Eloy Rubio
Jueves, 14 de Abril de 2022

Madrugada Viernes Santo: "Vela el Hombre desde su cruz, mientras los hombres sueñan"

En la madrugada, la Silente Procesión Penitencial del Clavamiento de la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Confalón salía de la capilla, portando el Cristo Yacente articulado, camino de la capilla de San Esteban para el Acto del Clavamiento entre sonidos de los tambores 'sordos', matracas y carracas. Finalizaba la procesión repartiendo la tradicional bolla a todos los hermanos participantes.

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Miguel de Unamuno dedicó un impresionante poema a Cristo en la cruz, inspirado en el cuadro de Velázquez.

 

EL CRISTO DE VELÁZQUEZ (fragmento). Miguel de Unamuno

 

 

¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío?


¿Por qué ese velo de cerrada noche


de tu abundosa cabellera negra


de nazareno cae sobre tu frente?


Miras dentro de Ti, donde está el reino


de Dios; dentro de Ti, donde alborea


el sol eterno de las almas vivas.


Blanco tu cuerpo está como el espejo


del padre de la luz, del sol vivífico;


blanco tu cuerpo al modo de la luna


que muerta ronda en torno de su madre


nuestra cansada vagabunda tierra;


blanco tu cuerpo está como la hostia


del cielo de la noche soberana,


de ese cielo tan negro como el velo


de tu abundosa cabellera negra


de nazareno. Que eres, Cristo, el único


hombre que sucumbió de pleno grado,


triunfador de la muerte, que a la vida


por Ti quedó encumbrada. Desde entonces


por Ti nos vivifica esa tu muerte,


por Ti la muerte se ha hecho nuestra madre,


por Ti la muerte es el amparo dulce


que azucara amargores de la vida;


por Ti, el Hombre muerto que no muere


blanco cual luna de la noche. Es sueño,


Cristo, la vida y es la muerte vela.


Mientras la tierra sueña solitaria,


vela la blanca luna; vela el Hombre


desde su cruz, mientras los hombres sueñan;


vela el Hombre sin sangre, el Hombre blanco


como la luna de la noche negra;


vela el Hombre que dio toda su sangre


por que las gentes sepan que son hombres.


Tú salvaste a la muerte. Abres tus brazos


a la noche, que es negra y muy hermosa,


porque el sol de la vida la ha mirado


con sus ojos de fuego: que a la noche


morena la hizo el sol y tan hermosa. (…)

 

 

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Oración final

  

Tú que callas, ¡oh Cristo!, para oírnos,


oye de nuestros pechos los sollozos;


acoge nuestras quejas, los gemidos


de este valle de lágrimas. Clamamos


a Ti, Cristo Jesús, desde la sima


de nuestro abismo de miseria humana,


y Tú, de humanidad la blanca cumbre,


danos las aguas de tus nieves. Águila


blanca que abarcas al volar el cielo,


te pedimos tu sangre; a Ti, la viña,


el vino que consuela al embriagarnos;


a Ti, Luna de Dios, la dulce lumbre


que en la noche nos dice que el Sol vive


y nos espera; a Ti, columna fuerte,


sostén en que posar; a Ti, Hostia Santa,


te pedimos el pan de nuestro viaje


por Dios, como limosna; te pedimos a


a Ti, Cordero del Señor que lavas


los pecados del mundo, el vellocino


del oro de tu sangre; te pedimos


a Ti, la rosa del zarzal bravío,


la luz que no se gasta, la que enseña


cómo Dios es quien es; a Ti, que el ánfora


del divino licor, que el néctar pongas


de eternidad en nuestros corazones.

  ………………………………….


 

¡Tráenos el reino de tu Padre, Cristo,


que es el reino de Dios reino del Hombre!


Danos vida, Jesús, que es llamarada


que calienta y alumbra y que al pábulo


en vasija encerrado se sujeta;


vida que es llama, que en el tiempo vive


y en ondas, como el río, se sucede.

 

 

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