Eloy Rubio
Viernes, 08 de Abril de 2022

Viernes de Dolores: "Padre nuestro que estás en la tierra; en la fuerte y hermosa tierra"

Después de dos años sin que la pandemia dejara salir a la calle a los pasos de la Semana Santa de Astorga, este Viernes de Dolores tenía lugar el Vía Crucis Procesional de la Cofradía de las Damas de la Piedad. Salía a las 22 horas del Santuario de Fátima.

Esta Semana Santa de 2022 realizaremos un reportaje fotográfico de cada una de las procesiones acompañándolas de poemas relativos al suceso representado. Los poemas han sido extraídos de las antologías que ha realizado Margarita Álvarez Rodríguez para su muro de Facebbok entre los años 2018 y 2020, y que también están recogidas en su blog lareclusademar.com.

Los poemas de hoy pertenecen a Dulce María Loinaz y a Ángela Figuera Aymerich.

 

 

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Oración de la rosa (Dulce María Loynaz)


Padre nuestro que estás en la tierra; en la fuerte

y hermosa tierra;

en la tierra buena.

Santificado sea el nombre tuyo

que nadie sabe; que en ninguna forma

se atrevió a pronunciar este silencio

pequeño y delicado… este

silencio que en el mundo

somos nosotras

las rosas…


Venga también a nos, las pequeñitas

y dulces flores de la tierra,

el tu Reino prometido…

Hágase en nos tu voluntad, aunque ella

sea que nuestra vida solo dure

lo que dura una tarde….

El sol nuestro de cada día, dánoslo

para el único día nuestro…



Perdona nuestras deudas

-la de la espina,

la del perfume cada vez más débil,

la de la miel que no alcanzó

para la sed de dos abejas…-,

así como nosotras perdonamos

a nuestros deudores los hombres,

que nos cortan, nos venden y nos llevan

a su mentiras fúnebres,

a sus torpes o insulsas fiestas…




No nos dejes caer

nunca en la tentación de desear

la palabra vacía -¡el cascabel

de las palabras!-,

ni el moverse de pies apresurados

ni el corazón oscuro

de los animales que se pudre ,

mas líbranos de todo mal.


Amén.
 

 

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Me explico ante Dios (Ángela Figuera Aymerich)



Señor, si no te  canto no te enojes.

Ya ves, no tengo tiempo para nada.


Hay que vivir, andar, estar con gente;

mirar el bosque, el mar; subir alturas,

dolores, escaleras; bajar sótanos,

abismos, minas, pozos, corazones;

entrar en los talleres y cocinas;

sembrar, coger, bregar con los metales,

labrar la roca, cepillar madera;

sudar al sol, mojarse con la lluvia;

abrir ventanas, mantener el fuego;

cocer el pan, gritar por los caminos;

dormir al niño, remendar la ropa;

llorar por los difuntos

la propia muerte un poco cada día.


No te hago falta, tienes a tus Santos;

los coros de tus Vírgenes y Arcángeles

te alaban y bendicen en su gloria.


Pero, al que es solo hombre, ¿quién le canta?

Tus campos celestiales

florecen, sin invierno, blancos lirios.


Mas, ¿quién lleva azucenas a la casa del pobre?

Los astros se detienen en tu frente.

Pero, ¿quién baja un rayo

de sol hasta las cárceles sin puerta?

El ángel se arrodilla ante María.

Mas ¿quién dice a la madre pecadora

bendito sea el fruto de tu vientre?

Con oro, incienso y mirra

los Magos te enriquecen en la cuna.

Pero, ¿quién se arrodilla

y entrega tus tesoros a los niños descalzos?

Tu mano se levanta

y el agua es vino, el pan interminable.

Pero, ¿quién pone los manteles

en casa de la viuda

y quién ofrece un rayo de esperanza

a los que se desvelan por la noche?


Ya ves: tanto hacer por aquí abajo;

tengo que darles cuerda diariamente

a tantos corazones y relojes.

Tengo que andar buscando por la calle

a tantos de mis hijos y decirles

las cosas que ya saben, las que ignotan,

quitarles piedrecillas de los ojos,

ponerles una estrella en los cabellos,

hablarles de la fuerza de sus manos

y del color tan bello de su sangre,

de la canción que llevan en la boca

del mundo de mañana y de sus hijos.


Ya ves: no queda tiempo para nada.
 

 

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