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Bruno Marcos
9/08/2016

La Playa

 

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Antes o después volvemos a la playa. Hay que alejarse un poco de la gente y quedarse solo, entonces todo cobra intensidad. Sentimos que somos un cuerpo. La mente se vacía frente algo que se presenta tan desnudo y tan inmenso que provoca que todas nuestras cavilaciones se disipen. El mar y la tierra. El mar que hace desaparecer el cielo como si fuera su condensación, el cielo hecho líquido para mostrarse material frente a nosotros. Pero ese mar no necesita que nadie lo contemple, ajeno a todo lo humano es viejísimo y nacido esta mañana.

 

No en vano sitúa Thomas Mann a su protagonista de 'La muerte en Venecia' en la playa del Lido. La película de Visconti visualiza un momento angustioso, ese de la derrota final del protagonista en el que todo el aderezo cultural, la impecable vestimenta o sus maravillosas reflexiones se vuelven nada, como el tinte del pelo que se le derrite en la hamaca, bajo el sol, sobre la arena.

 

Tenemos grandísimo poemas surgidos de la playa, como 'El marino y el mar' de Luis Cernuda o el 'Himno a la juventud' de Gil de Biedma.

 

Para mí, que viví la infancia en San Sebastián, la playa no era un lugar lejano de vacaciones sino una parte de mi vida, un lugar mítico que daba sentido y centro al mundo. Lo excepcional era el sol. El día en que salía aquella ciudad de techo bajo aplastada de nubes se volvía el paraíso e ir a la playa era emerger a una ciudad que casi todo el año se escondía.

 

Hoy estoy en una playa muy distinta a aquella de mi niñez, en la otra punta de la península, y veo a mi hijo, que ayer cumplió 10 años, junto a otros más pequeños que dentro de cuarenta años tendràn, más o menos, como yo ahora, algo más de cuarenta años. Todos, cuerpos cuya opacidad detiene los rayos del sol y proyecta el dibujo exacto de sus sombras sobre el suelo, cuerpos que la brisa del mar rodea, cada uno un espacio de materia que deja su huella en la arena y desaloja el hueco exacto entre las olas.

 

La playa no es sólo el mar, es un límite entre el mundo de la tierra y el mundo del mar. Muchos buscan justo la línea donde llega la última ola a la tierra, y ahí permanecen en pie, con la mirada perdida al horizonte.

Astorga Redacción. Periódico digital de Astorga, Teleno, Tuerto y Órbigo
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