El Camino de Santiago (XIII y XIV)
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EL CAMINO DE SANTIAGO PASA POR ASTORGA.
LA CATEDRAL
Después de la peregrinación santiaguesa del Palacio de Gaudí Esteban Carro Celada llega a una peregrinación mayor en la Catedral de Santa María, entrando por la puerta de la Asunción, en donde ya hay alguna efigie del Apóstol Peregrino. Como lo encontramos en el altar mayor, en el coro, en las vidrieras de la fachada principal y en el retablo pintado frente al Cristo de las Aguas.
Nada más entrar en el templo nos encontramos con Santo Toribio peregrino en Tierra Santa y precursor que fue del encuentro con Santiago, antes de que se descubriera su tumba. También nos encontramos con San Dictino otro obispo de Astorga entre los siglos IV y V. Fue priscilianista pero luego se retractó y fue reconocido como santo.
Llegamos a la vidriera sobre el arco de la capilla de San Miguel arcángel. Santiago está a la derecha de los tres cuerpos que componen la vidriera, que se salvó de la barbarie napoleónica que acabó con tantas. Esteban Carro señala que Santiago no se doblegó entre los moros, como tampoco ante los gabachos. Destacan sus colores fuertes. El verde, el azul y el rojo. Va de camino, cargado con el zurrón. Este Santiago no es ni como los del románico, ni como los del gótico primitivo. Es un Santiago influenciado por el propio camino. Un caballero erguido y largo que no parece un pastor visigodo, ni el pescador de galilea y más parece un rey godo. Diseñado con más conocimiento bíblico que legendario.
Frente al altar mayor hay que sentarse para contemplar el retablo en toda su magnificencia. La obra cumbre de Gaspar Becerra, que tanto impresionara al norteamericano Archie Milton Huntington e ignoran tantos astorganos. Lo preside en lo alto La Coronación de la Virgen María. El retablo es elocuente en las musculaturas renacentistas, se ha descubierto el cuerpo humano y su grandeza, que exhiben las figuras, en las que se aprecian hasta las venas, con su perfección griega. Entre ellas emerge Santiago, como figura exenta. En actitud jadeante de peregrino. Con una virilidad que se mantiene sobre la fatiga, vestido con un manto azul sobre la túnica y la concha sobre el pecho. Con él alto bordón para remarcar la viveza con su caminar.
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SANTIAGO EN EL CORO
Hay que cruzar la verja monumental que hiciera construir el obispo de Astorga Mexía, para entrar en el coro y encontrase con el despliegue bíblico de sus autores y su cúmulo de representaciones, con Santiago y todos los apóstoles y profetas, entre escenas de animales y costumbres del país y la trompetería imponente del órgano, como mostrando el camino para elevarse.
Es oportuno recordar a propósito de la gran reja de acceso al coro, que el obispo y mecenas de su catedral Alfonso Mexía de Tovar, encargó también varios retablos. Entre ellos el de la Purísima, en el siglo XVII, para acoger la imagen del escultor Gregorio Fernández, con pinturas del canónigo Juan de Peñalosa. La gran reja se le encargó a un herrero, elegido por el sistema de la vela. Este se efectuaba en la subasta en la que se buscaba la oferta de mejores garantías y mejor precio y se decidía con una vela que ardía mientras la subasta se efectuaba. Cuando el cabo de la vela se extinguía, coincidiendo con el nombre de uno de los ofertantes, este, por este sistema tan científico, era el elegido.
Santiago vuelve a estar en lo alto del coro, prosigue Esteban Carro, al lado de Santo Toribio y resulta cercana y próxima esta nueva representación. Es un Santiago de nogal, madera bíblica y sálmica, escribe, como tributo afectivo a su padre ebanista. Tiene un rostro soberbio con luces interiores. Con sus barbas y su cabellera ensortijada. Con sombrero de peregrino de ala ancha. Su anatomía esta cincelada con pulso renacentista. Dispuesto a seguir caminando, aunque no se ausentará. para que los canónigos en la monotonía de sus salmodias no noten su falta. Es un Santiago intermedio entre el bíblico de Becerra y los románicos y góticos de las vidrieras y del barroco de su propio altar, lleno de conchas de oro. Es del color chocolate, tan astorgano. Ahora Santiago cuenta con una agilidad naturalista, la de un Santiago más reciente que porta su libro.
En el museo de la catedral hay varios Santiagos. Ya en el claustro concebido para caminar, que es tierra de peregrinaje, para llegar a la puerta del museo. En la capilla de Santa Marina, como un tesoro, está el Arca de Carrizo del siglo XII. Su parte delantera está recubierta con los apóstoles y un Cristo Pantocrátor. Al lado de Cristo está Santiago, como corresponde a los Zebedeos. Un Santiago románico con ropajes pesados y gráciles.
SANTIAGO EN LAS SEDAS Y LOS BROCADOS
En el Mueso hay muy valiosos ropajes del siglo XVI y por supuesto con la efigie de Santiago bordada en casullas y dalmáticas de diáconos y subdiáconos. Lo describe un ángel: “En la seda y el hilo de oro, el Apóstol, bajo hornacina, en el campo central de la casulla. Se ha calado su sombrero de peregrino. ¡Qué colores los de su sombrero! Aquel verde denso de hierba machacada, su amarillo de quemadura y aquellas entonaciones intermedias que solo se pronuncian no diciéndolas. Los hilos de sus conchas de oro. Su túnica azul con viso de oro. En su rostro la espesa barba color tabaco, que le da contorno bajo el sombreo. Su bordón sujeto con la mano derecha y su mano de seda. La de pobre a las puertas de las iglesias y de los monasterios a las horas de la pitanza y de la caridad. El libro diseñado con hilos de oro. Todo Santiago nos incita a la leyenda y al pasaje de oro y a la leyenda de diamante. Como aparecía en la dalmática roja en un paisaje de fondo y montañas azules y un pasaje gallego a orillas de Compostela y Santiago con un brazo en alto que sostiene el bordón y al lado el libro del Apóstol.
![[Img #54377]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2021/7545_ilustraciones-el-camino-de-santiago-pasa-por-astorga-2.jpg)
LAS TABLAS DEL APOSTOL
Hay tres Santiagos más para examinar en tres tablas. El primeo es un Santiago con tristeza y tormento interior en una figura de medio cuerpo en un escorzo alucinante. Los ojos prendidos en fuego místico. La cabeza levantada, la barba espesa bajo el sombrero verdinegro, levantado por delante como por un choque contra el viento. La boca abierta como bebiendo el misterio.
Santiago de Saludes. En la floresta multiplicante de los Santiagos de este museo-pinacoteca resalta otro de una colección de Apóstoles. Aquí está como Santiago envejecido, solemne y declamatorio, de ojos penetrantes. Está descabalgado de su cabello que añora. Blandiendo el bordón. Con sombrero rojo a la espalda y hábito dorado que recoge a la cintura. El tercero es otro Santiago de rostro arrebolado, que por llamarle de alguna manera sería por su forma más visual Santiago el Verde, por su sobretúnica verde que le envuelve por completo.
Hay otro cuadro de contaste de vigoroso colorido, el del Maestro de Astorga para la capilla de Santiago. Muestra el traslado del cuerpo del apóstol en el arca de mármol hacia su destino en Compostela. Está Lupa presenciando el paso del cortejo con el carro de bueyes uncidos, los típicos gallegos, en primer término, guiándolos hacia el monte, entre los acompañantes que van a los lados. Con el dragón asomando en su cueva con su cabeza de reptil y de lagarto y su cuerpo dando coletazos.
EL CABALLERO SANTIAGO
En las paredes de la Capilla de Santiago hay dos Santiagos a caballo, el Santiago Matamoros, en denominación familiar. El primero sobre un caballo blanco, con las patas traseras sobre el suelo para apoyar el galope. Bajo el anca se divisaba un paisaje de hierbas. El caballero Santiago ésta cubierto con una armadura azul, ceñida al cuerpo, y se yergue belicoso. En el cuello arrugas de tensión y esfuerzo. El brazo levantado forma un ángulo con el tronco del cuerpo. En rojo la trémula llama del manto. En la mano izquierda sostiene la cruz y en la derecha las riendas. Enfrente del apóstol, emergen varias lanzas. Son las de los musulmanes que esperan la arremetida del Apóstol.
En el otro lado Santiago ya ha rebasado las filas de mahometanos que le impedían el paso. Sigue veloz en el campo enemigo, acosado por un reyezuelo musulmán. Es el caballero con más brío y nervio. Con la espada rota para el mandoble, pero el jinete firme para el ataque. También hay un Santiago sedente, que perteneció al retablo de Valdeviejas. Con expresión de inacabable espera por la nueva del Señor.
Al fondo de la Catedral hay un rosetón con una vidriera con la figura sedente de Santiago que dice adiós, aunque solo sea momentáneamente, para salir de la Catedral, porque la peregrinación ha de continuar. Afuera, al alejarnos, se dejan atrás las dos torres de la catedral, cada una en su tono, como dos hijas lozanas que en su juventud ofrecen en sus colores los matices de su personalidad. Esteban Carro Celada las aprecia: La de la izquierda la identifica con el sayal y el balandrán de Zurbarán. La de la derecha con los colores vivos de una manzana, sin definir si es la de Eva.
![[Img #54378]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2021/8401_ilustraciones-el-camino-de-santiago-pasa-por-astorga-4.jpg)
Dos ángeles dicen adiós con la mano porque desde aquí lo que toca es llegar al Pórtico de la Gloria. Hay que salir de la ciudad por Puerta Obispo para pararse en los mesones de Rectivía, como se conoce al barrio de salida por esa calle, la de San Pedro, que lo surca como arteria vital. Donde estaba la Capilla de la Trinidad y el camino hacia el Hospital de los Palmeros.
Las campanas que suenan son las del Hospital de San Lázaro y más allá está el Hospital de Sancha Pérez. Las campanas suena aún cuando las puertas estén cerradas, que nadie puede ponerle puertas a las campanas. Son campanas de bienvenida y despedida de los peregrinos, que ellos siempre están llegando y partiendo, que el camino no se acaba y hay que llegar a Compostela.
El recorrido por los hospitales de Astorga resulta obligado porque en ellos y en su historia y en las de sus cofradías esta la historia de la ciudad con de un montón de siglos, que no ha acabado sino que continua. El gremio de zapateros imponía sanciones gremiales de sueldo y medio que tenían que pagar los cofrades que trabajaran en domingo. Se exceptuaban los que lo hiciesen para reparar el calzado de un peregrino. Lo canta la copla leonesa: “E todo cofrade que labrara día santo que fure de guardare peche un soldo e medio foras se furepara Romio,-romero-, de camino.”
Por los libros de cuentas de las cofradías se sabe los peregrinos que morían en la ciudad. La cofradía se encargaba de los ritos funerarios y de ofrecer misas. Se seguía el procedimiento de vender en almoneda las cosas de valor que portara el peregrino y lo que sobraba, en ocasiones no era poco, iba a parar para el arca de la cofradía. La de Santa Marta ingresó a su favor, en 1482, 20 reales de los peregrinos muertos en sus hospitales, En 1484 fallecieron tres peregrinos. Por los que fallecieron en 1488 se registraron 1432 maravedíes. Igualmente las cofradías ingresaban por confesar a los peregrinos.
Estas y otras huellas quedan del paso de los peregrinos por Astorga y hacen de ella una de las ciudades más jacobeas, en donde hasta hubo una cofradía dedicada al patrono, con el nombre más pintoresco que se haya escuchado: Santiago del Alto Paso. Santiago y cierra España.
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EL CAMINO DE SANTIAGO PASA POR ASTORGA.
LA CATEDRAL
Después de la peregrinación santiaguesa del Palacio de Gaudí Esteban Carro Celada llega a una peregrinación mayor en la Catedral de Santa María, entrando por la puerta de la Asunción, en donde ya hay alguna efigie del Apóstol Peregrino. Como lo encontramos en el altar mayor, en el coro, en las vidrieras de la fachada principal y en el retablo pintado frente al Cristo de las Aguas.
Nada más entrar en el templo nos encontramos con Santo Toribio peregrino en Tierra Santa y precursor que fue del encuentro con Santiago, antes de que se descubriera su tumba. También nos encontramos con San Dictino otro obispo de Astorga entre los siglos IV y V. Fue priscilianista pero luego se retractó y fue reconocido como santo.
Llegamos a la vidriera sobre el arco de la capilla de San Miguel arcángel. Santiago está a la derecha de los tres cuerpos que componen la vidriera, que se salvó de la barbarie napoleónica que acabó con tantas. Esteban Carro señala que Santiago no se doblegó entre los moros, como tampoco ante los gabachos. Destacan sus colores fuertes. El verde, el azul y el rojo. Va de camino, cargado con el zurrón. Este Santiago no es ni como los del románico, ni como los del gótico primitivo. Es un Santiago influenciado por el propio camino. Un caballero erguido y largo que no parece un pastor visigodo, ni el pescador de galilea y más parece un rey godo. Diseñado con más conocimiento bíblico que legendario.
Frente al altar mayor hay que sentarse para contemplar el retablo en toda su magnificencia. La obra cumbre de Gaspar Becerra, que tanto impresionara al norteamericano Archie Milton Huntington e ignoran tantos astorganos. Lo preside en lo alto La Coronación de la Virgen María. El retablo es elocuente en las musculaturas renacentistas, se ha descubierto el cuerpo humano y su grandeza, que exhiben las figuras, en las que se aprecian hasta las venas, con su perfección griega. Entre ellas emerge Santiago, como figura exenta. En actitud jadeante de peregrino. Con una virilidad que se mantiene sobre la fatiga, vestido con un manto azul sobre la túnica y la concha sobre el pecho. Con él alto bordón para remarcar la viveza con su caminar.
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SANTIAGO EN EL CORO
Hay que cruzar la verja monumental que hiciera construir el obispo de Astorga Mexía, para entrar en el coro y encontrase con el despliegue bíblico de sus autores y su cúmulo de representaciones, con Santiago y todos los apóstoles y profetas, entre escenas de animales y costumbres del país y la trompetería imponente del órgano, como mostrando el camino para elevarse.
Es oportuno recordar a propósito de la gran reja de acceso al coro, que el obispo y mecenas de su catedral Alfonso Mexía de Tovar, encargó también varios retablos. Entre ellos el de la Purísima, en el siglo XVII, para acoger la imagen del escultor Gregorio Fernández, con pinturas del canónigo Juan de Peñalosa. La gran reja se le encargó a un herrero, elegido por el sistema de la vela. Este se efectuaba en la subasta en la que se buscaba la oferta de mejores garantías y mejor precio y se decidía con una vela que ardía mientras la subasta se efectuaba. Cuando el cabo de la vela se extinguía, coincidiendo con el nombre de uno de los ofertantes, este, por este sistema tan científico, era el elegido.
Santiago vuelve a estar en lo alto del coro, prosigue Esteban Carro, al lado de Santo Toribio y resulta cercana y próxima esta nueva representación. Es un Santiago de nogal, madera bíblica y sálmica, escribe, como tributo afectivo a su padre ebanista. Tiene un rostro soberbio con luces interiores. Con sus barbas y su cabellera ensortijada. Con sombrero de peregrino de ala ancha. Su anatomía esta cincelada con pulso renacentista. Dispuesto a seguir caminando, aunque no se ausentará. para que los canónigos en la monotonía de sus salmodias no noten su falta. Es un Santiago intermedio entre el bíblico de Becerra y los románicos y góticos de las vidrieras y del barroco de su propio altar, lleno de conchas de oro. Es del color chocolate, tan astorgano. Ahora Santiago cuenta con una agilidad naturalista, la de un Santiago más reciente que porta su libro.
En el museo de la catedral hay varios Santiagos. Ya en el claustro concebido para caminar, que es tierra de peregrinaje, para llegar a la puerta del museo. En la capilla de Santa Marina, como un tesoro, está el Arca de Carrizo del siglo XII. Su parte delantera está recubierta con los apóstoles y un Cristo Pantocrátor. Al lado de Cristo está Santiago, como corresponde a los Zebedeos. Un Santiago románico con ropajes pesados y gráciles.
SANTIAGO EN LAS SEDAS Y LOS BROCADOS
En el Mueso hay muy valiosos ropajes del siglo XVI y por supuesto con la efigie de Santiago bordada en casullas y dalmáticas de diáconos y subdiáconos. Lo describe un ángel: “En la seda y el hilo de oro, el Apóstol, bajo hornacina, en el campo central de la casulla. Se ha calado su sombrero de peregrino. ¡Qué colores los de su sombrero! Aquel verde denso de hierba machacada, su amarillo de quemadura y aquellas entonaciones intermedias que solo se pronuncian no diciéndolas. Los hilos de sus conchas de oro. Su túnica azul con viso de oro. En su rostro la espesa barba color tabaco, que le da contorno bajo el sombreo. Su bordón sujeto con la mano derecha y su mano de seda. La de pobre a las puertas de las iglesias y de los monasterios a las horas de la pitanza y de la caridad. El libro diseñado con hilos de oro. Todo Santiago nos incita a la leyenda y al pasaje de oro y a la leyenda de diamante. Como aparecía en la dalmática roja en un paisaje de fondo y montañas azules y un pasaje gallego a orillas de Compostela y Santiago con un brazo en alto que sostiene el bordón y al lado el libro del Apóstol.
![[Img #54377]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2021/7545_ilustraciones-el-camino-de-santiago-pasa-por-astorga-2.jpg)
LAS TABLAS DEL APOSTOL
Hay tres Santiagos más para examinar en tres tablas. El primeo es un Santiago con tristeza y tormento interior en una figura de medio cuerpo en un escorzo alucinante. Los ojos prendidos en fuego místico. La cabeza levantada, la barba espesa bajo el sombrero verdinegro, levantado por delante como por un choque contra el viento. La boca abierta como bebiendo el misterio.
Santiago de Saludes. En la floresta multiplicante de los Santiagos de este museo-pinacoteca resalta otro de una colección de Apóstoles. Aquí está como Santiago envejecido, solemne y declamatorio, de ojos penetrantes. Está descabalgado de su cabello que añora. Blandiendo el bordón. Con sombrero rojo a la espalda y hábito dorado que recoge a la cintura. El tercero es otro Santiago de rostro arrebolado, que por llamarle de alguna manera sería por su forma más visual Santiago el Verde, por su sobretúnica verde que le envuelve por completo.
Hay otro cuadro de contaste de vigoroso colorido, el del Maestro de Astorga para la capilla de Santiago. Muestra el traslado del cuerpo del apóstol en el arca de mármol hacia su destino en Compostela. Está Lupa presenciando el paso del cortejo con el carro de bueyes uncidos, los típicos gallegos, en primer término, guiándolos hacia el monte, entre los acompañantes que van a los lados. Con el dragón asomando en su cueva con su cabeza de reptil y de lagarto y su cuerpo dando coletazos.
EL CABALLERO SANTIAGO
En las paredes de la Capilla de Santiago hay dos Santiagos a caballo, el Santiago Matamoros, en denominación familiar. El primero sobre un caballo blanco, con las patas traseras sobre el suelo para apoyar el galope. Bajo el anca se divisaba un paisaje de hierbas. El caballero Santiago ésta cubierto con una armadura azul, ceñida al cuerpo, y se yergue belicoso. En el cuello arrugas de tensión y esfuerzo. El brazo levantado forma un ángulo con el tronco del cuerpo. En rojo la trémula llama del manto. En la mano izquierda sostiene la cruz y en la derecha las riendas. Enfrente del apóstol, emergen varias lanzas. Son las de los musulmanes que esperan la arremetida del Apóstol.
En el otro lado Santiago ya ha rebasado las filas de mahometanos que le impedían el paso. Sigue veloz en el campo enemigo, acosado por un reyezuelo musulmán. Es el caballero con más brío y nervio. Con la espada rota para el mandoble, pero el jinete firme para el ataque. También hay un Santiago sedente, que perteneció al retablo de Valdeviejas. Con expresión de inacabable espera por la nueva del Señor.
Al fondo de la Catedral hay un rosetón con una vidriera con la figura sedente de Santiago que dice adiós, aunque solo sea momentáneamente, para salir de la Catedral, porque la peregrinación ha de continuar. Afuera, al alejarnos, se dejan atrás las dos torres de la catedral, cada una en su tono, como dos hijas lozanas que en su juventud ofrecen en sus colores los matices de su personalidad. Esteban Carro Celada las aprecia: La de la izquierda la identifica con el sayal y el balandrán de Zurbarán. La de la derecha con los colores vivos de una manzana, sin definir si es la de Eva.
![[Img #54378]](http://astorgaredaccion.com/upload/images/06_2021/8401_ilustraciones-el-camino-de-santiago-pasa-por-astorga-4.jpg)
Dos ángeles dicen adiós con la mano porque desde aquí lo que toca es llegar al Pórtico de la Gloria. Hay que salir de la ciudad por Puerta Obispo para pararse en los mesones de Rectivía, como se conoce al barrio de salida por esa calle, la de San Pedro, que lo surca como arteria vital. Donde estaba la Capilla de la Trinidad y el camino hacia el Hospital de los Palmeros.
Las campanas que suenan son las del Hospital de San Lázaro y más allá está el Hospital de Sancha Pérez. Las campanas suena aún cuando las puertas estén cerradas, que nadie puede ponerle puertas a las campanas. Son campanas de bienvenida y despedida de los peregrinos, que ellos siempre están llegando y partiendo, que el camino no se acaba y hay que llegar a Compostela.
El recorrido por los hospitales de Astorga resulta obligado porque en ellos y en su historia y en las de sus cofradías esta la historia de la ciudad con de un montón de siglos, que no ha acabado sino que continua. El gremio de zapateros imponía sanciones gremiales de sueldo y medio que tenían que pagar los cofrades que trabajaran en domingo. Se exceptuaban los que lo hiciesen para reparar el calzado de un peregrino. Lo canta la copla leonesa: “E todo cofrade que labrara día santo que fure de guardare peche un soldo e medio foras se furepara Romio,-romero-, de camino.”
Por los libros de cuentas de las cofradías se sabe los peregrinos que morían en la ciudad. La cofradía se encargaba de los ritos funerarios y de ofrecer misas. Se seguía el procedimiento de vender en almoneda las cosas de valor que portara el peregrino y lo que sobraba, en ocasiones no era poco, iba a parar para el arca de la cofradía. La de Santa Marta ingresó a su favor, en 1482, 20 reales de los peregrinos muertos en sus hospitales, En 1484 fallecieron tres peregrinos. Por los que fallecieron en 1488 se registraron 1432 maravedíes. Igualmente las cofradías ingresaban por confesar a los peregrinos.
Estas y otras huellas quedan del paso de los peregrinos por Astorga y hacen de ella una de las ciudades más jacobeas, en donde hasta hubo una cofradía dedicada al patrono, con el nombre más pintoresco que se haya escuchado: Santiago del Alto Paso. Santiago y cierra España.






