Mercedes Unzeta Gullón
Sábado, 11 de Abril de 2020

Estamos en guerra. Una guerra nueva

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No es alarma es conciencia. Tenemos que ser conscientes de que estamos en guerra y como tal tenemos que comportarnos. Las medidas preventivas son para salvar la vida no para fastidiar al prójimo. Pasar una guerra recogido en casa es la manera más cómoda de pasar y sobrevivir a una guerra.

 

Hasta ahora las guerras se habían librado en los campos de batalla, con distintos frentes por tierra, mar y aire; y los hospitales, con sus médicos, enfermeras, mutilaciones y sangre manando por miles de heridas, estaban en la retaguardia recogiendo la catástrofe humana y tratando de restituir los males causados en el frente.

 

Esta nueva guerra que estamos enfrentando ha invertido los papeles. El frente, la lucha, el combate se está dando en los hospitales, y el Ejército al mando es todo el cuerpo médico. El campo en este caso está es la retaguardia, donde la gente trata de resguardarse y evitar  ser abatido.

 

Los instrumentos de la guerra ya no son balas ni bombas sino mascarillas y respiradores.

 

En las otras guerras se movilizaba al mayor número de personas posibles, en esta nuestra que estamos viviendo, por el contrario, se inmoviliza a la mayor número de personas posibles. Nada de moverse, todos recluidos en sus casas.

 

Dicen los científicos que la corteza terrestre ha dejado de vibrar,  ha ralentizado su movimiento debido a que la actividad humana ha parado por completo en todo el globo terráqueo. Ahora los expertos dicen pueden oír el sonido de la Tierra con mucha precisión gracias al silencio de la superficie terrestre ya que los humanos hemos dejado de hacer ruido con nuestros medios de transporte, coches, trenes, motos, tractores, aviones…, con nuestras fábricas…, con nuestro modo de vida tan estridente. La Tierra está aprovechando esta circunstancia para hacerse oír. Qué buena oportunidad para escuchar lo que tiene que decir la Tierra.

 

Esta guerra, también silenciosa, sin bombardeos, tanques, destrozos de ciudades…, podríamos decir que es una guerra civilizada, que mata calladamente, sin estruendos y sin carnicerías humanas. No va a haber ‘mutilados de guerra’. No. O te quedas o te vas.  Y se están yendo muchos, muchos más de los imaginados si es que alguien podría haberse imaginado algo parecido a esto.

 

Es la guerra silenciosa que nadie supo ver que venía, precisamente por su estrategia, su confuso e enigmático silencio.

 

Es la guerra, sí, es la guerra. Estamos en estado de guerra.

 

Qué la gente se queje de medidas restrictivas es inaudito.

 

Qué haya políticos que traten de sacar rentabilidad política en esta situación es indecente.

 

Qué haya personas que insulten a los que dirigen este dificilísima situación es miserable, innoble e inmoral. Es la guerra, sí, es la guerra.

 

El esfuerzo de ganar esta guerra ha de ser de todos. Todos apoyando. Todos animando a todos. Todos agradeciendo a todos el gran esfuerzo de todos.

 

Esto es lo que debería esperarse de un país, un continente y un mundo con un desconocido enemigo común. Todos frente al coronavirus C19. No “yo apoyo pero…lo están haciendo mal”,  “yo apoyo pero…yo lo haría mejor”,  “yo apoyo pero…esto y lo otro y lo de más allá”.  Esa manera de apoyar es estrecha de cabeza, corta de miras, falto de inteligencia, pequeña de espíritu, avara de notoriedad, ruin e innoble de pensamiento.

 

Otra postura es la de criticar, insultar y ofender  escudándose en que el gobierno por ser gobierno ha de tener la varita mágica para arreglarlo todo, sea del calibre que sea, y que el Presidente ha de ser Superman. Estos para los que el gobierno no tiene que tener dificultades para conseguir aquello que todos los gobiernos quieren conseguir y les es dificultoso y complicado porque en el mundo entero todos los países  están requiriendo al mismo tiempo las mismas cosas, los mismos instrumentos, los mismos materiales…, a estos enemigos de la lógica les parece que  nuestro gobierno ha de ser un supergobierno y tenerlo todo a la mano, y si no es así es un…. (descalificación absoluta). Qué poco sentido de sensatez y de prudencia. Qué poco respeto.

 

¿Qué tenían que haberlo visto venir? Sí. El mundo entero deberíamos haberlo visto venir, pero a finales de febrero estábamos con fiestas carnavelescas y no recuerdo a nadie entre los que protestan que hubiera lanzado un ¡cuidado que el virus de Asia se está acercando!

 

Habría que ver a aquellos que están continuamente ‘tocando las narices’ acosando continuamente a los que les ha tocado lidiar con esta tristísima y dificilísima situación cómo habrían actuado ellos. No es el momento ni las circunstancias de soliviantar los ánimos de la gente ya bastante agobiados con mantener su salud a flote. Con qué alegría se critica desde el sillón de nuestra casa bebiendo ‘un finito’, o un rioja, o un ribera.

 

Ah, qué vergüenza y coraje me dan estos ‘boca flojas’. ¿No podrán hacer el esfuerzo de pensar un poco aprovechando el tiempo de confinamiento y tratar de salir de su burbuja mental cuyo lema es el de: ‘No pienso luego existo’?

 

O témpora o mores

 

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