El entorno familiar del maragato Cordero (II)
El Maragato tira la casa por la ventana en el bautizo de su primera nieta Clotilde. Consejos para la visita de María Antonia, hija mayor de Cordero, a su padre en el exilio de Lisboa.
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En julio de 1836 se está construyendo la casa del Maragato en Santiago de Millas. María Antonia, hija de Cordero, con 17 años le escribe desde el pueblo a Madrid una carta como “Conductor de Caudales por su Real Majestad”. Le comunica que los gallegos están trabajando la piedra para igualar el techo con la obra nueva: ”Los carpinteros están labrando las vigas que trajimos de Morales del Arcediano”. Es la carta como un parte, pero en ella la expresión familiar de los recuerdos de las dos abuelas, de tía Antonia y de tía Polonia. Sus hijas desean verle.
Tres días más tarde recibe otras dos cartas familiares. Una de la mayor, María Antonia que responde a Cordero continuando con el parte de la obra. Supieron de su padre por Pedro Vidal: “De Morales trajimos once carros de madera”. La familia en Santiago de Millas, en ese momento la componen las dos abuelas, la tía Antonia, la tía Polonia, Pepe, esteban y los Ramones. Piden a Dios por la salud de su padre, metido en líos y preocupaciones. En esta misma carta del 18 de julio de 1836 iba otra que escribiría su hija segunda Bernardina. Está contenta de saber de su salud, pero a la inmediata pide que le dé permiso para acompañar a su tía Manuela y se lo escribe con ortografía torpe de muchacha que corregimos: 2El sábado estuve en casa de mi tía Manuela y dijo que a mediados del mes de agosto quería ir a las aguas y a ver si usted es gustante de que yo ‘vaiga’. Me lo noticiará Vs., pues haré lo que disponga”. Firman Bernardina y Margarita.
Si fue a las aguas o no ya carece de importancia, pero tenemos el cuadro de unas niñas huérfanas consultando con su padre y responsables, en buena medida de la obra que Santiago Ramón Alonso Cordero levanta en Santiago de Millas; una casa maragata de rico, con reloj de sol, con solana y habitaciones enormes, con un patio donde caben lo menos diez carros. Y en ese patio la cronométrica dentadura de los guijarros haciendo corrillos y casi mosaico. Además una imponente cocina con un campanón para 200.000 trasgos, las habitaciones empapeladas y corredores para diez canónigos, y el maderío de las puertas con forma de luneta isabelina que aún hoy en día llamarían la atención, al igual que los papeles pintados y el desván donde cabía un regimiento. Los servicios bien acondicionados, las escaleras ya un poco regias. Están construyendo el prototipo de la casa arriera maragata. No hay otra, porque la hizo el singular hombre que era el Maragato, con sus contras y persianas, con sus pozos de hermosura y unas higueras y morales que asombran la casa de luz casi morada.
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Por este tiempo es diputado por León en las cortes constituyentes de 1836-1837. Tiene la oportunidad de extender el liberalismo por el pueblo español, y con esta representatividad leonesa continuará hasta el año 1843.
El 11 de julio de 1838, un año más tarde de su segundo matrimonio, comunica a su padre Santiago el nacimiento de su hijo varón. Ahora viven todos en Madrid. Se habla aquí de tres ‘Santiagos’. Cordero le comunica a su padre Santiago que desde ahora tiene un nieto que le continúa en un nombre tan santiagomillés: “Querido padre: por si se halla en esta (pues a casa se hace largamente) sirva esta para anunciarle que a las ocho de esta noche dio a luz Mariquita un niño tan hermoso y tan robusto que no se puede decir. Lo verifico con toda felicidad y ambos siguen buenos. Considere nuestro júbilo y téngalo Vs. igual, y sin tiempo para más reciba Vs. afectos de margarita y María Antonia y disponga del tierno afecto de su hijo que de corazón le estima, Santiago”.
En junio de 1840, el Maragato tiene consigo a Bernardina. Su mujer y la hija Amalia han salido para Santiago de Millas. La pobre Bernardina sabe que a su hermana mayor le pasa algo: es el amor por Luis, su primo que ha salido de arriero: “Porque tan sensible te es la marcha –y es parta sentirlo-, pero con eso no remedias nada; haz por divertirte y escríbeme de todo lo que te pasa”. Bernardina se acuerda de tía Polonia ahora que son pascuas. Estuvo Josefa y su hermano en la casa de Madrid: se lo dirás a mamá (a la madrastra) y como no envía besos para los medio hermanos Santiago, Pío y Joaquín.
Un año más tarde se celebra la boda de la primera hija de Santiago Alonso Cordero, pero el acontecimiento más importante sería el nacimiento de su nieta Clotilde el 20 de Agosto de 1842 a las cinco en punto de la tarde. Clotilde se bautizaba con solemnidad en la iglesia de San Ginés de Madrid. Derramó las aguas bautismales Policarpo Valcárcel. Como al abuelo se le cae la baba quiere que haya gente de rumbo en el bautizo. Y la hubo. Nos consta especialmente de los que firmaron el acta bautismal como testigos: Antonio Franco Alonso, Miguel Franco Alonso y Pedro Alcántara García. Pero lo más característico es que quienes hacen de padrinos son “los excelentísimos señores D. Joaquín de Fagoaga, caballero gran cruz de la Orden americana de Isabel la Católica, pensionado de la distinguida española de Carlos III, Tesorero General de la Real Casa y patrimonio de S. M., vocal de la Junta Consultiva de la misma etc, etc, y su esposa Doña Clotilde Arizcaz y Telli, que viven en la plaza del Ángel 17”. Por supuesto que el destino de la nieta será llamarse Clotilde Joaquina. Quedaban así compensados los afanes del Maragato. El bautismo había estado presidido por la alegría de la comilona. Los niños de Madrid sintieron que el padrino era de rumbo, a más de por las puntillas y perifollos, por las personas y reales que manaban. Era el tesorero de la real casa el que tenían delante. Y este acto de vanidad –ahora eran compadres Luis y Joaquín- el que esperaba fundamentaría muchas mejores relaciones económicas y comerciales, en la exclusiva de negocios de conducta, de caudales etc.
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El 22 de septiembre, el padre de Luis Franco, es decir su propio padre político le escribe una carta a María Antonia la hija de Cordero sobre el viaje que va a realizar a Lisboa para ver a Cordero que pena en el exilio. Le acompañará la hija del que será después general Infantes. También se habla en la carta de la mujer de Espartero. Pero leamos esta carta que nos mete de lleno en el ámbito de la familia Cordero, pero sobre todo en un momento de ausencia del cabeza de familia a causa de su exilio político. Esta es la razón de que realmente sea tan suasoria la carta de Ramón Franco: “Mi querida María Antonia: no quiero perder correo para contestar a tu muy halagüeña carta, ya por el grande gusto que en ello tengo, como por la premura del tiempo que así lo exige.
“Busilis tiene, querida galleguita, tu consulta; digo que tiene busilis por la oposición que hay de mamá de hacer el viaje con la hija del Señor Infantes, a que no veo justo se oponga por ser de disposición de Pepa, la que debe respetarse y llevar a cabo. La incomodidad que mamá, dice, vas a tener en el camino con la hija del Sr. Infantes no es razón para que por eso dejes de hacer con ella el viaje; de no ir juntas estás en el caso de desistir del viaje, ya porque a papá le había de incomodar el que fuese sin ella, y ya porque era dar a entender al Sr. Infantes (que) no tenías tú ni la demás familia gusto en ir con ella.
“La incomodidad que puede darte en el camino no debe de ser grande, porque son pocos los días que hay de camino; por consiguiente mi consejo es el que en todo trance hagas el viaje en su compañía, la de Victoria y Joaquinito; ahora te encargo que reserves esto que te digo a mamá.
“La estación está avanzada; soy de parecer emprendáis luego el viaje que debes hacer por Badajoz; más ventajoso era por Andalucía, aunque no fuese por otra cosa que el ver las bonitas poblaciones que hay en el tránsito, pero tu estado delicado y la compañía de los niños por fuerza os habría de causar disgusto el mareo; y en los buques no se encuentra el auxilio que hay por tierra; por donde debes de emprender la ruta. Muchísimo siento el no acompañarte, según te tenía ofrecido (porque lo haría con muchísimo gusto) ya porque harías el viaje con más libertad o ya porque de sus resultas podría sacarse las ventajas de que te he hablado; pero habiendo supuesto papá el que te acompañe Regidor no hay más remedio que cumplirlo así.
“Por mi parte estaba y estoy dispuesto a prestarme para todo cuanto a ti y a la familia pueda hacer en obsequio de todos. Cuando llegues a abrazar a papá y conferencies con él a solas, dile en mi nombre que si le soy necesario y útil que no le arredre en disponer de mí y que por eso no abandono mi familia a quien tanto quiero la que desea tanto complacerte como yo. Tú ya sabes cuál era mi pensamiento para ir contigo a Lisboa, pero presumo que papá lo dijo o consultó con Mendizábal, (y este) se lo quitase de la cabeza; en fin, si el cielo quiere traérnoslo por acá, entonces trabajaré por conseguir el objeto que deseamos.
![[Img #16095]](upload/img/periodico/img_16095.jpg)
“La conducta que debes de seguir al lado de papá debe ser la siguiente. 1/ Si en conversación le oyes suspirar de algún disgusto con mamá, no le apoyes nunca, con lo que le lograrás ganarle cada (vez) más su cariño. 2/ Cuando te pregunte como fueron las jaranas de tu hermanita, le dices la verdad, pero sin denigrarla en nada, al contrario le harás ver que fue seducida por los padres de Andrés, prevalidos de su tierna edad. 3/ Si te pregunta si yo estaría pronto a salir o estar en cualquier punto que a él le conviniese, asegúrale que sí, porque así me lo has oído con todo lo demás que creas que puede convenirle.
“Dando como doy por hecho tu resolución en hacer el viaje, no hay necesidad de dar más contestación a papá que la que acompaña.
“Te deseo querida y adoptiva hija, que abraces a papá con toda la ternura de que es susceptible tu tierno corazón y que regreses sin novedad para que puedas estrechar entre tus brazos a tu Luisito, modelo de todos los esposos del mundo, y angelitos hijos cual te lo desean todos los de esta tu casa que te abrazan, así como el que te ama con el más cordial y tierno cariño. Ramón”.
P.d.: “A la señora de Infantes e hija, mil cosas, cuidado que me avises de tu arribo a Lisboa y que abraces a papá en mi nombre”.
Esta carta la escribe Ramón desde Ponferrada el 22 de septiembre, pero meses antes había escrito Santiago Alonso Cordero una serie de cartas dirigidas a sus hijas: “Mis amadas y queridas hijas María Antonia y Victoria Margarita”. Así comienza una fechada en Lisboa el 18 de junio de 1845.
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En julio de 1836 se está construyendo la casa del Maragato en Santiago de Millas. María Antonia, hija de Cordero, con 17 años le escribe desde el pueblo a Madrid una carta como “Conductor de Caudales por su Real Majestad”. Le comunica que los gallegos están trabajando la piedra para igualar el techo con la obra nueva: ”Los carpinteros están labrando las vigas que trajimos de Morales del Arcediano”. Es la carta como un parte, pero en ella la expresión familiar de los recuerdos de las dos abuelas, de tía Antonia y de tía Polonia. Sus hijas desean verle.
Tres días más tarde recibe otras dos cartas familiares. Una de la mayor, María Antonia que responde a Cordero continuando con el parte de la obra. Supieron de su padre por Pedro Vidal: “De Morales trajimos once carros de madera”. La familia en Santiago de Millas, en ese momento la componen las dos abuelas, la tía Antonia, la tía Polonia, Pepe, esteban y los Ramones. Piden a Dios por la salud de su padre, metido en líos y preocupaciones. En esta misma carta del 18 de julio de 1836 iba otra que escribiría su hija segunda Bernardina. Está contenta de saber de su salud, pero a la inmediata pide que le dé permiso para acompañar a su tía Manuela y se lo escribe con ortografía torpe de muchacha que corregimos: 2El sábado estuve en casa de mi tía Manuela y dijo que a mediados del mes de agosto quería ir a las aguas y a ver si usted es gustante de que yo ‘vaiga’. Me lo noticiará Vs., pues haré lo que disponga”. Firman Bernardina y Margarita.
Si fue a las aguas o no ya carece de importancia, pero tenemos el cuadro de unas niñas huérfanas consultando con su padre y responsables, en buena medida de la obra que Santiago Ramón Alonso Cordero levanta en Santiago de Millas; una casa maragata de rico, con reloj de sol, con solana y habitaciones enormes, con un patio donde caben lo menos diez carros. Y en ese patio la cronométrica dentadura de los guijarros haciendo corrillos y casi mosaico. Además una imponente cocina con un campanón para 200.000 trasgos, las habitaciones empapeladas y corredores para diez canónigos, y el maderío de las puertas con forma de luneta isabelina que aún hoy en día llamarían la atención, al igual que los papeles pintados y el desván donde cabía un regimiento. Los servicios bien acondicionados, las escaleras ya un poco regias. Están construyendo el prototipo de la casa arriera maragata. No hay otra, porque la hizo el singular hombre que era el Maragato, con sus contras y persianas, con sus pozos de hermosura y unas higueras y morales que asombran la casa de luz casi morada.
![[Img #16094]](upload/img/periodico/img_16094.jpg)
Por este tiempo es diputado por León en las cortes constituyentes de 1836-1837. Tiene la oportunidad de extender el liberalismo por el pueblo español, y con esta representatividad leonesa continuará hasta el año 1843.
El 11 de julio de 1838, un año más tarde de su segundo matrimonio, comunica a su padre Santiago el nacimiento de su hijo varón. Ahora viven todos en Madrid. Se habla aquí de tres ‘Santiagos’. Cordero le comunica a su padre Santiago que desde ahora tiene un nieto que le continúa en un nombre tan santiagomillés: “Querido padre: por si se halla en esta (pues a casa se hace largamente) sirva esta para anunciarle que a las ocho de esta noche dio a luz Mariquita un niño tan hermoso y tan robusto que no se puede decir. Lo verifico con toda felicidad y ambos siguen buenos. Considere nuestro júbilo y téngalo Vs. igual, y sin tiempo para más reciba Vs. afectos de margarita y María Antonia y disponga del tierno afecto de su hijo que de corazón le estima, Santiago”.
En junio de 1840, el Maragato tiene consigo a Bernardina. Su mujer y la hija Amalia han salido para Santiago de Millas. La pobre Bernardina sabe que a su hermana mayor le pasa algo: es el amor por Luis, su primo que ha salido de arriero: “Porque tan sensible te es la marcha –y es parta sentirlo-, pero con eso no remedias nada; haz por divertirte y escríbeme de todo lo que te pasa”. Bernardina se acuerda de tía Polonia ahora que son pascuas. Estuvo Josefa y su hermano en la casa de Madrid: se lo dirás a mamá (a la madrastra) y como no envía besos para los medio hermanos Santiago, Pío y Joaquín.
Un año más tarde se celebra la boda de la primera hija de Santiago Alonso Cordero, pero el acontecimiento más importante sería el nacimiento de su nieta Clotilde el 20 de Agosto de 1842 a las cinco en punto de la tarde. Clotilde se bautizaba con solemnidad en la iglesia de San Ginés de Madrid. Derramó las aguas bautismales Policarpo Valcárcel. Como al abuelo se le cae la baba quiere que haya gente de rumbo en el bautizo. Y la hubo. Nos consta especialmente de los que firmaron el acta bautismal como testigos: Antonio Franco Alonso, Miguel Franco Alonso y Pedro Alcántara García. Pero lo más característico es que quienes hacen de padrinos son “los excelentísimos señores D. Joaquín de Fagoaga, caballero gran cruz de la Orden americana de Isabel la Católica, pensionado de la distinguida española de Carlos III, Tesorero General de la Real Casa y patrimonio de S. M., vocal de la Junta Consultiva de la misma etc, etc, y su esposa Doña Clotilde Arizcaz y Telli, que viven en la plaza del Ángel 17”. Por supuesto que el destino de la nieta será llamarse Clotilde Joaquina. Quedaban así compensados los afanes del Maragato. El bautismo había estado presidido por la alegría de la comilona. Los niños de Madrid sintieron que el padrino era de rumbo, a más de por las puntillas y perifollos, por las personas y reales que manaban. Era el tesorero de la real casa el que tenían delante. Y este acto de vanidad –ahora eran compadres Luis y Joaquín- el que esperaba fundamentaría muchas mejores relaciones económicas y comerciales, en la exclusiva de negocios de conducta, de caudales etc.
![[Img #16097]](upload/img/periodico/img_16097.jpg)
El 22 de septiembre, el padre de Luis Franco, es decir su propio padre político le escribe una carta a María Antonia la hija de Cordero sobre el viaje que va a realizar a Lisboa para ver a Cordero que pena en el exilio. Le acompañará la hija del que será después general Infantes. También se habla en la carta de la mujer de Espartero. Pero leamos esta carta que nos mete de lleno en el ámbito de la familia Cordero, pero sobre todo en un momento de ausencia del cabeza de familia a causa de su exilio político. Esta es la razón de que realmente sea tan suasoria la carta de Ramón Franco: “Mi querida María Antonia: no quiero perder correo para contestar a tu muy halagüeña carta, ya por el grande gusto que en ello tengo, como por la premura del tiempo que así lo exige.
“Busilis tiene, querida galleguita, tu consulta; digo que tiene busilis por la oposición que hay de mamá de hacer el viaje con la hija del Señor Infantes, a que no veo justo se oponga por ser de disposición de Pepa, la que debe respetarse y llevar a cabo. La incomodidad que mamá, dice, vas a tener en el camino con la hija del Sr. Infantes no es razón para que por eso dejes de hacer con ella el viaje; de no ir juntas estás en el caso de desistir del viaje, ya porque a papá le había de incomodar el que fuese sin ella, y ya porque era dar a entender al Sr. Infantes (que) no tenías tú ni la demás familia gusto en ir con ella.
“La incomodidad que puede darte en el camino no debe de ser grande, porque son pocos los días que hay de camino; por consiguiente mi consejo es el que en todo trance hagas el viaje en su compañía, la de Victoria y Joaquinito; ahora te encargo que reserves esto que te digo a mamá.
“La estación está avanzada; soy de parecer emprendáis luego el viaje que debes hacer por Badajoz; más ventajoso era por Andalucía, aunque no fuese por otra cosa que el ver las bonitas poblaciones que hay en el tránsito, pero tu estado delicado y la compañía de los niños por fuerza os habría de causar disgusto el mareo; y en los buques no se encuentra el auxilio que hay por tierra; por donde debes de emprender la ruta. Muchísimo siento el no acompañarte, según te tenía ofrecido (porque lo haría con muchísimo gusto) ya porque harías el viaje con más libertad o ya porque de sus resultas podría sacarse las ventajas de que te he hablado; pero habiendo supuesto papá el que te acompañe Regidor no hay más remedio que cumplirlo así.
“Por mi parte estaba y estoy dispuesto a prestarme para todo cuanto a ti y a la familia pueda hacer en obsequio de todos. Cuando llegues a abrazar a papá y conferencies con él a solas, dile en mi nombre que si le soy necesario y útil que no le arredre en disponer de mí y que por eso no abandono mi familia a quien tanto quiero la que desea tanto complacerte como yo. Tú ya sabes cuál era mi pensamiento para ir contigo a Lisboa, pero presumo que papá lo dijo o consultó con Mendizábal, (y este) se lo quitase de la cabeza; en fin, si el cielo quiere traérnoslo por acá, entonces trabajaré por conseguir el objeto que deseamos.
![[Img #16095]](upload/img/periodico/img_16095.jpg)
“La conducta que debes de seguir al lado de papá debe ser la siguiente. 1/ Si en conversación le oyes suspirar de algún disgusto con mamá, no le apoyes nunca, con lo que le lograrás ganarle cada (vez) más su cariño. 2/ Cuando te pregunte como fueron las jaranas de tu hermanita, le dices la verdad, pero sin denigrarla en nada, al contrario le harás ver que fue seducida por los padres de Andrés, prevalidos de su tierna edad. 3/ Si te pregunta si yo estaría pronto a salir o estar en cualquier punto que a él le conviniese, asegúrale que sí, porque así me lo has oído con todo lo demás que creas que puede convenirle.
“Dando como doy por hecho tu resolución en hacer el viaje, no hay necesidad de dar más contestación a papá que la que acompaña.
“Te deseo querida y adoptiva hija, que abraces a papá con toda la ternura de que es susceptible tu tierno corazón y que regreses sin novedad para que puedas estrechar entre tus brazos a tu Luisito, modelo de todos los esposos del mundo, y angelitos hijos cual te lo desean todos los de esta tu casa que te abrazan, así como el que te ama con el más cordial y tierno cariño. Ramón”.
P.d.: “A la señora de Infantes e hija, mil cosas, cuidado que me avises de tu arribo a Lisboa y que abraces a papá en mi nombre”.
Esta carta la escribe Ramón desde Ponferrada el 22 de septiembre, pero meses antes había escrito Santiago Alonso Cordero una serie de cartas dirigidas a sus hijas: “Mis amadas y queridas hijas María Antonia y Victoria Margarita”. Así comienza una fechada en Lisboa el 18 de junio de 1845.






