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María José Cordero
14/06/2016

Más bueno que el pan

Hace tiempo, para decir que una persona tenía el alma blanca, pura, sin maldad, se utilizaba la metáfora del pan: tan blanca como el pan, más bueno que el pan, etc.

 

El pan no es lo que era. Ni el agua. Ni la carne que comemos. Ni el aire que respiramos. Todo se ha ido degradando en base a lo de siempre: el dinero.

 

El dinero puede con la salud del prójimo; con la falta de escrúpulos; con la vida, pues provoca más muertes que cualquier otra cosa. El dinero; la avaricia.

 

A la industria farmacéutica no le importa la salud de la gente. El hecho de ser una industria parece que le da patente de corso para comerciar con lo más sagrado del ser humano: su propia salud. De ahí que una conocida empresa, o más bien diría ‘emporio’ de los fármacos, ha afirmado que no está en este mundo para curar a los indigentes, a los que menos tienen y que no les es rentable hacer un tipo de medicamento para curar a los negritos de Sudán.

 

Así es este mundo; así estamos. Cada vez más insensibles al dolor ajeno, con los sentimientos más deteriorados. El Dios Dinero nos va a salvar a todos de la muerte; es el salvoconducto para la inmortalidad.
    

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