Aidan Mcnamara
Sábado, 10 de Octubre de 2020

La musicaca y los listillos

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Confieso que nunca he estado en un país pobre. A veces tengo ganas. También tengo miedo. Sobre todo, porque no soy invisible. Ya sé que todos los poetas del mundo, incluyendo los menos famosos como Louise Glück, me dirán, a manera de regañina, que no hay países pobres, sólo personas explotadas. Correcto. Y seguro que saben que jamás podría llegar a ese pensamiento sin ellos.

 

Me explico.

Digo (mientras me lleva en coche un compañero poco conocido pero generoso), con inocencia más somnolencia, para romper el silencio, algo sencillo como:

-Hoy hay mucho tráfico.

Y el genio contesta:

-Es que es viernes y hay puente y está lloviendo.

Dale el premio Nobel, pienso, y vuelvo al silencio…

Admito que hablamos por hablar por muchos motivos y supongo que me lo he buscado. Tonto de mí.

 

No obstante, cuando escribo una frase soy muy consciente de que podría ser otra. Y que cada frase de un párrafo puede convocar una comunidad de pensamientos no dichos pero insinuados por la inicial. ¿Estamos?

 

Pues bien. Sigo.

Hay que ser rico para ir a un país pobre. No me refiero al avión o las vacunas contra la malaria,etc., que también, sino rico en intrepidez, imaginación o curiosidad.

 

Sabemos por supuesto que hay Hiltons y Sheratons en todos los países pobres y sus precios son parecidos a los que cobran en los países ricos. Te brindan bastante invisibilidad, pero te sientes un poco colonial, como un periodista de la CNN en Ereván.

-Armenia no es un país po…

-Cállate.

 

Y luego tienes que lidiar con las fronteras lingüísticas y las propinas en sobres y aprender a regatear hasta para las cosas más básicas como un chupachups.

 

Pero tiene que ser maravilloso estar rodeado de tu propia ignorancia. Porque el no comprender tiene sus ventajas. Y una de ellas es una forma de silencio. Necesito silencio a pesar de ser torpe en un coche ajeno.

 

Después del confinamiento (y antes también -es que he querido inyectar un poco de histrionismo para celebrar medio artículo sin mencionar el virus-) me di cuenta de dos cosas que odio cada vez más de los países ricos, independientemente de los escándalos de siempre: la contaminación visual y la contaminación acústica. Ambas son formas de ruido. Nada que ustedes no sepan.

- ¿Entonces?

- Paciencia.

 

El otro día fui a una playa en Asturias, que se llama Rodiles, para caminar. Un día laboral, casi encapotado, fuera de la temporada, o sea, octubre en el norte de España. Estupendo. Tranquilidad, paz… hasta las gaviotas estaban durmiendo la siesta. Caminé desde el este hasta el oeste y más allá para llegar al estuario que, por fortuna, ha sido declarado Reserva Natural Parcial según la jerga de los que trabajan para la Red Ambiental de Asturias, y ellos sabrán por qué, porque yo lo encontré lleno de encanto.

 

- Una reserva parcial es la que se permite la compatibilidad entre la conservación de lo que son valores que se pretende proteger con la explotación de ciertos recursos.

- Gracias. ¿Cuáles?

- ¿Qué?

 - Nada, olvida.

 

Luego, para celebrar la pérdida de cinco o seis gramos (los malditos coronakilos) decidí tomar algo y contemplar el mar ¡Que fácil es ser turista en tu propio barrio! Encontré un pequeño bar con apenas clientes – los paisanos clásicos con el clac-clac del dominó y el televisor, como siempre,encendido sin razón -pero NADIE en la terraza. ¡Qué dicha! Entré y pedí una caña en la barra y me la llevé fuera a una humilde mesa bonita de madera, no como esas cosas plásticas, tambaleantes con sus malditas pintadas que anuncian marcas de cervezas ya archiconocidas ¡Qué bella es la vida!, exclamé a mi sombra, porque, además, el cielo ya se había despejado.

 

De pronto oigo:

Acércate,chico,

Ya soy tuyo.

Uh, uh, oh,

Comparte mi amor.

 

O algo por el estilo (sic)¡En inglés!

Volví para adentro, pensando en Constantino Romero, colocando bien mi mascarilla:

 

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Y le pregunté al chico detrás de la barra con un doblaje satisfactorio:

-¿Lo has hecho por mí?

-¿Qué?

- La música (señalando el bafle recién ubicado en el alfeizar de la ventana).

- ¿Cómo?

- Es que cuando opté por esta taberna no había hilo musical.

- Bah, bueno. Es que pensé que igual había que dar un poco de ambiente, como no hay nadie…,día más soso…

- ¿Te gusta vivir, muchacho?

¿Cómo ye, ho?

-Nada. ¿Qué te doy?

-Dos euros.

 

Ya ven, no tengo el temperamento para viajar fuera de mi zona de confort. Hasta mi barrio sigue siendo lo suficientemente exótico.

 

Ahora me toca hacer la compra ¡Qué dilema! Si voy a Alimerka, va a ser Duncan Dhu; en Mercadona algún rapero enfadado de Detroit… igual en Eroski ponen punk en euskera, una salvación a medias.

- Va a ser que no, tronco.

- Bueno, por lo menos las mascarillas reducen…¡Ya lo sé! Escribiré a todas las tiendas del mundo para proponerles la siguiente idea: si ustedes me proporcionan media hora para comprar sin ruido me comprometeré a llevar mis propias bolsas, los guantes para frutería y tapones de regalo para quelos trabajadores puedan soportar la franja horaria normal.

-Estás como una cabra.

-Ojalá.

 

 

 

 

 

 

 

 

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