El entorno familiar del maragato Cordero (III)
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A Luis le escribe de negocios pues ha quedado en Madrid como apoderado general de todos sus intereses y es quien lleva la construcción del gran edificio que se está levantando sobre San Felipe el Real:
“Aún cuando no os escribo muy a menudo no por eso dejo de acordarme de vosotras todos los días y no una sola vez, sino muchas, y me persuado que vosotras hacéis lo mismo, aunque también es cierto que no me escribís. El amigo Don Félix Fernández de Torres que vino conmigo en el vapor desde Cádiz hasta esta, y que salió en la semana pasada para Oporto, me ha informado de vuestro inolvidable cariño hacia mí, que no dudo ni dudaba como buenas hijas de bendición, y me ha enternecido porque me ha dicho que cada vez que se hablaba de mí, os poníais a llorar, acordándoos de la ausencia e injusta persecución que enemigos míos me hacen y por la que estoy emigrado y por lo tanto ausente de unas hijas y demás familia que idolatro: me ha dado razón de toda la Casa y de toda la obra que anduvo viendo de noche con luces; me dice que le obsequiasteis con una buena comida en compañía de toda la familia de la que me ha hablado largamente, haciendo muchos elogios de vosotras y de todos los pequeños. Si vierais ahora, hijas mías, como me hallo, viendo acercarse a vosotras y familia al recibo de esta a Mamá, al hermanito Santiago y al verdadero y constante amigo Don Ramón Vázquez a quién habréis tenido el placer de ver y abrazar y ellos igualmente a vosotras, y no hacerlo yo se me parte el corazón a pedazos. Y a no ser el señor Infantes y Baldomero (Espartero) que vienen casi todos los días a comer conmigo y a distraerme no sé, hijas de mi corazón, lo que sería de mí: no os podéis figurar lo que siento haberme quedado solo, pues hasta el Dependiente se fue a ver a sus hermanos en el mismo día en que yo llegué de vuelta de despedir a los viajantes, a quienes diréis que hoy no les escribo por ser tarde y que me alegraré hayan llegado sin novedad y tenido el placer de abrazarnos tanto por ellos como por mí que van encargados de hacerlo en mi nombre y de repartiros algunas expresiones de memoria que vuestro padre os envía y que me parece os gustarán, así como a Luis y a la Clotilde y hoy no os digo lo que es por ser tarde y que Mamá os entregará con mucho gusto porque también ella ha tenido interés en que así se hiciese y verificase. Adiós, hijas mías, que sale el correo y no puedo decir más sino que deis mil afectos a todos, todos, todos para no poner nombres; con besos a los niños y a vosotras os ama vuestro padre que desea veros y estrecharos en sus brazos. Santiago. Lisboa 18 de junio de 1845”. El sobre exterior dice: “Para las señoritas Doña María Antonia Y Victoria Margarita, de su papá”.
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Desde Madrid vuela inmediatamente una carta de las hijas hacia Lisboa. Disponemos del borrador hecho por las hijas, con sus correspondientes tachaduras. Se nota que deseaban escribir una estupenda carta a su padre, y por este motivo la ensayaron con mimo y con titubeo.
Fechada el tres de julio en Madrid, dice así:
“Querido y amado papá: ¿Qué quiere usted que le conteste a su dulce y tierna carta que tanto ha enajenado a las hijas que le adoran e idolatran? ¿Cómo habré de dudar de su lisonjero cariño? Muy satisfecha estoy de lo mucho que usted se recuerda de nosotras y tampoco se separa de nuestra memoria el papá que tanto enajena nuestro corazón. ¡Cuándo llegará el día que podamos estrecharle en nuestros abrazos a mi papa amado! Y qué recurso nos queda más que el llanto al contemplarle a usted fuera de su patria, separado de mamá e hijos por la infame persecución de sus encarnizados enemigos que ni tienen presente los muchos servicios que usted les ha hecho, ni ven que tiene usted esposa ni hijos por quien mirar, ni menos tienen presente los más de ellos los grandes servicios que ha prestado a la Nación; pero de esto nadie se acuerda, todo se olvida por los hombres de corazón ‘punzoñoso’.
“Efectivamente, querido papá, abrazamos y besamos a la mamá y hermanito con el mayor júbilo en Aranjuez; lo hicimos con igual satisfacción a su constante y fiel amigo que le acompañó y al que por separado hice mil preguntas por usted, y no podía menos de enternecerse mi corazón al oír a amigo tan constante lo mucho que usted se acuerda de sus hijas, en lo que tengo una satisfacción corresponder al papá que mi corazón idolatra.
“La mamá me hizo entrega así como a la hermanita y demás de sus finas y ricas finezas que tanto nos han gustado y apreciamos; son de exquisito gusto, pero resta lo principal que es el carecer de la presencia del papá que idolatro para poder disfrutar con gusto sus halagüeñas memorias, por las que doy, adorado papá, millones de gracias, besos y abrazos, rogando al todopoderoso llegue el día que pueda estrecharle entre sus brazos la hija que le adora, María Antonia”.
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A pesar de los tópicos de carta romántica y de las reincidencias, la carta muestra bien a las claras el dolor de la separación de esta familia dividida por los azares de la política.
Disponemos de otra carta fechada por el Maragato en Lisboa, el 16 de agosto de 1845.
Acaba de venir de Lisboa la mamá María García y el amigo Ramón Vázquez, padre adoptivo de María Antonia y de Victoria Margarita. Nos adentramos en algunos otros pormenores, como el de la frecuentación de la Granja de San Ildefonso para el veraneo, al igual que el de Aranjuez, lugares ambos de moda, donde tenían casa los familiares del Maragato. No retardemos más la transcripción de esta carta:
“Mi idolatrada y amante hija María Antonia: es imposible explicarte el placer que me ha causado tu favorecida, cinco del actual, desde San Ildefonso, suscrita por la Clotilde, Santiago Pío, Joaquinito en la que me manifiestas que mis tiernas y dulces cartas del 19 y 25 del anterior, han enajenado tu corazón y no me cabe duda, por lo sentimental que eres y las bellas cualidades de que estás adornada; sirviéndote de consuelo y minorando tus pesares, pero siempre con el disgusto de no verme a vuestro lado; algún día será, hija mía, en que disfrutemos este placer y podamos estrecharnos íntimamente, y si esto se prolongare, ya que tanto deseas venir a verme, dispondremos para que así sea, por una temporada; porque también esto mismo escribe la hija del señor Infantes y en tal caso vendréis juntas, trayéndonos los nietos para complacernos y distraernos con vosotras y con ellos, así como también vendrá la Victoria y Joaquinillo, que será necesario determinar desde ahora hasta el 20 de septiembre próximo en que debéis poneros en camino, caso de no poder ir nosotros a esa en este intermedio, para lo cual me dirás si os gusta venir por mar o por tierra, porque en el primer caso hacéis el viaje por Andalucía y en el segundo por Extremadura hasta Badajoz en la diligencia de esa, y luego trataremos de sacar licencia el señor Infantes y yo, para ir a esperaros a Yelbes, que es la última ciudad de este reino a la vista de Badajoz y nos vendremos con un ordinario que hay para esta y tiene carromato: mamá os puede hablar del primer viaje, tío Don Antonio y Luisito del segundo, y así ‘eligiréis’ el que os parezca mejor y sea de vuestro agrado, avisando con tiempo la elección, contando con que Regidor será el hombre de acompañamiento para que os cuide y vea de suministrar cuanto haga falta.
“Tú te has cargado en llevar a tus hermanitos a esa por ser país más fresco y que no dudo les probará bien y se mejorarán en su salud, pero siempre te darán molestias y enfados con sus travesuras, porque su tierna edad no les permite reflexionar y espero por tanto les atraerás a buen juicio, procurando divertirte tú y no hacer caso de sus enredos y sí deseara que estos fueran muy sencillos y distraídos contra su sobrina y mi amada nietecilla Clotilde, así como las caricias a Luisito; veo que deseas volver a Madrid a asistir a mamá y yo sentiré mucho que si es en este mes abandones ese sitio en una estación calurosa que pueda perjudicar a tu salud, además de dejar a los niños entregados a criadas que por buenas que estas sean, siempre han de continuar mejor con su mamá y hermana, y a aquella no le faltan personas en Madrid que estén al cuidado de su asistencia, y mamá y yo te lo agradecemos como si lo verificases.
“Tienes razón, hija mía, en lo que dices del buen amigo Don Ramón, que en el efecto lo es verdadero y servirá de mucho provecho en casa, pero como también en la suya hace falta y ha sido llamado por su esposa y familia, ha hecho perfectamente en irse, porque primero son sus intereses que los nuestros, a pesar de que estoy penetrado los abandonaría por servirnos.
“Servirá esta también para la Clotilde y hermanitos ya que tanto interés tiene la primera con las cartas de su abuelo y tiempo llegará en que Luisito haga lo mismo, besando y abrazando en mi nombre a todos cuatro, diciéndoles que les quiere mucho, como igualmente a ti el que desea verificarlo personalmente que es tu amante padre que te adora, Santiago”.
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Los preparativos para realizar el viaje cada vez se estrechan más y más en cartas anudadas. El Don Ramón a que se refiere la carta anterior es el de apellido Vázquez que vive en Ponferrada y que es uno de sus grandes amigos en lo comercial y económico así como en lo familiar, por eso ha llegado a ser padre adoptivo de sus dos hijas del primer matrimonio.
La carta siguiente de María Antonia no se hace esperar en su vuelo a Lisboa.
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A Luis le escribe de negocios pues ha quedado en Madrid como apoderado general de todos sus intereses y es quien lleva la construcción del gran edificio que se está levantando sobre San Felipe el Real:
“Aún cuando no os escribo muy a menudo no por eso dejo de acordarme de vosotras todos los días y no una sola vez, sino muchas, y me persuado que vosotras hacéis lo mismo, aunque también es cierto que no me escribís. El amigo Don Félix Fernández de Torres que vino conmigo en el vapor desde Cádiz hasta esta, y que salió en la semana pasada para Oporto, me ha informado de vuestro inolvidable cariño hacia mí, que no dudo ni dudaba como buenas hijas de bendición, y me ha enternecido porque me ha dicho que cada vez que se hablaba de mí, os poníais a llorar, acordándoos de la ausencia e injusta persecución que enemigos míos me hacen y por la que estoy emigrado y por lo tanto ausente de unas hijas y demás familia que idolatro: me ha dado razón de toda la Casa y de toda la obra que anduvo viendo de noche con luces; me dice que le obsequiasteis con una buena comida en compañía de toda la familia de la que me ha hablado largamente, haciendo muchos elogios de vosotras y de todos los pequeños. Si vierais ahora, hijas mías, como me hallo, viendo acercarse a vosotras y familia al recibo de esta a Mamá, al hermanito Santiago y al verdadero y constante amigo Don Ramón Vázquez a quién habréis tenido el placer de ver y abrazar y ellos igualmente a vosotras, y no hacerlo yo se me parte el corazón a pedazos. Y a no ser el señor Infantes y Baldomero (Espartero) que vienen casi todos los días a comer conmigo y a distraerme no sé, hijas de mi corazón, lo que sería de mí: no os podéis figurar lo que siento haberme quedado solo, pues hasta el Dependiente se fue a ver a sus hermanos en el mismo día en que yo llegué de vuelta de despedir a los viajantes, a quienes diréis que hoy no les escribo por ser tarde y que me alegraré hayan llegado sin novedad y tenido el placer de abrazarnos tanto por ellos como por mí que van encargados de hacerlo en mi nombre y de repartiros algunas expresiones de memoria que vuestro padre os envía y que me parece os gustarán, así como a Luis y a la Clotilde y hoy no os digo lo que es por ser tarde y que Mamá os entregará con mucho gusto porque también ella ha tenido interés en que así se hiciese y verificase. Adiós, hijas mías, que sale el correo y no puedo decir más sino que deis mil afectos a todos, todos, todos para no poner nombres; con besos a los niños y a vosotras os ama vuestro padre que desea veros y estrecharos en sus brazos. Santiago. Lisboa 18 de junio de 1845”. El sobre exterior dice: “Para las señoritas Doña María Antonia Y Victoria Margarita, de su papá”.
![[Img #16195]](upload/img/periodico/img_16195.jpg)
Desde Madrid vuela inmediatamente una carta de las hijas hacia Lisboa. Disponemos del borrador hecho por las hijas, con sus correspondientes tachaduras. Se nota que deseaban escribir una estupenda carta a su padre, y por este motivo la ensayaron con mimo y con titubeo.
Fechada el tres de julio en Madrid, dice así:
“Querido y amado papá: ¿Qué quiere usted que le conteste a su dulce y tierna carta que tanto ha enajenado a las hijas que le adoran e idolatran? ¿Cómo habré de dudar de su lisonjero cariño? Muy satisfecha estoy de lo mucho que usted se recuerda de nosotras y tampoco se separa de nuestra memoria el papá que tanto enajena nuestro corazón. ¡Cuándo llegará el día que podamos estrecharle en nuestros abrazos a mi papa amado! Y qué recurso nos queda más que el llanto al contemplarle a usted fuera de su patria, separado de mamá e hijos por la infame persecución de sus encarnizados enemigos que ni tienen presente los muchos servicios que usted les ha hecho, ni ven que tiene usted esposa ni hijos por quien mirar, ni menos tienen presente los más de ellos los grandes servicios que ha prestado a la Nación; pero de esto nadie se acuerda, todo se olvida por los hombres de corazón ‘punzoñoso’.
“Efectivamente, querido papá, abrazamos y besamos a la mamá y hermanito con el mayor júbilo en Aranjuez; lo hicimos con igual satisfacción a su constante y fiel amigo que le acompañó y al que por separado hice mil preguntas por usted, y no podía menos de enternecerse mi corazón al oír a amigo tan constante lo mucho que usted se acuerda de sus hijas, en lo que tengo una satisfacción corresponder al papá que mi corazón idolatra.
“La mamá me hizo entrega así como a la hermanita y demás de sus finas y ricas finezas que tanto nos han gustado y apreciamos; son de exquisito gusto, pero resta lo principal que es el carecer de la presencia del papá que idolatro para poder disfrutar con gusto sus halagüeñas memorias, por las que doy, adorado papá, millones de gracias, besos y abrazos, rogando al todopoderoso llegue el día que pueda estrecharle entre sus brazos la hija que le adora, María Antonia”.
![[Img #16191]](upload/img/periodico/img_16191.jpg)
A pesar de los tópicos de carta romántica y de las reincidencias, la carta muestra bien a las claras el dolor de la separación de esta familia dividida por los azares de la política.
Disponemos de otra carta fechada por el Maragato en Lisboa, el 16 de agosto de 1845.
Acaba de venir de Lisboa la mamá María García y el amigo Ramón Vázquez, padre adoptivo de María Antonia y de Victoria Margarita. Nos adentramos en algunos otros pormenores, como el de la frecuentación de la Granja de San Ildefonso para el veraneo, al igual que el de Aranjuez, lugares ambos de moda, donde tenían casa los familiares del Maragato. No retardemos más la transcripción de esta carta:
“Mi idolatrada y amante hija María Antonia: es imposible explicarte el placer que me ha causado tu favorecida, cinco del actual, desde San Ildefonso, suscrita por la Clotilde, Santiago Pío, Joaquinito en la que me manifiestas que mis tiernas y dulces cartas del 19 y 25 del anterior, han enajenado tu corazón y no me cabe duda, por lo sentimental que eres y las bellas cualidades de que estás adornada; sirviéndote de consuelo y minorando tus pesares, pero siempre con el disgusto de no verme a vuestro lado; algún día será, hija mía, en que disfrutemos este placer y podamos estrecharnos íntimamente, y si esto se prolongare, ya que tanto deseas venir a verme, dispondremos para que así sea, por una temporada; porque también esto mismo escribe la hija del señor Infantes y en tal caso vendréis juntas, trayéndonos los nietos para complacernos y distraernos con vosotras y con ellos, así como también vendrá la Victoria y Joaquinillo, que será necesario determinar desde ahora hasta el 20 de septiembre próximo en que debéis poneros en camino, caso de no poder ir nosotros a esa en este intermedio, para lo cual me dirás si os gusta venir por mar o por tierra, porque en el primer caso hacéis el viaje por Andalucía y en el segundo por Extremadura hasta Badajoz en la diligencia de esa, y luego trataremos de sacar licencia el señor Infantes y yo, para ir a esperaros a Yelbes, que es la última ciudad de este reino a la vista de Badajoz y nos vendremos con un ordinario que hay para esta y tiene carromato: mamá os puede hablar del primer viaje, tío Don Antonio y Luisito del segundo, y así ‘eligiréis’ el que os parezca mejor y sea de vuestro agrado, avisando con tiempo la elección, contando con que Regidor será el hombre de acompañamiento para que os cuide y vea de suministrar cuanto haga falta.
“Tú te has cargado en llevar a tus hermanitos a esa por ser país más fresco y que no dudo les probará bien y se mejorarán en su salud, pero siempre te darán molestias y enfados con sus travesuras, porque su tierna edad no les permite reflexionar y espero por tanto les atraerás a buen juicio, procurando divertirte tú y no hacer caso de sus enredos y sí deseara que estos fueran muy sencillos y distraídos contra su sobrina y mi amada nietecilla Clotilde, así como las caricias a Luisito; veo que deseas volver a Madrid a asistir a mamá y yo sentiré mucho que si es en este mes abandones ese sitio en una estación calurosa que pueda perjudicar a tu salud, además de dejar a los niños entregados a criadas que por buenas que estas sean, siempre han de continuar mejor con su mamá y hermana, y a aquella no le faltan personas en Madrid que estén al cuidado de su asistencia, y mamá y yo te lo agradecemos como si lo verificases.
“Tienes razón, hija mía, en lo que dices del buen amigo Don Ramón, que en el efecto lo es verdadero y servirá de mucho provecho en casa, pero como también en la suya hace falta y ha sido llamado por su esposa y familia, ha hecho perfectamente en irse, porque primero son sus intereses que los nuestros, a pesar de que estoy penetrado los abandonaría por servirnos.
“Servirá esta también para la Clotilde y hermanitos ya que tanto interés tiene la primera con las cartas de su abuelo y tiempo llegará en que Luisito haga lo mismo, besando y abrazando en mi nombre a todos cuatro, diciéndoles que les quiere mucho, como igualmente a ti el que desea verificarlo personalmente que es tu amante padre que te adora, Santiago”.
![[Img #16194]](upload/img/periodico/img_16194.jpg)
Los preparativos para realizar el viaje cada vez se estrechan más y más en cartas anudadas. El Don Ramón a que se refiere la carta anterior es el de apellido Vázquez que vive en Ponferrada y que es uno de sus grandes amigos en lo comercial y económico así como en lo familiar, por eso ha llegado a ser padre adoptivo de sus dos hijas del primer matrimonio.
La carta siguiente de María Antonia no se hace esperar en su vuelo a Lisboa.






