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Contexto global - DESDE LA ALTURA DE LA EDAD / ANTONIO COLINAS CUMPLE 70 AÑOS
Gilda Calleja Medel
6/02/2016

Traductor: Antonio Colinas

Gilda Calleja Médel ha publicado en la Universidad de León el libro 'Antonio Colinas, traductor'. Señala la importancia de las traducciones de Colinas al español no habiendo sido nunca un oficio secundario, ya que ha estado siempre muy vinculado a la poesía.

[Img #20332]Hasta hace pco en los estudios que existían sobre Antonio Colinas, sus traducciones, exceptuando quizá las de Leopardi, se mencionaban casi de refilón. Si el corpus poético de Colinas es uno de los conjuntos de más calidad de la poesía española contemporánea, su corpus de textos traducidos no le va a la zaga. La traducción, presente casi desde siempre en su quehacer literario, no ha sido para él un oficio secundario, ha sido poco menos que un destino. Era inevitable que tradujera de las culturas que tanto le habían marcado, sobre todo de la italiana, tan íntimamente ligada a su sensibilidad.
 

En su artículo '¿Por qué he traducido?' declaraba: Mi interés por la traducción va unido, en sus orígenes, a mi interés por la poesía, que es mi vocación y la raíz de toda mi escritura, incluso aquella que no es en un sentido estricto poética (1995). Al principio sus primeras traducciones fueron trabajos de bachillerato, luego las que denomina “lecturas-traducciones” de poetas que forjaron su vocación, obras que traducía por placer. Después las más duras, las del oficio. Aún cuando lo hacía profesionalmente intentaba escoger autores con los que sintonizaba. Hoy en día sólo traduce autores con los que se siente en armonía.

 

La estancia de Colinas en Italia marcará toda su obra. A principios de 1971 llega a Milán para una estancia de seis meses que se convertirán en cuatro decisivos años de su vida. Empieza su labor de italianista, y de ahí sus primeros encargos de traducción. 

 

Giacomo Leopardi había sido en su juventud en La Bañeza, el primer poeta italiano que conoció, en traducción, y será el primero al que lee en su lengua y traduce. A Leopardi le dedica estudios, biografías e inmejorables versiones, aunque en sus primeras ediciones (Júcar, 1975; Alfaguara 1979) tuvo muchos padecimientos por las erratas, felizmente subsanadas a partir de la edición del Círculo de Lectores de 1997. Colinas recuerda la traducción del poema L’Infinito como algo especial, que le ayudó a formar su concepto de la traducción poética.

 

Existía una importante corriente de pensamiento, negativa en cuanto a la posibilidad de dicha traducción. Roman Jakobson había dicho que la poesía, por definición, era intraducible. Robert Frost, igualmente pesimista: "La poesía es aquello que se pierde en las traducciones". La preocupación de Colinas al traducir era precisamente salvar la música, es decir, “la poesía del poema” (1995). Sus versiones lo logran ampliamente, al conocer profundamente al autor original, sintonizar con mucho de su creación y corregir, repasar, reescribir, algo que demuestra, además, su actitud ética y estética ante ese acontecimiento literario. Toda traducción es perfectible, Colinas es consciente de ello, y sus reediciones lo demuestran.

 

 

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En 1975 Colinas vuelve a España y traduce mucho, no sólo poesía, si no también prosa, de pane lucrando.

 

Declara que esta labor le coartaba su labor poética. No obstante, siempre buscaba autores que le fueran afines, y son encomiables sus notables resultados. De esta época son sus versiones de Lampedusa (Stendhal), de Levi (Cristo se paró en Éboli), de Salgari, de Collodi (Pinocho), considerada ésta la 'canónica' por la propia Fundación Collodi. 

 

En 1978 se publica Poetas italianos contemporáneos. Esta obra tiene una enorme difusión para la época, y magnífica recepción: en muchos casos fue el primer contacto que tuvo ‘la inmensa minoría’ que lee poesía con los autores italianos del XX. Muchos de estos poemas se revisarán y reeditarán en su Antología esencial de la poesía italiana, de Espasa Calpe, de 1999.

 

A partir de 1989 Colinas deja de traducir por obligación: ya su prestigio se lo permite. Ejemplo de ello es su magnífica traducción del Premio Nobel, Salvatore Quasimodo, de 1991, que hizo sin prisas y por placer, y de la que está especialmente satisfecho. Por la misma el Ministerio Italiano de Exteriores le concedió el Premio Nacional de Traducción en 2005.

 

Antonio Colinas se había trasladado a Ibiza y es en el Mediterráneo donde posiblemente vive sus décadas más fecundas. En la isla escribe los dos artículos sobre traducción relevantes en este contexto: ‘Aquellos lunes inolvidables’ (1989a), sobre las tertulias donde se reunían traductores y escritores y 'Del traducir por placer' (1989b), referida al proceso de traducción de un poema de Gimferrer. En esta categoría “por placer” entran sus traducciones del catalán, de poetas con los que sintoniza especialmente: Villangómez Llobet, obra patrocinada por el Ministerio de Cultura, Tàpies Barba, autor que le sugiere a su editorial que lo tradujera Colinas; Gimferrer, que le escoge los poemas más afines a su poética y la antología Poetas catalanes de hoy. La actitud positiva del bañezano hacia la cultura catalana y sus versiones han sido reconocidas por la Generalitat de Catalunya al otorgarle en 1999 su máximo galardón, la Creu de Sant Jordi.

 

En 1998 vuelve a la península, a Salamanca. Ese año se le concede el premio Castilla y León de las Letras que destacó “la notable calidad y fecundidad de su obra poética” así como una “ejemplar actividad traductora al castellano”. Inmediatamente después recibe el premio internacional 'Carlo Betocchi' en la categoría de “studioso straniero che abbia contribuito a far conoscere la letteratura italiana”.

 

 

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Felizmente, y ya con el debido reconocimiento, ha seguido traduciendo, e insertando textos en el sistema literario español. Han aparecido dos ediciones de la obra completa de Quasimodo, en Linteo 2004 (Premio Nazionale per la Letteratura, Italia 2005 y 2007). Ha vuelto a Leopardi, Cantos y pensamientos en Galaxia Gutenberg (2006) y de De Bolsillo (2006), y Las pasiones, en Siruela (2007); y ha rescatado y completado una de sus lecturas-traducciones de juventud, del francés, las Iluminaciones de Rimbaud, en Devenir (2007).

 

La traducción para Colinas ha sido y es formación, profesión, vocación, expresión. Confiesa que enriquece su propio proceso de creación y admite, con modestia, que “también leemos y traducimos esos textos que nosotros nunca llegaremos a escribir” (Colinas, 1995)

 


Notas

Calleja Medel, Gilda V. Antonio Colinas, traductor (2000). Secretariado de Publicaciones. Universidad de León, 2003.

Colinas, Antonio. 'Aquellos lunes inolvidables'. La prensa de Ibiza, 5 marzo 1989a.

'Del traducir por placer'. La prensa de Ibiza, 24-25 marzo 1989b.
'¿Por qué he traducido?'. Artículo inédito escrito para la tesis doctoral de la autora, 1995, luego aparecido en Del pensamiento inspirado. Vol. II pp. 53-57. Junta de Castilla y León. 2001.

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