Es culpa de Putin
![[Img #61290]](https://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2022/1090_mercedes-dsc_0530.jpg)
Voy a compra al ‘super’ y la comida del perro cuesta el 50% más de lo que costaba hace un año. Las pastillas de encendido de la chimenea han subido también el 50% más. El pellets para las estufas ha subido el 100%. Yo no uso pellets pero mi amigo Max sí y está escandalizado. Y ya no hablar de la alimentación. Cosas usuales de la vida cotidiana que de pronto parecen de lujo y, por lo tanto, inaccesibles a un monedero estándar. ¿Qué pasa? ¡La culpa es de Putin!
Mi factura de la luz ha doblado el importe. Voy a preguntar a la empresa, que curiosamente y felizmente tiene oficinas, y me explica que es que ahora los usuarios tenemos que pagar un canon mensual para costear el gas que la propia empresa eléctrica utiliza para generarnos la electricidad. Me da la explicación y me quedo muda. Me voy a casa rumiando lo que me ha dicho la jovencita y pienso que he entendido mal. Así que vuelvo al día siguiente a hacerle la misma pregunta y me vuelve a explicar lo mismo, que mi contrato de la luz había expirado y al renovarlo entro en el nuevo plan de costear el gas que la empresa necesita para generar mi electricidad. ‘No hay tu tía’, es así. Es una exigencia nacional. Me vuelvo a casa rumiando en qué consiste este sistema. Yo pago la luz a la empresa que la genera pero también le pago la materia prima que necesita para generarla ¿es así? ¡así es! Pues vaya chollo para la empresa. Una empresa que no es que esté en quiebra sino todo lo contrario, declara sin pudor, a viva voz, que tiene pingues beneficios. Claro, cómo no los va a tener si le pagamos la materia prima y además el producto con su pertinente subida de coste por aquello de que ‘hay crisis’. Puro chollo. ¿Cómo, quién, cuándo, y con qué criterio se deciden estas arbitrariedades? No sé, es como si yo monto una empresa de moda y pido al Estado (léase a los ciudadanos) que me pague las telas para los vestidos. ¡Así cualquiera tiene beneficios!
Se me ha ido un poco el discurso aunque tiene algo que ver con lo que quería abordar. Y lo que quería abordar es lo impresionantemente pequeño que es el Mundo. Nuestro Mundo. Aquel que nombramos con una boca llena de grandeza “El Mundo Mundial” resulta que no es tan grande y lo estamos descubriendo ahora. Podría ser estupendo el hecho de que los habitantes del Mundo, este pequeño/gran Mundo, fuéramos una comunidad bien avenida en la que la diversidad significara enriquecimiento y los movimientos económicos estuvieran basados en el bien general y la felicidad personal. Se me vuelve a ir la cabeza por las utopías. El mundo feliz de Aldous Huxley.
A lo que voy. Que vivimos en un mundo mucho más pequeño de lo que nos imaginábamos. Empezamos a darnos cuenta con aquel virus que se escapó, o lo escaparon, de un laboratorio de la lejana China y que en dos patadas, todo el planeta estaba infectado con ese virus. Increíble. Hasta las islas más remotas. Hasta a las tribus más aisladas del Amazonas han ido en helicóptero a vacunar (esto no lo he comprendido, si están aisladas ¿cómo y por donde les podría llegar el virus? Misterios de la naturaleza vírica o de las farmacéuticas). Un virus, y la transformación del virus, y de nuevo otra transformación… Todo muy rápido y muy raro. Y el Mundo mundial paralizado, completamente paralizado. Estos virus nos demostraron que somos una pequeña, muy pequeña, comunidad.
Y esa es la primera fase de shock en cuanto a la apreciación del tamaño de nuestro planeta. La segunda es la cuestión del efecto dominó. Este efecto no es nuevo, ya ha pasado a lo largo de la historia de nuestro grande/pequeño Mundo, pero nos vuelve a pasar.
Una persona, podríamos decir, que no es cabal, que tiene un paquete de inseguridades en la mochila de su vida, por incomprensibles razones va abriéndose camino en la estructura social de su entorno hasta que llega a alcanzar la cima de esa estructura piramidal. Y ahí está, henchido de orgullo por haberse situado por encima del resto. Pero esa posición no le libera de las inseguridades que lleva marcadas en su haber como imborrables tatuajes. Así que a partir de su posición de mando comienza a centrar todas sus energías en defender su baluarte y en ampliar sus espacios de mando. El personaje en cuestión quiere seguir ahí, ser el único y que nadie le haga sombra. La ambición de poder va creciendo porque sus inseguridades van creciendo en la misma proporción. Y ahí vemos cómo desarrolla la agresividad como defensa de sí mismo, es decir, de su poder. Y llega un momento en que pierde la noción de espacio/tiempo, de justo/injusto, de bueno/malo, del yo/y los demás, vergüenza/sinvergüenza…
Este tipo de personajes los tenemos en la Historia no muy lejana Podemos pensar en el Káiser Guillermo II, que la inseguridad de su minusvalía le llevó a querer ser más grande que nadie, y mucho más que su familia Inglesa (su tío Eduardo VII, que entonces dominaba el mundo porque los yanquis no habían ‘despertado’ todavía) a la que quería ganar a toda costa, y metió al mundo en la Gran Guerra (primera Guerra Mundial). Esta guerra provocó todos los cambios geopolíticos y sociales que han hecho tambalear y cambiar al Mundo. El Káiser favoreció la entrada de Lenin en Rusia para desestabilizar el poder Ruso (su primo el Zar Nicolás II) que lo tenía enfrente en la guerra. Desestabilizó al establishment ruso, sí, y muchísimo, y los bolcheviques subieron al poder y se cargaron el sistema social y al primo Nicolás con toda su familia. Y el Káiser no consiguió su objetivo sino todo lo contrario. Perdió la guerra y tuvo que exiliarse de su país. Perdió el poder y el país, y Alemania quedó en estado catatónico como perdedora. Y en ese caos de postguerra surge otro personaje, curiosamente también con su mochila de desequilibrios emocionales y, curiosamente, a pesar de ser un personajillo llegó a la cúspide y se empapó de poder y también quiso ser el más grande y aniquilar a los que lo eran y de nuevo un alemán, Hitler, volvió a implicar al Mundo en una terrible guerra. También perdió y perdimos muchos. Y las consecuencias de esa guerra las seguimos sufriendo en el planeta.
Hay muchos más ejemplos, y más cercanos, de personajillos que acaban volteando nuestro Mundo, y en este momento tenemos el flipado de Putin, que bien podríamos llamarle Putín como dice mi amigo Max. Sus traumas de pequeño (que su biografía da fe de ellos) le han llevado a querer superarse a sí mismo y a querer ser el Zar de todas la Rusias (cerrar el círculo de la Historia de su país y restablecer el poder omnipotente y omnipresente, naturalmente él a la cabeza. Poco le falta para ponerse la corona de los Zares como Napoleón se puso la de Emperador después de apoyar la guillotina de los reyes). Naturalmente para llegar a realizar su proyecto personal tiene que poner en danza a la sociedad que dirige sin escrúpulos de ningún tipo. Y ahí le tenemos, queriendo extender sus fronteras por la vía de las bombas y las muertes. Y como la globalización cada vez es más global estamos sufriendo el efecto dominó de la locura de este ‘empoderado’. Vuelve a pasar, y vuelve a ser increíble, cómo la actitud de un sólo hombre puede poner patas arriba al Mundo entero. Y no sólo con las bombas. Es que si cierra el grifo del gas los alemanes se congelan; si cierra el grifo del petróleo los españoles pagamos el doble de gasolina; si no deja salir los barcos de cereales de Ucrania África se muere de hambre; y así se podría seguir enumerando todas las consecuencias de la enajenación de este hombre.
Y ya llego a lo que en realidad quería contar. El fin de semana pasado mi hijo Ulises, que está viviendo en Galicia, tenía que ir a Las Palmas de Gran Canarias a dar unas conferencias. Se pone pues a buscar un hotel donde alojarse. Busca, naturalmente por internet, en las agencias turísticas. No encuentra hotel por menos de 200€ la noche. Bueno, vale. Reserva en el que le parece más adecuado. Le confirman de vuelta el OK de la reserva. Ulises se queda tranquilo, una cosa resuelta. Al poco tiempo recibe un mensaje diciéndole que su reserva ha sido cancelada. Se sorprende, pero piensa que como es a través de la informática, entre tiempo y tiempo ha entrado otra reserva a su habitación. Se pone de nuevo a buscar y encuentra otro hotel con habitaciones libres. Rápidamente reserva y en seguida le dan el OK de reserva confirmada. Al cabo de una hora recibe de nuevo mensaje que su reserva ha sido anulada. ¿Cómo? Se mosquea pero como toda la transacción es automática no tiene a quien protestar, se tiene que aguantar y comenzar a buscar de nuevo. Vuelve a reservar, vuelven a confirmar reserva, y vuelven a cancelarle la reserva al rato. Lo intenta con habitación de 300€ y de nuevo el OK primero se vuelve anulación más tarde. Desesperado transita por todas las agencias de turismo y lo único que encuentra es una caravana que ofertan para dormir. Necesita desesperadamente encontrar un sitio donde pasar las dos noches así que decide optar por la caravana. Le dan el OK y no hay mensaje posterior anulando. Respira. Por lo menos podré dormir en algún sitio. En este caso tiene el contacto directo con el dueño. Llega a Las Palmas y se pone en contacto con el ‘empresario caravanero’ y cuál es su sorpresa que éste le dice sobre la marcha que la caravana está ocupada, que su reserva no ha podido ser pero que no se preocupe porque tiene una tienda de campaña donde puede dormir. Ulises protesta enérgicamente pero no hay otra alternativa, está agotado, así que decide dormir en la tienda instalada en un descampado con restos de trastos, un sitio desde luego nada bucólico; pero además el viento nocturno le entraba por todos lados y hasta levantaba el colchón con su fuerza; por supuesto el wáter era un cubo con una bolsa de plástico. Todo totalmente surrealista. Al día siguiente le dice el ‘gerente turístico’ que le va a dar una grata sorpresa, que ya no tendrá que dormir en la tienda porque ha acondicionado un coche para que duerma dentro del coche. Y así sucede. Y duerme dentro del coche. Y le cuesta 100€ las dos noches. Pudo asistir a las reuniones y a dar su conferencia, pero en un estado catatónico. Los gerentes de este ‘sugestivo’ y novedoso emporio turístico, un polaco y una checa, recién llegados a las islas, están iniciándose en el sector, le ven posibilidades al turismo.
Putin, a 5.962km. de distancia, tiene la culpa de todo, hasta del mal dormir de Ulises. Ulises tiene que dormir en Las Palmas de Gran Canarias en un coche por culpa de Putín. Putín corta el suministro de gas y petróleo a Alemania. Llega el invierno con su frío intenso y, este año, parece que el frío se va a aliar con Putín para fastidiar a sus vecinos/enemigos y va a traer muy bajas temperaturas a Europa, pero sobre todo a los alemanes que dependen más del suministro Putin. Les toca afrontar ese frío sin calefacción y el gobierno alemán anima a los ciudadanos del país a que se vayan a pasar el invierno a Canarias que hace una temperatura estupenda y la vida es barata. Es más, no sólo les anima sino que también les subvenciona para que se vayan. Y llegamos al punto de partida: las islas Canarias están abarrotadas de alemanes. Ya no hay hoteles ni alquileres libres. La invasión alemana es completa. ¡Putín tiene la culpa!
¿Qué pasaría si Putin hubiera tenido una infancia alegre y feliz? Pues que Ulises hubiera podido dormir en una agradable cama de un precio asequible y con un cuarto de baño comme il faut. Pero como Putin no tuvo esa suerte infantil (ni nosotros tampoco tenemos la suerte de que él hubiera tenido esa suerte), pues Ulises ha dormido en una colchoneta en un coche a 50€ la noche y sin ducha.
Es el efecto dominó de la paranoia de un personaje cargado de traumas infantiles. El mundo patas arriba por culpa de Putín.
O témpora o mores
![[Img #61290]](https://astorgaredaccion.com/upload/images/12_2022/1090_mercedes-dsc_0530.jpg)
Voy a compra al ‘super’ y la comida del perro cuesta el 50% más de lo que costaba hace un año. Las pastillas de encendido de la chimenea han subido también el 50% más. El pellets para las estufas ha subido el 100%. Yo no uso pellets pero mi amigo Max sí y está escandalizado. Y ya no hablar de la alimentación. Cosas usuales de la vida cotidiana que de pronto parecen de lujo y, por lo tanto, inaccesibles a un monedero estándar. ¿Qué pasa? ¡La culpa es de Putin!
Mi factura de la luz ha doblado el importe. Voy a preguntar a la empresa, que curiosamente y felizmente tiene oficinas, y me explica que es que ahora los usuarios tenemos que pagar un canon mensual para costear el gas que la propia empresa eléctrica utiliza para generarnos la electricidad. Me da la explicación y me quedo muda. Me voy a casa rumiando lo que me ha dicho la jovencita y pienso que he entendido mal. Así que vuelvo al día siguiente a hacerle la misma pregunta y me vuelve a explicar lo mismo, que mi contrato de la luz había expirado y al renovarlo entro en el nuevo plan de costear el gas que la empresa necesita para generar mi electricidad. ‘No hay tu tía’, es así. Es una exigencia nacional. Me vuelvo a casa rumiando en qué consiste este sistema. Yo pago la luz a la empresa que la genera pero también le pago la materia prima que necesita para generarla ¿es así? ¡así es! Pues vaya chollo para la empresa. Una empresa que no es que esté en quiebra sino todo lo contrario, declara sin pudor, a viva voz, que tiene pingues beneficios. Claro, cómo no los va a tener si le pagamos la materia prima y además el producto con su pertinente subida de coste por aquello de que ‘hay crisis’. Puro chollo. ¿Cómo, quién, cuándo, y con qué criterio se deciden estas arbitrariedades? No sé, es como si yo monto una empresa de moda y pido al Estado (léase a los ciudadanos) que me pague las telas para los vestidos. ¡Así cualquiera tiene beneficios!
Se me ha ido un poco el discurso aunque tiene algo que ver con lo que quería abordar. Y lo que quería abordar es lo impresionantemente pequeño que es el Mundo. Nuestro Mundo. Aquel que nombramos con una boca llena de grandeza “El Mundo Mundial” resulta que no es tan grande y lo estamos descubriendo ahora. Podría ser estupendo el hecho de que los habitantes del Mundo, este pequeño/gran Mundo, fuéramos una comunidad bien avenida en la que la diversidad significara enriquecimiento y los movimientos económicos estuvieran basados en el bien general y la felicidad personal. Se me vuelve a ir la cabeza por las utopías. El mundo feliz de Aldous Huxley.
A lo que voy. Que vivimos en un mundo mucho más pequeño de lo que nos imaginábamos. Empezamos a darnos cuenta con aquel virus que se escapó, o lo escaparon, de un laboratorio de la lejana China y que en dos patadas, todo el planeta estaba infectado con ese virus. Increíble. Hasta las islas más remotas. Hasta a las tribus más aisladas del Amazonas han ido en helicóptero a vacunar (esto no lo he comprendido, si están aisladas ¿cómo y por donde les podría llegar el virus? Misterios de la naturaleza vírica o de las farmacéuticas). Un virus, y la transformación del virus, y de nuevo otra transformación… Todo muy rápido y muy raro. Y el Mundo mundial paralizado, completamente paralizado. Estos virus nos demostraron que somos una pequeña, muy pequeña, comunidad.
Y esa es la primera fase de shock en cuanto a la apreciación del tamaño de nuestro planeta. La segunda es la cuestión del efecto dominó. Este efecto no es nuevo, ya ha pasado a lo largo de la historia de nuestro grande/pequeño Mundo, pero nos vuelve a pasar.
Una persona, podríamos decir, que no es cabal, que tiene un paquete de inseguridades en la mochila de su vida, por incomprensibles razones va abriéndose camino en la estructura social de su entorno hasta que llega a alcanzar la cima de esa estructura piramidal. Y ahí está, henchido de orgullo por haberse situado por encima del resto. Pero esa posición no le libera de las inseguridades que lleva marcadas en su haber como imborrables tatuajes. Así que a partir de su posición de mando comienza a centrar todas sus energías en defender su baluarte y en ampliar sus espacios de mando. El personaje en cuestión quiere seguir ahí, ser el único y que nadie le haga sombra. La ambición de poder va creciendo porque sus inseguridades van creciendo en la misma proporción. Y ahí vemos cómo desarrolla la agresividad como defensa de sí mismo, es decir, de su poder. Y llega un momento en que pierde la noción de espacio/tiempo, de justo/injusto, de bueno/malo, del yo/y los demás, vergüenza/sinvergüenza…
Este tipo de personajes los tenemos en la Historia no muy lejana Podemos pensar en el Káiser Guillermo II, que la inseguridad de su minusvalía le llevó a querer ser más grande que nadie, y mucho más que su familia Inglesa (su tío Eduardo VII, que entonces dominaba el mundo porque los yanquis no habían ‘despertado’ todavía) a la que quería ganar a toda costa, y metió al mundo en la Gran Guerra (primera Guerra Mundial). Esta guerra provocó todos los cambios geopolíticos y sociales que han hecho tambalear y cambiar al Mundo. El Káiser favoreció la entrada de Lenin en Rusia para desestabilizar el poder Ruso (su primo el Zar Nicolás II) que lo tenía enfrente en la guerra. Desestabilizó al establishment ruso, sí, y muchísimo, y los bolcheviques subieron al poder y se cargaron el sistema social y al primo Nicolás con toda su familia. Y el Káiser no consiguió su objetivo sino todo lo contrario. Perdió la guerra y tuvo que exiliarse de su país. Perdió el poder y el país, y Alemania quedó en estado catatónico como perdedora. Y en ese caos de postguerra surge otro personaje, curiosamente también con su mochila de desequilibrios emocionales y, curiosamente, a pesar de ser un personajillo llegó a la cúspide y se empapó de poder y también quiso ser el más grande y aniquilar a los que lo eran y de nuevo un alemán, Hitler, volvió a implicar al Mundo en una terrible guerra. También perdió y perdimos muchos. Y las consecuencias de esa guerra las seguimos sufriendo en el planeta.
Hay muchos más ejemplos, y más cercanos, de personajillos que acaban volteando nuestro Mundo, y en este momento tenemos el flipado de Putin, que bien podríamos llamarle Putín como dice mi amigo Max. Sus traumas de pequeño (que su biografía da fe de ellos) le han llevado a querer superarse a sí mismo y a querer ser el Zar de todas la Rusias (cerrar el círculo de la Historia de su país y restablecer el poder omnipotente y omnipresente, naturalmente él a la cabeza. Poco le falta para ponerse la corona de los Zares como Napoleón se puso la de Emperador después de apoyar la guillotina de los reyes). Naturalmente para llegar a realizar su proyecto personal tiene que poner en danza a la sociedad que dirige sin escrúpulos de ningún tipo. Y ahí le tenemos, queriendo extender sus fronteras por la vía de las bombas y las muertes. Y como la globalización cada vez es más global estamos sufriendo el efecto dominó de la locura de este ‘empoderado’. Vuelve a pasar, y vuelve a ser increíble, cómo la actitud de un sólo hombre puede poner patas arriba al Mundo entero. Y no sólo con las bombas. Es que si cierra el grifo del gas los alemanes se congelan; si cierra el grifo del petróleo los españoles pagamos el doble de gasolina; si no deja salir los barcos de cereales de Ucrania África se muere de hambre; y así se podría seguir enumerando todas las consecuencias de la enajenación de este hombre.
Y ya llego a lo que en realidad quería contar. El fin de semana pasado mi hijo Ulises, que está viviendo en Galicia, tenía que ir a Las Palmas de Gran Canarias a dar unas conferencias. Se pone pues a buscar un hotel donde alojarse. Busca, naturalmente por internet, en las agencias turísticas. No encuentra hotel por menos de 200€ la noche. Bueno, vale. Reserva en el que le parece más adecuado. Le confirman de vuelta el OK de la reserva. Ulises se queda tranquilo, una cosa resuelta. Al poco tiempo recibe un mensaje diciéndole que su reserva ha sido cancelada. Se sorprende, pero piensa que como es a través de la informática, entre tiempo y tiempo ha entrado otra reserva a su habitación. Se pone de nuevo a buscar y encuentra otro hotel con habitaciones libres. Rápidamente reserva y en seguida le dan el OK de reserva confirmada. Al cabo de una hora recibe de nuevo mensaje que su reserva ha sido anulada. ¿Cómo? Se mosquea pero como toda la transacción es automática no tiene a quien protestar, se tiene que aguantar y comenzar a buscar de nuevo. Vuelve a reservar, vuelven a confirmar reserva, y vuelven a cancelarle la reserva al rato. Lo intenta con habitación de 300€ y de nuevo el OK primero se vuelve anulación más tarde. Desesperado transita por todas las agencias de turismo y lo único que encuentra es una caravana que ofertan para dormir. Necesita desesperadamente encontrar un sitio donde pasar las dos noches así que decide optar por la caravana. Le dan el OK y no hay mensaje posterior anulando. Respira. Por lo menos podré dormir en algún sitio. En este caso tiene el contacto directo con el dueño. Llega a Las Palmas y se pone en contacto con el ‘empresario caravanero’ y cuál es su sorpresa que éste le dice sobre la marcha que la caravana está ocupada, que su reserva no ha podido ser pero que no se preocupe porque tiene una tienda de campaña donde puede dormir. Ulises protesta enérgicamente pero no hay otra alternativa, está agotado, así que decide dormir en la tienda instalada en un descampado con restos de trastos, un sitio desde luego nada bucólico; pero además el viento nocturno le entraba por todos lados y hasta levantaba el colchón con su fuerza; por supuesto el wáter era un cubo con una bolsa de plástico. Todo totalmente surrealista. Al día siguiente le dice el ‘gerente turístico’ que le va a dar una grata sorpresa, que ya no tendrá que dormir en la tienda porque ha acondicionado un coche para que duerma dentro del coche. Y así sucede. Y duerme dentro del coche. Y le cuesta 100€ las dos noches. Pudo asistir a las reuniones y a dar su conferencia, pero en un estado catatónico. Los gerentes de este ‘sugestivo’ y novedoso emporio turístico, un polaco y una checa, recién llegados a las islas, están iniciándose en el sector, le ven posibilidades al turismo.
Putin, a 5.962km. de distancia, tiene la culpa de todo, hasta del mal dormir de Ulises. Ulises tiene que dormir en Las Palmas de Gran Canarias en un coche por culpa de Putín. Putín corta el suministro de gas y petróleo a Alemania. Llega el invierno con su frío intenso y, este año, parece que el frío se va a aliar con Putín para fastidiar a sus vecinos/enemigos y va a traer muy bajas temperaturas a Europa, pero sobre todo a los alemanes que dependen más del suministro Putin. Les toca afrontar ese frío sin calefacción y el gobierno alemán anima a los ciudadanos del país a que se vayan a pasar el invierno a Canarias que hace una temperatura estupenda y la vida es barata. Es más, no sólo les anima sino que también les subvenciona para que se vayan. Y llegamos al punto de partida: las islas Canarias están abarrotadas de alemanes. Ya no hay hoteles ni alquileres libres. La invasión alemana es completa. ¡Putín tiene la culpa!
¿Qué pasaría si Putin hubiera tenido una infancia alegre y feliz? Pues que Ulises hubiera podido dormir en una agradable cama de un precio asequible y con un cuarto de baño comme il faut. Pero como Putin no tuvo esa suerte infantil (ni nosotros tampoco tenemos la suerte de que él hubiera tenido esa suerte), pues Ulises ha dormido en una colchoneta en un coche a 50€ la noche y sin ducha.
Es el efecto dominó de la paranoia de un personaje cargado de traumas infantiles. El mundo patas arriba por culpa de Putín.
O témpora o mores






