JM López
Lunes, 09 de Junio de 2014

El Can Didato

La cercanía de los artificios en el aire que agasajan a San Juan, el patrono de esta tierra de ciegos y tuertos, casi a partes iguales, traslada a un segundo plano el tejemaneje que late en todos las sedes políticas que preparan el siguiente asalto, en mayo de 2015. Los dos grandes, PSOE y PP, aún lamen las heridas de los resultados europeos. Los socialistas leoneses parecen dispuestos a apurar el disparate hasta las últimas consecuencias porque  adivinan que, salvo un cambio radical, pronto habrá más jinetes que caballos. El PP leonés con presidente en funciones prefiere engrasar  la maquinaria orgánica para cercar cualquier opción que no cuente con la bendición oficial.

 

Y mientras el resto de los actores buscan caras conocidas para la cita más cercana, el asalto a la casa de todos, en el patio de butacas, los espectadores observamos perplejos cómo digieren unos y otros este pastiche que nos brindan como salida de la crisis.

 

¿Qué hacer? Mientras llega el momento de trazar nuevas rutas vitales con nuevos protagonistas -¡veremos hasta dónde somos capaces!- lo mejor que podemos hacer, para evitar abscesos de ira, es dedicarnos a imaginar el futuro en clave de humor.

 

La siguiente conversación que trato de condensar tuvo por escenario un reciente trayecto León-Madrid, en alta velocidad. En el grupo en el que tuvo lugar la reflexión que a continuación les relato se encontraban un muy conocido abogado leonés y un no menos conocido político, que fue clave en la transformación y peatonalización del casco antiguo.

 

La premisa de partida es la siguiente; dado que se le puede nombrar heredero de una fortuna, ¿podría un perro, un chucho, presentarse como candidato a unas elecciones, si cuenta, como en el caso de la herencia, con un albacea, tutor o algo similar? La reflexión copó buena parte del recorrido y casi todos llegaron a una conclusión disparatada; si se pudieran salvar los escollos alegales que rodean esta extraña propuesta, todo serían ventajas, aunque habría que cambiar los ronchitos por esas chuches que tanto fascinan a los canes. También serían necesarios, como cargos de confianza, un intérprete de ladridos y un logopeda experto en descifrar aullidos o lamentos. Me imagino el primero de los titulares, ese al que se apresuran a repetir cada día todos los digitales: el Can Didato visita la primera guardería canina con fondos públicos de Europa, y mantiene un almuerzo de trabajo con los residentes de la perrera municipal. Un  guau sí, dos no, tres o más…dudas. Parece fácil.

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