Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo 19/09/2017
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Sol Gómez Arteaga
23/05/2016

Escribir II

-¿Por qué lloras si todo lo que dice ese libro es mentira?
-Lo sé, pero lo que yo siento es verdad.
Ángel González 

 

 

Solo podemos escribir desde una esquina. Pretender plasmar en papel la realidad entera es descabellado, inútil y, desde luego, no es el objeto del arte. La tarea del escritor, en mi opinión, es fijarse en aspectos concretos de un suceso o hecho que remiten al todo. No se puede escribir acerca de la indefensión que sufren los inmigrantes subsaharianos en la frontera de Melilla si no es desde el personaje concreto de Jasir, que espera encontrar desde hace dos años en un campamento improvisado el momento oportuno de la noche para saltar la valla; no se puede escribir acerca de la locura si no es desde la trayectoria de un paciente esquizofrénico llamado José Luis, de cuarenta y dos años de edad, que vive solo en el barrio de Moratalaz y que, tras abandonar la medicación, vuelve a ver extraños seres en las paredes de su casa; no se puede escribir acerca de los atentados de las Torres Gemelas si no es desde el testimonio del anciano en silla de ruedas, de nombre Smith, que a través de la ventana de su decimotercer piso ve cómo la gente se lanza al vacío. Más si tenemos en cuenta que todos los argumentos están ya dichos, escritos, estudiados, y que solo podemos, cual Caperucita en Manhattan, reinventarlos. Nuestra mirada única es lo que cambia. Pero no importa, ésa es la grandeza de la escritura. Y es bastante.  

 

Escribir desde una esquina remite también al lugar sacrosanto de la escritura, es decir, al espacio en el que cada cual trabaja. Yo lo hago en el office que hay pegado a la cocina, de espaldas a un ventanal que da a un patio interior, silencioso y recogido, donde a veces se oyen arrullos de palomas y los sábados a mediodía huele a cocido. La elección de dicho espacio creo que no es casual, pues ambas cosas, comida y escritura, alimentan. 

 

Escribir, como ocurre con muchas otras cosas en la vida, es hacer elecciones. Elegimos qué contar, desde dónde, en qué momento histórico o contexto, con qué tipo de narrador, con qué personajes, en qué género… Dichas elecciones son fruto de una necesidad intestina, de una pulsión o deseo de dar rienda suelta a la historia que tira sin remedio de nosotros, que exige ser contada. Es entonces cuando nos embarcamos en dicho proyecto, pues sin esa urgencia, sin esa pulsión o deseo seguramente no escribiríamos, nos dedicaríamos a otras cosas. 

 

Las razones por las que uno cuenta son particulares y variopintas: uno cuenta para distraerse o distraer, para ordenarse, para realizarse, para evadirse de la realidad, para espantar propios fantasmas, para buscarle sentido a la vida, para encontrarse, para conocerse, para desahogarse, para reconciliarse con uno mismo o con el pasado, para… En mi caso muchas veces escribo para intentar dejar constancia y rescatar del olvido un mundo y de una generación y unas formas de vida que se extinguen, también para dar voz a los que no la tienen -o se la arrebataron-, y sacar a la luz historias invisibilizadas. 

 

En esta tarea de contar, tal vez más que en otras, es muy importante creer en lo que uno hace, creerse. En el entorno de la escritura he observado que hay un cierto pudor a definirse como escritor, seguramente por lo difícil que es que a uno le conozcan, le publiquen, y mucho más aún, que pueda vivir de ello. Pero lo mismo que el cocinero se hace cocinando, lo mismo que el pastor de ovejas cuidando el rebaño, o el agricultor labrando la tierra, o el enfermero curando enfermos, el escritor se hace escribiendo. Si uno escribe todos los días, si se lo toma en serio, independiente de factores coyunturales, por supuesto que pertenece al círculo de esos solitarios corredores de fondo con los cinco sentidos puestos en la “contaduría” de historias que pese a pertenecer a la ficción llevan en su esencia la magia y el  prodigio de parecer verdad. 

 

 

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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