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20/04/2016

El limpiabotas

Por ÓSCAR GONZÁLEZ /

 

Este relato fue leído en el marco de las IX Jornadas Republicanas celebradas en Astorga los días 15 y 17 de abril de 2016, a las que fui invitado por Abel Aparicio y Miguel García Bañales.
Me pidieron que realizara un relato optimista de la República e imaginé la historia de un joven limpiabotas Astorgano desplazado a la capital por las circunstancias de la vida; allí, pudo ser testigo de históricos acontecimientos…

 

 

¡Nanaaa na nanananaaaaa na! ¡Nanaa na naa na nanaaaa! No me sabía la letra, pero los demás que andaban por allí tampoco, así que tarareábamos…

 

¡Ay! ¡Si me hubiera visto mi madre subido en el techo de ese automóvil en la Puerta del Sol aquel 14 de abril gritando “vivas” a la República! – ¡Bájate de ahí Alberto! – ¡Cómo si la estuviera oyendo!

 

No es que yo sepa mucho de política, pero quería ver hasta donde alcanzaba aquella cantidad de gente que se agolpaba en la plaza. ¡Ni en Semana Santa había visto yo tantas personas juntas allá en mi Astorga natal!

 

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El que sí sabe es mi hermano Blas, que tiene amigos socialistas y comunistas. Él aprendió a leer y escribir con un vecino maestro a quien mi madre pagaba con algún producto del campo. Era el mayor, y un poco mayor que los demás, así que tenía que ayudar a mi padre en las tierras y no iba casi a la escuela, pero se sacó arrestos para aprender en los pocos ratos libres que tenía, lo cual le sirvió, meses después de llegar a Madrid, para encontrar trabajo en una imprenta. Con un salario mejor que el del campo, pudo permitirse traerme a mí también a hacerme, cómo él dice, “un hombre de provecho”, y así de paso aliviar un poco a mis pobres padres, pues éramos seis en total y la poca tierra que poseían no daba para tanto. Y eso que dice Blas que somos unos privilegiados por tener una pequeña parcela pues, según él, en el sur todos los campesinos son jornaleros y todo el campo es de los ricachones. ¡Menos mal que la República ahora va a repartir las tierras que no cultivan los terratenientes! ¡Ojalá no tarden!

 

Yo ya llevo más de año y medio en Madrid. ¡Qué ciudad! Trabajo de limpiabotas entre la Plaza Mayor y la Puerta del Sol y, aunque no hay mucha faena, he conseguido camelarme a algunos señoritos a los que les hace gracia mi acento; dicen que parezco gallego. Porque por limpiarlas bien no ha sido. Bueno, ahora a lo mejor sí, pero cuando llegué casi no sabía, ya que lo único que yo había hecho antes fue doblar el lomo en las tierras.¡Más de uno se marchó sin pagarme al principio ¡ Aprendí a leer y escribir en la escuela pero lo hago malamente, así que Blas me ayuda a mejorar por las noches, pues piensa que pronto hará falta más gente en la imprenta y el patrón le tiene en buena estima aunque sea sindicalista, así que tengo que estar preparado.

 

- ¿Y para qué van a querer ahí un limpiabotas Blas?

- ¡Botarate! ¡Allí no limpiarás zapatos! –me dice– Trabajarás como yo, imprimiendo libros. ¡Codo con codo! ¿Qué te parece?

 

No es que no me guste este oficio pero hay que mejorar… Blas dice que la República va a hacer que todos los niños y niñas vayan a la escuela obligatoriamente y gratis, y que van a construir miles de ellas, ¡miles! Yo me alegro mucho, porque así mi hermana Paquita no tendrá que entrar a servir muy pronto, y hasta podrá votar cuando sea mayor, que tampoco sé muy bien lo que es pero parece muy importante.

 

En los nuevos colegios necesitarán libros, por lo que cada vez habrá que hacer más; ya notan en la imprenta que hay más trabajo:

 

- Hace falta más gente –dijo el patrón cuando le encargaron imprimir ejemplares de la Constitución–, y si es verdad que Largo Caballero os va a reducir la jornada como ha hecho en el campo, voy a tener que contratar a medio barrio. Mira que ponerme a imprimir constituciones en el mes de diciembre…si se descuidan un poco la Constitución republicana nos la traen los Reyes Magos ¡Qué ironía!

 

Pero no crea que solo saldrá trabajo de las escuelas, un amigo de Blas nos ha contado que se han creado las ¿cómo lo llama? ¡Misiones “peralógicas”! Yo no sé qué tienen que ver las peras con los libros, pero resulta que son grupos de gente estudiada que se ha echado a los pueblos y llevan a los paisanos películas de cine, teatro, copias de los cuadros del museo del Prado y por supuesto libros. Si eso tiene éxito, ¡la de libros que vamos a imprimir! Si consigo entrar a trabajar en la imprenta podremos irnos mi hermano y yo a otra pensión donde solo compartamos habitación él y yo, no como ahora que estamos cinco en la misma y, tal vez, podamos mandar un poco de dinero a mis padres y hermanas…

 

¡Ya están listos sus zapatos! ¿Han quedado bien? ¡Muchas gracias caballero! ¡Ya sabe dónde encontrarme! Ahora me voy corriendo, que vendrá Blas con un par de bocadillos y nos pondremos a leer; se ha traído de la imprenta un nuevo libro: La isla del Tesoro. ¡Ya le contaré!

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