Los mamporreros de la motoreta
![[Img #51282]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/10_2020/5530_poyucas-121602885_3630461383638706_6863301578888505049_o.jpg)
Hay unos benefactores de Astorga, unos sabelotodo de Facebook, que no captan ni la ironía de los propios, que tirarían sin remilgos el alma de la ciudad a la basura. Los desalmados no saben hacer otra cosa. Si acaso, de poder, pondrían sobre la mesa sus pistolones, sus escopetas de caza, sus miserables tubos de escape de densa nube de smog contra la redonda carita de una marioneta de niño.
Todo parece producto del capricho. Los problemas más acuciantes, más visibles de la ciudad parecen producto de un quítame allá esas pajas, como si unos cuantos ‘culturetas’ del pistón pudieran decidir por encima de cualquier criterio dónde habríamos de ubicar sus trastos.
En estas redes sociales donde se manifiestan los benefactores siempre terminan por mostrar lo que niegan (es tan solo un principio de la lógica del lenguaje que no alcanzan). Muestran quiénes son al tiempo que lo desmienten. Se presentan como los transmisores de una información privilegiada de procedencia divina o por birlibirloque. Ahí se denuncian a sí mismos, mientras bordean la ilegalidad, cuando hacen público ese escrito genial que denominan "sarcasmo irónico". (Tienen que titular el título y aún así sus seguidores ni se enteran, solo entienden el lenguaje desfigurado)
Hay un paralelismo entre la afrenta a la estatua de Largo Caballero en respuesta a la Ley de la Memoria Histórica y el secuestro de la imagen de Gorgorito como presunta respuesta al traslado de la moto del Melgar (eso no es una moto, que diría Magritte)
Tal vez la moto del Melgar ocupara un lugar sagrado, un ‘axis mundi’ y toda deslocalización de la misma sería una profanación. Tal vez el encono por el traslado sea solo un capricho, tal vez sea uno de los lugares de encuentro y desencuentro entre las fuerzas políticas astorganas.
Símbolo por símbolo, las fuerzas que no tienen el poder utilizan el poder de la fuerza. Pero se trata de fuerzas benefactoras no se nos olvide.
Sus drugos o mendrugos o mamporreros (ver RAE, primera acepción) no dejan de ser unos niñatos con cierto candor infantil al imaginar el daño en la forma en que lo haría un niño. El daño como un correctivo que pretendería enderezar el mal camino emprendido en la ciudad de Astorga. Y es cierto que a lo mejor a quienes más daño han hecho no es a los niños de hoy, sino a lo que todavía nos quedara de niño o niña a cada astorgano. Pero seamos adultos, serios, es el sumo bien atreverse a tirar a ese niño o niña de cada cual a la basura, torcerle el brazo hasta romperlo si fuera preciso. Los benefactores sacrificarán su ayudita ante nuestra timidez y dudas.
Un sentimiento subjetivo de afrenta no justificará jamás la venganza, el sabotaje. Ayer sin ir más lejos un fanático islamista le segó la cabeza a un profesor que había utilizado imágenes satíricas de Mahoma extraídas del Charlie Hebdo para explicar a sus alumnos la libertad de expresión.
Permítaseme a mí también seguir siendo hiena (ironía fina). Pues esos fanáticos benefactores de Astorga nos han dado… mucho bien: nos han hecho conscientes de que la estatua de Gorgorito era el símbolo de nuestras ilusiones párvulas. Tirarlo a la basura, morderle el alma es el mayor desatino y destrozo que han podido cometer a nuestra identidad astorgana. Y eso para que aprendas.
En ese tablado de marionetas del desprecio a la infancia, el poder de la fuerza se ha enseñoreado simbólicamente contra todos los astorganos. A esos odiadores ciegos capaces de asesinar toda ilusión, toda alegría, toda avecilla que cante: ¡Deles Dios mal galardón!
![[Img #51282]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/10_2020/5530_poyucas-121602885_3630461383638706_6863301578888505049_o.jpg)
Hay unos benefactores de Astorga, unos sabelotodo de Facebook, que no captan ni la ironía de los propios, que tirarían sin remilgos el alma de la ciudad a la basura. Los desalmados no saben hacer otra cosa. Si acaso, de poder, pondrían sobre la mesa sus pistolones, sus escopetas de caza, sus miserables tubos de escape de densa nube de smog contra la redonda carita de una marioneta de niño.
Todo parece producto del capricho. Los problemas más acuciantes, más visibles de la ciudad parecen producto de un quítame allá esas pajas, como si unos cuantos ‘culturetas’ del pistón pudieran decidir por encima de cualquier criterio dónde habríamos de ubicar sus trastos.
En estas redes sociales donde se manifiestan los benefactores siempre terminan por mostrar lo que niegan (es tan solo un principio de la lógica del lenguaje que no alcanzan). Muestran quiénes son al tiempo que lo desmienten. Se presentan como los transmisores de una información privilegiada de procedencia divina o por birlibirloque. Ahí se denuncian a sí mismos, mientras bordean la ilegalidad, cuando hacen público ese escrito genial que denominan "sarcasmo irónico". (Tienen que titular el título y aún así sus seguidores ni se enteran, solo entienden el lenguaje desfigurado)
Hay un paralelismo entre la afrenta a la estatua de Largo Caballero en respuesta a la Ley de la Memoria Histórica y el secuestro de la imagen de Gorgorito como presunta respuesta al traslado de la moto del Melgar (eso no es una moto, que diría Magritte)
Tal vez la moto del Melgar ocupara un lugar sagrado, un ‘axis mundi’ y toda deslocalización de la misma sería una profanación. Tal vez el encono por el traslado sea solo un capricho, tal vez sea uno de los lugares de encuentro y desencuentro entre las fuerzas políticas astorganas.
Símbolo por símbolo, las fuerzas que no tienen el poder utilizan el poder de la fuerza. Pero se trata de fuerzas benefactoras no se nos olvide.
Sus drugos o mendrugos o mamporreros (ver RAE, primera acepción) no dejan de ser unos niñatos con cierto candor infantil al imaginar el daño en la forma en que lo haría un niño. El daño como un correctivo que pretendería enderezar el mal camino emprendido en la ciudad de Astorga. Y es cierto que a lo mejor a quienes más daño han hecho no es a los niños de hoy, sino a lo que todavía nos quedara de niño o niña a cada astorgano. Pero seamos adultos, serios, es el sumo bien atreverse a tirar a ese niño o niña de cada cual a la basura, torcerle el brazo hasta romperlo si fuera preciso. Los benefactores sacrificarán su ayudita ante nuestra timidez y dudas.
Un sentimiento subjetivo de afrenta no justificará jamás la venganza, el sabotaje. Ayer sin ir más lejos un fanático islamista le segó la cabeza a un profesor que había utilizado imágenes satíricas de Mahoma extraídas del Charlie Hebdo para explicar a sus alumnos la libertad de expresión.
Permítaseme a mí también seguir siendo hiena (ironía fina). Pues esos fanáticos benefactores de Astorga nos han dado… mucho bien: nos han hecho conscientes de que la estatua de Gorgorito era el símbolo de nuestras ilusiones párvulas. Tirarlo a la basura, morderle el alma es el mayor desatino y destrozo que han podido cometer a nuestra identidad astorgana. Y eso para que aprendas.
En ese tablado de marionetas del desprecio a la infancia, el poder de la fuerza se ha enseñoreado simbólicamente contra todos los astorganos. A esos odiadores ciegos capaces de asesinar toda ilusión, toda alegría, toda avecilla que cante: ¡Deles Dios mal galardón!






