Eloy Rubio
Viernes, 02 de Abril de 2021

"Desenclavar el crucifijo es lo más tierno y humano de la Pasión"

La intensa actividad procesional del Viernes Santo en la Semana Santa de Astorga la resumimos con un fragmento del pregón ofrecido por Bernardo Velado Graña en 1997 acompañado de carteles de la década de 2000 y fotos de nuestro archivo.

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Bernardo Velado- Desenclavo (Del pregón de la Semana Santa 1977)

 

Si nos paramos a contemplar la fachada barroca, entre las dos torres como cirios, al sol del mediodía, es otro retablo en piedra o en llama viva que rodea el rosetón de Cristo Resucita­do: Sobre la puerta de Reyes, entre otras escenas evangélicas ,la central en colosales dimensiones, la escena de la Pasión prefe­rida por los astorganos de todos los tiempos, cual si hubieran heredado innegables influencias de las primitivas representacio­nes de la Pasión: las de las puertas de Santa Sabina en Roma y las de San Isidoro de León, sin ir más lejos. Me estoy refiriendo al Descendimiento. Desenclavar el crucifijo es lo más tierno y humano de la Pasión. Allí están las manos acariciadoras de la Madre y el regazo, puerto, del Hijo desarbolado y roto. Allí es­tán los amigos que, por fin, dan la cara. En la predela del reta­blo de San Miguel, la Virgen tiene rostro de aldeana de estas tierras. En la preciosa, poco conocida, de Puerta de Rey, y hasta en uno de los pasos más espectaculares del Viernes Santo Astorgano.

 

Antiguamente se hacia el ‘Desenclavo’ con el Cristo yacen­te articulado que se lleva en la urna de cristal para el Entie­rro.

 

Desenclavar el Crucifijo que han clavado nuestro pecados, es actitud que se prolonga en los cristos de carne y hueso, librán­donos de injusticias y desamor.

 

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Basten estos mojones históricos para descubrir algunas de las viejas raíces. Está por hacer una historia completa y orgá­nica de lo que ha sido en Astorga y en España la celebración tantas veces secular de los misterios pascuales. A medida que se avanza en el recorrido, se multiplican y se diversifican los datos hasta parecer una selva impenetrable en las dos vertien­tes : litúrgica y popular. Por las crónicas que he podido compul­sar se deduce que el esquema, en lo esencial, de la Semana Santa de Astorga es el mismo desde hace varios siglos, anotando, claro está las modificaciones de los horarios en la reforma copernicana de Pió XII por lo que se refiere a la liturgia, volviendo a las fuentes y a los orígenes: horas aproximadas a los sucesos o acontecimientos de la Semana Grande. En él se ensayó como en un anticipo la renovación litúrgica del entonces futuro Vaticano II.

 

En la imposibilidad de hacer una descripción detallada, os brindo sólo una pinceladas en el lenguaje musical y popular de unas décimas o espinelas.

 

No hace falta ser muy viejos para recordar muchas cosas de las que se han perdido en la Semana Santa astorgana y no todas, apresurémonos a decirlo, por imperativos de mejora o de renovación, sino por abandono y pérdida de vitalidad cuando no por desidia o pereza, los desafinados ensayos de los ‘niños de Sión’ junto a la ca­pilla de la Vera Cruz que desgarraban el silencio cuaresmal, la gra­ve salmodia de las ‘Tinieblas’ con los responsorios polifónicos y las lamentaciones de los viejos códices hispanos. En un programa-guía de 1.931 editado por la Comisión Profomento que ya existía, se anotan varias veces el ‘Miserere’ de D.Ramón G.Barrón a ocho vo­ces mixtas, los sermones de la Pasión en la madrugada del Viernes, o el que precedía la salida de la procesión del Entierro, y el Triduo de preparación ante el Nazareno del Silencio en San Francisco. El "monumento del famoso pintor Avrial, que impropio y desfasado ya se conserva enrollado y podría utilizarse como escenario, para el auto sacramental, la enorme carraca con su tableteo de huesos dislocados en contraste con la alegría pascual desbordada del órgano y las campanas, el Encuentro con el Resucitado que salía de San Julián en las horas de la madrugada.

 

Pero en otros muchos aspectos, sería injusto no reconocerlo, se ha enriquecido y dignificado. A la vista están los esfuerzos y lo­gros de los últimos decenios. Tal vez la originalidad y la mejor aportación, como el sello actual de nuestra Semana Santa: La coordi­nación, más la intima cohesión en horario y en funcionalidad de sus dimensiones litúrgicas y populares.

 

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LA SANGRE

 

La sangre ha abierto su brocal, remana,

en la grieta de un surco, enfrutecida;

se siente desvenada la brisa diluida;

un grito surge como tierra humana.

 

De tus arterias, Cristo muerto, mana

a borbotones suelta sangre y vida,

anegando de sangre roja y vívida,

la usada por nosotros, sangre anciana.

 

En este manadero afluido en calma,

cayó tanto diluvio, tanta vena,

que está fecunda la raíz del alma.

 

La nueva sangre humea; el hombre estrena

otro hombre nuevo en gracia transpirado

de sí, divinamente, dislocado.

 

 

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LA PALABRA

 

Le manaba la voz inútilmente

su voz acongojada y menos cierta

mustia su mano, más también despierta

por el roce en alondra de su mente;

 

los ojos recostados y en la frente

la palabra muy dentro, ya despierta.

Su tacto vegetal y su piel muerta

de no tocar durmiose de repente.

 

Ha vuelto el hombre con su voz manual

a respirar su sangre lenta y muda

esponja, grumo en vuelo vertical

 

-mi tristeza a mi vértigo se anuda-,

el alma la deshiela en sol letal

y un reposo profundo la desnuda.

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TIEMPO ENCARCELADO

 

Dura el tiempo encogido

la eternidad de un labio,

un minuto, una lanza

astillada que juega

a recobrar su idea.

El empeine del tiempo

alarma mis tendones

hasta vibra la vida

de puro angosta y prieta,

reduce a la mirada

su recinto, la ciega

y la restalla en pus

creciente y fatigada.

 

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III

 

Se me dobla el dolor como en un hueso,

suena un breve estallido ensangrentado

dentro de mi pensar atormentado

dejándomelo herido pero ileso.

 

Estalla, herido, ileso, vida, exceso

de pensar que  amor sigue anclado

al verme de mi aliento fatigado

¡Triste cárcel del cuerpo en que estoy preso!

 

Desátame Señor la densa niebla,

la aguda fetidez con que mi alma

cierra el párpado oculto a nueva calma,

 

un agrio silbo aquí, en mi adentro, tiembla.

Es bien cierto que este dolor que tengo

roza al alma que apenas si sostengo.

 

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IV

 

Si el alma no tuviera la palabra

y aconteciera un grito sin mi aliento

desnudaría de su brisa al viento,

llamaría a mi voz para que abra.

 

si el aliento es la voz que no ha nacido,

la palabra es un ser y es casi humana

un residuo de Dios que se desgrana

y en nuestra voz resiste desleído.

 

¡Oh, la voz! que se quiebra y que me quiebra

que me nace, me aborta, me deshila´

se nutre en un torrente fatigado,

 

se descuelga en la sangre o en la vértebra

y entonces ya es un ser, ya me asimila

y existo yo con ella desposado.

 

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