El Camino de Santiago (VII y VIII)
![[Img #53356]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/03_2021/142_escanear0004.jpg)
PEREGRINOS POR LA CIUDAD
Tal como escribió Esteban Carro Celada, definido el mismo como peregrino vital, que nació a la vera del mismo camino, en la calle Húsar Tiburcio y allí murió. Peregrinó a Santiago para su encuentro con el Apóstol y con la ciudad de Compostela, como destino, y la llevó siempre presente.
Llegó por primera vez en una furgoneta con jóvenes navarros y desde entonces no dejó de estar allí. Cuando contaba 25 años de edad escribió como folletín para El Pensamiento Astorgano El Camino de Santiago pasa por Astorga, en el año 1954. El año 1993 lo editó por segunda vez la Librería Cervantes, contando esta vez como ilustradores con los pintores del momento: Castorina, Escarpizo, Toño y Sendo.
Es esta edición la que seguimos para encontrarnos con al Apóstol en su recorrido por Astorga mucho más de lo que imagináramos. Esteban Carro Celada inicia este su especial peregrinaje por la capital maragata vestido como un peregrino conchero que se precie, con túnica y capa parda con esclavina, sombrero de ala ancha alzada sobre la frente, zurrón o mochila de pastor abierta, bordón al que le llaman cayado y calabaza con agua o vino, que es como se anda el camino. Sandalias abiertas para caminar y la concha de vieira que los peregrinos las recogían en la costa gallega y se las traían sujetas a su zurrón y a su hábito para proclamar que ellos habían estado en Santiago y ahora regresaban al inicio haciendo camino.
Esteban Carro hace su peregrinación por Astorga en un camino de intensos descubrimientos. Con su peculiar estilo poético escribe como hacían antaño los genuinos peregrinos. Este peregrinar, afirma, nos llevará a descubrir la cuarta dimensión de la ciudad, que existe y se deja ver. En un peregrinar en el que no irá sólo sino que nos lleva de la mano, siguiendo las huellas de San Francisco de Asís, con sus lobos sin domesticar. Son sus homólogos rampantes de los Villalobos sobre la seña de Clavijo, que está con nosotros desde antes de que concluyera el primer milenio.
Empieza señalando, como antecedente a este viaje mágico, a la veleta de la iglesia de Carneros. Con su Santiago a caballo, que apunta hacia todas partes como buen cabalgador. Por eso tantas calles se señalan con su nombre, como la de Astorga. Como evoca el pueblo de Santiago Millas de los Maragatos, doblemente peregrinos por arrieros y por su oficio que es una operación comercial, con el simbolismo del camino.
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A SU PASO POR ASTORGA
Un camino que en Astorga hay que hacerlo por el cauce de la ciudad que es la historia. Se encuentra en sus habitantes que lo son de siglos, tal como ha quedado grabado en sus piedras, y con ello los numerosos peregrinos de tantos años, cuando sin cesar han pisado estas mismas calles, que es el ser de esta ciudad, el peregrinar.
Por la ciudad en la que se descubrirá a Santiago de muchas maneras. En imágenes del Apóstol en pinturas, en tallas de madera y en piedra y hasta en el cristal de las vidrieras. Como en el palacio de Gaudí. Donde también hay que ver sus vidrieras. Como en las miniaturas del archivo diocesano en pergaminos. En Santa Marta, empezando por la gran concha para bautizar y en su San Roque, como el de las Cinco Llagas. Un santo que se hizo famoso por el Camino Francés, que fue peregrino y se quedó aquí con ellos. Como Santiago está en la catedral de todas las maneras. En esculturas diversas en piedra en la fachada y en madera en el interior. En el retablo y en el coro. En el museo. En pinturas, esculturas y bordados, con los colores que todos llegan a esta apuesta múltiple y caleidoscópica del Apóstol.
El Señor Santiago esta de todas las maneras como los peregrinos con sus variadas formas de orar y lenguas, que todas sirven y todas se escuchan. Como el andar, que caminan con pasos cortos o acelerados. Con pisar fuerte y con pausas para la meditación, que es el reto continuo del caminante. Como el murmullo lo es del agua incesante del arroyo.
Este peregrinar lleva obligatoriamente, escribe Esteban, a encontrar la “verdad nacional”, que es lo que es Santiago. Lo hace ya con La Peregrina, una canción popular leonesa, y concluye diciendo a los incontables peregrinos que día a día recorren esas calles Astorganas: En tu Camino hacia Compostela busca el sentido final de Santiago. Un camino que sea final del que viene de suelo europeo y para Europa vuelve.
Desde aquellos años más difíciles por el desafío musulmán. Sin otras posibilidades de convivencia que la derivada de la fuerza de las armas. Por eso apareció Compostela en el que la cristiandad, escribe Esteban, encontró el faro que andaba buscando desde que Toribio le dio la cruz, como enseña, para la gran peregrinación de la vida del hombre en la Tierra.
Con Santiago vibra Europa y todo el continente se hace peregrino y así la cultura fecunda llega antes que el agua al páramo castellano. Siguiendo una voz que ya en el siglo IX llega a Escandinavia y hasta Rusia, que vienen a postrarse en Santiago. El contingente más numeroso de peregrinos llegó a ser europeo por la calle del Camino, que era la mayor calle de la cristiandad y en ella, desde el principio, estaba Astorga.
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ATARDECER EN PUERTA DEL SOL
En su peregrinación por Astorga Esteban Carro evoca esta puerta por la que los peregrinos, durante siglos, entran en la ciudad. Los que vienen de León, de San Martín del Camino, de Estébanez de la Calzada y San Justo de la Vega en sus etapas finales, independientemente de la parte de Europa o del mundo de la que hayan partido.
Propone que han de seguir para Santiago de Compostela cuando recuerda lo que el camino ha dejado en Astorga. La influencia que tuvo en la construcción de los hospitales, como se llamaron durante tantos siglos, y que luego han desaparecido o han devenido en residencias. Para eso hay que pasar por la fundación de las cofradías, que los regentaban, y afirmar que la marca Santiago en nuestra cultura es tan honda que no se puede prescindir de ella.
Imagina así nuestra peregrinación cuando atraviesa la puerta de la ciudad antes de las nueve de la noche. Tras el toque de queda se cierra y deja atrás la campiña envuelta en la oscuridad de la noche, cubierta de nieve, que es año de bienes. Después de haber recorrido el Camino desde Sahagún, antes San Facundo, con su monasterio románico, el ‘Cluny español’, León y San Isidoro, cuna de su reino, y la Catedral a la que en su construcción acudieron arquitectos de Europa con los canteros trabajando con sus manos la piedra como se moldean flores.
Los pueblos del Páramo, con sus torres románicas del mejor siglo XIII. Hospital de Órbigo, ya su nombre viene del Hospital de la Orden de San Juan, y su puente, con más ojos que los meses del año y la bravata de Don Suero, para seguir siendo del siglo XIII. Alcanzar el recinto amurallado de Astorga y, tras cruzar la puerta, oír el sonido metálico de las llaves que por la noche la precintan.
Con su calzado de peregrino ha atravesado el barrizal, que es como la capa con esclavina y las conchas para protegerse del agua. En la mano el bordón. Marcando el paso sobre los cantos rodados del suelo, en la oscuridad sorprendida por algunos faroles, para llegar a la explanada de lo que será San Francisco y siglos más tarde los Redentoristas. Más allá la plaza del concejo, porque allí, en el atrio de San Bartolomé. se reunía este, hasta que, a principios del XVI, se levantó la primera casa concejil. En donde ahora está el Ayuntamiento.
![[Img #53353]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/03_2021/8424_escanear0003.jpg)
LOS HOSPITALES.
Hay que desandar parte de lo andado para volver al Hospital de San Esteban, a la vera de la Puerta del Sol, siglos más tarde se conocería como el de las Cinco Llagas, para encontrarse con un peregrino, que reposa enfermo en un jergón. Pertenece a la orden que dicen que han fundado en la Umbría. Le acompaña fray Bernardo de Quintaval, cuando corría el año de 1216. Recuperado de la enfermedad en la amanecida el frailecito vuelve al Camino hacia la meta de su Compostela. Debe partir con su hábito pardo de peregrino y sus ojos de oración, que cuando habla sus palabras se suavizaban con el aceite vivo de la caridad, nos describe.
La ordenanza del hospital dice: “Hordenamos y mandamos que nuestro corredor non sea usado de tener a ningún pobre questavier sano más allá de tercer día. Hordenamos que non cierre la puerta del ospital fasta que tanan a queda e de allí adelante que non abra a ninguno salvó sy fuere oficial.” Medidas que son también para prevenir que muchos pobres de la ciudad, con actitudes para emplearse, anden día a día acogiéndose a la caridad de los hospitales para pobres y peregrinos. Son los hospitales que las cofradías sostienen y muchas son las cofradías porque mucho es el amor a Dios y los bienes espirituales que por estos momentos imperan.
El de los Palmeros es el hospital de queda exterior a la puerta opuesta al salir de la ciudad. Está más para recibir a los peregrinos que regresan de Santiago. Como extramuros está el hospital de San Andrés, para los peregrinos que llegan a las murallas cuando ya ha sonado el toque de queda y la puerta está cerrada.
Hubo una cofradía que se llamaba de la Virgen de Rocamador. La trajo aquí un peregrino francés. Doña Juana Miguélez, en 1310, le otorgó una disposición testamentaria como a San Esteban y San Martín. Cerca de San Julián, la iglesia que ahora es Nuestra Señora de Fátima, en la plaza, estaba el hospital de San Román. El de San Martín en la calle que había sido del mismo nombre, donde estaba ubicado al matadero y la carnicería de los canónigos.
El de San Martín pertenecía al gremio de los zapateros. También era de los carpinteros y de todos los profesionales de la ciudad. El de San Adrián era de los pelaires, que eran los que preparaban la lana para tejerla. El de Santiago Alto Paso pertenencia a los pelleteros y en la catedral radicaba la hermandad de los carpinteros, que también tenía hospital.
A esa misma cofradía pertenecía el bufón Fernán Pérez y el bordador Álvaro López, que había llenado las iglesias de la ciudad de brocados y casullas. Para acoger a peregrinos sanos y enfermos estaba también el hospital de San Juan de los Prestes, el de San Lázaro, este fuera de la ciudad y de sus murallas, para acoger a los menesterosos y leprosos, que abundaban. También estaba el de Sancha Pérez, el de San Roque, el de Santa Bárbara, el de San Juan Bautista, el que con el de las Cinco Llagas son los dos que hoy en día perduran. Aquel como residencia para mayores y este para acoger a los disminuidos físicos.
También estaba el de santo Tomás, fundado por un canónigo, familiar del arzobispo de Canterbury, y el de San Feliz o san Fiz, el de Santa Marta, San Nicolás, Corpus Christi y Santo Tomé.
El peregrino camina con paso lento, cuando lo suyo son los pasos, que qué no sabrá de ellos con tantos como ha dado. Entretenido va descubriéndonos tantas cosas del pasado, que ya no vemos en el presente, pero que estuvieron ahí, cuando nosotros no estábamos y por eso las ignoramos. Ahora hay que reandar el camino para conocerlas, que son ellas, más que nosotros, la historia de la ciudad.
![[Img #53356]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/03_2021/142_escanear0004.jpg)
PEREGRINOS POR LA CIUDAD
Tal como escribió Esteban Carro Celada, definido el mismo como peregrino vital, que nació a la vera del mismo camino, en la calle Húsar Tiburcio y allí murió. Peregrinó a Santiago para su encuentro con el Apóstol y con la ciudad de Compostela, como destino, y la llevó siempre presente.
Llegó por primera vez en una furgoneta con jóvenes navarros y desde entonces no dejó de estar allí. Cuando contaba 25 años de edad escribió como folletín para El Pensamiento Astorgano El Camino de Santiago pasa por Astorga, en el año 1954. El año 1993 lo editó por segunda vez la Librería Cervantes, contando esta vez como ilustradores con los pintores del momento: Castorina, Escarpizo, Toño y Sendo.
Es esta edición la que seguimos para encontrarnos con al Apóstol en su recorrido por Astorga mucho más de lo que imagináramos. Esteban Carro Celada inicia este su especial peregrinaje por la capital maragata vestido como un peregrino conchero que se precie, con túnica y capa parda con esclavina, sombrero de ala ancha alzada sobre la frente, zurrón o mochila de pastor abierta, bordón al que le llaman cayado y calabaza con agua o vino, que es como se anda el camino. Sandalias abiertas para caminar y la concha de vieira que los peregrinos las recogían en la costa gallega y se las traían sujetas a su zurrón y a su hábito para proclamar que ellos habían estado en Santiago y ahora regresaban al inicio haciendo camino.
Esteban Carro hace su peregrinación por Astorga en un camino de intensos descubrimientos. Con su peculiar estilo poético escribe como hacían antaño los genuinos peregrinos. Este peregrinar, afirma, nos llevará a descubrir la cuarta dimensión de la ciudad, que existe y se deja ver. En un peregrinar en el que no irá sólo sino que nos lleva de la mano, siguiendo las huellas de San Francisco de Asís, con sus lobos sin domesticar. Son sus homólogos rampantes de los Villalobos sobre la seña de Clavijo, que está con nosotros desde antes de que concluyera el primer milenio.
Empieza señalando, como antecedente a este viaje mágico, a la veleta de la iglesia de Carneros. Con su Santiago a caballo, que apunta hacia todas partes como buen cabalgador. Por eso tantas calles se señalan con su nombre, como la de Astorga. Como evoca el pueblo de Santiago Millas de los Maragatos, doblemente peregrinos por arrieros y por su oficio que es una operación comercial, con el simbolismo del camino.
![[Img #53355]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/03_2021/2634_escanear0001.jpg)
A SU PASO POR ASTORGA
Un camino que en Astorga hay que hacerlo por el cauce de la ciudad que es la historia. Se encuentra en sus habitantes que lo son de siglos, tal como ha quedado grabado en sus piedras, y con ello los numerosos peregrinos de tantos años, cuando sin cesar han pisado estas mismas calles, que es el ser de esta ciudad, el peregrinar.
Por la ciudad en la que se descubrirá a Santiago de muchas maneras. En imágenes del Apóstol en pinturas, en tallas de madera y en piedra y hasta en el cristal de las vidrieras. Como en el palacio de Gaudí. Donde también hay que ver sus vidrieras. Como en las miniaturas del archivo diocesano en pergaminos. En Santa Marta, empezando por la gran concha para bautizar y en su San Roque, como el de las Cinco Llagas. Un santo que se hizo famoso por el Camino Francés, que fue peregrino y se quedó aquí con ellos. Como Santiago está en la catedral de todas las maneras. En esculturas diversas en piedra en la fachada y en madera en el interior. En el retablo y en el coro. En el museo. En pinturas, esculturas y bordados, con los colores que todos llegan a esta apuesta múltiple y caleidoscópica del Apóstol.
El Señor Santiago esta de todas las maneras como los peregrinos con sus variadas formas de orar y lenguas, que todas sirven y todas se escuchan. Como el andar, que caminan con pasos cortos o acelerados. Con pisar fuerte y con pausas para la meditación, que es el reto continuo del caminante. Como el murmullo lo es del agua incesante del arroyo.
Este peregrinar lleva obligatoriamente, escribe Esteban, a encontrar la “verdad nacional”, que es lo que es Santiago. Lo hace ya con La Peregrina, una canción popular leonesa, y concluye diciendo a los incontables peregrinos que día a día recorren esas calles Astorganas: En tu Camino hacia Compostela busca el sentido final de Santiago. Un camino que sea final del que viene de suelo europeo y para Europa vuelve.
Desde aquellos años más difíciles por el desafío musulmán. Sin otras posibilidades de convivencia que la derivada de la fuerza de las armas. Por eso apareció Compostela en el que la cristiandad, escribe Esteban, encontró el faro que andaba buscando desde que Toribio le dio la cruz, como enseña, para la gran peregrinación de la vida del hombre en la Tierra.
Con Santiago vibra Europa y todo el continente se hace peregrino y así la cultura fecunda llega antes que el agua al páramo castellano. Siguiendo una voz que ya en el siglo IX llega a Escandinavia y hasta Rusia, que vienen a postrarse en Santiago. El contingente más numeroso de peregrinos llegó a ser europeo por la calle del Camino, que era la mayor calle de la cristiandad y en ella, desde el principio, estaba Astorga.
![[Img #53354]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/03_2021/1578_escanear0002.jpg)
ATARDECER EN PUERTA DEL SOL
En su peregrinación por Astorga Esteban Carro evoca esta puerta por la que los peregrinos, durante siglos, entran en la ciudad. Los que vienen de León, de San Martín del Camino, de Estébanez de la Calzada y San Justo de la Vega en sus etapas finales, independientemente de la parte de Europa o del mundo de la que hayan partido.
Propone que han de seguir para Santiago de Compostela cuando recuerda lo que el camino ha dejado en Astorga. La influencia que tuvo en la construcción de los hospitales, como se llamaron durante tantos siglos, y que luego han desaparecido o han devenido en residencias. Para eso hay que pasar por la fundación de las cofradías, que los regentaban, y afirmar que la marca Santiago en nuestra cultura es tan honda que no se puede prescindir de ella.
Imagina así nuestra peregrinación cuando atraviesa la puerta de la ciudad antes de las nueve de la noche. Tras el toque de queda se cierra y deja atrás la campiña envuelta en la oscuridad de la noche, cubierta de nieve, que es año de bienes. Después de haber recorrido el Camino desde Sahagún, antes San Facundo, con su monasterio románico, el ‘Cluny español’, León y San Isidoro, cuna de su reino, y la Catedral a la que en su construcción acudieron arquitectos de Europa con los canteros trabajando con sus manos la piedra como se moldean flores.
Los pueblos del Páramo, con sus torres románicas del mejor siglo XIII. Hospital de Órbigo, ya su nombre viene del Hospital de la Orden de San Juan, y su puente, con más ojos que los meses del año y la bravata de Don Suero, para seguir siendo del siglo XIII. Alcanzar el recinto amurallado de Astorga y, tras cruzar la puerta, oír el sonido metálico de las llaves que por la noche la precintan.
Con su calzado de peregrino ha atravesado el barrizal, que es como la capa con esclavina y las conchas para protegerse del agua. En la mano el bordón. Marcando el paso sobre los cantos rodados del suelo, en la oscuridad sorprendida por algunos faroles, para llegar a la explanada de lo que será San Francisco y siglos más tarde los Redentoristas. Más allá la plaza del concejo, porque allí, en el atrio de San Bartolomé. se reunía este, hasta que, a principios del XVI, se levantó la primera casa concejil. En donde ahora está el Ayuntamiento.
![[Img #53353]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/03_2021/8424_escanear0003.jpg)
LOS HOSPITALES.
Hay que desandar parte de lo andado para volver al Hospital de San Esteban, a la vera de la Puerta del Sol, siglos más tarde se conocería como el de las Cinco Llagas, para encontrarse con un peregrino, que reposa enfermo en un jergón. Pertenece a la orden que dicen que han fundado en la Umbría. Le acompaña fray Bernardo de Quintaval, cuando corría el año de 1216. Recuperado de la enfermedad en la amanecida el frailecito vuelve al Camino hacia la meta de su Compostela. Debe partir con su hábito pardo de peregrino y sus ojos de oración, que cuando habla sus palabras se suavizaban con el aceite vivo de la caridad, nos describe.
La ordenanza del hospital dice: “Hordenamos y mandamos que nuestro corredor non sea usado de tener a ningún pobre questavier sano más allá de tercer día. Hordenamos que non cierre la puerta del ospital fasta que tanan a queda e de allí adelante que non abra a ninguno salvó sy fuere oficial.” Medidas que son también para prevenir que muchos pobres de la ciudad, con actitudes para emplearse, anden día a día acogiéndose a la caridad de los hospitales para pobres y peregrinos. Son los hospitales que las cofradías sostienen y muchas son las cofradías porque mucho es el amor a Dios y los bienes espirituales que por estos momentos imperan.
El de los Palmeros es el hospital de queda exterior a la puerta opuesta al salir de la ciudad. Está más para recibir a los peregrinos que regresan de Santiago. Como extramuros está el hospital de San Andrés, para los peregrinos que llegan a las murallas cuando ya ha sonado el toque de queda y la puerta está cerrada.
Hubo una cofradía que se llamaba de la Virgen de Rocamador. La trajo aquí un peregrino francés. Doña Juana Miguélez, en 1310, le otorgó una disposición testamentaria como a San Esteban y San Martín. Cerca de San Julián, la iglesia que ahora es Nuestra Señora de Fátima, en la plaza, estaba el hospital de San Román. El de San Martín en la calle que había sido del mismo nombre, donde estaba ubicado al matadero y la carnicería de los canónigos.
El de San Martín pertenecía al gremio de los zapateros. También era de los carpinteros y de todos los profesionales de la ciudad. El de San Adrián era de los pelaires, que eran los que preparaban la lana para tejerla. El de Santiago Alto Paso pertenencia a los pelleteros y en la catedral radicaba la hermandad de los carpinteros, que también tenía hospital.
A esa misma cofradía pertenecía el bufón Fernán Pérez y el bordador Álvaro López, que había llenado las iglesias de la ciudad de brocados y casullas. Para acoger a peregrinos sanos y enfermos estaba también el hospital de San Juan de los Prestes, el de San Lázaro, este fuera de la ciudad y de sus murallas, para acoger a los menesterosos y leprosos, que abundaban. También estaba el de Sancha Pérez, el de San Roque, el de Santa Bárbara, el de San Juan Bautista, el que con el de las Cinco Llagas son los dos que hoy en día perduran. Aquel como residencia para mayores y este para acoger a los disminuidos físicos.
También estaba el de santo Tomás, fundado por un canónigo, familiar del arzobispo de Canterbury, y el de San Feliz o san Fiz, el de Santa Marta, San Nicolás, Corpus Christi y Santo Tomé.
El peregrino camina con paso lento, cuando lo suyo son los pasos, que qué no sabrá de ellos con tantos como ha dado. Entretenido va descubriéndonos tantas cosas del pasado, que ya no vemos en el presente, pero que estuvieron ahí, cuando nosotros no estábamos y por eso las ignoramos. Ahora hay que reandar el camino para conocerlas, que son ellas, más que nosotros, la historia de la ciudad.






