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Redacción
18/04/2016

Dos familias, una belga y otra madrileña, se reinventan en Valderrey

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Algo atrayente debe tener el pueblo de Valderrey para que se haya convertido, en apenas unas semanas, en el común destino para la nueva vida elegida por dos familias, una procedente de Bélgica y otra de Madrid, ambas con niños, que buscan en él su futuro soñado,  vinculado a sendos proyectos turísticos.

 

Gracias al arriesgado emprendimiento de ambos matrimonios, esta localidad cuya población estable oscilaba alrededor de las 15 personas habitualmente, acaba de ganar de manera inesperada otros seis vecinos, o sea, prácticamente la mitad de su  número de habitantes. Ninguno de ellos tiene experiencia previa en el sector turístico, pero ambos comparten, por pura casualidad –no se conocían entre sí- el suficiente espíritu emprendedor, para romper de manera total con su vida pasada, con sus trabajos, y hacer, en Valderrey, la nueva apuesta de sus vidas.

 

“Reinventarse”. Esa es la filosofía que ha empujado a Beatriz del Río, contable de 39 años, y su marido Luis Miguel Martínez, responsable de logística durante 20 años en una empresa madrileña de transportes, de 44 años, a adquirir un solar en Valderrey y comenzar a impulsar desde cero su proyecto turístico: un lugar “para desconectar, para dejarse evadir, con un punto zen”,  ideado como “casitas individuales con jardín”, moderno pero diferente, acorde con “un sitio tan especial” como este pueblo de La Sequeda, al que les une los “maravillosos recuerdos” de Beatriz en la localidad, donde se crió en los inolvidables veranos de su infancia.

 

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Por eso, explican que el nacimiento de su hija Morgana, que ha comenzado aquí el colegio, fue “como la señal que necesitábamos”, relata Luis Miguel. ¿Y por qué Valderrey? “Porque es un lugar mágico, con el Teleno ahí a la vista, un pueblo tranquilo, pero muy bien comunicado por autovía y con cientos de años de historia a través de la Vía de la Plata romana y del Camino Gallego”, recuentan ilusionados.

 

Eso y los servicios básicos de calidad necesarios, remarca por su parte el alcalde, Gaspar Cuervo, porque al atractivo natural, patrimonial, histórico y gastronómico del municipio, se unen proyectos pioneros como la wifi municipal o el  transporte sanitario, entre otros muchos. Sin estas características nadie haría “una fuerte apuesta económica” como la que tienen prevista para los próximos dos años.

 

Decisión unánime y sorprendente

 

No menor apuesta que la aventura en la que se han embarcado Jeffry Van Loock (42 años), hasta hace un mes encargado de una multinacional de combustible en el puerto de Amberes, y su esposa Lindsy Carels (41 años), trabajadora de una exitosa empresa de distribución de juegos infantiles en su Bélgica natal.

 

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Este matrimonio, no sólo ha atravesado fronteras para dar un giro radical a sus vidas, ya que, ni conocían el idioma castellano ni habían pisado más que una vez el sur de España. Pero, un día “vimos por Internet que se traspasaba la casa rural ‘A-ti’, que hace 10 años levantaron de la nada un belga y un holandés, también soñadores, Arie y Willi, hasta situarla en la más valorada del sur de Europa, en las guías turísticas más prestigiosas de sus países. Por lo que sometieron “a votación familiar” una revolución en sus vidas: “Si alguno de nosotros o de nuestros dos hijos votaba que no, no nos lanzaríamos,  sin embargo, resultó que sí”.

 

Así que en noviembre pisaron por primera vez “este lugar distinto, bonito, que es la España auténtica, un diamante que la gente no sabe que tiene, con vecinos calurosos y abiertos”. Un lugar donde “se unían mis dos pasiones, el saborear un buen vino y disfrutar de una buena comida”, admite Jeffry, y que plasma ya, desde Semana Santa, sus mejores habilidades de cocina. Y mal no debe estar saliendo, porque han estado “casi llenos en las fiestas y con muchas reservas ya hasta septiembre”.

 

Ellos han ganado un negocio “que tiene ya mucho renombre en Holanda y Bélgica, donde hay mucha clientela y mucho dinero” y Valderrey ha ganado otro joven vecino: su hijo Jordy Van Loock, de 13 años, que acaba de retomar sus estudios en un Instituto de Astorga. La otra hija del matrimonio, de 15, permanece en este  momento, en Bélgica.

 

Reinventarse ante la pesadilla de la despoblación

 

Pero quien realmente gana, es un municipio y un pueblo, Valderrey, que demuestra que se puede reinventar y resurgir de la pesadilla de la despoblación, firmemente apoyada en los sueños de emprendedores y aventureros como estas dos familias. “Para ayudarles, que es lo mismo que ayudarnos a nosotros mismos, todo es poco, y esta es nuestra razón de ser”, afirma  el alcalde.

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