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Contexto global - DESDE LA ALTURA DE LA EDAD / ANTONIO COLINAS CUMPLE 70 AÑOS
Pedro Martínez Martínez
6/03/2016

Desde el sur

Pedro Martínez, es profesor jubilado de lengua y literatura. Piensa que a la obra de Colinas se debe de acceder desde lo que siente, vive y piensa. Se considera privilegiado por haber convivido en varias ocasiones con el poeta y haber podido de esa manera llegar a las claves de algunos de sus poemas. Afirma que para nosotros, formar parte de esa experiencia "sería como guiarnos por una educación estética que nos fuera llevando a entender la relación con cuanto nos rodea..."

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Esto se escribe fuera de tiempo, pero se escribe para no estar ausentes  y, sobre todo, con el deseo de participar abriendo otro corro que no esté jaleado solamente por la poesía, que le dé baza  a los recuerdos, a los buenos recuerdos que la vida nos deja tener a veces por sorpresa.

 

Yo también conocí a Antonio Colinas por sus poemas y por sus libros, por su dedicación total a la comunicación escrita, pero cuando supe que de adolescente había venido a Córdoba a estudiar, al mismo centro en el que yo estaba entonces trabajando, me vi inocentemente obligado a pedirle que viniera a revivir los recuerdos de entonces ante los que en ese momento estudiaban cosas parecidas y en el mismo lugar. Le gasté la broma de confesarle que yo era de Astorga y le garanticé que no habría pago alguno. Más difícil imposible.

 

Unos días después recibí una carta que respiraba confianza. Me decía que quería venir y que aprovecharía su presencia obligada en un certamen literario para hacer escala en Córdoba.Me quedé sin aire.

 

Cuando llegó el día fuimos Charo y yo a esperarlo al tren y lo trajimos a casa. Tuve que anunciarle que al acoplar las fechas a esa circunstancia del certamen no había ni una habitación en los hoteles de la ciudad por ser días de fiesta local, pero que si aceptaba quedarse con nosotros todo encontraría solución. Guardó un breve silencio y al poco comenzó a deshacer la maleta; descansó y antes de que llegara la noche iniciamos por la antigua ciudad de Córdoba un itinerario trazado según sus recuerdos de adolescente, itinerario que duró tres o cuatro días. La primavera había teñido el paisaje con ese verde luminoso y tierno que tan poco dura y entretanto el sol nos acompañó amablemente. Todo se vivió con la calma de quienes saben que el pasado no se va si uno consigue retenerlo.   

 

El día del encuentro literario con los alumnos  aparecieron en el acto otras muchas personas devotas ya del poeta. Yo le había pedido a un alumno con prendas para hacerlo que tocara al violonchelo una suite de Bach, por ser esta una de las  melodías naturales de su  lenguaje poético. Ese comienzo abrió la caja de las emociones inesperadamente y hasta saltó al ruedo de manera espontánea otro alumno, también con buenas prendas, que recitó un poema escrito para el momento. Aquello se desbordó. Yo había previsto como recurso mejor aclimatado a mi público la novela 'Un año en el su'”, la primera que A. Colinas había escrito. Era de aparición reciente y su territorio, su  Macondo, no era otro que aquel centro docente  donde estábamos con su internado y su ciudad al fondo. Había leído aquel libro de nombres ocultos como un laberinto plagado de incógnitas que fui desvelando una a una. He de confesar que su lectura fue verdaderamente la que me llevó a desencadenar todo lo que estoy contando, pues no es tan corriente que alguien interprete su adolescencia como un proceso hacia la madurez estética en un lugar real, en un tiempo real con personajes reales camuflados. Los chavales, que en aquel momento  vivían esa época de la vida en que el pasado no importa le prestaron poca atención a la historia de la novela y se volcaron sobre todo en el momento, en la poesía y la música y en las intervenciones espontáneas de unos y otros. Al final a todos nos quedó el recuerdo de un  espectáculo  en el que todos habíamos sido un poco protagonistas.  

 

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A Antonio lo llevamos al día siguiente a coger el tren camino de Huelva. La despedida fue de lo más familiar, como  si hubiera ocurrido lo mismo otras muchas veces. A  pocas semanas de irse de aquí  apareció su nuevo libro 'Jardín de Orfeo' y en él un poema titulado 'Carta al sur' que nos  dedicó a Charo y a mí en recuerdo de aquellos días,  resumido en el rato que pasamos en un lugar de la sierra por donde baja a saltos un arroyo bordeado de avellanos, que de aquella  estaban florecidos. Pasado el tiempo he leído de este poema interpretaciones alejadas de nuestra experiencia. Cuando lo leímos nosotros lo hicimos nuestro de inmediato y se nos  convirtió en una especie de clave para entrar en el bosque  poético  de Antonio que viene siempre a decir que  la vida es algo así cuando todo en ella tiene sentido.

 

Llegado el verano y ya desde Astorga fuimos a verlos a La Bañeza. Nos recibieron en la casa familiar de María José. Dando un paseo nos llevó Antonio a saludar a sus padres y al final conocimos también  a  Clara y Alejandro, sus hijos. Nos propusieron volver y en esa otra visita  nos llevaron a una bodega cueva que  tenían y nos dieron de merendar en una casa entre encinas mientras se iba el día. Más adelante conocieron ellos a mi familia en nuestra casa de Astorga, donde merendamos lo que mi madre había cocinado para aquel encuentro.

 

Puede que todo esto no se deba contar, pero hacerlo da una idea de lo que significa para Antonio la vida diaria, lo familiar y la amistad. Su obra es de algún modo el relato personal de lo que vive, de lo que piensa y de lo que siente. Para los demás formar parte de esa experiencia sería como guiarnos por una educación estética que nos fuera llevando a entender la relación con cuanto nos rodea, tanto si forma parte de la naturaleza como si brota de nuestra imaginación. Sus obras de pensamiento, sus traducciones, sus creaciones  literarias y su poesía son una mirada tranquila sobre la realidad diaria. Al pie de nuestros montes y a la orilla de nuestros ríos el mundo entero viene a cobijarse como un niño a un regazo protector y eterno.

 

Córdoba. Febrero de 2016.

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