Su vida es suya
![[Img #48382]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/02_2020/2913_valle-dsc_0205.jpg)
A pesar de todo lo que se ha avanzado en la lucha por la igualdad de género, especialmente en el ámbito laboral y económico, aunque todavía insuficiente; los casos de abusos y malos tratos psicológicos, verbales y físicos, hacen que en nuestro país el terrible contador de la violencia machista no se detenga. Concretamente, en lo que va de año y hasta el momento de escribir estas líneas, son 12 las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Convirtiendo ésta situación en una de las realidades sociales más duras a las que se debe hacer frente. Teniendo en cuenta a su vez, que estas mujeres dejan otras víctimas que suelen ser casi invisibles, los hijos, que en algunos casos además de sufrir la pérdida de su madre, tienen que enfrentarse a una situación de desamparo.
Una situación difícil y muy alarmante si tenemos en cuenta que los casos que llegan a nuestros oídos son simplemente "la punta del iceberg”, ya que son muchas más las mujeres que experimentan cada día la violencia desde otras perspectivas.
He conocido a varias mujeres en esta situación y todas coincidían en lo poderosas que son las ataduras emocionales, capaces de vendarles los ojos por muy fuertes que ellas parezcan. También piensan que a la hora de dar el paso y abandonar a su agresor, la independencia, la solvencia económica y la estabilidad laboral, son fundamentales.
Elvira, una mujer a la que conocí hace unos años, se considera una mujer fuerte y con personalidad. Se casó con un hombre que sembró el miedo y la locura en su hogar, ha sido víctima de malos tratos durante más de una década, pero hoy asegura ser una mujer feliz y dueña de su vida. Su relación al principio y así nos lo ha contado, era muy intensa, los dos eran muy pasionales, se lo pasaban muy bien y se querían.
Poco a poco y sin saber por qué, su marido fue transformándose y los celos hicieron acto de presencia. Le molestaba que saliera con las amigas, su forma de vestir, de peinarse, de hablar e incluso que sonara el teléfono.
A pesar de ello Elvira seguía enganchada y atraída, posiblemente por los buenos momentos vividos durante los primeros años de matrimonio.
Le costó mucho reconocer que estaba siendo víctima de malos tratos psicológicos. Relativizaba los ataques de celos de su pareja, su agresividad y justificaba con todo tipo de argumentos los desprecios, los ataques verbales, su falta de respeto e incluso algún empujón. Seguía enamorada de un ser retorcido, sin tener conciencia del peligro que corría.
Las discusiones y los insultos cada vez eran más frecuentes. Apenas llevaban casados cinco años y ya había tenido que ser ingresada dos veces en el hospital, la primera por la fractura de la clavícula y la segunda por un fuerte golpe en la cabeza. También, en varias ocasiones había sido encerrada durante horas, llevándose él las llaves.
Un día, a la hora de comer, después de hacer trizas el plato contra el fregadero, despreciando la comida que Elvira había hecho, la empujó y tiró al suelo mientras la insultaba y le propinaba una tremenda paliza. Aconsejada por una amiga y la policía, interpuso una denuncia y demanda de divorcio contra su agresor. Lo siguiente fue informar a su familia y amigos de la situación para que la ayudaran y no la dejaran sola.
Pese a todo lo vivido, hoy Elvira se siente una mujer nueva, totalmente distinta. Es una mujer alegre, serena y equilibrada a la que se le ha olvidado llorar y que ha recuperado su dignidad y autoestima. Ahora, como ella misma dice: “Su vida es suya”.
El testimonio de Elvira, igual que el de todas las mujeres que han sido víctimas de malos tratos y lo han denunciado, son imprescindibles, además de todo un ejemplo de fuerza y valentía, y la prueba fehaciente de que aunque es difícil salir de esa situación, sin duda, se puede.
El resto de la sociedad debemos implicarnos, ayudarlas, animarlas a seguir adelante. Merece la pena. Es el camino para recuperar sus vidas, 'porque sus vidas son suyas'.
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A pesar de todo lo que se ha avanzado en la lucha por la igualdad de género, especialmente en el ámbito laboral y económico, aunque todavía insuficiente; los casos de abusos y malos tratos psicológicos, verbales y físicos, hacen que en nuestro país el terrible contador de la violencia machista no se detenga. Concretamente, en lo que va de año y hasta el momento de escribir estas líneas, son 12 las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Convirtiendo ésta situación en una de las realidades sociales más duras a las que se debe hacer frente. Teniendo en cuenta a su vez, que estas mujeres dejan otras víctimas que suelen ser casi invisibles, los hijos, que en algunos casos además de sufrir la pérdida de su madre, tienen que enfrentarse a una situación de desamparo.
Una situación difícil y muy alarmante si tenemos en cuenta que los casos que llegan a nuestros oídos son simplemente "la punta del iceberg”, ya que son muchas más las mujeres que experimentan cada día la violencia desde otras perspectivas.
He conocido a varias mujeres en esta situación y todas coincidían en lo poderosas que son las ataduras emocionales, capaces de vendarles los ojos por muy fuertes que ellas parezcan. También piensan que a la hora de dar el paso y abandonar a su agresor, la independencia, la solvencia económica y la estabilidad laboral, son fundamentales.
Elvira, una mujer a la que conocí hace unos años, se considera una mujer fuerte y con personalidad. Se casó con un hombre que sembró el miedo y la locura en su hogar, ha sido víctima de malos tratos durante más de una década, pero hoy asegura ser una mujer feliz y dueña de su vida. Su relación al principio y así nos lo ha contado, era muy intensa, los dos eran muy pasionales, se lo pasaban muy bien y se querían.
Poco a poco y sin saber por qué, su marido fue transformándose y los celos hicieron acto de presencia. Le molestaba que saliera con las amigas, su forma de vestir, de peinarse, de hablar e incluso que sonara el teléfono.
A pesar de ello Elvira seguía enganchada y atraída, posiblemente por los buenos momentos vividos durante los primeros años de matrimonio.
Le costó mucho reconocer que estaba siendo víctima de malos tratos psicológicos. Relativizaba los ataques de celos de su pareja, su agresividad y justificaba con todo tipo de argumentos los desprecios, los ataques verbales, su falta de respeto e incluso algún empujón. Seguía enamorada de un ser retorcido, sin tener conciencia del peligro que corría.
Las discusiones y los insultos cada vez eran más frecuentes. Apenas llevaban casados cinco años y ya había tenido que ser ingresada dos veces en el hospital, la primera por la fractura de la clavícula y la segunda por un fuerte golpe en la cabeza. También, en varias ocasiones había sido encerrada durante horas, llevándose él las llaves.
Un día, a la hora de comer, después de hacer trizas el plato contra el fregadero, despreciando la comida que Elvira había hecho, la empujó y tiró al suelo mientras la insultaba y le propinaba una tremenda paliza. Aconsejada por una amiga y la policía, interpuso una denuncia y demanda de divorcio contra su agresor. Lo siguiente fue informar a su familia y amigos de la situación para que la ayudaran y no la dejaran sola.
Pese a todo lo vivido, hoy Elvira se siente una mujer nueva, totalmente distinta. Es una mujer alegre, serena y equilibrada a la que se le ha olvidado llorar y que ha recuperado su dignidad y autoestima. Ahora, como ella misma dice: “Su vida es suya”.
El testimonio de Elvira, igual que el de todas las mujeres que han sido víctimas de malos tratos y lo han denunciado, son imprescindibles, además de todo un ejemplo de fuerza y valentía, y la prueba fehaciente de que aunque es difícil salir de esa situación, sin duda, se puede.
El resto de la sociedad debemos implicarnos, ayudarlas, animarlas a seguir adelante. Merece la pena. Es el camino para recuperar sus vidas, 'porque sus vidas son suyas'.
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