica voz de Leopoldo Panero: imágenes atrevidas, asepticismo, ausencia de sentimiento y tema, poesia pura”. He aquí sus primeros versos:
"Venus imita, esclareciendo brumas / de antiguas linfas, hoy compás de aire, / sobre un desierto ya de geometría, / y de cuerpos jugando a los cadáveres”.
El grupo comenzó por descubrir noventayochescamente los símbolos, los mitos, el paisaje de Astorga. Ricardo los empujaba hacia Fuenteencalada para recitar el ‘Romance del Conde Arnaldos’. Se sentían ellos, como seres vivos, palpitantes de sí mismos, como descubridores. Leían los últimos libros, se emborrachaban de futuro. Recordaban los años de la infancia con el hermano Ginés y el episodio del cortaplumas clavado en la pantorrilla de Leopoldo. Era una época menos de diabluras, más de amores, de sueños, donde moldeaban el futuro a su antojo y terminan mojados de discreta practicidad su carrera. Eran los jóvenes que ponían, sin permiso del cabildo -arrebatos de canónigos con la planta de obispos tridentinos-, la carne en el asador para levantar la piedra que cerraba la húmeda y aguanosa Cripta de los Osorios. Eran los jóvenes que gateaban por las bóvedas de la Catedral y sentían vértigo, anerviasando las sotanas despavoridas de los canónigos.
Aquí, en esta amistad, en la gula, en los periodiquines, en las conversaciones, en la convivencia, está la raíz de esta Escuela de Astorga.
![[Img #47655]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/6146_32743557.jpg)
![[Img #47654]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/3586_50297503.jpg)
Final: La escuela de Astorga en la Generación del 36
Ricardo Gullón, ya maduro, aquilata en un ensayo sobre la generación del 36, algunos pormenores sobre esta autobiográfica experiencia asturicense: "La generación del 36 no surgió armada de todas armas. Parodiando una cita muy recordada diré que empezó por no existir”. Muchachos aislados rompían tímidamente el fuego en distintos lugares. Tímidamente, digo yo, siquiera esa timidez se disfrazase a veces de osadía. En mi tierra leonesa, tan atrás como 1928, publicamos Juan y Leopoldo Panero, Luis Alonso Luengo y yo, con otros amigos luego perdidos para la literatura (uno de ellos muerto en la guerra, Damaso Cansado), cierta revistilla adolescente titulada ‘Humo’, acaso la primera en donde apareció uno de los grupos que, reunidos, iban a constituir la nueva promoción de la generación del 36. A este grupo Gerardo Diego le llamó luego la "Escuela de Astorga”.
![[Img #47657]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/7897_134367198.jpg)
![[Img #47653]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2019/7740_41q4ss5ufkl_sx353_bo1204203200_.jpg)
Clave de seudónimos en la revista ‘La Saeta’
El Abate Lucas -Dámaso Cansado
Clarines - Luis Alonso Luengo
Sansón Carrasco - Ricardo Gullón
Coleta - Florencio Flórez
Cruz y Raya - Dámaso Cansado
Palmerin - Dámaso Cansado
Critilo - Leopoldo Panero
Juan de Mena - Juan Panero
El Licenciado Vidrieras - Luis Alonso Luengo
El Conde Lucanor - Luis Alonso Luengo
El Compañero de la Sombra - Satué
Luis de Muro - Florencio Flores
Robustiano Majalandrín - Pepe Cabezas
Menelao Belén Tecla - Jenaro Blanco de Cela
Parapa - Pepe Cabezas
Licurgo - Pepe Cabezas
YO - Ricardo Gullón
Dovileo Gil - Guillermo Sánchez Irure
Mille Lis - Angelina San Román
Rubí - Dámaso Cansado
La Saeta - Pepe Cabezas
Pollito - Dámaso Cansado •
Hipócrates - Alejo Seco
El Caballero Mur - Dámaso Cansado.
Clave de seudónimos de la revista ‘Humo’
Dama Gris - Dámaso Cansado
Bradomín - Ricardo Gullón
Erebo - Dámaso Cansado
Querubín - Magín Revillo (hijo)
D. Garolla - Demetrio Monteserin
C. Vázquez - Santiago Bardón
ALPANU - Alvaro Panero Núñez
Redactores y colaboradores de ‘Humo’
Dámaso Cansado, director
Antonio Novo
Luis Alonso Luengo
Ricardo Gullón
Leopoldo Panero Torbado
Juan Panero Torbado
Javier de Tordesillas - José Aragón
José Cabezas
Lorenzo Martínez Juárez
Demetrio Monteserin
María de la Riva
Magín Revillo
Félix Cuquerella
Cesáreo Pérez Abascal
Paquita L. de Vila
Santiago Bardón
Angelines S. San Román
Marta del Barrio Rodríguez
Álvaro Panero Núhez
Sebastián Risco
Lorenzo Segura de Astorga
García de Astorga
Padre Blanco García
José Marta Luengo
Concha de Vega
(Fin de las entregas)














