Br exit
![[Img #47986]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/02_2020/299__dsc0008.jpg)
Hay unas cosas más racionales que otras y, muchas veces, lo racional es lo más sencillo. Los ingleses, a lo largo de su militancia en la UE, rechazaron emplear el sistema métrico en favor de sus millas, pintas y onzas. Como consecuencia, tardaron años en construir con sus vecinos franceses un puente subterráneo de tren, gracias a largas discusiones bobas sobre el ancho de la vía… por los viejos miedos hacia una invasión de los hunos y la sentimentalidad a favor de sus pulgadas.
Todavía piensan que su lengua es lengua franca gracias a su imperio, cuando todo el mundo sabe que el uso del inglés al nivel internacional es el resultado de la intervención en Europa de los estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. No hubo pin parental en Alemania: el inglés se impuso en el sistema educativo de manera obligatoria a partir de los tres años como medida de desnazificación, para diluir por siempre jamás el patriotismo extremo y el nacionalismo atroz. Aún no sabemos si tal estrategia ha ayudado a mejorar el sentido del humor de los alemanes.
El lector se habrá percatado de que estoy hablando de los ingleses y Europa. En el referéndum sobre el maldito Brexit, los escoceses, los irlandeses y los británicos de Irlanda del Norte votaron en contra y de manera holgada. Para entender esta última frase hay que controlar la letra pequeña del acuerdo del Viernes Santo, un acuerdo que garantizaba la ausencia de una frontera (aduana) entre la República de Irlanda y su vecino, el Reino Unido (Irlanda del Norte).
Y aquí no hay espacio, o más bien, yo no tengo la paciencia para hacer pedagogía, porque reconozco que, a pesar de la racionalidad de la que somos capaces de gozar los seres humanos, hay asuntos tan complejos que sería un insulto a la inteligencia ofrecer un resumen sin matices. Algunas cosas no son tan sencillas. Estoy tan enfadado y abrumado con la ruptura parcial de la UE que voy a acabar con una cita de Michel Barnier porque, aunque no suelo citar a políticos habiendo filósofos y poetas, voy a hacer una excepción puesto que estamos en tiempos tumultuosos de coronavirus populista, desde Trump hasta Torra. (Y, dios mío, Ábalos, que va de gurú de la semántica: reunión o encuentro). Dijo Barnier con su francés cartesiano:
Es posible ser apasionadamente patriótico y europeo a la vez.
Yo añadiría la palabra no al principio de la frase, y mucho antes de coger el tren y hacer turismo sórdido por ciertas localidades del sur de Polonia.
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Hay unas cosas más racionales que otras y, muchas veces, lo racional es lo más sencillo. Los ingleses, a lo largo de su militancia en la UE, rechazaron emplear el sistema métrico en favor de sus millas, pintas y onzas. Como consecuencia, tardaron años en construir con sus vecinos franceses un puente subterráneo de tren, gracias a largas discusiones bobas sobre el ancho de la vía… por los viejos miedos hacia una invasión de los hunos y la sentimentalidad a favor de sus pulgadas.
Todavía piensan que su lengua es lengua franca gracias a su imperio, cuando todo el mundo sabe que el uso del inglés al nivel internacional es el resultado de la intervención en Europa de los estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. No hubo pin parental en Alemania: el inglés se impuso en el sistema educativo de manera obligatoria a partir de los tres años como medida de desnazificación, para diluir por siempre jamás el patriotismo extremo y el nacionalismo atroz. Aún no sabemos si tal estrategia ha ayudado a mejorar el sentido del humor de los alemanes.
El lector se habrá percatado de que estoy hablando de los ingleses y Europa. En el referéndum sobre el maldito Brexit, los escoceses, los irlandeses y los británicos de Irlanda del Norte votaron en contra y de manera holgada. Para entender esta última frase hay que controlar la letra pequeña del acuerdo del Viernes Santo, un acuerdo que garantizaba la ausencia de una frontera (aduana) entre la República de Irlanda y su vecino, el Reino Unido (Irlanda del Norte).
Y aquí no hay espacio, o más bien, yo no tengo la paciencia para hacer pedagogía, porque reconozco que, a pesar de la racionalidad de la que somos capaces de gozar los seres humanos, hay asuntos tan complejos que sería un insulto a la inteligencia ofrecer un resumen sin matices. Algunas cosas no son tan sencillas. Estoy tan enfadado y abrumado con la ruptura parcial de la UE que voy a acabar con una cita de Michel Barnier porque, aunque no suelo citar a políticos habiendo filósofos y poetas, voy a hacer una excepción puesto que estamos en tiempos tumultuosos de coronavirus populista, desde Trump hasta Torra. (Y, dios mío, Ábalos, que va de gurú de la semántica: reunión o encuentro). Dijo Barnier con su francés cartesiano:
Es posible ser apasionadamente patriótico y europeo a la vez.
Yo añadiría la palabra no al principio de la frase, y mucho antes de coger el tren y hacer turismo sórdido por ciertas localidades del sur de Polonia.






