Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 17/10/2017
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Tomás Valle Villalibre
17/05/2016

La historia de Renata

La historia de Renata no es muy diferente de la de otras jóvenes, que con pretensiones de nuevas experiencias han  compartido un recorrido cruel y sin sentido, donde la auto exigencia de un viaje imaginario las condujo a lo más profundo de las miserias del ser humano. Diferentes biografías para un similar itinerario que comienza a menudo en la puerta del colegio y continúa en las fiestas de fin de semana, en locales y discotecas donde las pastillas y la cocaína son casi tan accesibles como los cubatas.

 

Era demasiado joven, de una belleza explosiva y gran vitalidad, pero siempre se sintió más mayor de lo que en realidad era e intentó tragarse la vida sin masticar. Su pesadilla comenzó aquella noche, una larga noche en la que se dejó llevar por las circunstancias y por qué no decirlo, por aquellos a los que ella consideraba amigos. Los gramos de coca esparcida sobre la mesa de aquella esquina caían a pares, ella se quedó mirando aquel polvo blanco y accedió a la invitación esnifando su primera raya, luego otra y más tarde otra… Su romance con la coca la hizo presa de sus propias mentiras, de robos de dinero en casa, de días y semanas sin aparecer ni dar señales de vida, de abandonar los estudios, de las discusiones, penas y llantos de sus padres.

 

En seis meses, pasó de vivir una vida responsable mientras perseguía su sueño de ser directora de cine, al de una joven a quien ya no le importaba absolutamente nada. Su futuro cada vez era más abrupto. No  encontraba la fórmula para escapar de su dependencia a la cocaína, aunque en alguna ocasión lo intentó acudiendo a centros de de desintoxicación. Estaba que explotaba y era incapaz de parar el consumo y abuso de aquel polvo blanco que la hacía tener alucinaciones en las que en ocasiones pensó ver cómo las hormigas se deslizaban bajo la piel de su brazo al inyectarse, pretendiendo sacarlas con la punta de la jeringa hasta comenzar a sangrar abundantemente.

 

Renata dejó de comer, de dormir, la depresión comenzó a ser algo habitual  y su nariz solía llenarse de sangre y heridas producidas por los cortes que genera la coca al esnifarla. Su belleza se había esfumado y había cambiado su vitalidad por una penosa expresión de debilidad, desesperación y desamparo. Desesperación que un día al finalizar la última bolsa hizo que se prostituyera, necesitaba dinero para comprar más y más y más…y siguió prostituyéndose. Comenzó a mezclar la cocaína con antidepresivos, analgésicos y cualquier cosa que cayera en sus manos. Renata cada vez se quejaba más de los terribles dolores en su maltratado cuerpo y con el paso de los días se sentía peor, hasta que sus padres que siempre estuvieron allí a pesar de todo, lograron que fuera a consulta con su médico. A Renata la ingresaron en una planta especializada de un prestigioso hospital, donde permaneció durante casi un mes, pero los doctores ya habían pronosticado un trágico final debido al deterioro que mostraba.

 

El lunes veintiocho de Marzo, cuando apenas había amanecido, Renata emprendió su último viaje. El polvo blanco que había entrado en su vida como por casualidad le había robado su juventud, sus sueños y acabado con su vida.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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