Eloy Rubio
Domingo, 04 de Abril de 2021

"Alegría para toda la tierra, alegría para las estrellas que lucen de otra manera"

Concluimos el recorrido por la Semana Santa de los carteles y programas con la procesión del Resucitado aderezada con las palabras de Esteban Carro Celada y el poeta José Ángel Valente.

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Cristo escribe cartas en la mañana de Pascua. Esteban Carro Celada para Radio Popular de Astorga 1962

 

¿Fue Cristo escritor de cartas? En la mañana de Pascua de Resurrección, cuando todo recupera su pulso, la voz de Cristo resurrecto tiene unas cuantas inflexiones. Porque su voz es políglota, conoce todos los idiomas… Entonces Cristo se aparece a un hombrecillo de la India y le dice: no temas, he resucitado. Y el hombrecillo encuentra trabajo el siguiente día en una gran fábrica de alpargatas en Madrás. Y Cristo que tiene que andar de vuelo en vuelo. Andar es un modo de decir, se posa ahora en un salón de té en el que hay dos novios… He resucitado, les dice Cristo, y ellos fruncen el entrecejo. Y sus palabras suenan como la lluvia en invierno sobre el lago, como una cantinela o canción. Cristo quiso que le escuchasen y solo tuvo que pronunciar esta palabra: Mañana tendréis piso. Tendréis disponible vuestro nidito. Y dejaron de hacer el tórtolo, porque ya habían encontrado el verdadero amor.

 

Y Cristo tomó su estandarte de la resurrección y con sus cinco llagas refulgentes se acercó hasta la puerta de una fábrica del norte de Francia. ¿Qué os pasa? –Aún estamos de huelga. –Mañana amanecerá el signo de vuestra victoria. Os subirán el sueldo.

 

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Y la monjita dulce que plancha corporales tenía escrúpulos de si sería lícito respirar hondamente la primavera. Y Cristo hizo florecer una varita deliciosa de nardo sobre su ventana con celosías(…)

 

(…) Y Cristo dice aleluya y toda la tierra se convierte en una flor de aleluyas. Trenes de aleluyas para el señor Cristo resucitado que le llegan en trineos, trenes de aleluya para el señor Kennedy  que le llegan en aviones ‘consteleison’, trenes para De Gaulle, que le llegan por los trenes veloces, trenes de alegría para todos los jefes de Estado del mundo para que tengan manos de distribución y las ofrezcan graciosamente. Alegría para toda la tierra, alegría para las estrellas que lucen de otra manera, alegría para el sol que se pone rubio, alegría para los árboles que danzan y ritman una nueva canción. Alegría para la nube, alegría para el clavel, alegría para la primavera que anda errante por las humaredas de un invierno que no acaba de quemarse, que pervive colosalmente y no sé por qué razones ni motivos(…)

 

 

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José Ángel Valente aborda en ‘Muerte y resurrección’, un poema de ‘Mandorla’ (1982),  la estupefacción del sepulcro vacío.

 

“No estabas tú, estaban tus despojos.

Luego y después de tanto

morir no estaba el cuerpo

de la muerte.

                Morir

no tiene cuerpo.

                Estaba

translúcido el lugar

donde tu cuerpo estuvo.

La piedra había sido removida.

No estabas tú, tu cuerpo, estaba

sobrevivida al fin la transparencia”.

 

 

 

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De Ángela Figuera (Bilbao, 1902-1984)

 

Me explico ante Dios

 

 Señor, si no te  canto no te enojes.

Ya ves, no tengo tiempo para nada.

 

Hay que vivir, andar, estar con gente;

mirar el bosque, el mar; subir alturas,

dolores, escaleras; bajar sótanos,

abismos, minas, pozos, corazones;

entrar en los talleres y cocinas;

sembrar, coger, bregar con los metales,

labrar la roca, cepillar madera;

sudar al sol, mojarse con la lluvia;

abrir ventanas, mantener el fuego;

cocer el pan, gritar por los caminos;

dormir al niño, remendar la ropa;

llorar por los difuntos

la propia muerte un poco cada día.

 

No te hago falta, tienes a tus Santos;

los coros de tus Vírgenes y Arcángeles

te alaban y bendicen en su gloria.

 

Pero, al que es solo hombre, ¿quién le canta?

Tus campos celestiales

florecen, sin invierno, blancos lirios.

 

Mas, ¿quién lleva azucenas a la casa del pobre?

Los astros se detienen en tu frente.

Pero, ¿quién baja un rayo

de sol hasta las cárceles sin puerta?
 

El ángel se arrodilla ante María.

Mas ¿quién dice a la madre pecadora

bendito sea el fruto de tu vientre?

Con oro, incienso y mirra

los Magos te enriquecen en la cuna.
 

Pero, ¿quién se arrodilla

y entrega tus tesoros a los niños descalzos?

Tu mano se levanta

y el agua es vino, el pan interminable.
 

Pero, ¿quién pone los manteles

en casa de la viuda

y quién ofrece un rayo de esperanza

a los que se desvelan por la noche?

 

Ya ves: tanto hacer por aquí abajo;

tengo que darles cuerda diariamente

a tantos corazones y relojes.
 

Tengo que andar buscando por la calle

a tantos de mis hijos y decirles

las cosas que ya saben, las que ignotan,

quitarles piedrecillas de los ojos,

ponerles una estrella en los cabellos,

hablarles de la fuerza de sus manos

y del color tan bello de su sangre,

de la canción que llevan en la boca

del mundo de mañana y de sus hijos.
 

Ya ves: no queda tiempo para nada.

 

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