Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/10/2017
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Miguel García Bañales
9/03/2016

Vinos rojos y azules

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Años 60, en la atalaya, allí nos reuníamos, un portal largo y sombrío, éramos más de 30, y desde allí controlábamos la encrucijada de entrada al barrio. Cosas de aquel tiempo. La seguridad del barrio la aportábamos un grupo heterogéneo desde los 30 a los 16 años, yo era el menor.

 

Desde allí, desde el portal, se controlaba  la bodega de Moreta. Moreta era el dueño y tenía un don, multiplicaba el vino, su hijo decía que su padre hacía la química, en fin que o era milagrero o era alquimista, o las dos cosas.  Por esto  estaba estigmatizado, cada vez que se le veía de traje y corbata negra todos sabíamos que se le había muerto un cliente, e iba al entierro.  Estigmatizado, pues sí, todos le achacábamos las muertes e incluso alguno le llamaba asesino.

 

Este día salía de allí Calviño. Sesentón, bajo y enjuto, muy bien vestido, rico venido a menos, le decían exfalangista y que le habían echado por “maricón”, es lo que se decía en la época, la familia le pasaba una pensión. Alguno de los días aparecía muy marcial de camisa azul.

 

Cuando venía por la calle, como siempre  hacia nosotros, movía los brazos con aspavientos y clamaba contra algo que yo nunca supe de qué se trataba. Hablaba sólo.

 

La secuencia era la de todos los días, nosotros decíamos: “Calviño te gusta el vino”. Y él contestaba : “¡Hijos de puta!”, “¡Cabrones!”. Todo entre dientes, nos tenía respeto. Nos reíamos. Alguna vez alguno le espetaba: ¡Maricón!, y él no contestaba. Nos volvíamos a reír.

 

Lo conocía de lejos, de muchos años antes, cuando bajaba con mi botella a buscar el vino para mi padre a Moreta. Cuando iba estaba allí Josefa también. Ella, cincuentona, también baja y enjuta, de sayo negro siempre, viuda de un republicano asesinado, recibía una pensión ínfima ya que había sido cigarrera. Vivía sola, tristemente sola, y bajaba todos los días con su botella para llenarla mañana y tarde, algún día bajaba hasta tres veces. Yo la conocía y la apreciaba ya que mi madre periódicamente me enviaba con un sobre a su casa para paliar su pobre economía. Ella siempre me miraba muy agradecida y con mucho cariño, yo a ella con mucho respeto, aunque cruzamos pocas palabras, por no decir ninguna.

 

El hecho es que cuando Josefa pasaba por delante de nosotros, mis amigos, si la veían que derrapaba en la curva, siempre bajaba la cuesta con pasos cortos y muy acelerados, le decían: “Josefa, mete segunda que te vas a salir de la curva”.  Se reían, yo nunca.  Ella seguía, sin decir nada, abrazada a su botella de vino, que no tardaría en llenar, como si llevara un niño en los brazos.

 

Año 68, el mayo francés, 'Revolution' de John Lenon, uno protesta y otro revolución pacífica, que confuso era todo, ambos querían cambiar el mundo, pero John Lennon podía más, por lo menos para mí. En Londres se estrenaba “Hair”, todo era maravilloso, amor libre, paz,… pero todo seguía muy confuso, por lo general nadie sabía nada, ni explicaba nada, la sociedad estaba muerta, por lo menos la nuestra, yo no me enteraba de nada, o casi de nada.

 

Bueno, el hecho es que abrieron una zanja  delante de nuestra atalaya y Josefa entró en la curva sin reducir como siempre, como si fuera atraída por un imán cayó en la zanja y se desnucó.

 

Fue muy triste, algún amigo se reía, era la época, a mí me entristeció mucho, sobre todo cuando me enteré que la enterraban por pobre porque nadie se hacía cargo de ella. Me fui al jardín de al lado de mi casa, busqué entre las rosas y elegí la mejor, una rosa roja preciosa.

 

La llevé rápidamente y la eché en la zanja, al mirar vi la botella vacía, que aún estaba allí. Jolín, la rosa había quedado atravesada como si fuera un emblema, me gustó,  vino y roja, era su vida, y me marché para casa muy satisfecho de haber contribuido a su recuerdo.

 

Aquello siguió, Calviño con sus vinos y nosotros metiéndonos con la gente, siempre había alguien con quién meterse.

 

Un día vimos llegar a Calviño a Moreta en taxi, iba en pijama, decían que se había escapado del hospital. Contaban que se había puesto malo y que había visto los elefantes rosas, creo que todos, bueno todos no ya que faltaba Dumbo que estaba actuando en Madrid en el circo Price. En fin, un delirio de los de “verdad”. El hecho es que estaba allí en pijama y tomándose los vinos, decían que no tomó muchos, unos 20, eran pocos porque contaban que un día en la pizarra le anotaron 70 vasos de vinos dobles.

 

Al poco, Calviño se hinchó y se juntó al colectivo de cirróticos de Moreta que eran muchos, todos venían al bar del al lado a tomar mosto, ya que en Moreta se metían con ellos, les llamaban “los acabados” y se reían de ellos. La única excepción era Calviño, ya que el médico le había dicho que nunca dejara el alcohol, que si lo hacía “palmaba” aseguraba él, por lo que seguía tomando sus vinos, era la admiración de todos los bebedores ya que era el rey, los cirróticos le envidiaban.

 

Fueron muriendo los cirróticos uno a uno, todos menos Calviño, y Moreta seguía con sus corbatas negras y sus entierros. Eran principios de los 70, como todos los días Calviño salía con su vino a celebrar, ese día llevaba puesta la camisa azul y sorprendentemente llena de insignias militares. En la puerta del bar, levantó el vaso y dijo: ¡Por la Patria! Como todos los días nosotros decíamos: ¡Por el vino, por el vino! Y nos reíamos. En estas, cayó redondo, dicen que un infarto le partió el corazón. En ese momento me acordé de Josefa y pensé: ¡Vino y azul, Calviño es vino y azul!

 

Se preveía que aquello tendría impacto, pues era un personaje, pero no. Ese día dijeron que se separaban los Beatles y pasó como desapercibido para nosotros, poca gente se enteró, Moreta tampoco. Calviño se quedó ausente, años antes estaría ¡presénte! y tendría un entierro pomposo. Al fin al cabo había muerto en “acto de servicio y con las galas puestas”. ¿No?

 

Creo que los tiempos gloriosos empezaban a acabarse, como así fue después.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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