Max Alonso
Sábado, 29 de Febrero de 2020

Paleto y de León

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Una señora que es Presidenta de la Comunidad de Madrid me ha llamado a mí y a otros muchos de mis convecinos “Paletos de León”. Todo porque no nos sentimos cómodos en la Comunidad que nos han impuesto. Que nos maltrata y nos perjudica y porque nos permitimos decirlo esta señora se permite insultarnos.

 

Yo no voy a insultar, que siempre está mal, a los madrileños porque, aparte de que no se lo merecen, allí, en la capital, he trabajado y he vivido muchos años y me he sentido encantado, después de haber sido godo en Canarias y maketo en el País Vasco y otras cosas en un tono menor en otras partes de España, Cataluña punto y aparte.

 

Una de las virtudes, entre otras muchas que tiene Madrid para la gran mayoría de los españoles de otras partes es que allí te sientes como en casa sin que nadie te mire el pedigrí de madrileño. Todo lo más eres tú el que te mides el de español para ver si la das la talla. No te la miden los madrileños sino que se la mide uno mismo reflejado en el espejo.

 

Lo más curioso es que el insulto lo haya proferido una autoridad que sí se debería hacer mirar preventivamente por la comparsa que le acompaña. Con un antecedente nada lejano de Ignacio González como Presidente que ya ha estado preso y a la espera de responder de los muchos delitos que se le imputan. De una Presidenta que tuvo que dimitir, Cristina Cifuentes, por las muchas irregularidades que se le sumaron. De otra Presidenta, sagaz y deslenguada que calificaba a todos menos a su corral. Que además era su mentora y ella la voz de su perro y que también tuvo que dimitir, Esperanza Aguirre. Había  llegado al puesto con bajeza, tamayazo de por medio, y presumía de solo tener dos ranas y era la reina de la charca y de momento ya ha cosechado una imputación. De otro presidente, Ruiz Gallardón, que ascendido a ministro tuvo que salir por pies del Gobierno y de otro consejero y número dos del PP madrileño, que unió el record de inaugurar una cárcel de la que poco después fue su cliente predilecto, en calidad de preventivo, Francisco Granados. Con fama de ser Príncipe de los Ladrones, aunque el su condición de presidiario se lo tome como un nuevo mérito curricular. Además de otros varios miembros de estos gobiernos que han salido malparados y que han resultado nada ejemplares.

 

Aun así esta señora Presidenta de tan pocas luces se permite llamarnos Paletos Leoneses haciendo gala de sus ignorancias históricas y políticas, al tiempo que se imagina conspiraciones paranoicas  e ignora que en estas tierras a las que les niega identidad, fue el segundo de los reinos de España que emergió y alumbró a otros. Donde nació el parlamentarismo, como ha reconocido la UNESCO y no en Inglaterra, que es la que se lleva la fama pero no carda la lana. Que en Brañosera, en la vecina Palencia,  surgió la municipalidad y de donde surgió la primera Universidad.

 

¿Cómo debería calificarse a sí misma? ¿Heredera de la corrupción organizada?  ¿Carne de presidio? ¿Cabás de las ignorancias? ¿Rana entre las ranas? Cuando ya ella llegó  al poder con las cartas marcadas por avales familiares.

 

Reconozco que a mí personalmente no me ofende especialmente su insulto. La descalifica más a ella por pronunciarlo. No me molesta porque me gusta llevar boina. De pueblo y de paleto que me la pongo cuando quiero y me la quito cuando me da la gana. Una boina negra de tela y con un rabo peleón,  mucho mejor que esa gran boina medioambiental compartida que tienen  los madrileños, sobre toda la ciudad, una para todos,  tan  peligrosa que puede ser mortal.

 

Como diría el alcalde de la Villa y Corte, otro lúcido, sin ninguna cualidad del lince ibérico, cuando la contaminación más acucia, “La culpa es del viento que no sopla”. Efectivamente si soplara a lo mejor los que la sufrían eran los segovianos y no los madrileños. Que terrible tiene que ser para los políticos mediocres tirando a miserables contemplar como los accidentes atmosféricos se confabulan, sin respetar a los buenos, y todas sus asechanzas las dirigen en su contra. Por algo será, que el cielo y la climatología al menos son justos y no se dejan confundir.  No como ellos, que ya se sabe lo que decía Píndaro: “A quienes los dioses quieren confundir primero les vuelven locos.”

 

Remedando en lo que se puede a Felipe González: Yo ni pude votarles, pero a mí no me representan.

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