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Eloy Rubio Carro
26/07/2016
ENTREVISTA / CÉSAR ANTONIO MOLINA

"Somos transterrados de nuestra patria profunda a la que siempre queremos regresar"

La Red Europea de Traductores Castrillo de los Polvazares está celebrando esta semana el XI Encuentro de Escritores y Traductores. Entre las muchas tareas como la presentación de dos importantes traducciones, la del Persiles cervantino al alemán (Petra Strien-Bourmer) y la de Santa Teresa al francés (Aline Schulman), este año recupera la fórmula de los coloquios entre un autor español y su traductor, que en esta edición está centrado en las personas de César Antonio Molina y Augusto Guarino.

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Eloy Rubio Carro: Usted cita en el prólogo que realiza para la antología de ‘Poesía en la residencia’ a Maurice Blanchot y dice que le habló del poeta “como aquel que escribe y entiende un lenguaje sin sentido”. ¿Cómo puede entenderse un lenguaje así? ¿Cómo sabemos que es poesía y no otro lenguaje de la locura?

 

César Antonio Molina: Por qué nos emociona una sinfonía sin conocer el lenguaje musical… La mayor parte de todos nosotros no sabemos música, y por lo tanto no podemos describir técnicamente esa sinfonía, lo cual no es reparo para que nos emocione. Eso puede ser un lenguaje sin sentido: es algo que nos emociona pero no tiene por qué explicarse. Y la poesía muchas veces no tiene por qué explicarse, es una música, una sensación, un sonido que nos invade y que nos deleita, nos aflige e inquieta, teniendo en cuenta nuestro estado de ánimo y nuestro conocimiento sobre el asunto. A través de todas esas variables tendremos un acceso a ella, sabiendo que no hay solo un único camino hacia a la poesía y a un poema, hay muchos y según lo lea cada lector lo interpretará de una manera y habrá muchos que no encuentren nada en la Novena de Malher, simplemente emocionarse y sentir un estado de ánimo propio de esa sinfonía que ninguna cosa en el mundo sería capaz de creárselo. Esa es la función de la poesía, crear un estado de ánimo que solo a través de ella se pueda sentir.

 

 


Recuerda usted en ese prólogo aquella pregunta de Heidegger: ¿Y para qué poetas en tiempos de penuria? Quisiera que me respondiera a esa pregunta desde la crisis actual.

 

La poesía es una reflexión necesaria sobre el mundo, sobre el tiempo. Un reconocimiento del ser en el mundo y de la importancia que tiene su acción en el mundo, pero solo si esta acción es buena…

 

 

Pero es un acceso distinto al que conduce la reflexión.

 

La poesía para mí es lo más cercano al pensamiento de la filosofía. La poesía nace con la música. Orfeo cuando baja a los infiernos trata de ejercer su seducción con la música para conseguir lo que quería, pero para mí la poesía no deja de ser pensamiento, una manera de ser y de estar en el mundo. Y por ello ‘en tiempos de penuria’ es una manera de pensar los motivos y las razones y de crear una ilusión y una esperanza.

 

 

Trazaría la salvaguarda, como diría aquí José Luis Puerto, un poeta…


Sí, muy amigo mío. Una ilusión y una esperanza...

 

 

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Usted dice que la poesía se sitúa en el tiempo anterior a las palabras, en el tiempo anterior al sentido, añado yo, ¿Quizás sea ese el tiempo adánico de antes de nombrar, de antes de la separación de la palabra y las cosas? ¿Es verdaderamente posible algo así o son lucubraciones de místico o de poeta? ¿Cuál es el mundo que nombra la poesía suya?

 

La obligación de la poesía digamos que es elucubrar así como la de la filosofía hacer preguntas. La filosofía aún ha dado algún tipo de respuestas, de un tipo u otro. Pero en la poesía solo hacemos preguntas. Preguntas, preguntas. ¿Había lenguaje en el paraíso? Probablemente fuera el lenguaje de Dios. Adán y Eva hablaban con los ángeles y hablaban con Dios probablemente sin lenguaje, solo con mirarse o con otros sonidos o sin sonidos, algo distinto de lo que ahora podemos concebir, de lo que somos y en lo que vivimos. Ahora vivimos en el exilio, somos transterrados de nuestra patria profunda a la que siempre queremos regresar, porque es el lugar donde ningún mal ya podría suceder. Todo lo que hacemos es para volver a ese lugar, y la poesía es una manera de volver a ese lugar.

 


Según lo que va diciendo, retomando al Blanchot de la primera pregunta que habla de la imposibilidad de que el lenguaje exprese el ser, de la distancia insalvable, de que ese paso que pretende la poesía es una propensión de realización imposible.

 

Ese paso es como la muerte si supiéramos a dónde vamos…¿Y qué sentido tendría la vida sin ella? Tiene sentido porque se vive en un tiempo. Si supiéramos que viviríamos eternamente no haríamos nada. La poesía le da sentido a la vida porque crea una posibilidad de ir más allá y de entender cosas que la razón no alcanza. La música no la entendemos, pero de repente nos transporta a algo que probablemente fuera ese lenguaje del Paraíso. Y por eso hay elementos con los que nosotros inconscientemente nos identificamos de manera inmediata, no sabemos por qué; algo que no entendemos, algo que no somos capaces de transcribir, algo en lo que somos analfabetos nos transforma porque son los ecos de aquel Paraíso que se avivan en nuestro inconsciente.

 


  

Usted critica de la poesía española el estar encerrada en un sempiterno casticismo y neorrealismo. Está claro que la pelea entre visionarios y poetas de la experiencia sigue ahí. Las espadas están en alto, las lenguas siguen viperinas ¿Se puede comparar la poesía y los poetas con una religión que tuviera distintas fes?

 

Sí, sí. Y además yo con el tiempo me he hecho mucho más transigente. Cada uno debe de escribir lo que puede, de la mejor manera posible. La juventud es a menudo un poco intolerante, considerándome yo en esa juventud muy tolerante, pero la edad me ha hecho todavía más. Hoy creo que cada uno en el fondo ha escrito como ha podido, y ha tratado de  entender la vida y explicarla de la manera que ha podido. He tratado de seguir el rescoldo de mis maestros, de Octavio Paz, Ángel Crespo, de Valente, Gamoneda, Cirlot, de Juan Ramón, Paul Celán, Paul Valéry, Ezra Pound, Eliott, de Montale, de Ungaretti…Incluso en el mismo poeta yo puedo identificarme, como es el caso, extraordinariamente con Neruda en la expresión del amor, de los sentimientos y luego en otras facetas suyas serme totalmente ajeno. Incluso puedo concebir en un solo poeta como varios mundos con alguno de los cuales yo me puedo identificar. Somos de escuelas distintas, pero todos queremos contribuir a entender el mundo.

 

 

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Una característica de su escritura parece que es la rememoración del pasado en diálogo con los clásicos, incluso más allá de sus producciones literarias. Esto no es el lenguaje. Esto parece reconstrucción histórica. ¿Existe un modo de acceso histórico a la historia desde la poesía y también por la poesía y los poetas? 

 

Cada uno carga con toda la tradición con la que se siente identificado. Pero esta tradición con la que me identifico va más allá de los poetas contemporáneos mencionados antes. Pero yo cargo con Ovidio, que para mí es un poeta maravilloso y con el que yo me entiendo mejor que con muchos de mis contemporáneos, y con Horacio y con Virgilio y con Catulo y Propercio. Para mí no hay tiempos y épocas, para mí es un diálogo permanente con aquellos que he leído y que me siento identificado y con aquellos con los que yo participo. Para mí no existe el pasado, todo es presente. Vivimos todos en presente que se asienta en el pasado y el futuro nos es desconocido. Todos sabemos que vamos a acabar en el pasado, ya desde el día de nacer somos pasado, por lo tanto…

 

 

Comienzan a veces sus poemas en un tono coloquial, muy propio de la poesía que critica para pronto oscurecerse tras esa naturaleza que se metamorfosea en dioses ¿Un diálogo con el panteísmo que atrapa a las fuerzas que mueven la Naturaleza?

 

Me declaro panteísta, lo que era Espinosa, lo que era desde mi punto de vista Teilhard de Chardin cuya idea de Dios era una idea panteísta: Dios evoluciona con el mundo, Dios es el mundo y nosotros somos parte de Dios y por lo tanto somos el mundo. Y Espinosa dice lo mismo y yo participo de ello. Nosotros somos parte de Dios; de la masa que conforma Dios nosotros somos una molécula… Cada cual tiene que darse una explicación y se la proporciona lo más cercana a los sentimientos de que disponga.

 


No parece que sea la expresividad el eje sobre el que pivoten sus poemas, sino la idea, una idea que enlaza su memoria personal con otra que le excede, distante espacial o temporalmente, pero más grandiosa. O ¿vendría a ser  lo mismo? ¿Producen estos encuentros o desencuentros una resolución poemática?

 

Partimos de una realidad y luego meditamos sobre ella. El punto de partida son mis determinaciones de lugar, de tiempo desde el que comienzo a pensar sobre otras cosas, y aquí el poema pasa de la claridad del lugar a la oscuridad del pensamiento. Pero no porque haya intención de oscurecimiento, ni tampoco creo que mi poesía sea demasiado oscura; yo a menudo me quejo a mí mismo de lo poco oscura que me gustaría que fuera, porque vivimos entre tinieblas, pues lo que más necesitamos conocer no lo conocemos y lo buscamos entre tinieblas. Perdidos en un bosque buscamos una luz, el propio bosque y sus hojas nos tapan esa luz y al anochecer tratamos de hacer fuego pero no encontramos las piedras que generen la chispa. Vivimos entre tinieblas y hay cosas que son difíciles de explicar. Pero la poesía no tiene por qué explicar nada. La poesía es como la novena sinfonía de Malher o cualquiera otra sinfonía, no tiene por qué explicar cosa alguna, porque se explica a sí misma y quien lee tiene que tratar de encontrar la respuesta que quiere en sí mismo. Por eso yo muchos de los libros, una vez leídos los abro al azar, porque el azar también es importante y en los viajes es más importante lo que te busca a ti  que lo que tú buscas. Porque lo que buscas tú te es desconocido, mientras que lo que te busca a ti ya sabe, te identifica, los lugares te identifican a ti, y eso me ha ayudado mucho a escribir. Por ello, ni claridad ni oscuridad. La vida es clara y es oscura, luce el sol y está entre tinieblas, nieva, llueve y el sol del desierto. Tenemos que vivir en la intemperie y dentro de esa intemperie tratamos de protegernos, y las palabras nos ayudan a protegernos. 

 

 

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Sus primeros poemarios parecen a primera vista más crípticos, para luego hacerse muy nítidos al sucederse de los libros. En un poema como ‘Frontón Madrid’ perteneciente a su libro ‘Para no ir a parte alguna’, asistimos a una danza de la muerte escrita en línea clarísima, diáfana. ¿Es que la poesía se remansa con la edad o es esto un lugar común muy matizable?

 

No, el fin de año en el ’Frontón Madrid’, en el que súbito aparece la muerte en forma de mujer. Para mí la muerte no se representa en una mujer desdentada, vieja. Para mí como la que aparece en el ‘Frontón Madrid’, es una mujer deslumbrante, y el poeta tiene la capacidad de identificarla. Les pasa desapercibida a todos los que allí celebran el año nuevo. Está allí entre todos, porque es una más que convive con nosotros. Es maravillosa, esplendorosa, pero yo la identifico. 


Ya desde mis primeros poemas se da esa creencia en las fuerzas de la naturaleza, tal vez por mi procedencia del mar, las playas, los bosques, las rocas, los acantilados, los faros, los barcos… Expreso toda esa abundancia con la arrogancia propia de la juventud, una arrogancia con una soberbia llena de metáforas, pensando que mientras tú no existías no se daba ello. Por lo que yo creo que soy un escritor, no un buen escritor, que ya no es poco, es porque he ido aprendiendo a lo largo del tiempo a ser humilde, a tener la humildad de mi experiencia y de mis capacidades. Toda mi primera poesía refleja ese deslumbramiento, esa fuerza física, y la segunda parte es ya más reflexiva, más conmiserativa con uno mismo y con lo que le rodea, con la presencia del paso del tiempo, de la finitud. Mientras que en aquel primer momento piensas que nada se acaba, que todo es eterno y deslumbrante. Yo creo que uno se hace en esa conciencia del paso del tiempo y si yo no hubiera llegado a esa conciencia creo que no sería un escritor. Los adjetivos me dan igual pero yo soy un escritor porque me he hecho conscientemente, me he hecho vulnerable. Un escritor comienza a serlo cuando se sabe vulnerable. Y yo en toda esa poesía, que es mucha, hasta los 40 años me consideraba invulnerable. Cuando empiezo a darme cuenta de mi vulnerabilidad es cuando me convierto en un escritor.

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