A David Gistau
![[Img #49161]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/04_2020/9816_zenda-libros-_david_gistau_por_javier_ors_foto_jeosm-e1552922857897.jpg)
Su despedida ya anticipaba la partida de un gigante. Desde que se fue no ha pasado mucho tiempo, pero sí el suficiente para proclamarse insustituible. Yo no lo conocía, pero sabía tantas cosas de él, que era casi como si lo conociera. Casi. Se ganó el respeto de compañeros, políticos y lectores mandándolos a todos a paseo; con la única promesa de ser siempre total y absolutamente libre. Demostró que cambiar de opinión no significa tener convicciones menos férreas, sino tener pocas certezas. Desertó de todos los ismos (sectarismo, fanatismo, extremismo, radicalismo) y de todas las guerras. Destacaba por su escritura repleta de alusiones, en ocasiones mordaz, pero invariablemente pedagógica. Nos enseñó que criticar o elogiar un hecho de una persona determinada es sólo elogiar o criticar una acción concreta de una persona determinada. A nosotros, que para decir algo bueno de alguien que no nos gusta tenemos que empezar diciendo: “Aunque estemos en las antípodas…”. Como justificándonos. Atesoraba esa mezcla de humor, desencanto y cinismo del que consigue solo emocionarse con cosas muy personales, pero nunca con grandes causas. No pontificar, no adoctrinar y no creerte mejor que los demás fueron sus máximas. Qué pena mirar la vida con sus ojos y ahora que ya nada pueden ver sentirse uno ciego y no comprender nada.
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Su despedida ya anticipaba la partida de un gigante. Desde que se fue no ha pasado mucho tiempo, pero sí el suficiente para proclamarse insustituible. Yo no lo conocía, pero sabía tantas cosas de él, que era casi como si lo conociera. Casi. Se ganó el respeto de compañeros, políticos y lectores mandándolos a todos a paseo; con la única promesa de ser siempre total y absolutamente libre. Demostró que cambiar de opinión no significa tener convicciones menos férreas, sino tener pocas certezas. Desertó de todos los ismos (sectarismo, fanatismo, extremismo, radicalismo) y de todas las guerras. Destacaba por su escritura repleta de alusiones, en ocasiones mordaz, pero invariablemente pedagógica. Nos enseñó que criticar o elogiar un hecho de una persona determinada es sólo elogiar o criticar una acción concreta de una persona determinada. A nosotros, que para decir algo bueno de alguien que no nos gusta tenemos que empezar diciendo: “Aunque estemos en las antípodas…”. Como justificándonos. Atesoraba esa mezcla de humor, desencanto y cinismo del que consigue solo emocionarse con cosas muy personales, pero nunca con grandes causas. No pontificar, no adoctrinar y no creerte mejor que los demás fueron sus máximas. Qué pena mirar la vida con sus ojos y ahora que ya nada pueden ver sentirse uno ciego y no comprender nada.






