Max Alonso
Lunes, 22 de Febrero de 2021

El Camino de Santiago (I y II)

 

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I EN SUS INICIOS

 

Se dice que fue Santo Toribio, el obispo de Astorga, que ahora es su patrono, el que fundamentó la tradición sobre la llegada a la península ibérica y la predicación del Apóstol Santiago, cuya tumba sería descubierta siglos después. Con sus propuestas se inició la corriente santiaguista que continuaría en los siglos posteriores y en cuyo entorno se configuraría una especial concepción de lo que habría de ser España. Toribio fue el gran visionario de la cruz como símbolo, que aportó, y cuyas ideas circularían por el Camino.

 

Forzoso es que volvamos sobre nuestros pasos. Por ‘Camino de Santiago’ se entiende una serie de rutas de peregrinación cristiana, de origen medieval, que se encaminan a lo que se conoce como la tumba del Apóstol Santiago, que se encuentra en lo que ahora es la Catedral de Santiago de Compostela. Históricamente el viaje se hace a pie, aunque no exclusivamente, pues se emplean toda clase de medios de trasporte, desde semovientes a automoción, entre manifestaciones de fe, de fervor y de arrepentimiento o con la simple búsqueda de uno mismo. Entre hospitalidad, arte y cultura, que emanan de las raíces espirituales de la Vieja Europa y que llegan hasta el presente.

 

El Camino Francés, el principal y dominante, enfila desde los Pirineos por Somport a Jaca y Puente la Reina o por Roncesvalles y Pamplona al mismo Puente la Reina. Desde allí  a Logroño, Burgos, Carrión, León, Astorga, Ponferrada, Lugo y Santiago de Compostela. Tiene  una desviación en el  conocido como Itinerario de Brujas, la relación de  caminos más vieja que existía de Europa, Norte de África y Oriente Próximo, que se redactó,  en 1380,  en la ciudad belga.

 

Este itinerario indica una ruta alternativa de León a Oviedo para desde allí llegar a Santiago. Era el camino como se inició al descubrir lo que se consideró la tumba de Santiago, en el año 820, en tiempos del rey de Asturias Alfonso II, El Casto, que lo proclamó Patrono del Reino  de Asturias e inició las peregrinaciones desde Oviedo a Santiago. Tradición que se mantuvo en las entidades políticas que siguieron, Reinos de León y de Castilla, así como la costumbre de los ejércitos de invocar a Santiago al ir a entrar en batalla.

 

La Ruta Jacobea fue la última en aparecer de las tres grandes peregrinaciones cristianas, tras la de Tierra Santa, que se inició en el s. IV,  y la de Roma. Se originó  por motivos de fe, buscando la intervención del Apóstol ante Dios. Se popularizó entre los reinos europeos occidentales y contó son el apoyo de las autoridades eclesiásticas y civiles, así como de particulares. Entre todos crearon unas infraestructuras para ofrecer a los peregrinos alojamiento y asistencia.

 

 

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LAS CRISIS DEL CAMINO

 

A lo largo de la historia las peregrinaciones a Santiago han sufrido dos grandes crisis. La primera en el siglo XVI con la aparición de la teología protestante. La segunda tras el proceso de secularización de Europa que siguió a la Revolución Francesa. Alcanzó su cumbre en el s. XX y llegó casi a su desaparición. En la segunda parte de ese siglo recuperó su popularidad y volvió a alcanzar el auge en sus infraestructuras y desde la década de 1990 inició su progresivo aumento que en 1018 alcanzó su cifra más alta con más de 300.000 peregrinos. A favor de esta recuperación estuvo la aceptación por la teología protestante, que fue la que incidió tan negativamente en el s. XVI.

 

Actualmente los peregrinos son hombres y mujeres entre los que el porcentaje de extranjeros superan a los locales. La mayoría emprende su viaje en España, aunque hay un porcentaje que lo acomete antes. La motivación que les trae a hacer el camino es espiritual, aunque no exclusivamente cristiana, en un porcentaje cada vez mayor. Aumentan los que lo hacen  por motivos lúdicos o deportivos o incluso por motivos puramente humanitarios. También ha ido creciendo la modalidad de recorrer el camino a lo largo de las diversas rutas europeas, sin necesidad de llegar a Santiago.

 

Como hemos dicho la primera ruta que existió fue la de Asturias a Santiago a través de la montaña y por Lugo. Posteriormente con la expansión de los reinos cristianos hacia el sur quedó libre la antigua ruta romana que unía Burdeos con Astorga, a través de Pamplona, que se modificó haciendo algunos cambios en su recorrido sobre la primitiva ruta romana para hacerla coincidir con zonas más pobladas.

 

Sobre esta primera ruta, a medida que avanzaba la Reconquista fueron surgiendo otras que partían de otros puntos de la península, como se recuperaron las vías romanas del conocido como Itinerario de Antonino, que desde Jaca bajaba a Zaragoza para desde allí llegar a Astorga. Había quedado invalidado por la ocupación árabe tras haber sido el trazado principal para la salida del oro por Tarragona hacia Roma por mar.

 

 

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LOS OTROS CAMINOS

 

En Francia, a la vez, surgieron cuatro posibles itinerarios para ir a Santiago. Estos partían de París, de Vezelay, de Le Puy y de la desembocadura del Ródano, en donde confluían todos los caminos de la Europa Central, según de donde procedieran los peregrinos, buscando siempre las rutas comerciales que poseían mejores infraestructuras.

 

En el siglo XX algunos tramos perdidos porque habían sido asfaltados para circular en coche o por otras razones fueron recuperados con pasos por senderos que evitaron la circulación automovilística. Al mismo tiempo surgieron albergues para proporcionar alojamientos a los peregrinos. El auge alcanzado en los años 90 del siglo pasado ha llevado también a que se recuperaran rutas históricas en España, como en otros países europeos, de tal manera que a finales de la década de 2010 se encontraban catalogados 286 caminos, que recorrían un total de 80.000 kilómetros por 18 países.

 

Desde sus orígenes el Camino de Santiago supuso un lugar de encuentro y de intercambio cultural entre los países europeos e incluso se le incluye como parte de la “conciencia común europea”, por lo que ha recibido numerosos reconocimientos internacionales, por la conjunción de aspectos inmateriales con las recuperaciones históricas, que ha propiciado, de iglesias, monasterios, albergues y puentes.

 

II ENTRE LEYENDAS

 

Al Apóstol Santiago se le conoce como El Mayor, para distinguirle del otro apóstol con el mismo nombre y calificado como El Menor. Era hijo de Zebedeo, que tenía una pequeña industria de pesca en Betsaida, Cafarnaúm, en el mar de Galilea o Tiberiades, lago de agua dulce formado principalmente por las aguas del rio Jordán. Según los Hechos de los Apóstoles no consta que él o su hermano Juan, el menor de los apóstoles y discípulo amado de Jesús, tuvieran una especial educación, aunque conocían el griego, como era habitual en aquella zona. Tenía un carácter vehemente por lo que Jesús le llamó ‘Hijo del Trueno’, aunque esa denominación pudo corresponderle por el comportamiento del padre, Zebedeo, que no aceptó que se fueran con Jesús sus dos hijos y su esposa Salomé.

 

Santiago fue presentado a Jesucristo por su hermano Juan y se cuentan entre los cuatro, junto a los también hermanos Andrés y Pedro, a los que primero eligió como apóstoles para que dejaran de “pescar peces” y se convirtieran en “pescadores de hombres”. Con Juan y Pedro fue de  los tres más cercanos a Jesucristo. Presenciaron sus principales milagros y estuvieron con él en el Huerto de Getsemaní, en las vísperas de su muerte, y son los que más presenciaron sus apariciones tras su Resurrección.

 

Se conoce por los Hechos de los Apóstoles que Jesucristo profetizó su martirio y así ocurrió en tiempo de Herodes Agripa I, también llamado el Grande y nieto de Herodes el Grande, denominado Herodes en el Evangelio. Ocurrió entre los años 41 y 43 y fue el primer apóstol que murió. Se desconoce lo que hizo en esos diez años, desde la dispersión de los apóstoles para predicar, en el año 33, hasta su muerte. Lo que se sabe se debe a tradiciones y leyendas cristianas.

 

 

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LAS LEYENDAS DE SANTIAGO

 

Por estas se sabe, con contradicciones, que ejerció su apostolado en la Hispania romana y lo que aquí hizo en ese periodo hasta su muerte. Reclutó a un grupo de seguidores, que le acompañaron en su regreso a Jerusalén y tras su martirio allí trajeron su cuerpo a Hispania a los territorios de la reina Lupa, personaje de la mitología gallega. Según el Códice Calixtino cuando los restos del Apóstol Santiago llegaron a Iria Flavia fueron depositados en casa de una señora llamada Lupa. Esta se los entregó al gobernador, que murió en el intento de deshacerse de ellos. Los discípulos volvieron a entregárselos a Lupa y esta, con la misma mala intención, los envió al monte Illicino o Pico Sacro, cerca del actual Santiago, para hacerle un sepulcro. Allí había una cueva con un dragón que guardaba la entrada al infierno. El dragón murió ante la presencia de la cruz y Lupa, al conocer que su plan había fracasado, se convirtió al cristianismo y ayudó a la construcción del sepulcro.

Frente a estas leyendas hay quienes niegan la presencia de Santiago en España, ya que no existen noticias claras ni autorizadas. La leyenda de la predicación de Santiago en Hispania no surgió hasta el siglo V, en los tiempos de Santo Toribio de Astorga, que es uno de los primeros en referirse a ella. En los cinco primeros siglos no hay citas que indiquen la presencia de uno de los apóstoles en la península. En contra de este argumento está la afirmación de que tampoco hay escritos o tradiciones que indique la presencia de Santiago el Mayor en otros lugares hasta que ocurrió su martirio en Jerusalén.

 

Una de las leyendas más pintorescas es la que recoge Concha Espina en su novela ‘La Esfinge Maragata’ y que de alguna forma fundamenta que fuera la de Astorga una de las primeras diócesis y considerada Apostólica, con origen en los Apóstoles. Cuenta que desde Astorga los primeros cristianos enviaron a Jerusalén una comisión para encontrar a la Virgen, cuando todavía vivía allí, para solicitarle que enviara a un apóstol para que les evangelizara. El enviado fue Santiago y así nació su vinculación con España.

 

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Sobre lo que queda del templete y relicario que se encontraron se han realizado estudios desde el siglo XIX. Se trata de una construcción cuadrangular, levantada con sillería de granito de gran calidad, de dos pisos. El inferior, sin entrada lateral, consta de dos estancias separadas por un muro. La tradición considera que la tumba del apóstol se encuentra en el habitáculo del oeste y que en la otra se encontraban los restos de sus discípulos Atanasio y Teodoro. En la parte superior, hoy desaparecida, se cree que estaba la entrada y un pequeño altar.

 

En la ‘Concordia de Antealtares’, un documento del año 1077 se relata que durante el reinado de Alfonso II el Casto, de Asturias (791 a 842), existía un eremita llamado Pelayo, que vivió en Solovio, cerca de la iglesia dedicada a San Félix. Pelayo tuvo revelaciones de que allí cerca se encontraba la tumba de Santiago el Mayor y varios campesinos dijeron que habían visto luces sobre el lugar. Se lo comunicaron a Teodomiro, obispo de Iria Flavia, y este comprobó la realidad de las luces cuando se trasladó al lugar acompañado de fieles. Lo que descubrieron no dudaron que era la tumba del Apóstol Santiago y así se lo comunicaron al rey.

 

La tumba estaba rodeada por una necrópolis y por las ruinas del asentamiento romano. La exploración se realizó dirigida por Teodomiro y se llevó a cabo una primera construcción, entre el año 820 y 830, de una primera iglesia ordenada por el rey. Era un  pequeño templo de planta cuadrangular que albergaba en su cabecera la tumba. La llegada de peregrinos hizo que más adelante sobre ella fuera construida otra mayor y que se la  reconociera como basílica y se acabara mudando allí la sede episcopal de Iria Flavia.

 

Alfonso III, nieto de Alfonso II, impulsó la construcción de un nuevo templo que se concluyó en el año 899. Se construyó, después de derribar el anterior, con planta basilical de tres naves. En la cabecera, en el ábside, se seguía albergando la tumba. El desnivel del terreno obligó a colocar escaleras para acceder al templo y luego al presbiterio, más una suave inclinación del terreno.

 

Se levantó con piedras de la zona, reforzadas con sillería de granito en las esquinas y los vanos. El tejado, a dos aguas, se dispuso sobre una estructura de madera. Se emplearon columnas y piedras ornamentales conseguidas por el rey en sus incursiones por los territorios árabes. Las columnas eran de mármol y habían sido realizadas en Coria, Cáceres, en el s. IV. Este aprovechamiento de materiales se hizo, al parecer, con el fin de recuperar el pasado y unir la monarquía asturiana con el reino visigodo, anterior a la invasión musulmana. La iglesia construida fue la mayor del reino. Con el resto de los edificios que la rodeaban se la circundó con una muralla defensiva, con torres y foso.

 

 

(Continuará)

 

 

 

 

 

 

 

 

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