Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 23/03/2017
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Tomás Valle Villalibre
23/11/2015

Diego y Francisco

Estoy sentado en la terraza frente al Palacio de Gaudí. Me acompañan Diego, Francisco y Alma, que es la hermana del primero y con la que me une una gran amistad. Hemos quedado para hablar. Les gusta el poético entorno que envuelven la Catedral, el Palacio y la Iglesia de Santa Marta. Nuestra conversación se centra sobre el interés que tenemos los seres humanos por clasificarnos a nosotros mismos y a los demás. De cómo desde muy niños aprendemos a poner etiquetas de la orientación sexual, aunque no seamos capaces de comprender el concepto de dicha orientación. “Marica” o “maricón” son palabras que se han oído y se oyen a niños y adultos para mostrar desprecio. Lo que provoca que ya durante la infancia se pueda empezar a desarrollar una asociación entre estas palabras con el hecho de ser distintos e indeseados y que no “corresponde” a su sexo.

 

El otoño ha hecho su aparición y los árboles que adornan la plaza ya empiezan a estar ligeros de ropa.

 

Pero queríamos hablar, hablar de lo difícil que les ha resultado a Diego y Francisco llegar a ser pareja, principalmente porque son buenas personas, trabajadores, humildes de corazón e incapaces de hacer daño a nadie y se quieren sin importarles la vulgaridad de algunas críticas. Su vida es la de personas comunes y corrientes que no sienten la necesidad de mostrar su sexualidad, aunque tampoco la esconden, compartiendo la idea de que ésta es la condición que ellos tienen y que es un asunto privado.

 

Alma, recuerda lo duro que resultó decirles a sus padres que a Diego le gustaban los hombres y que tenía todo el derecho a colorear su mundo con el color que a él le gustaba y además ser respetado por ello. “Para mí fue muy difícil, mi madre es muy creyente y le costó asumirlo, sé que lloró mucho. Mi padre y mis hermanos me apoyaron desde el primer momento. Mi madre una vez que lo asumió fue mi máximo sostén y hoy se siente orgullosa de mí y de Francisco, mi pareja”, nos dice Diego. Además del apoyo familiar y del de sus amigos, se siente contento por haber dejado atrás aquellos años que tuvo que llevar una doble personalidad, ya que sus padres aunque lo intuían  no querían verlo y él mientras, en casa debía ser de una manera y fuera de otra.

 

Mi experiencia fue grata, nos dice Francisco, relatando que a pesar de que era un secreto a voces, en su familia  no lo comentaban y su madre cansada de la situación un día, cuando él tenía veintiún años le dijo “¿me quieres decir que voy a tener que salir yo a buscarte novio?”. Fue una conversación que jamás olvidaré y que cambió mi forma de ver la vida. El apoyo familiar es indispensable en el momento de enfrentar una realidad tan fuerte.

 

Diego y Francisco están casados desde hace cinco años y han vivido el debate sobre la legalidad y los alcances del matrimonio entre personas del mismo sexo en primera persona, admitiendo que siempre ha sido un tema convulso. Aunque se ha avanzado mucho, hay sectores que opinan que la única definición de matrimonio es la que afecta a la unión de un hombre y una mujer y para ello argumentan  temas procreativos, semánticos o tradicionalistas. Por otra parte los sectores que apoyan el matrimonio entre personas del mismo sexo, ya sean hombres o mujeres, impugnan dichos argumentos, y atribuyen este rechazo sobre todo a la homofobia, especialmente la que emana de la Iglesia Católica y otros credos cristianos, al tiempo que sostienen que no existen razones suficientes que justifiquen privar de la protección que brindan el sistema jurídico o el aparato estatal, a los matrimonios entre personas del mismo sexo, sin incurrir en una forma de discriminación; esto es, la diferenciación injustificada.

 

Alma, que siempre ha estado al lado de su hermano, recuerda cuando éste un día entró en su habitación y se la quedó mirando durante unos minutos sin decir ni una sola palabra. “Intuí que algo me quería decir, pero nunca pensé que sería sobre su sexualidad; era algo que ambos habíamos asumido hacía muchos años. Sabía que yo lo quería tal como era”. Diego nos interrumpe continuando la narración: “acababa de enamorarme y estaba muy asustado, le conté todo lo que estaba pasando por mi cabeza, que en mi interior me sentía avergonzado y aunque yo esperaba otra respuesta, en esta ocasión ella solo me contestó ¡Diego eso se llama amor! Recuerdo que lloré sobre su pecho durante  largo rato.”

 

El matrimonio entre personas del mismo sexo está respaldado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos que considera que el matrimonio es un derecho que asiste a todas las personas con independencia de su orientación sexual.

 

Francisco se vuelve hacia mí y con la tranquilidad que le caracteriza me hace saber cómo piensa él que se podrían cambiar algunas cosas. Desde su experiencia cree que hay que informar a la sociedad acerca de los homosexuales y hacerles entender que no es una perversión sino una forma más de sexualidad; que hay una gran diversidad de personas a las que se les debe respetar su forma de ser y sentir. Para él lo primero es el respeto a sí mismo y a los demás, a partir de ahí, cree que no habría ningún problema ni causa, con homosexuales, ni mujeres, ni con gente que practique religiones diferentes, ni de racismo, problemas que piensa que están bastante relacionados.

 

Terminó enviando un mensaje a todas aquellas personas que tienen miedo en aceptar o decir que son homosexuales: “desde lo más profundo de mi corazón les pido a todas esas personas que se sienten encarceladas en otro mundo que se expresen y se liberen. Ninguna persona debe sentirse avergonzada de lo que es, sea cual sea su sexo, orientación o identidad sexual”.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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