Texto: Claudio Magrís. Fotos: Astorga Redacción
Sábado, 04 de Abril de 2020

El asno de las Palmas

La lluvia que cae en Astorga nos reconforta el ánimo de este encierro que nos ha dejado este Domingo de Ramos sin 'Borriquilla', sin 'Dolorosa' y sin 'Atado'. Las tres procesiones que hoy tenían que haberse celebrado en esta Semana Santa en la que parece que se han querido oír de lejos los compases de la Pasión. Acompañamos a las fotos de nuestro archivo un emotivo texto del escritor italiano Claudio Magrís.

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En Regensburg seguía viva la tradición del “asno de las Palmas”, la procesión que paseaba una figura de Jesús sobre un asno de madera, en recuerdo de su entrada triunfal en Jerusalén antes de la semana de Pasión. En esta tradición el protagonista parece ser el asno, y el animal, maltratado y vilipendiado, merece semejante gloria. La convención humilla al asno, le da bofetadas en la realidad e injurias en el léxico cotidiano; el asno tira del carro, carga la albarda, sostiene el peso de la vida, y ya se sabe que ésta es ingrata e injusta con quien le ofrece ayuda. La vida se deja cautivar por las novelas rosas y el tecnicolor, prefiere los destinos brillantes a la prosa de la realidad y por ello se siente más fascinada por los caballos de carreras de Ascot que por los asnos de las carreteras rurales.

 

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Pero la poesía tiene más genio que la vida y sabe cantar la majes­tad del asno. Un asno, no un purasangre, calienta a Jesús en el esta­blo; Homero compara a Ayax, que salva las naves aqueas resistiendo solo el asalto de los troyanos, con un asno, cuya grupa se hace tan grande como el escudo de Telamón bajo la carga y los palos. A un asno, a su paciente sufrimiento, es comparado también Cristo, maltra­tado por haber querido ayudar a los hombres.

 

 

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La fuerza del asno tiene la calidad de los héroes clásicos, la paciencia, la tranquila, humilde e indomable constancia que no se echa atrás en su camino y que está por encima del impulso nervioso del noble corcel de la misma manera que Ulises está por encima de Paris. Por esto, desde los tiempos de Apuleyo, el asno ha sido exaltado por su potencia sexual. Esta potencia, sobre la que también insiste Buffon, no es la arrogancia del toro, apropiada para el machismo, ni la desagra­dable satiriasis del gallo, sino que coincide con esa humilde paciencia, con esa tranquila fuerza de afrontar la vida. La admiración de la be­llísima y exigente señora de Corinto, en la novela de Apuleyo, com­pensa ampliamente las ofensas del lenguaje corriente. En “Las voces de Marrakech” Canetti describe la repentina erección de un asno apaleado y agotado, una pertinaz vitalidad que parece vengar a todos los humi­llados y ofendidos.

 

 

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