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Contexto global - DESDE LA ALTURA DE LA EDAD / ANTONIO COLINAS CUMPLE 70 AÑOS
Rafael Saravia
6/03/2016

Antonio Colinas en la poesía de hoy

Rafael Saravia desde su infancia reside en León, ciudad esta última que ha influido decisivamente en su producción poética y en la que también desarrolla su actividad de columnista, editor y fotógrafo.
Como poeta ha publicado los libros Pequeñas conversaciones (20011 y 20092 ), Desprovisto de esencias (2008), Llorar lo alegre (2011), Carta blanca (2013), La transparencia de las cerraduras (2014) y Eón (2014)

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Antonio Colinas  es más tiempo que abismo. Un poeta que ha sabido generar un espacio fundamental en torno a un fenómeno poco visitado en los poetas de este siglo. La armonía... la cadencia que se respira en el buen transitar... son cimientos de la poética que Colinas ha ido forjando en todas estas décadas.

 

Es curioso como, a pesar de las modas concretas, donde los poetas se abrazan a un malditismo que no siempre genera coherencia vital, la viveza de los versos de Colinas ha sabido arraigar en sus maestros –muchos de los premios que atesora le fueron concedidos por jurados de poetas que le preceden en edad-, sus contemporáneos –no conozco a ningún poeta establecido que ponga en duda la valía de Antonio-, y esa generación que le continúa y que paradójicamente encuentran una estabilidad vivencial en los versos de nuestro poeta pese a no ser un ‘contestatario’ ligado a las bohemias ficticias.

 

Tal vez por esa prudencia esencial, ligada a ese fin último que lamentablemente se pierde constantemente en tantos intentos de ’novedosear’ la poesía, es lo que ha hecho que la obra de Colinas siga manteniéndose con firmeza en las nuevas generaciones.

 

La búsqueda de la belleza como paradigma esencial del descubrimiento poético jamás pasa de moda. Y en eso Antonio lleva una maestría vital como pocos han sembrado.

 

Hace muy poco tiempo un libro coordinado por Ben Clark, uno de los jóvenes poetas más representativos de nuestro país, constató la realidad que supone Antonio Colinas para los jóvenes poetas actuales. El libro en cuestión, 'Bajo las raíces' (Isla de Siltolá, 2015), reúne a maestros y jóvenes en torno a una de las obras clave de la poesía de Colinas. Muchos son los maestros que aquí participan –Gamoneda, Baena, etc.- Pero muchos más los jóvenes que creemos que este libro (Sepulcro en Tarquinia) no tiene un tiempo caduco y si una lectura motivadora y valiosa. Nombro alguno de estos jóvenes que participamos, de diversas regiones de la geografía española: Carmen Camacho, Luis Bagué, Raquel Lanseros, Andrés Catalán, Enrique Villagrasa, Juan Antonio González-Iglesias, C. Loreiro, Pablo López Carballo, Antonio Lucas, Javier Vela y un largo etcétera que sostienen que Antonio Colinas sigue aportando futuro.

 

Por todo ello, el poema vive siempre dentro del poema y sin necesidad de vestimenta ‘cool’. En mi caso ejemplifico esta realidad con mi contribución al libro 'Bajo las raíces (40 años de Sepulcro en Tarquinia)' editado por Isla de Siltolá:

 

 

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EL VALOR DE LA NIEVE

 

 

“hay tanta nieve fuera y sin embargo/ no me distraen los perros de aquel sueño/ todo de ópalo y nubes diamantinas,/ no me distrae la última manzana/ que se niega a caer, ni los ramajes/ llenos de cuervos del nogal, ni el aire/ cuajado de humo, ni las alambradas [...]”

                                                                                              Antonio Colinas

 

Se acusan los ladridos,

sus ecos mudos, nucleares...

 

Fueron Tarquinia los bancos vacíos y sus recuerdos,

fueron lugar los infectados granos de nieve muerta,

fueron causa de longevidad los remansos de piel ajada en el recuerdo.

 

Pero hay conciencia,

un moksha norteño que alivia oquedades en la memoria,

hay tránsito en la mención del hombre sin pan,

toda una esperanza en la calamidad cotidiana del invierno.

 

Lo inherente al latido se queda siempre en la nostalgia,

la tierra se concentra en el cadáver y sus esquemas,

el apellido completa la demora del olvido.

 

Las piedras aquí son Teleno, olores fríos,

sarcófagos de caldo color hambre.

Las rimas se apelmazan sin ser árbol,

sin ser hegemonía en su tránsito acuoso.

 

Aquí los robles no aspiran a la inmediatez cósmica de los almendros,

no conseguirán la guerra que les haga marco, historia, futuro.

Aquí los robles seguirán siendo presagio de astilla,

volumen plural, Tarquinia oculta, sacramento ahumado,

aventajado cómplice del deseo, del valor rotundo de cada nieve nuestra.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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