Afutbolados
Cuando comienzo a barruntar el quid de esta interferencia, los operarios públicos ultiman las medidas de seguridad para que el fuego del santo Juan, al que arrojamos los demonios que nos embargan, no convierta en ceniza la esperanza que aún nos acompaña. Tal vez el último resquicio para evitar la locura. La hilaridad colectiva nos confunde y sopesamos con igual intensidad histriónica la renovación monárquica y la entrevista de Jorge Javier Vázquez a Isabelita Pantoja. “Estamos ante un momento histórico”, dijo el domador de fieras mediáticas, y el presentador también.
Claro que después del zafio circo futbolero –los hosteleros están que trinan- la máquina de la verdad absoluta debe devanarse los sesos para atraer la atención del respetable, no vaya a darse cuenta de que en este empitonamiento, como en todos, falta hasta la vaselina. Cierto es que no es tan fiero el león como lo pintan, y con varios capítulos de tragicomedia televisiva salvadora retornamos con facilidad, y sin aspavientos, la catalepsia que nos impide poner el grito en el cielo.
El verano se hace hueco y cada cual gime como mejor sabe. Rodríguez Zapatero ha elegido un libro de recetas con el que confía enterrar al monstruo de la crisis que le echó de la primera línea, cierto es que con mucho pan bajo el brazo. La mejor creación del chef Zapatero es su menú futurista; aún tenemos por delante 20 años de crudeza. El tiempo preciso para fumigar a la generación del 60, la peor parada de esta mascarada financiera, y para que los jóvenes que aún no se han ido, y ya disfrazan los primeros síntomas de alopecia, tiren la toalla.
El ambiente huele al ozono que avisa de tormenta. Es un presagio y un anuncio. Julio y agosto ayudarán a que fermente la levadura de la hornada que debe despejarnos, en 2015, si seguimos aletargados, afutbolados, o si somos capaces de concebir con otros patrones los vínculos entre la sociedad y la clase política, nunca tan distante.
Justo cuando acuno las últimas curvas de este trayecto el agua arrecia en las calles con la misma intensidad que el anuncio del Gobierno, que quiere quedarse con parte del despido. ¿Cuánto habrá cobrado el padre de la idea? Y una pregunta más, ¿es adicto al fútbol?
Cuando comienzo a barruntar el quid de esta interferencia, los operarios públicos ultiman las medidas de seguridad para que el fuego del santo Juan, al que arrojamos los demonios que nos embargan, no convierta en ceniza la esperanza que aún nos acompaña. Tal vez el último resquicio para evitar la locura. La hilaridad colectiva nos confunde y sopesamos con igual intensidad histriónica la renovación monárquica y la entrevista de Jorge Javier Vázquez a Isabelita Pantoja. “Estamos ante un momento histórico”, dijo el domador de fieras mediáticas, y el presentador también.
Claro que después del zafio circo futbolero –los hosteleros están que trinan- la máquina de la verdad absoluta debe devanarse los sesos para atraer la atención del respetable, no vaya a darse cuenta de que en este empitonamiento, como en todos, falta hasta la vaselina. Cierto es que no es tan fiero el león como lo pintan, y con varios capítulos de tragicomedia televisiva salvadora retornamos con facilidad, y sin aspavientos, la catalepsia que nos impide poner el grito en el cielo.
El verano se hace hueco y cada cual gime como mejor sabe. Rodríguez Zapatero ha elegido un libro de recetas con el que confía enterrar al monstruo de la crisis que le echó de la primera línea, cierto es que con mucho pan bajo el brazo. La mejor creación del chef Zapatero es su menú futurista; aún tenemos por delante 20 años de crudeza. El tiempo preciso para fumigar a la generación del 60, la peor parada de esta mascarada financiera, y para que los jóvenes que aún no se han ido, y ya disfrazan los primeros síntomas de alopecia, tiren la toalla.
El ambiente huele al ozono que avisa de tormenta. Es un presagio y un anuncio. Julio y agosto ayudarán a que fermente la levadura de la hornada que debe despejarnos, en 2015, si seguimos aletargados, afutbolados, o si somos capaces de concebir con otros patrones los vínculos entre la sociedad y la clase política, nunca tan distante.
Justo cuando acuno las últimas curvas de este trayecto el agua arrecia en las calles con la misma intensidad que el anuncio del Gobierno, que quiere quedarse con parte del despido. ¿Cuánto habrá cobrado el padre de la idea? Y una pregunta más, ¿es adicto al fútbol?




