Dietario de aislamiento
![[Img #48950]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/04_2020/1937__prada-dsc0007.jpg)
1. Si llevo diecinueve días sin salir de casa llevo diecinueve días sin perder nada. Todo lo tengo en la habitación. Hace unos días abrí un cajón y ahí estaba la cartera. Guardada. ¿Sabía antes de abrir ese cajón dónde estaba? Qué importa. Estaba guardada y punto. Es curioso lo que me sucede con la cartera y con las llaves y con las gafas. Lo que más despisto es la cartera. Las llaves y las gafas a veces no las llevo porque las olvido en casa. Cuando eso sucede no las olvido luego fuera. La cartera, en cambio, siempre es necesaria. Al meterla en el bolsillo, después de buscarla por la habitación como un loco, pienso: “Verás como la pierdo”. Me prometo a mí mismo que nunca más y la voy tocando a cada momento. Pero luego pasan cosas y me descubro a mí mismo cacheándome todos los bolsillos con el corazón a punto de salírseme por la boca. Soy de pensamiento lento, pero en esos segundos ya me imagino dando de baja la tarjeta, haciendo otro carnet para la biblioteca y otro para la Universidad y pidiendo cita para DNI y el carnet de conducir. En casa, sin salir, solo he perdido un par de contraseñas.
2. Escucho a John Muller en el programa Más de uno decir que Sánchez tiene a Iglesias en el Gobierno porque prefiere que esté meando hacia fuera que fuera meando hacia dentro. Otro momento desternillante fue cuando en plena rueda de prensa la portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, presentó a este: “Y ahora, paso la palabra al vicepresidente económico. Huy, perdón, vicepresidente de Asuntos sociales y Agenda 2030”. Seguro que fue Robles quien la dio la idea.
3. Casablanca sobre todo es una película que cuenta la historia de una excusa. La excusa más destroyer que ha puesto una mujer a un hombre al abandonarlo: la Segunda Guerra Mundial. Y pese a eso es una película de amor; de gran carga ideológica y a favor de la causa más justa de todas las que se han librado: la de la resistencia frente a los nazis. Casablanca retrata la complejidad de la vida y el peso que en ella tiene el azar. Torres-Dulce dice que su éxito se debe en parte a que hace participar emocionalmente al espectador. Bien porque te ha pasado algo parecido, a quién no, o porque quieres que te pase, quién no. En ocasiones cae en la cursilería - “¿eso son cañonazos o es el corazón que me late?” pero luego se suma el cinismo - “¿Me desprecias, verdad Rick? –“Si alguna vez pensara en ti posiblemente sí”. –“Yo no me juego el cuello por nadie” – “Es una sabia política exterior” y la brillantez se extiende a lo largo de toda la obra. Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, los protagonistas, están maravillosos. La segunda actúa como si la iluminaran con un montón de bombillas desde dentro, por utilizar palabras de Garci. Su rostro, sus gestos, sus caídas de ojos y por encima de todo eso la terrible inocencia de saberse enamorada y no comprender de quién.
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1. Si llevo diecinueve días sin salir de casa llevo diecinueve días sin perder nada. Todo lo tengo en la habitación. Hace unos días abrí un cajón y ahí estaba la cartera. Guardada. ¿Sabía antes de abrir ese cajón dónde estaba? Qué importa. Estaba guardada y punto. Es curioso lo que me sucede con la cartera y con las llaves y con las gafas. Lo que más despisto es la cartera. Las llaves y las gafas a veces no las llevo porque las olvido en casa. Cuando eso sucede no las olvido luego fuera. La cartera, en cambio, siempre es necesaria. Al meterla en el bolsillo, después de buscarla por la habitación como un loco, pienso: “Verás como la pierdo”. Me prometo a mí mismo que nunca más y la voy tocando a cada momento. Pero luego pasan cosas y me descubro a mí mismo cacheándome todos los bolsillos con el corazón a punto de salírseme por la boca. Soy de pensamiento lento, pero en esos segundos ya me imagino dando de baja la tarjeta, haciendo otro carnet para la biblioteca y otro para la Universidad y pidiendo cita para DNI y el carnet de conducir. En casa, sin salir, solo he perdido un par de contraseñas.
2. Escucho a John Muller en el programa Más de uno decir que Sánchez tiene a Iglesias en el Gobierno porque prefiere que esté meando hacia fuera que fuera meando hacia dentro. Otro momento desternillante fue cuando en plena rueda de prensa la portavoz del Ejecutivo, María Jesús Montero, presentó a este: “Y ahora, paso la palabra al vicepresidente económico. Huy, perdón, vicepresidente de Asuntos sociales y Agenda 2030”. Seguro que fue Robles quien la dio la idea.
3. Casablanca sobre todo es una película que cuenta la historia de una excusa. La excusa más destroyer que ha puesto una mujer a un hombre al abandonarlo: la Segunda Guerra Mundial. Y pese a eso es una película de amor; de gran carga ideológica y a favor de la causa más justa de todas las que se han librado: la de la resistencia frente a los nazis. Casablanca retrata la complejidad de la vida y el peso que en ella tiene el azar. Torres-Dulce dice que su éxito se debe en parte a que hace participar emocionalmente al espectador. Bien porque te ha pasado algo parecido, a quién no, o porque quieres que te pase, quién no. En ocasiones cae en la cursilería - “¿eso son cañonazos o es el corazón que me late?” pero luego se suma el cinismo - “¿Me desprecias, verdad Rick? –“Si alguna vez pensara en ti posiblemente sí”. –“Yo no me juego el cuello por nadie” – “Es una sabia política exterior” y la brillantez se extiende a lo largo de toda la obra. Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, los protagonistas, están maravillosos. La segunda actúa como si la iluminaran con un montón de bombillas desde dentro, por utilizar palabras de Garci. Su rostro, sus gestos, sus caídas de ojos y por encima de todo eso la terrible inocencia de saberse enamorada y no comprender de quién.






