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Tomás-Néstor Martínez Álvarez
11/07/2016

Silencio interrumpido: la escritura de Luis Luna

Poesía a orillas del Órbigo lleva camino de ser declarado 'Patrimonio Poético de la Humanidad', por su constancia como recital veraniego de poesía, por lo que significa de aventura y muestra de la 'avant-garde' en lo que se refiere a la creación poética joven que se hace en España. Este último viernes le tocó el turno de esta lectura sin fin a Luis Luna

 

 

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Caminar en círculo niega el horizonte; continuar siempre  sobre escombros renuncia a  la ruina fértil; el decir de la escritura convoca al otro y el poema, los versos, aciertan a cerrar heridas, ¿o acaso provocan mayor hendidura?

 

Poeta, artista visual, editor, profesor en la Escuela de Escritores de Madrid, Luis Luna (Madrid,1975) considera el poema como “un hueco en el silencio; un nido de lenguaje”. Silencio interrumpido y avivado después por ese lenguaje que ignora el tiempo pautado, salta desde la palabra por encima de cualquier barrera y acoge a cuantos no tienen otro refugio que la intemperie o la transmigración de una sentimentalidad infecunda. Si el lenguaje de cada día se muda, -sucede sin aviso previo- en traje excesivamente estrecho para una expresión necesariamente más amplia, casi incapaz de aprehender lo inasible, habrá de buscar el poeta alguno nuevo, revivido, capaz de levantar sobre las cenizas de aquel lenguaje (ab)usado otra (ir)realidad poética y emocional donde la luz declare sobre las sombras. “Dice la luz / su larga frase / con forma de campana”. Tras un alto en el sendero, después de ligera parada, el lector escucha al poeta y, este con silencio elocuente, lo anima a proseguir hasta donde consideren ambos que deben alzar la voz y detenerse . Conviene que cada página conserve huellas de la pisada en el barro o en la nieve y se lleve como compañía, adherida al calzado, la contraimagen: toda pisada con huella es un robo, destrucción de una realidad conformada.

 

Poemarios como Cuaderno del Guardabosque, Al – Rihla, Territorio en penumbra, Umbilical y Helor, poema exento y con grabados de Miguel Ángel Curiel, van aupando una obra de arquitectura poética personal que ha sido traducida a varios idiomas. El entorno con su paisaje, esta casa construida desde el alma del casero, cuánta desesperanza mitigada, “Las ruinas, la memoria. / Fragmentos de fulgor / que retiene la piedra”. ¿Para qué un sol desbordante que conlleva la ceguera?; apaguémoslo y que cada cual encienda el suyo propio para iluminar todo cuanto permanece en la penumbra respetando el resguardo y cobijo del  misterio. ¿Sería el hombre desde entonces capaz de reconocer la prolongación emotiva de los puntos cardinales?, ¿o tal vez ni eso merezca la pena?

 

 

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En la escritura poética de Luis Luna los fogonazos de cada verso hacen vibrar los huecos intrascendentes de la cotidianeidad, alivian el silencio prolongado de los silencios acomodados que impone vivir en un tiempo ajeno a los dolores del alma, en una época obtusa incapaz de diferenciar, de separar la banalidad de cuanto debería constituir la razón de ser. Ante el desbarrancamiento, perdura, silenciosa pero no callada, la poesía de Luis Luna.       

 

                                                                                                             

 
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