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José Cabañas
13/04/2016

Paradojas familiares de la guerra

A mediados del pasado octubre diversos medios nacionales y provinciales noticiaban la beatificación (iniciada en 1964) de 18 religiosos cistercienses mártires de la persecución religiosa de 1936 en España, de los cuales 16 pertenecían al monasterio cántabro de Santa María de Viaceli de Cóbreces. También lo hacía un diario digital astorgano, señalando que cinco de aquellos mártires eran naturales de la Diócesis de Astorga, uno de ellos (Álvaro González López, de 20 años de edad) de Noceda del Bierzo, donde se celebraba una Misa de Acción de Gracias por los nuevos beatos.

 

Los mártires del monasterio cisterciense de Cóbreces murieron en su mayoría asesinados por mantenerse firmes en su fe, arrojados sus cuerpos en el año 1936 a la bahía de Santander y perdidos bajo las olas, proseguía la narración del medio astorgano, que añadía que, según el monje encargado del proceso de beatificación, “eran estos mártires unos sencillos monjes trabajadores del campo y de la quesería del monasterio que nunca se inmiscuyeron en actividades políticas, que arriesgaron su vida por no traicionar su conciencia, muertos violenta e injustamente, sin odio y perdonando a sus agresores”.

 

 Como la publicación digital de tal noticia permitía la inclusión de comentarios a la misma, me permití hacer entonces –el 14 de octubre- el siguiente (que envié al diario astorgano, pero que este no tuvo a bien recoger en su edición, ni tampoco darse por enterado del envío):

Todos los asesinatos son odiosos, en todo tiempo y lugar.


Dicho lo anterior, qué curiosa y paradójica situación la de la familia González-López de Noceda del Bierzo, que contó además de con Álvaro, estudiante cisterciense asesinado con 20 años en diciembre de 1936 en Cobreces víctima de la violencia desatada en el Santander republicano, recordado, reconocido, honrado, e incluso elevado a los altares, con su hermano Tomás, de 24 años, también asesinado, este en la madrugada del 14 de septiembre de 1936 en el paraje de la Reguera de los Lagartos del pueblo ‘nacional’ de Pinilla de la Valdería, y hasta la fecha olvidado por casi todos y nunca homenajeado ni reconocido”.

 

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Pues bien, ante el silencio de aquel medio, me propongo ahondar un poco aquí en la paradoja de esta familia de Noceda, parecida por cierto a las que padecieron en sus afligidas carnes otras familias de nuestras tierras. También me acerco un poco al monasterio de Cobreces, para descubrir (sin que pretenda con ello justificar ningún asesinato) que era señalado en los años republicanos como un destacado reducto de monjes tradicionalistas, y que a uno de ellos, Elías Álvarez Álvarez (natural de Noceda del Bierzo, joven misacantano hacía poco), cuya detención se había encargado a policías de Astorga en agosto de 1932 por su implicación en el complot del fallido golpe de Estado entonces encabezado por el general Sanjurjo, lo apresaban después en León “por repartir por Bembibre y Noceda un manifiesto tradicionalista y hojas subversivas (pasquines monárquicos sediciosos) el día de la sublevación”, y conjeturar que bien pudo pesar la adscripción ideológica que a aquellos frailes trapenses se atribuía y su cierta o pretendida complicidad en aquella y en posteriores conjuras monárquicas en el injustificado, brutal y absolutamente execrable asesinato de los 18 monjes el 2 de diciembre de 1936 en Santander a manos de incontrolados milicianos de la FAI (que pagarían holgadamente por su crimen a poco que después fueran hallados).  

 

En cuanto al otro asesinado de los González-López (el primero de los dos terribles mazazos sufridos por esta familia), Tomás, de 24 años, hermano de Álvaro, martirizado y también perdido, él durante 72 años bajo la tierra de un pinar en Pinilla de la Valdería (si cabe más perdido y más olvidado, sin que nadie lo incluyera ni lo honrara bien pronto en ningún martirologio, ni siquiera públicamente lo nombrara), sus restos no serían recuperados hasta que en los finales de septiembre de 2008 se exhumara por la ARMH la fosa común sita en el pago de aquel pueblo conocido como la Reguera de los Lagartos a la que se llegó tras una laboriosa y enrevesada indagación sobre las identidades y circunstancias de quienes, también bárbara e injustamente asesinados, habitaban aquella tumba colectiva.    

 

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Los indicios y los testimonios apuntaban a tratarse de bañezanos quienes en ella habían sido echados, pero bien avanzada la investigación tendente a identificar y recuperar los restos de todos ellos, se cruzó una vez más lo inesperado en el camino (…el tejer y destejer de las siempre intrincadas averiguaciones; el encontrar un dato, una pieza del complicado puzle, que trastoca y descoloca buena parte de las ya antes situadas y que hace reconsiderar y recomponer de nuevo las certezas…), de manera que llegamos a encontrarnos con dos grupos de paseados que supuestamente habrían terminado ocupando la misma fosa: coincidían el número de los asesinados, y las fechas; incluso algunos de los minuciosos detalles coincidían, y había testigos muy directos de cuándo y cómo habían sido allí enterrados… Pero podía tratarse de un grupo solamente…

 

El otro, el dato nuevo e inesperado, vino también una vez más por la vía de una petición de ayuda a la ARMH de familiares de Noceda del Bierzo y cercanías para encontrar a sus desaparecidos, que aseguraban que allí, en Pinilla de la Valdería, habían acabado con la vida de los suyos. También eran extensos los pormenores conocidos de los hechos, y sólidas las evidencias de tratarse de este grupo de víctimas (el reloj de una de ellas se había hecho llegar por uno de quienes las enterraron a su viuda), y no, por lo tanto, de quienes habíamos creído bañezanas, y hubimos de enhebrar la explicación del porqué algunos de quienes, del mismo pueblo de Pinilla, los habían enterrado (se obligó a hacerlo –como ya se hiciera a primeros de agosto con los cuatro asesinados en el paraje de Cuestas Agrias- a los vecinos incluidos en la lista roja de los considerados desafectos) se convencieron y dijeron siempre, y así nos lo testimoniaron, haberse tratado de desdichados bañezanos: falangistas de La Bañeza llegaron pegando tiros al lugar al día siguiente de la carnicería perpetrada para asegurarse de que a los muertos les habían dado tierra.  


Dio pues en resultar y se impuso de este modo la evidencia de que los infelices que ocupaban aquella fosa eran cinco bercianos de Noceda y sus alrededores, asesinados a la mitad de agosto de 1936 (a primeros de septiembre, según indicaban otras fuentes), y como tales y para sus familiares que los reclamaban fueron exhumados en la última semana de septiembre del año 2008. Recuperar sus restos no fue una vez más tarea fácil (a pesar de lo señalizado de la fosa): a lo contradictorio a veces de los testimonios que, después de tantos años, pretenden ayudar a situar las tumbas clandestinas se sumaba ahora la alteración natural de los terrenos, y la que por imposición de los trabajos forestales se había hecho incluso de los vestigios y las marcas que durante años la estuvieron señalando, pero así y todo se realizó la exhumación y se culminó una vez más la labor humanitaria (y cristiana obra de misericordia) de enterrar dignamente a los muertos con el concurso y la participación de tantos y de tantas.

 

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Harto intrigante y curioso nos había resultado en su momento la adscripción de los dos diferentes grupos de paseados a la misma fosa de Pinilla, con coincidencias y disimilitudes entre ambos, y aunque el porcentaje de certeza al atribuirla a los asesinados bercianos había sido muy alto, aún nos rondaba una minúscula pero desazonante duda en cuanto a lo acertado de tal atribución, a pesar de saber que la pendiente y ulterior labor del análisis antropológico y genético de los restos en el laboratorio despejaría toda posible incertidumbre y afianzaría del todo las certezas, cuando obtuvimos la confirmación documentada de no haber errado en ella, además de la radiografía un tanto detallada de lo sucedido con los desgraciados que allí fueron ejecutados, y del camino seguido en su calvario, y esta nos vino desde los archivos de la Causa General para Oviedo y León:

 

En 1941 se unió a una de sus Piezas noticia del asesinato “en La Bañeza, el 13 de septiembre de 1936”, de uno de los bercianos de Noceda, Tomás González López, de 24 años, junto con el de su hermano Álvaro, de 20, estudiante con los frailes Cistercienses en la Abadía de Cobreces, “de significación política tradicionalista” y asesinado este en diciembre del mismo año en el Santander republicano “por elementos de la FAI”. En documentos de principios de 1942 se alude a Tomás como “asesinado por los marxistas”, y se envía exhorto al Juzgado municipal de Noceda del Bierzo para que se tome declaración sobre ello a Vicenta López Núñez, viuda, madre de Tomás y de Álvaro, y de José, su otro hijo, que ocupa una plaza de Oficial provisional de Prisiones en el Destacamento Penal de Orallo de Luna (posiblemente porque había sido voluntario falangista y teniente de Infantería en la contienda), y que en documento que a la misma Causa General dirigía en noviembre del año anterior manifestaba que su hermano Tomás había “desaparecido (asesinado), el 13-09-1936 sin culpa (creo que por equivocación) cerca de La Bañeza”, y que “se sabe donde está enterrado”. 

 

En la declaración que el 17 de enero de 1942 ante el Juez municipal hace la madre se refiere a Tomás como “soltero, jornalero, sin significación política, que se hallaba trabajando en la siega de la hierba en tierras de Laciana cuando estalló el Movimiento Nacional y fue ocupada aquella región por los mineros; que regresó a su domicilio cuando fue la zona liberada para reintegrarse al Ejército con su quinta, que estaba siendo llamada a primeros de septiembre; que el día 11 de dicho mes un sargento del pueblo con otros que no eran conocidos ni conocedores del lugar lo hizo subir a un camión diciéndole que lo llevaban para incorporarlo al cuartel de Astorga y dirigiéndose a Bembibre, donde pernoctó, con otros, en la cárcel; que al día siguiente se presentó ella en Bembibre para llevarle la Cartilla Militar y algún dinero; que volvió a Bembibre a visitarlo el día 13, y que le salió al encuentro Antonio, el sargento que lo había detenido, el cual le manifestó que su hijo había quedado ya en Astorga, y que a quienes lo acompañaban los mataron; que como no tuvo en los siguientes días noticias de su hijo trató de saber donde se hallaban él y los demás que salieron juntos de Bembibre, y que supo que el día 14 en el pueblo de Pinilla de la Valdería sintieron disparos en la madrugada (28 segaron las vidas de aquellos desdichados, según nos testimoniarían en el pueblo 72 años más tarde) y que personados los curiosos y con ellos la Maestra, reconoció ésta el cadáver de uno de ellos (cinco en total) por haber sido Maestro compañero en Felechares de la Valdería; que supone que entre los muertos estaba su hijo, por formar parte del grupo con el que en Bembibre también estaba el Maestro, y por otras señas de la ropa y demás que le llegaron; que los cadáveres fueron enterrados junto al empalme de las carreteras que conducen a Astorga y a La Bañeza, y que sus defunciones no se hallan inscritas”.   

 

Eran los restantes martirizados en la cuneta de aquella carretera con Tomás González López y a más de setenta kilómetros de su tierra los también vecinos de Noceda Santiago Travieso y José Travieso Travieso, de 47 años, antiguo emigrante en Argentina, Ángel Fernández Corredera, de Viñales, y el maestro José Fernández Riesco, afiliado a la ugetista FETE, destinado ahora en San Justo de Cabanillas, en cuya casa-escuela y en su domicilio natal de Colinas del Campo había dado refugio a los perseguidos alcaldes de Folgoso de la Ribera y de Noceda del Bierzo, motivo, de no haber otros más, por el que seguramente era asesinado (a su viuda, desposeída luego de los muebles por falangistas de Noceda, le sería entregado su reloj). Desconocemos las razones que pudieron provocar él, como todos los demás, aquí y en Santander, también injustificado asesinato de Tomás, pero pudo haber bastado que, como tantos, tuviera fe en el constitucional y legítimo régimen republicano amenazado por el golpe de Estado y se ocupara o se significara de algún modo en su defensa y en mantener el orden y la legalidad durante su estancia en tierras lacianiegas, de donde posiblemente llegarían las acusaciones o denuncias a su pueblo.


Ignoramos los pormenores, pero estamos seguros de que, como tantos otros impunemente asesinados por los sublevados el 18 de julio de 1936 en la España “nacional”, algunos de aquellos mártires de Pinilla de la Valdería, víctimas injustas de la organizada y violenta represión política de aquellos, lo fueron también por mantenerse firmes en sus ideologías o creencias y no traicionar sus conciencias, y es muy posible que, también como tantas otras víctimas de aquella violencia en tantos lugares, murieran sin odio y perdonando a sus asesinos.

 

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Así murió, desde luego, y así lo dejó escrito en su postrera carta de despedida a sus allegados (sus padres y sus siete hermanos), el bañezano Joaquín González Duviz (de 30 años, soltero), concejal socialista en la Gestora municipal frentepopulista de La Bañeza, fusilado con otros 17 convecinos en León el 18 de febrero de 1937, cuyo padre, el industrial Vicente González Prieto, sufriría la represión del encierro domiciliario mientras duró la guerra y el expolio de buena parte de sus bienes, además del acoso y las vejaciones y abusos de los falangistas locales padecidos por toda la familia, otra en la que también se dio la paradoja, doblemente dolorosa y trágica, de que otro de sus hijos, Fernando, falleciera luchando en las filas “nacionales” en el frente de Teruel el 5 de febrero de 1938 (contaba 27 años), uno de los “caídos por Dios y por España” (la misma España que tanto perjudicaba a su familia) que todavía son honrados y reconocidos en la placa que desde 1942 campa en la fachada de la bañezana Iglesia de Santa María, un reconocimiento que, como en el caso de la familia González-López de Noceda, poco enjugaría la pérdida del otro hijo y hermano asesinado y olvidado, acrecentando sin duda la ya desmesurada desgracia familiar el tan diverso trato que a uno y a otro aún hoy se tributa.  

 

 

Más información en Cabañas González, José. La Bañeza 1936. La vorágine de julio. Golpe y represión en la comarca bañezana. Volumen I. Algunas consideraciones previas. León. Ediciones del Lobo Sapiens. 2010.

Y en http://www.jiminiegos36.com

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